¿ALGUNA VEZ?

mirandoluna

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22

 

Otro 30 de enero.

También lunes.

Niebla.
Sin brillantes reflejos de sol en los charcos.
Enhiesto el templo en su esquina eterna.
Desde el rincón-mirador de las últimas ceremonias he observado el ara donde la transubstanciación fue hecha.
El cáliz de hoy, como en los últimos giros, sólo tuvo un oficiante, sólo tuvo un comulgante de comunión ni unida ni común.

La ambientación musical del templo difundía al aire entre vidrieras “What a Wonderful World“, mas fuera no veía a gente estrechando sus manos ni diciendo te quiero; ni niños llorando o creciendo, ni arco iris prometiendo. Pero sí contemplaba unas calles mojadas y unas fachadas cubiertas por negros velos de luto que tal vez al próximo giro muestren sus rejuvenecidas caras.

En el tiempo de oración, de recogimiento, de memento; volví a fijar la mirada en el altar vacío; ya sin sombras, sin almas, sin tiempo. Resolvía convencerme definitivamente de lo inútil de mis recuerdos, sabiendo que recordarlos será imposible olvidarlo. Y hundiendo definitivamente el coraje y el valor de extirpar la astilla de la añoranza, comenzó a sonar, para reírse de mis propósitos, la voz de Frank Sinatra modulando la melodía de “I’ve got you under my skin“…

22

Cisne blanco, cisne negro.
Veintidós giros ciegos.
Cinco enlazados sus cuellos,
Cinco anidando quedos,
Once de blanco en vuelo;
de negro en su canto postrero.

CÓMO HEMOS CAMBIADO

Siendo lo mismo somos diferentes.

¿Cambiamos?

Cambiamos (en pasado y en presente)

36.000 días no es nada; 8.000, menos; pero pesan sólo por mencionarlos. Y 800 pueden concentrar recuerdos para revivirlos en tardes soleadas y mañanas de lluvia.

 

DEBATE SIN VESTIDURA

PParlament

Definitivamente, soy un crédulo.

Ayer vencí las barreras interiores que puse ante mi credulidad hace casi seis meses cuando 350 diputados y 266 senadores se fueron a sus casas  habiendo cobrado sus suculentos sueldos y gozado de sus enormes prebendas sin haber dado un palo al agua, diciéndonos a los votantes que lo que habíamos dicho en diciembre de 2015 no valía para nada.

Sí, me dije a mí mismo que no iba a volver a preocuparme lo más mínimo por lo que hicieran o dejaran de hacer esa pandilla de inútiles. Fui consecuente con esa afirmación y el día 26 de junio les “dije” que conmigo no contaran para su festival y preferí disfrutar del aire de la sierra en lugar de gastar mi tiempo y mi dinero en desplazarme para “cagar” en una urna un voto que a ellos se la suda.

Pero soy tan estúpido que he vuelto a caer. Ayer, 30 de agosto, escuché el tedioso y anodino discurso del señor que lleva gobernando “en funciones” nueve meses sin despeinarse. Y hoy he aguantado la mayor parte de las intervenciones de ese mismo señor y de los restantes líderes de los grupos con representación en el Congreso de los Diputados.

Cuando ha terminado la tormenta de dislates verbales de unos y de otros y se ha materializado la votación la primera pregunta que se ha construido en mi torpe cerebro ha sido “¿Y para qué han hablado unos y otros durante más de doce horas?

***

El parlamentarismo me agrada. Me fascina la retórica orientada a la defensa de las propias ideas y a la legítima pretensión de convencer a los demás de que nuestras ideas son las mejores. Estoy convencido de que, sin duda, la mejor forma de resolver los asuntos que conciernen al buen gobierno de los estados es el intercambio de argumentos, en forma ordenada, respetuosa y correcta, con los tintes de entusiasmo, vehemencia o incluso emoción que las ideas que sustentan esos argumentos puedan inspirar. Y soy de la opinión de que TODAS las ideas son, en principio, dignas de ser escuchadas.

Pero, claro, el parlamentarismo no es sólo el juego de ese diálogo regulado por el turno de palabra que permite pronunciar discursos de exposición y de réplica. Hay todo un mundo detrás de las bambalinas del hemiciclo; ese mundo en el que trabajan las comisiones, en el que se producen encuentros bilaterales o multilaterales, en el que se gestionan iniciativas de mociones, propuestas, preguntas…

No dudo que en la intención de algunos de los diputados (inciso: el género gramatical masculino plural incluye a los dos géneros gramaticales, masculino y femenino) esté participar de modo activo en la vida parlamentaria; pero la imagen que transmiten hoy por hoy, que ME transmiten, es la de que son meros números en manos no sé muy bien si de sus líderes, de las ejecutivas de sus partidos o de qué. La práctica de la vida parlamentaria española de los últimos cuarenta años lleva a la conclusión de que sería mucho más barato que en lugar de elegir 350 diputados se repartieran 350 votos, es decir, que a las sesiones en las que se vota lo que sea acudan los diez o doce líderes, se tiren los trastos unos a otros y llegado el momento de la votación hagan como en una partida de cartas: “yo echo 137” “yo voy con 85 contra eso”; “yo pongo mis 32 para lo primero”.

***

Asistir a un debate como el de los días 30 y 31 de agosto termina siendo deprimente cuando ves que no sirve absolutamente para nada. ¿Para qué han hablado? ¿para que cada uno vuelva a exponer lo mismo que ya se sabe de antemano va a exponer? ¿para que éste o aquél se salgan del contexto y saquen a colación asuntos periclitados o que, en cualquier caso, no tienen nada que ver con lo que se debate?.

