MÁS CINE

Sí, el cine es, sin duda, una de mis debilidades. Es algo a lo que me aproximo con los ojos y el resto de los sentidos muy abiertos.
 
Ante una película no me planteo inicialmente su contemplación en busca de ningún análisis específico o concreto: sencillamente quiero aprehenderla, sentirla. Empleando una imagen biológica, pretendo comérmela, saborearla en la boca mientras la mastico, tragarla, digerirla, asimilar sus "nutrientes" y desahacerme de lo que no valga.
 
 
Y prefiero poder "comer" en un buen "restaurante", en un buen "theatre", como dirían en "la meca", en una buena sala, sentado en un cómodo butacón y a una distancia de la pantalla tal que abarque mi campo de visión (preferiblemente de la mitad hacia adelante de la sala); con un buen sistema de sonido y, a ser posible:
 
– Sin un tío tocho cabezón delante.
– Sin un luchador codo a codo por el reposabrazos.
– Sin tardones que llegan a película empezada, movilizan al personal para llegar a su asiento y no terminan nunca de quitarse los abrigos, doblarlos y sentarse.
– Sin listos que se sienten en la obligación de ir radiándole a sus acompañantes y a los que están en su radio de "acción" sus doctos comentarios.
– Sin graciosetes que, para afirmar su autoestima, sobre todo cuando tienen que defender su papel de líder de grupo, necesitan jalonar la película con comentarios que provoquen las risitas de sus colegas.
– Sin grupitos de quinceañeras preocupadas sólo de las escenas en las que sale su ídolo, al que esperan cuchicheando y riéndose nerviosamente.
– Sin móviles sonando y subnormales cogiéndolos.
 
Y, por supuesto, sin interrupciones o defectos técnicos en la proyección.
 
Si todas las condiciones se producen adecuadamente, durante hora y media o dos horas dejo de estar únicamente en los límites de mi cuerpo y me convierto en una entidad invisible que navega por el mundo que queda al otro lado de la tela. Lo bueno de esto es la completa "abducción" experimentada, que hace que durante ese tiempo se queden fuera preocupaciones, agobios, problemas. Lo malo, que no siempre puedes imponer a tus circunstancias personales tu afán por disfrutar así del cine, y no tienes más remedio que cambiar los 25 metros de lona por el escaso metro de la pantalla de la TV.
 
No tengo prejuicios hacia ningún tipo de cine; pero sí me llama la atención especialmente alguno. Me da igual que una película sea rusa, china, australiana o norteamericana; que sea una comedia, un dramón o una pura fantasía; que la protagonice Fulanito o Zutanita; que la dirija Mengánez o Perengánez, etc. Quiero que me enganche, que me subyugue, que me haga sentir.
 
Naturalmente, una vez vista, ya "digerida", empiezo a preguntarme qué y quiénes. Y resulta que voy haciendo balance y dándome cuenta que hay una serie de "temas" que me llegan más o me "divierten" más; unos directores que se repiten en los títulos de crédito de las películas que más me han gustado; unos actores y actrices que se empeñan en encarnar con un especial talento los personajes que me calan…
 
Así, terminas dándote cuenta de que tienes actores y directores preferidos.
 
En el tema de los actores, no tengo más remedio que hacer un par de reflexiones. Me da la sensación (y no estoy basándome en ningún estudio pormenorizado del asunto) de que hay más buenos actores que buenas actrices y que hay más actrices admiradas por su físico que actores idolatrados como símbolos sexuales. También creo que hay más papeles protagonistas para hombres que para mujeres en la historia del cine, lo cual también puede influir.
 
Tal vez esté mediatizado por mi condición, pero meditando a la hora de elegir a mis actrices y actores preferidos, no he tenido mucho problema en seleccionar un buen ramillete de actores a los que considero magníficos encarnadores de personajes, independientemente de su proyección como símbolos o referentes estéticos; y sí he tenido problema para elegir un grupo de actrices cuyas interpretaciones dejen en segundo plano su belleza.
 
Por eso, en las galerías de fotos que hoy cuelgo están (salvo error u omisión):
 
– Mis actores y actrices favoritos a los que considero buenos intérpretes en el tipo de papeles que habitualmente encarnan. Por algunos, de los que conozco por documentales o lecturas sus métodos de trabajo, siento una especial admiración; por otros respeto y por otros simpatía.
 
– Mis directores preferidos. Entre ellos suman la mayor parte de las películas que me gustan.
 
– Un pequeño ramo de imágenes de diferentes películas. Algunas de ellas son eternos clichés que han pasado del celuloide a carteles para adornar habitaciones, otros representan personajes o escenas que han quedado en la retina o en la memoria auditiva o sensitiva en general (de esto ya hablaré otro día). Faltan muchas y sobran pocas.
 
to be continued
 

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