PALOMAS, PALOMAS

Palomas, palomas.

El mito bíblico otorgó a la paloma el simbolismo de la Paz. El regreso al Arca de la Alianza, con una rama de olivo en el pico, de la paloma liberada por Noé tras el Diluvio, ha convertido a la paloma (blanca, para más señas) en el icono de la Paz.
Sí, su estética en vuelo e indudable, especialmente al emprenderlo o al iniciar su final, poco antes de posarse. Leonardo da Vinci estudió minuciosamente la mecánica del movimiento de sus alas y fueron, pues, inspiración para las conclusiones por él aportadas en su tratado sobre el vuelo.
La imagen de las palomas en bandada, emprendiendo el vuelo y cruzando el cielo circundante, ha acompañado multitud de eventos de muy diferente carácter, siempre con grandes concentraciones humanas, poniendo la pincelada amable, enternecedora o triunfal.
La vinculación de las palomas con el ser humano es longeva y siempre ha existido una especie de proximidad casi caritativa, además de lúdica, sin olvidar la servicial aportación de la palomas mensajeras a la necesidad de comunicación humana antes de que la tecnología permitiera otras formas más ágiles y rápidas.
Esa vinculación amable ha hecho que tradicionalmente hayan estado cargadas de una evidente connotación bucólica las escenas de ancianos echando migas de pan a siempre insaciables bandadas o acogiendo en sus hombros y sus brazos a los ejemplares más osados; o las de niños persiguiendo a las nunca alcanzables "palomitas".

Pero hay otra manera de verlas.

Viven en nuestras ciudades, alimentándose de los restos orgánicos que dejamos caer, de las basuras. Se mueven con soltura por parques, calles, balcones, cornisas, habiendo perdido esa precaución que otros animales tienen hacia el ser humano. Se acercan con impertinente insistencia y sólo reaccionan con la huida en situaciones extremas: puede que haya que insistir para espantarlas.

Hay en la ciudad otro animal que se alimenta de los restos orgánicos que generamos; pero es un animal despreciado, cuya sola contemplación ocasional produce asco y al que se procura poner coto y hasta exterminar: la rata.

Para mí, las palomas son a la superficie, al día y al aire lo que las ratas son al subsuelo y a la noche. Por eso, defino a la paloma urbana como la rata con alas.

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