¿Escuchan sus señorías lo que hay detrás de los votos que les han llevado a ocupar uno de los puestos más privilegiados de este estado? NO, NO y NO.

Claro que no lo escuchan. ¿Se han planteado por qué cuando emiten por televisión un partido de fútbol de cierta importancia se vacían las calles y la gente se apelotona en los salones de sus casas o en los bares para verlo y cuando ellos “actúan” en un debate de la trascendencia del recién acabado la mayor parte de la gente sigue con sus vidas?

No, porque en realidad les da exactamente igual. Es más, estoy convencido de que les conviene que la gente pase de la actividad parlamentaria, que no se lea ni una línea de los programas electorales, que no les “analice”. Prefieren malear la opinión de sus posibles votantes con los cuatro estereotipos de los que cada uno hace bandera. Y la gente, el pueblo, los ciudadanos (tres conceptos que aluden a lo mismo pero que se tiñen de diferente color político dependiendo de quién los use) en su inmensa mayoría se deja llevar: tiene unas cuantas ideas preconcebidas, escucha una o dos intervenciones de campaña, charla con unos cuantos amigos, familiares y conocidos y define su voto. Luego, en realidad, sabe que su voto vale una higa, que podrá votar A o B o C pero que ni A, ni B ni C van a hacer lo que le han dicho que van a hacer. En muchos casos, oyendo algunas conversaciones, es como si uno fuera a votar igual que va a “echar” la quiniela o a comprar un décimo de lotería… hace una apuesta a ver si “sale” lo que él quiere, a ver si lo que sale le va a seguir jodiendo la vida o se la va a hacer un poco menos jodida.

***

Si no fuera un asunto tan serio sería hasta cómico.

Rajoy se enroca en sus presuntos éxitos económicos y fundamenta su argumento en datos de inflación, encuestas de población activa, PIB, renta per cápita, primas de riesgo (o sea, los datos fundamentales en los que piensa el ciudadano de a pie cuando va a comprar la comida)… y se arroga el mérito de “la recuperación”… cuando en realidad la economía mejora A PESAR de las políticas del PP; y mejora dependiendo de para quién.

Se habla de territorialidad, de nación, de patria y unos se enrocan en nacionalismos globales y otros se atrincheran en nacionalismos de barrio. ¿Se han dado cuenta de que estamos en el siglo XXI y que el concepto de nación va perdiendo sentido? No se dan cuenta ni unos ni otros y lo que hacen es distanciar cada vez más sus conceptos arrastrando a las sociedades (sea la española en su globalidad, sea la catalana, sea la vasca, la valenciana, la murciana o la de La Val d’Ará) a la fractura. Cuando hay que trabajar para la cohesión y la unión, trabajan para la desestructuración y la división.

Algunos dicen intentar (pensemos que lo hacen) alcanzar acuerdos, llegar a puntos de encuentro. Albert Rivera ha jugado ese papel en las dos últimas legislaturas: la fallida en mayo y la seguramente fallida de ahora. No le ha hecho ascos a pactar con el PSOE primero y con el PP después buscando, dicen, la gobernabilidad. Pero se ha contradicho en sus principios electorales al aceptar la figura de Rajoy.

Pedro Sánchez no se ha querido sumar a ese acuerdo aunque se recojan la mayor parte de los puntos del pacto que él mismo firmó con Ciudadanos hace unos meses. ¿Por qué? En parte por un principio ideológico de calado y en parte por un personalismo galopante.

Pablo Iglesias ha estado donde no tiene más remedio que estar que, en principio, debería ser NO a cualquier opción que no sea él mismo.

Los demás han estado en su papel (algunos meramente testimoniales) El señor Tardá (con quien no comparto mucho) ha sido de los pocos que han intervenido como parlamentario (salvo alguna que otra frase que, de verdad, no venía al caso); el señor Esteban (del PNV) me ha hecho recordar a uno de los parlamentarios que más me ha gustado (aunque tampoco compartiera con él demasiado), el señor Erkoreka. El Señor Homs me ha dado hasta pena, porque quién ha visto y quién ve a lo que queda de su partido;  y me sigue llamando la atención que a pesar de todo sigan interviniendo, él y los anteriormente citados en este párrafo, con argumentos que hablan de globalidad (en este sentido, me resulta más coherente la postura de la CUP que no se presenta a las elecciones generales porque no tienen interés en estar en un parlamento que consideran de un país distinto al suyo)

***

Sí, sencillamente, son incapaces.

Y no hay solución. Porque estos políticos no están dispuestos a hacer esa regeneración que cacarean… quieren hacer una regeneración de la que ellos sean exclusivos protagonistas, no la regeneración en la que coincida la mayoría.

¿Es tan difícil sentarse a una mesa y buscar los puntos comunes?

¿No se puede llegar a un punto de confluencia en el concepto de qué es España y qué son sus pueblos constitutivos?

¿No se puede llegar a una común visión de cómo debe articularse la representatividad, después de confirmado que el actual sistema es injusto?

¿No se pueden concertar unos puntos básicos sobre cuestiones como el empleo, la producción, los salarios, los impuestos, la distribución de los presupuestos?

¿No se puede llegar a acuerdo sobre los criterios básicos de la educación para evitar que estemos continuamente cambiando de sistema en función del ministro de turno?

¿No se puede concertar lo esencial sobre los servicios sociales esenciales?

¿No es asumible por todos que hay que buscar un desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente?

Para qué seguir.

No, definitivamente, no tenemos remedio.

Por eso, será mejor olvidarse y vivir la vida como mejor nos dejen.

