¿LO ESENCIAL NO CAMBIA?

 

Julio Camba; “La ciudad automática” (1934) Espasa – Calpe, Pozuelo de Alarcón (Madrid), 2005

 

Edición facsímil de la original publicada por Espasa – Calpe en 1934

 

 

 

 

Julio Camba publicó este conjunto de breves reflexiones desde los Estados Unidos. Son los momentos posteriores al crack del 29, en plena recesión y en tiempos de la “prohibición”. Su viaje junto a otros once periodistas europeos por el país del tío Sam y su estancia en Nueva York son fuente de diversas experiencias existenciales. La idiosincrasia yanqui, el sistema socioeconómico, la “diversidad unitaria” de la población, el automatismo de la vida cotidiana, el paisaje urbano… desde pequeños detalles construye reflexiones filosóficas de calado.

 

70 años de distancia temporal; casi cero de distancia real. La América (los Estados Unidos) que describe Julio Camba es tan actual como los nombres de los millonarios de entonces. No así la Europa con la que ocasionalmente la compara, que aun manteniendo el individualismo, el humanismo básico que está en la esencia del europeo, se ha americanizado en aras de la globalización.

 

Camba ya definía los Estados Unidos como una colectividad estandarizada, homogeneizada por encima de la multiplicidad de procedencias de sus ciudadanos. Y atisbaba el trasfondo (con el que ve la ausencia de diferencias prácticas entre capitalismo y comunismo): los poderosos, se llamen Rockefeller o Estado, quieren una sociedad homogénea que trabaje y consuma. En esa sociedad, hacia la que va también Europa (¿o el mundo?), sobra la inteligencia, o mejor, la cultura. Es preferible que la masa sea ignorante, así es más receptiva a los mensajes de consumo y cuestiona sólo lo que se puede orquestar desde los círculos que controlan los medios de comunicación. A los individuos de la masa se les convence desde la infancia de que viven en una sociedad libre, se les hurtan las bases para hacerse así mismos mentalidades críticas y se les adoctrina convenientemente para estar preparados para reaccionar a los estímulos que se definen en las cúpulas de poder. Niños que consumen juguetes, jóvenes que consumen diversión… ¡y todos a trabajar! ¡todos a mirar la televisión! ¡todos a consumir!: trabajar para producir, consumir para dar salida a lo producido y poder producir más; y a ver la televisión para apagar otras inquietudes y recibir los estímulos para consumir y los mensajes de adoctrinamiento. ¿Gente inteligente?, mejor, ¿gente culta? Sí, pero poca y controlada… hacen falta repuestos para las cúpulas (las auténticas, no las cúpulas políticas de pacotilla) y bases para la innovación estabulada.

 

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