PAULO COELHO, CON ALZACOELHOS

PAULO COELHO, CON ALZACOELHOS

 

Paulo Coelho; “Maktub” (1994) Colección Booket. Seix Barral, Barcelona, 2005

www,paulocoelho.com

 

 

Selección de artículos realizados por el autor como colaboración para el periódico brasileño Folha de Sao Paulo entre junio de 1993 y junio de 1994

 

 

Según Coelho “Maktub no es un libro de consejos, sino un intercambio de experiencias”. A mí me ha parecido un breviario: si los artículos hubieran sido un poco más escuetos (y eso que lo son considerablemente) la comparación que brotaba en mi cabeza con Camino, de José María Escrivá de Balaguer (el Fernando Alonso de la carrera a la santidad), habría sido definitiva. En cualquier caso, se sustancia un aire doctrinal cristiano – católico que me hace imaginarme a Paulo Coelho con “alzacoelhos”.

 

Como no puede ser menos en este caso, por encima de comunión o no con principios doctrinales o interpretaciones de eso que llamamos realidad, en el conjunto, algunos de los artículos del brasileiro me han llevado a marcar la página a fin de acudir a ellos para, en su caso, releer aquello que por una razón u otra ha atravesado el tamiz, mi tamiz:.

 

 

“El filósofo alemán Schopenhauer caminaba por una calle de Dresde, buscando respuestas a preguntas que lo atormentaban. De repente, vio un jardín, y decidió quedarse durante horas observando las flores.

 

Uno de los vecinos vio el comportamiento extraño de aquel hombre, y llamó a la guardia nacional. Minutos después, un policía se acercaba a Schopenhauer.

 

-¿Quién usted? –preguntó el policía. Con voz dura.

Schopenhauer miró de arriba abajo el hombre que estaba delante de él.

-Si sabe usted responder a esa pregunta –dijo el filósofo-, le estaré eternamente agradecido.”

(Pág. 72)

…Gnosti te auton

 

“Un amigo del viajero decidió pasar algunas semanas en un monasterio del Nepal. Una tarde entró en uno de los muchos templos del monasterio, y encontró a un monje, sonriendo, sentado en el altar.

 

-¿Por qué sonríe usted? –Le preguntó al monje.

-Porque entiendo el significado de los plátanos –dijo el monje, abriendo una bolsa que llevaba y sacando un plátano podrido en su interior- Ésta es la vida que pasó y no fue aprovechada en el momento preciso, ahora es demasiado tarde.

 

Acto seguido, sacó de la bolsa un plátano todavía verde. Se lo enseñó y volvió a guardarlo.

 

-Ésta es la vida que todavía no ha ocurrido, hay que esperar el momento preciso –dijo.

 

Finalmente, sacó un plátano maduro, lo peló y lo compartió con mi amigo, diciendo:

 

-Éste es el momento presente. Aprende a vivirlo sin miedo.”

(Pág. 95)

Hoy, hoy, hoy. Ayer es en sí mismo tan amargo que traerlo a hoy no es sino traer amargura. Mañana no es, e intentar preverla no es más que traer a hoy angustia. Hoy, hoy, hoy y cada instante de hoy.

 

“Un hombre pasa por una aldea, en pleno temporal, y ve una casa que está ardiendo.

 

Al acercarse, ve a otro hombre, con fuego hasta en las cejas, sentado en la sala en llamas.

 

-¡Eh, tu casa está ardiendo! –dice el peregrino.

-Ya lo sé –responde el hombre.

-¿Entonces por qué no sales?

-Porque está lloviendo –dice el hombre- Mi madre me dijo que con la lluvia se puede coger una neumonía.

 

Zao Chi comenta sobre la fábula: <<Sabio es aquel hombre que consigue cambiar de situación cuando se ve forzado a ello>>.”

(Pág. 97)

A la fuerza ahorcan. Y una vez condenado, ¿para qué ir al patíbulo pataleando?.

 

 

“Un hechicero africano conduce a su aprendiz por el bosque. Aunque más viejo, camina con agilidad, mientras que su aprendiz resbala y cae a cada momento. El aprendiz blasfema, se levanta, escupe en el suelo traicionero y sigue acompañando a su maestro.

