AÑO NUEVO

Hoy (21 de diciembre) es un día como otro cualquiera para celebrar el inicio de un año. Quizás, incluso sea hasta especial y justificado; porque hoy lo que determina que midamos el tiempo en años, el periodo de la órbita de La Tierra en su viaje alrededor del Sol, llega a una de sus culminaciones, quizás la más significativa: hoy La Tierra llega al punto en el que, en el hemisferio norte, y debido a la inclinación de su eje, el Sol comienza su orto un poco antes y llega al ocaso un poco más tarde que ayer (justo al revés que en el hemisferio sur)

 

Sí, hoy es el solsticio de invierno en el hemisferio norte. De esta circunstancia ya eran conscientes nuestros antepasados, antepasados más remotos que los que impulsaron los grandes descubrimientos astronómicos de la Edad Moderna. Porque, de hecho, en las sociedades agrícolas de hace más de diez mil años, este hecho constituía uno de los momentos clave del ciclo solar. Para estas sociedades que veían en el Sol al gran hacedor, junto con la Tierra y el Agua, de lo más importante en sus existencias, y que  personalizaban estos “elementos” en divinidades, era pura “magia” lo que hoy sabemos son conjunciones de fuerzas cósmicas, realidades físicas. Por ello concebían el momento del solsticio como el de la regeneración de la divinidad solar, el momento en el que moría el viejo Sol, exultante en el verano y agonizante en el otoño, y nacía el Sol Nuevo, el niño criado por la Madre Tierra y que iba creciendo hasta iniciar su benefactora labor en la primavera.

 

La cultura grecolatina que sustenta nuestra base cultural celebraba en estos días el renacer del Sol. En Roma, los festejos denominados Saturnalia, del 17 al 23 de diciembre, daban paso, el propio 23 a la fiesta del “Sol Invictus” y el 25 con el “Dies Natalis Solis Invicti”, el Día del nacimiento del Sol Invicto.

 

En el seno del Imperio Romano se difundió la religión que ha alimentado durante siglos a la cultura occidental. Aquellos “venerables” Padres de la Iglesia que fueron poco a poco transformando una religión del pueblo en una religión del Estado, desconocedores de la fecha exacta del nacimiento de su referente fundacional, Joshua bar Jusef, Jesucristo, tuvieron la “feliz” idea de colocar en el 25 el natalicio de su “Salvador”, hecho que posiblemente sucediera en el verano de seis o siete años antes de la fecha que calculó un tal Dionisio el Exiguo.

 

Ni más ni menos. Por esto se celebra la “Navidad” y por eso, y porque Julio César decretó, en su reforma del calendario romano, que el año empezaba el 1 del mes dedicado al dios Jano: Enero, se nos juntan en estos días la Navidad y el Año Nuevo. Una etapa en la que se solapan, soterradamente, tradiciones llamadas “paganas” con tradiciones llamadas “religiosas”; tradiciones ancestrales, en cualquier caso.

 

Hoy, la carga religiosa se va diluyendo y transformándose en una excusa para una auténtica explosión consumista… y, también, para toda una explosión de sentimientos personales.

 

La tradición ha hecho que en estos días se produzcan reuniones familiares. A veces entre personas que el resto del año están distantes. Lo peor es que siempre hay, también, ausentes, por un motivo o por otro… y uno u otro puede ser el que ya no están… no están de un modo definitivo… y estaban el año pasado, o el anterior, o hace treinta años. O no están aunque estén; porque ya no son lo que eran.

 

Por esto, para mucha gente, y entre ellos me siento, lo que se avecina es algo poco “festivo”

 

La verdad es que para los únicos que se justifica, desde mí, desde mi mente y desde mi actitud hacia ello, la entrega a una sucesión de compromisos para cenas, comidas, regalos, visitas… es para los niños. Para ellos es todo nuevo, no recuerdan a un padre perdido, un amor desgarrado, un devenir insatisfecho. Perciben con ojos ilusionados la magia de los regalos, de las reuniones familiares, las vacaciones, las fiestas colegiales.

 

Por mi parte, afrontaré los próximos días con el hálito de moral que me dejan mis circunstancias y procuraré, con la procesión por dentro, hacérselos felices  a quienes me mantienen hoy en la vida.

 

Pero por “celebrar”, sólo quiero “celebrar” el comienzo, hoy, del nuevo año.
  
 
Baxuanball Ahjeoqoj

 

 

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