 

ESE… FRÍO

ESE FRÍO

14 DE ABRIL

Composición Bandera-Marianne republicana, realizada por FOG

MUNDO ENEMIGO

El mundo es mi enemigo.

La estructura morfológica del planeta, su “vitalidad”, acecha: las vibraciones de las placas de su corteza pueden derribar lo que me rodea y aplastarme, sus fauces pueden devorarme, su vómito de lava puede abrasarme. La dinámica de su atmósfera me amenaza: el llanto de las nubes puede inundar, arrastrarme y ahogarme; la fuerza del viento puede romper, rasgar, arrojar sobre mí objetos que me dañen…

Miles de especies vivientes, generadas en el vientre de eso que llaman biosfera, me molestan, me dañan, me enferman y pueden matarme. Bacterias, virus, parásitos, buscan mi cuerpo, quieren alimentarse de él… y hasta mi propio cuerpo puede volverse en contra de mí, mis células pueden volverse locas y reproducirse de un modo descontrolado… o mi sistema inmunitario se puede volver en mi contra…

Y millones de seres de mi misma especie son mis potenciales verdugos… verdugos absolutos que pueden matarme físicamente y verdugos de mi estabilidad. Están ahí, pasan, la inmensa mayoría me ignora y quien no me ignora me mata. Ése reduce mis recursos, menguando mi sueldo y aumentando mis impuestos, recorta mis derechos y me desampara; aquel se enriquece a mi costa y se ríe a carcajadas porque nadie le pide responsabilidades; esotro intenta provocar mis sentimientos caritativos mintiendo sobre su realidad, mientras otro malvive sin esperanza metido en el mismo saco que el cínico. Unos se organizan y manifiestan por un programa de televisión mientras se inhiben ante los ladrones que les malgobiernan. Me roban, me mienten, abusan de mi paciencia, insultan a mi inteligencia… Y otros, ignorantes, fanáticos de doctrinas religiosas o políticas, me pueden asesinar en el azar de un disparo o de una explosión indiscriminada.

El mundo es mi enemigo.

muchalumbre

MAYOR DE EDAD

Hoy he cumplido veintiún años. Sí, ya sé que aquí, desde 1978, se es mayor de edad desde los dieciocho. Pero hoy alcancé la mayoría de edad en el cómputo formal de la eternidad en reversa.

Antes fui sacerdote. Fui partícipe de la ceremonia anual desde la primera consagración e ingerí el líquido transubstanciado como parte de la liturgia.

Hoy fui espectador de ceremonias de índole distinta. El templo se llenó casi antes de que abriera sus puertas y los altares fueron patena de sacrificios ajenos.

Y yo me encomendé al pasado con mi cáliz en las manos, pero no sentí el olor del incienso y el arrobo de lo mistérico de otras ocasiones.

Pero había que ir. Y tal vez por ser mayor de edad vi la realidad, mi realidad, con los ojos de un no-niño.

Y en mi fondo siguen las figuras de oficiantes añejos… y el lamento de once ciclos de oficiante medio.

Rec21

 

DEMOCRACIA RAPTADA

Demosgracias

 

Democracia:

Demos (δῆμος) = pueblo

Kratos (κράτος) = poder

δημοκρατία = poder o gobierno del pueblo.

 

Proclamo: La democracia no existe ni ha existido, y, probablemente, no existirá.

 

Los antiguos griegos pasan por ser los “inventores” de la democracia. Sí, ellos, sobre todo los atenienses, estaban convencidos de que habían diseñado sistemas de gobierno que les distanciaban de las teocracias que les rodeaban, comparándose positivamente, con acierto, con los egipcios o con sus grandes “ogros”, los persas. Pero realmente “su” democracia era una pantomima. Los “ciudadanos” expresaban su voluntad y elegían a sus gobernantes; pero los “ciudadanos” eran una minoría de la población de cualquier ciudad-estado, cuyo sistema socioeconómico se sustentaba sobre una mano de obra esclava y sobre un patriarcado radical en el que las mujeres eran un objeto más, incluso menos valiosas que otros objetos.

La historia anterior, coetánea y posterior a los griegos ha visto infinitamente más gobiernos teocráticos, absolutos, dictatoriales… que gobiernos con participación “popular”.

Hasta la declaración de independencia de los Estados Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789) no hubo ningún texto legal en el que quedara constancia de la intención de que el pueblo, entendido en un sentido completo, participara en el gobierno, y ni por esas era un gobierno de “todo” el pueblo: en Estados Unidos había esclavos y las mujeres no votaban y en Francia las mujeres tampoco tenían derecho a decir esta boca es mía.

Sí, después se fueron eliminando de las legislaciones de la mayoría de los países dichos “democráticos” las limitaciones al sufragio. Que si eliminación del sufragio censitaro, que si aprobación del sufragio femenino, que si reducción a 18 años de la edad mínima para votar… pero en ningún caso, realmente, ha habido una auténtica participación popular en la toma de decisiones: se sustituyeron los sistemas de decisión autoritaria de uno o de unos pocos por sistemas en los que los que al final toman las decisiones modelan la voluntad de los que creen que con su voto deciden algo… ¡y no deciden una mierda!… como mucho pueden llegar a poner en dificultades el entramado de la superestructura del poder, pero ésta se acondicionará tarde o temprano para seguir tomando las decisiones de espaldas a las auténticas intenciones de los que votan.