 

Después de una larga caminata, llegan a un lugar sagrado. Sin parar, el hechicero da media vuelta y comienza el viaje de regreso.

 

-No me ha enseñado nada hoy –dice el aprendiz, cayendo una vez más.

-Sí que te he enseñado, pero parece que no aprendes –responde el hechicero-. Intento enseñarte cómo lidiar con los errores de la vida.

-¿Y cómo se lidia con ellos?

-Como deberías lidiar con tus caídas –responde el hechicero-. En vez de maldecir el lugar en el que caíste, deberías buscar aquello que te hizo resbalar.”

(Pág. 108)

Lo malo es que, sabiendo lo que te hizo resbalar no puedas impedir seguir resbalando.

 

 

“Un hombre que vivía en Turquía oyó hablar de un gran maestro que moraba en Persia. Sin dudarlo, vendió todas sus cosas, se despidió de la familia, y se fue en busca de la sabiduría. Después de viajar durante años, consiguió a la cabaña en la que vivía el gran maestro. Lleno de terror y de respeto, se acercó y llamó. El gran maestro abrió la puerta.

 

-Vengo de Turquía –dijo-. Hice todo este viaje sólo para hacerte una pregunta.

 

El viejo lo miró, sorprendido:

 

-Está bien. Puedes hacer sólo una pregunta.

-Necesito ser claro en mi pregunta; ¿puedo preguntar en turco?

-Sí –dijo el sabio-, y ya he respondido a tu única pregunta. Cualquier otra cosa que quieras saber, pregúntasela a tu corazón; él te dará la respuesta.

 

Y cerró la puerta.”

(Pág. 112)

¡Qué ca…! ¡Si al final el corazón más que respuestas da por el cu…!

 

 

“Una vez le preguntaron al escultor Miguel Ángel cómo hacía para crear obras tan magníficas.

 

-Es muy simple –respondió Miguel Ángel-. Cuando miro un bloque de mármol, veo la escultura dentro. Todo lo que tengo que hacer es retirar las esquirlas.

 

Dice el maestro:

 

Estamos destinados a crear una obra de arte. Es el punto central de nuestra vida y, por más que intentemos engañarnos, sabemos lo importante que es para nuestra felicidad. Generalmente, esta obra de arte está oculta por años de miedos, culpas, indecisiones. Pero si decidimos sacar unas esquirlas, si no dudamos de nuestra capacidad, somos capaces de llevar adelante la misión que nos fue designada. Y ésta es la única manera de vivir con honra.”

(Pág. 119)

… ¿Y si no tenemos más misión asignada que la de pasar por la vida sin nada dentro de las esquirlas?

 

 

“Al final, todo siempre acaba bien. Si las cosas no van bien, es porque todavía no has llegado al final.”

(Pág. 142)

¡Ojalá!

 

“Dice el maestro:

 

Escribe. Ya sea una carta o un diario, o unas notas mientras hablas por teléfono, pero escribe. Escribir nos acerca a Dios y al prójimo. Si quieres entender mejor tu papel en el mundo, escribe. Procura plasmar tu alma por escrito, aunque nadie lo lea; o, lo que es peor, aunque alguien acabe leyendo lo que no querías. El simple hecho de escribir nos ayuda a organizar el pensamiento y a ver con claridad lo que nos rodea. Un papel y un bolígrafo hacen milagros, curan dolores, consolidan sueños, llevan y traen la esperanza perdida. La palabra tiene poder.”

(Pág. 162)

Pues aquí hay uno que lleva escribiendo… Y todavía no sé cuál es mi papel en el mundo… y prácticamente nadie ha leído ni la centésima parte de lo que he escrito. Quien más ha importado en mi vida, sólo se ha acercado fugazmente a lo que escrito le he ofrecido y ha mostrado hacia lo más indirectamente ofrecido el mismo interés que un árbol ante la “marca” dejada por el perro.

One Response to PAULO COELHO, CON ALZACOELHOS

  1. RosaM dice:

    Es cierto que hace tiempo que no entraba por aqui. Pero me gusta mucho lo que escribes o el muestrario que dejas de los que otros escriben.
    Ahora, vendré mucho más a leerte ya que estoy de baja y tengo mas tiempo que antes.
    Me gusta mucho tu espacio.
    Un saludo

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