UNA ACACIA, UN ADIÓS

 

 

Había una acacia añeja, ligeramente inclinada hacia Luchana en la esquina con la Glorieta de Bilbao. En ella apoyé mi pesada carga de sinsabores con la ilusión de una esperanza.

 

Una media hora después de sus dos besos, a unos pasos, en Trafalgar, el sinsabor desbordó su presa cuando de entre su largo pelo brotó una negativa a mis afanes de dualidad – unicidad.

 

Por vez primera exteriorizaba verbalmente mis sentimientos a quien los inspiraba, y una vez más mis anhelos corrían más que las manos que pretendían atraparlos.

 

Amarracos: escenario; y la acacia: antesala; desaparecieron. El sinsabor inundó los márgenes de la cordura y discurrí por su encrespado cauce sin nada a que agarrarme. Una vez más; no la primera; no la última; la eterna; la soledad ahogó cualquier atisbo de alegría. 

One Response to UNA ACACIA, UN ADIÓS

  1. RosaM dice:

    Nunca te fíes de una acacia añeja. Debes contar tus sinsabores al aire, al viento. El sabrá dónde debe llevarlos y así puedes perderlos de vista para siempre.
    Un beso 

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