Hoy existen en el Mundo eso que se viene en llamar “democracias consolidadas”. La de Estados Unidos pasa por ser para muchos una especie de paradigma, y tiene muchos aspectos realmente positivos; pero a nadie se le escapa que el sistema, como el de las demás democracias, se orienta a que los ciudadanos elijan representantes o presidente, según los casos, y ya sabemos que la inmensa mayoría de los que votan se guían por los cuatro aspectos de los proyectos de gobierno que se manosean durante las campañas electorales y los debates; luego, los elegidos, escudados en el “mandato popular” hacen y deshacen según su exclusivo criterio.

Bueno, quizás algunos pequeños países se puedan permitir el lujo de sistemas próximos a la auténtica democracia… próximos (se me ocurre el caso de Suiza, donde todas las decisiones de cierta relevancia son sometidas a referéndum); pero los países con más población y trascendencia internacional carecen en todos los casos de sistemas realmente democráticos. Incluso los hay que alardean de democracia y de respeto a las decisiones de las urnas y luego, cuando quienes gobiernan pierden, manosean las instituciones y las leyes para adaptarlas a sus intereses y dificultar o impedir la acción de los ganadores (véase Venezuela) Y otros se esfuerzan en hacer valer la decisión popular pero chocan con sistemas de decisión más poderosos que mediatizan sus fuerzas (véase el caso de Grecia y su plante fallido ante las auténticas fuerzas que gobiernan la Unión Europea) Y otros ven cómo el reparto de “opiniones” termina convirtiéndose en un mercadeo de alianzas, pactos, acuerdos, cesiones y concesiones que terminan haciendo que ninguna voluntad se materialice.

Todo esto da para mucho y no renuncio a dedicarle alguna o algunas próximas entradas; pero hoy sólo quiero, además de dejar constancia de la idea base tratada hasta ahora, hablar de la situación del país en el que nací.

Si ya estaba claro antes, desde el pasado mes de septiembre asistimos a un conjunto de circunstancias que evidencian de modo palmario cómo la democracia se halla completamente secuestrada en España.

Lo está en el conjunto. Las elecciones celebradas el pasado 20 de diciembre han puesto en evidencia, en primer término, las tremendas imperfecciones del sistema electoral. Porque una cosa es proclamarse estado democrático y representativo, pero hay que materializarlo en un sistema legal que articule la forma concreta como ha de llevarse a cabo. Parece que lo más “lógico” es que todos los ciudadanos participen en el proceso electoral de un modo igualitario, que todos sientan útil en la misma proporción su voto. Pero no es así. Resulta especialmente llamativo, por poner un par de ejemplos, que un partido como el PSOE, con 5.530.693 votos haya obtenido 90 diputados y Podemos, con 5.189.333, sólo haya alcanzado los 69; y más aún que Izquierda Unida (esta vez bajo la “marca” Unidad Popular en Común) se haya quedado en sólo 2 diputados con casi un millón de votos, mientras partidos nacionalistas como ERC, DL o PNV hayan obtenido 9, 8 y 6 diputados con la mitad de votos que IU. La razón se encuentra no sólo en el sistema de proporcionalidad sino en la asignación de diputados por provincias. Y es que en un país como España, con una añeja cuestión de encaje territorial, resulta complicado equilibrar derecho de los ciudadanos con derecho de los territorios (algo que debería tener otro procedimiento de canalización de la representatividad). Y a lo peor no deberíamos quejarnos demasiado de esto, al fin y al cabo hay otros sistemas donde el desequilibrio es mayor, especialmente con sistemas mayoritarios por circunscripciones, como es el caso de Estados Unidos o del Reino Unido. En Estados Unidos, las últimas elecciones dieron como resultado que el Partido Republicano, con el 51,2 % de los votos obtuviera el 56,8 % de los escaños y el Partido Demócrata, con el 45,5 % de votos lograra el 43,2 % de escaños. En el Reino Unido el asunto es peor; así, el Partido Conservador obtuvo en mayo de 2015 el 50,8 % de los escaños con el 36,9 % de los votos, y, en caso con paralelismos hispanos, el Partido Nacional Escocés obtuvo el 8,6 % de los escaños (56) con el 4,7 % de los votos (aproximadamente 1,5 millones), mientras que el Partido de la Independencia del Reino Unido, que obtuvo más del triple de votos que el anterior (casi 3,9 millones), se quedó con un único escaño.

Tal vez el problema se acreciente al vincular la elección de los representantes en las cámaras legislativas con la determinación de quién gobierna. Esto, por ejemplo, no pasa exactamente así en Estados Unidos, donde se elige al Presidente en un proceso electoral diferente al de los Representantes y los Senadores; o en Francia, con un sistema no siempre equilibrado entre el Presidente de la República,elegido por voto directo, y el Presidente del Consejo de Ministros, elegido por la Asamblea Nacional; pero sí en la mayoría de países. En España se llega incluso a desvirtuar el proceso de la propaganda electoral de modo que parece que lo que se va a elegir no es el grupo de representantes de cada provincia en el Congreso de los Diputados y el Senado sino el Presidente del Gobierno. La elección del Presidente del Gobierno, sin embargo, es misión del Congreso durante la Sesión de Investidura, algo que con mayorías absolutas en el reparto de escaños resulta un puro trámite favorable al partido vencedor, pero que en situaciones inéditas de fragmentación (no había tanta atomización desde los tiempos de la II República) como la que se ha generado tras las últimas elecciones, obliga a negociar posibles mayorías mediante coalición, pacto o componenda varia, en la certeza de que ninguno de los partidos podrá hacer valer a su candidato sólo con sus votos mientras tenga a los demás en contra. Es una situación “interesante” que amenaza con divertidas sesiones y con el agotamiento del sistema previsto en la Constitución que obligaría a unas nuevas elecciones… y mientras a seguir administrados por un gobierno en funciones sin apoyo parlamentario (bueno, sin apoyo en el Congreso, porque en el Senado el PP ha obtenido una mayoría aplastante=más paradojas del sistema)

El asunto tendría menos trascendencia, aún teniéndola, sino estuviera sobre el tapete una cuestión de reforma constitucional que promueven, con distintos criterios, casi todos los grupos; pero, sobre todo, si no estuviera sucediendo lo que viene ocurriendo en Cataluña. Porque allí el secuestro de la democracia es aún mayor que en el conjunto de España. El ínclito Artur Mas se empeñó hace unos años en entrar en un juego de plante al Estado que le ha arrastrado y ha arrastrado a la sociedad catalana, que tras cinco años con él en la presidencia ha acudido tres veces a las urnas legalmente y una en plan festivalero y contra la ley, que ha visto cómo la coalición de partidos que era CiU, gracias a él, ha ido perdiendo consecutivamente votos, se ha dividido y su partido ha terminado en manos de ERC primero y de la CUP después. Allí sí que la democracia es vilipendiada. Todos usan su nombre y en su nombre dicen actuar, pero realmente ninguno atiende a la Democracia. Se montó un presunto referéndum, luego vestido con el disfraz de “consulta” (expresamente desautorizado por el Tribunal Constitucional), al que asistieron los amiguetes partidarios de la independencia y pretendieron que se viera en el aplastante resultado favorable (claro, votan sólo lo que van a votar sí y cuatro despistados) como un mandato democrático. Luego, montaron unas elecciones al parlamento de la comunidad autónoma vistiéndolas de “plebiscito”, como si el hecho de votar unas listas u otras significara estar a favor o en contra de la independencia… y los partidos o coaliciones que defendían expresamente esa opción, por mor de la misma historia de valor del voto ciudadano, sólo obtuvieron un 39,51 % de los votos, que unidos a los 8,21 % de la formación radical CUP seguían estando por debajo del 50 % Pero da igual, aunque parezca lo lógico valorar la opinión directa que representan los votos populares, como en el reparto de escaños sí alcanzaban una mayoría de 72 (62 + 10 de la CUP) había que hacer la lectura de que lo que valía era el número de escaños y eso les legitimaba para empezar el proceso de independencia. Pero ahí no queda la cosa. Resulta que la lista de coalición entre CDC y ERC, Junts pel Sí, iba encabezada por Raül Romeva, de ERC, aunque el candidato a President era Artur Mas, convertido en el adalid de la independencia. Pero los de la CUP no querían a Arturo de presidente y votaron en contra. Luego, se han pasado el ciclo navideño siendo el centro de atención, porque con sus 8,21 % de los votos y 10 diputados tenían en sus manos la llave de la puerta. Y después de varias reuniones, de consultas a sus bases, comités políticos, etc., después de que su carismático líder Antonio Baños terminará abandonado y renunciando a su escaño, a 48 horas del límite, terminan llegando a un acuerdo para votar por el candidato de Junts pel Sí… ¿Artur Mas? ¡No!, ¿Romeva?, ¡tampoco!, un tal Carles Puigdemont, que es Alcalde de Gerona y diputado en el Parlamento de Cataluña y que desde luego no era el candidato a presidente al que supuestamente se apoya al echar una papeleta u otra. Así pues, los ciudadanos de Cataluña van a tener por presidente de su comunidad autónoma a alguien con quien no contaban cuando votaron y con el respaldo de menos del 50 % de los votos de las elecciones. Eso sí, Mas se ha hecho el harakiri (o le ha fusilado la CUP, no sé) para permitir el éxito del “procès” y en 18 meses dinamitar la estructura constitucional de España. ¿Esto es democracia?… pues si esto es Democracia, me cisco en la Democracia.

Esta pandilla de insensatos que se dedican a la política tienen en sus manos resortes que terminan afectando a la vida cotidiana de todos. Sus decisiones, sus chanchullos, sus malas gestiones, provocan crisis, aumentan los impuestos, reducen los sueldos, hacen crecer los precios… y eso sí que afecta al ciudadano de a pie. Y uno quiere escuchar, ver qué proponen unos y otros y participar en el imperfecto sistema por ver si llega alguien que lo mejore; pero como esto siga así habrá que cerrar los ojos, dedicarse al entorno familiar más próximo, a salir adelante a pesar de los gobernantes, sean los que sean y estemos en el país que estemos, con 17 comunidades autónomas, 16 o ninguna. Y que voten ellos y sus amigos, que éste se “desapunta”.

 

 

DEBATES, ¿DEMOCRACIA O COPROCRACIA?

psoeciuddemos

(En relación con el debate organizado por el diario El País -30/11/2015- entre los candidatos a Presidente del Gobierno de los partidos que cuentan, según las encuestas, con más posibilidades)

Debates.

Vencedores y vencidos.

¿Quién ganó? Desde luego, el que no ganó fue Rajoy, que no fue, demostrando una vez más que él está por encima del bien y del mal y que no hay nada mejor que no hacer nada (él prefiere ir a hablar de las chorradas del fútbol y darle collejas a su hijo por ser sincero)

Albert y Pablo traen aires de novedad…. bueno, de nuevas formas y de presuntas inocencias; pero al final terminan siendo lo mismo.

Lamentable el papel que le toca jugar a Pedro (sobre esta piedra edificaré mi vuelta a la poltrona), proponiendo lo que sus antecesores y mentores fueron incapaces de hacer.

“¡Y tú más!”…. eso es al final lo que se enseñorea de los debates electorales en esta España que nos sufrimos: Todos llevan preparados los dardos con los que intentan humillar al contrario…

¿Propuestas? Sí: deshacer lo que han hecho otros (lamentable, insisto, en el caso de Pedro Sánchez, que parece sólo proponer la derogación de las leyes del “pepé”, sin proponer con concreción, nada nuevo)

Podemos y Ciudadanos proponen y traen aires nuevos, como digo. Desde luego, no están pringados por 35 años de comisiones, puertas giratorias, enriquecimientos fraudulentos y un importarles una higa las consecuencias para los de abajo (creo que ninguno de los cargos, carguitos y carguetes del “pepé” y del “pesoe” de los últimos 35 años se encuentra en el umbral de la pobreza en el que están tantas familias, sino precisamente todo lo contrario); pero lo de los de naranja y los de morado parecen buenas intenciones sin el fundamento de lo posible. Porque al final de lo que se trata es de poder con el que puede, poder con el poderoso al que le da más o menos igual quién se crea que corta el bacalao, porque el que lo corta es él; ése que cuando un Pablo o un Albert lleguen, si llegan, al gobierno le dirá “ven aquí, majete, que te voy a explicar en dos palabras de qué va esto”.

Siempre he visto las botellas medio vacías, por eso me da que la solución a todo esto no existe. El salvaje capitalismo que se ha enseñoreado de casi todo no va a cejar, no se va a apear del burro, porque los cuatro que acumulan dinero (=Poder) quieren seguir acumulándolo y les da igual lo que pase por debajo de ellos: darán migajas para que el entramado les siga alimentando, pero les da igual si tú o tú tenéis para comer… es más, casi les resulta mejor que no lo tengas para que así te sometas más fácilmente a sus condiciones.

Pero la esperanza es lo último que se pierde.

Es lamentable que no se puedan juntar las intenciones de unos y otros; lo bueno de las propuestas de unos y otros y que el acuerdo no supere las fronteras.

El 21 de diciembre habrá un nuevo marco; un reparto de escaños totalmente diferente al de los últimos 35 años; pero mucho me temo que cuatro años después, gobierne quien gobierne, seguiremos lamentándonos de no tener un definitivo modelo territorial que ilusione a todos los españoles independientemente del siguiente gentilicio que les identifique; que no tendremos una sanidad universalizada, gratuita y de calidad; que no tendremos una educación pública, gratuita, laica y con currículos de una vez por todas consensuados y con proyección de futuro; que no tendremos unas infraestructuras económicas que garanticen el empleo con salarios dignos; que careceremos de una política de inversiones públicas en energías renovables (y de una independencia energética pública); que faltará un compromiso real, no sólo de palabra, con el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente; que seguirá sin haber, más allá de los discursos halagadores, una obligación pública con la lucha contra la pobreza, empezando por la calle de al lado y terminando por los países más desfavorecidos… y que seguiremos escuchando las vanas verborreas sobre igualdades de género (léase “sexo”, lo de género va de gramática raptada por lo político), sobre homofobias y xenofobias; sobre guerras legales e ilegales; sobre… sobre… Sobre, siempre, el “tú más” que ha presidido la política española en los últimos… bueno, por lo menos en los últimos doscientos años (desde que las voces de los que no eran monarcas, nobles u obispos empezaron a oírse un poquito)

Por eso, volviendo a lo del principio, ¿Quién ganó el debate?… ninguno (mención aparte el asunto de los “uniformes”: con o sin cobarta; con o sin americana). Y aunque alguno de ellos “gane” las elecciones el próximo 20 de diciembre, ninguno hará lo que dice que va a hacer porque tendrá que pactar con los que no se lo dejarán hacer.

El político encandila al votante y defrauda al que le ha votado.

IGNACIO SAMPER – CREACIÓN DE LO CREADO

La hoja, en verde,

con su haz y envés

y con su filo,

aproxima su forma (o al revés)

a la del pez;

en medio,

el herrero fraguó

y modeló

la punta de lanza de Longinos.

***

La idealización de la estructura de un átomo guarda un parecido considerable con la de un sistema estelar; en medio, el ser humano se asocia en núcleos alrededor de los cuales gravitan sus circunstancias.

***

Formas. Colores. Sombras. Esencias de dimensionalidad… ítems quizás cuánticos que transporta el espacio-tiempo y que tal vez se transiten, mecidos en su viaje por las musas. Mentes receptivas e inquietas de todos los tiempos y lugares habrán captado las mismas corrientes de inspiración; pero sólo unas pocas de esas mentes han dispuesto además de la habilidad necesaria para crear de lo ya creado con lo ya creado.

Ignacio Samper es una de esas mentes que cuenta con el privilegio de unos dedos conectados con la perfección necesaria.

En estos días expone nuevamente en el Teatro Quevedo (Calle Bravo Murillo, 18, Madrid) una serie de grabados en los que su profundo conocimiento de la pintura de todos los tiempos queda de manifiesto en la concreción, bajo su perfecta definición personal, de los paralelismos formales presentes en obras pictóricas diversas. Alguno de los autores prospectados pudo en su momento inspirarse en la obra precedente; pero en cualquier caso, Ignacio aporta su inspirada interpretación que, en algún caso, no se ruboriza ante una nota sarcástica.

Quien presta nombre al teatro en cuya antesala miran para ser mirados los grabados de Ignacio, mostraríase a la vez sorprendido y admirado; él que también supo rimar, alimentado por Erato, Calíope o Talía, podría decir respecto a Ignacio, como ya en vida lo hizo respecto al pincel(*):

      Vióse más de una vez naturaleza
      de animar lo pintado codiciosa;
      confesóse invidiosa
      de ti, docto pincel, que la enseñaste,
      en sutil lienzo estrecho,

      cómo hiciera mejor lo que había hecho.

Y tal vez, precisamente al percibir la maestría al enlazar las formas dibujadas por pintores de épocas dispares, añadiría su:

      Por ti, por tus conciertos,
      comunican los vivos con los muertos.

Y sin duda le atribuiría como culmen de admiración:

      A ti deben los ojos
      poder gozar mezclados
      los que presentes son y los pasados.

Bracono. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

Bracono. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

Mujer sentada. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

Mujer sentada. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

Retrato de maja. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

Retrato de maja. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

La mamá del arlequín. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

La mamá del arlequín. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

Carlos Loewe. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

Carlos Loewe. Ignacio Samper. Grabado sobre papel (52 x 26 cm)

(*) Versos de la Silva 25 o Silva del Pincel de Francisco de Quevedo (Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos)

EXTERMINIO O PAZ

Estoy convencido, la religión es la principal fuente de muerte en la historia de la Humanidad.

Deberían desaparecer absolutamente todas las religiones.

Sí, ya sé, la mayoría de los fieles de cualquiera de las religiones extendidas en el mundo no es violenta, vive su fe desde una postura de “amor” a los demás… pero son esas mismas religiones las que inspiran la ignorancia, el fanatismo y la muerte. Fanáticos o interesados iluminados convencen a muchos de la misión salvífica de actitudes como las protagonizadas por los asesinos que han inundado de sangre las calles de París. Ellos estaban convencidos de que cumplían un mandato divino, que luchaban contra una civilización a la que consideran enemiga de su fe… y llega a tal extremo su fanatismo que se inmolan haciendo explotar cargas de explosivos atadas a sus cuerpos mientras con la explosión se llevan por delante más víctimas. ¿Se preguntan lo que piensan, lo que sienten sus víctimas; lo que van a hacer sufrir a sus familias? ¿Se plantean algo diferente a la locura de un paraíso preparado para los supuestos ejecutores de infieles? ¿No piensan que a lo peor siembran más odio del que ellos vomitan con sus armas y explosivos?

Y, mira, lo peor es que da igual que ahora sea un engendro vestido de islamismo; antes eran los fanáticos políticos como ETA o el IRA o los diferentes “frentes de liberación” intentando conseguir a golpe de tiro en la nuca, de bombas, de secuestros, sus objetivos…. o la Inquisición… o las guerras de conquista… de modo que si se consiguiera acabar con las religiones esta aberración de la naturaleza que se llama Ser Humano, encontraría otras mil razones para justificar la violencia de unos hacia otros. ¿Será condición inherente a la naturaleza humana?… A lo peor la solución no es otra que el total exterminio de la Humanidad… el planeta lo agradecería.

¿Es tan difícil que nos dejemos unos a otros vivir en paz?

UNA DE LAS DOS…

Si no fuera por lo tremendamente grave que es en sí mismo, el asunto del noreste sería para reír… o para vomitar, no sé.

La huida hacia delante del que porta nombre de rey legendario, sin escuchar ni a la Ginebra de la razón ni al Merlín de la ley, es un dislate festivalero que sólo podía suceder en un país como éste en el que me ha tocado vivir. ¿Qué más da que la causa sea en el fondo la misma cuestión de dinero de siempre, y la de escurrir el bulto de la justicia cuando te están cercando con más del tres por ciento de las razones? ¿Qué más da que la legitimidad se la inventen sobre la marcha. sudándoles la entrepierna el asunto de las mayorías con las que pretendían leer  las últimas elecciones? ¿Qué más da que quien cacarea, pretendiendo seguir siendo el gallo del corral, lleve cinco años sin gobernar, dedicado sólo a hacer campaña de una causa sin futuro? ¿o es que tiene futuro? Que se lo digan al de la zapatilla en la boca, que puede pasar a la historia como el inútil que dejó desmoronarse un sistema que se decía democrático… porque si triunfa en sus objetivos esta estulticia estelada habrán dinamitado entre todos la ley, la máxima en el ordenamiento jurídico español, el Estatut, la Ley Electoral y todas las demás ¿Con qué santos cojones podrán venir después a decirle a cualquier ciudadano que no aparque el coche en zona azul?

Esto es una vergüenza universal. No creo que haya en el mundo civilizado y ordenado un país en el que pueda pasar algo como esto.

Pero en el fondo es lo mismo de siempre. Lo mismo que lleva protagonizando la historia de España en los últimos…. bueno no sé si ha sido nunca de otra forma… la división entre razón y locura; entre orden y despelote; entre buenos y malos; mejores y peores…

Me ha tocado vivir aquí, porque aquí nací, y quiero a este país porque es el mío, pero me hiela el corazón la España que no quiere serlo…

LA GENTE QUEDA QUE NI PINTADA

La gente.

-Cuenta cuánta gente.

-Tú, yo, ellos, aquéllos… mmm, me salen más de siete mil millones “de gente” (7.000.000.000, o, como dirían en USA, seven billion).

-¡No jodas!

-No, que si no hay más “gente”.

***

La bola de tierra, fuego, agua y aire en la que viajamos por el universo está “petada de peña”. Cada uno de los seres hupanos que vive es consciente (unos más y otros menos) de su existencia, siente sus necesidades vitales, procesa pensamientos; salvo excepciones, ve, oye, habla, degusta y palpa. La inmensa mayoría, fiel al principio “oculto” de la existencia, se preocupa esencialmente de subsistir: comer, tener prole y dar de comer a su prole. Para muchos no hay mucho más porque deben orientar todos sus recursos físicos a la cumplimentación de tales objetivos; pero otros muchos, gracias a eso que llamamos desarrollo, cubren esas necesidades y les queda “tiempo libre”, un tiempo que llenan con “algo”. Hay quienes se afanan por llenar ese tiempo leyendo, extrayendo del negro sobre blanco la médula de la conciencia de la gente que fue y es y que supo o sabe expresar; o escuchando esas magistrales formas de enlazar vibraciones en diferentes tonos, amplitudes, ritmos y cadencias que llamamos música; o disfrutando de un paisaje: del derroche de colores y sonidos que es consecuencia de un proceso de milenios de modelado mezclado con la marea de vida que lo inunda.

Pero cada uno de nosotros ve desde dentro, siente desde dentro y se proyecta en sucesivos círculos concéntricos formados por grupos de “gente”, respecto a los que va perdiendo paulatinamente la afinidad. Nos relacionamos con nuestra familia directa, a los que sentimos casi como parte de nosotros mismos, especialmente a los hijos, nos mantenemos vinculados por la sangre a nuestros padres, a los familiares de distintos grados; pero ya no los sentimos con la misma intensa vinculación; perdemos cuotas de afinidad en el círculo del trabajo, de la comunidad de vecinos, del barrio, de la ciudad… aunque podemos vincularnos con círculos más amplios en los que el hilo conductor es precisamente uno o un conjunto de elementos y factores de afinidad: un grupo político, una corriente religiosa, hasta un equipo de fútbol. De algún modo, esas formas de proyección y relación con los demás son consustanciales con la naturaleza humana… pero… Pero siempre ha habido “listos” que han “creado” o utilizado esos círculos para controlar, dominar y explotar al resto de la “gente”.

En realidad, a ti te importas tú y te importa un relativamente reducido grupo de “gente”; pero tú le importas más bien poco a tu vecino (salvo cuando votas en contra de su opinión en la junta de propietarios); menos aún le importas a uno que vive en tu propia ciudad y que ignora tu existencia… en ese plano, en ese círculo, pasas a ser uno más de un conjunto que, por ejemplo, a los ojos de la empresa municipal que gestiona el suministro de agua, sólo importas en cuanto a una unidad de “gente” sumada a las restantes unidades de “gente”, potenciales consumidores del agua… en ese nivel, y en el del país en el que vives, engrosarás las cifras con las que jugarán los cálculos estadísticos; tal vez alguna vez un empleado de una empresa del sector de las encuestas te haga algunas preguntas sobre tus gustos alimenticios, sobre el programa de televisión que ves o sobre tus intenciones de voto, y de tus respuestas extrapolarán las proyecciones que les permitan a las empresas, los partidos o los gobiernos diseñar sus estrategias propagandísticas…

Números. Somos sólo números en las cuentas de otros. Consumidores, votantes, feligreses, televidentes, parados, jubilados, contribuyentes… o soldados: números de “gente” transformada en fuerzas que oponer a otros y que completarán listas de bajas, de muertos y heridos que decidirán la causa, justa o injusta, que derrotará al enemigo; desperdicios de “gente”, “gente” fusilada, “gente” cadáver almacenada, quemada, exterminada…

Pero qué bien queda la “gente” adornando las estadísticas, jaleando la victoria de un político que les vende la idea de que los que han ganado son ellos; llenando un estadio para animar a su equipo, previo pago de un abono o una entrada; llenando un centro comercial para comprar, comprar y comprar…

“Gente”.

 

 

UNIVERSO IRREAL (x) IDEAL

Prefiero el amarillo de Nabiru al azul de Pandora (tal vez mejor que el azul de los andorianos)

¿Subsistiría realmente un habitante de Benzar en una atmósfera de oxígeno con o sin aparato procesador?

¿Es el Universo albergador de especies amables y trascendentes como los el-aurianos o los vulcanos, o más bien de exterminantes y ególatras especies como los ferengi, los romulanos, los klingon… o los humanos?

¡Toda resistencia en fútil!… habrá que dejarse asimilar por los borg.

Prefiero en el puente a Spock, pero no prescindiría de Worf. Tal vez sí me sobraran Deanna Troi (medio betazoide y medio boba) y William Riker (para mí bastante insulso y prescindible); pero no sé si prescindiría, por poco espacio y funciones que quedaran por cubrir, de Data, Geordi La Forge y Wesley Crusher junto a Uhura, Chejov y Sulu. Sí me quedaría con Scotty; pero elegiría a Bones-McCoy antes que a Berveley Crusher. Mas por mucho que medite no sé a quién le otorgaría el mando de la Enterprise. Porque el carácter indómito, astuto y sarcástico de Kirk me llena tanto como el aplomo, la entereza, la mesura, la ecuanimidad de Jean -Luc Picard.

Sea como fuere, venero a Rodenberry. Ideó un Universo multiforme, una irrealidad real e ideal.

No he caído en la exageración friqui de aprender klingon; pero me encanta zambullirme con sosiego y sin pasión en esa proyección al futuro, en ese viaje a las estrellas.

Star Trek 1-h

Star Trek NG

El espacio: la última frontera. Estos son los viajes de la nave estelar «Enterprise», en una misión que durará cinco años, dedicada a la exploración de mundos desconocidos, al descubrimiento de nuevas vidas y nuevas civilizaciones, hasta alcanzar lugares donde nadie ha podido llegar.

logh: HeH Qav’e’