DE CALENDARIO (VI)

 
Acabó.
 
Ayer, fue vencido el ciclo navideño. Al menos en España (volvemos a insistir en que esto del calendario no es igual para todo el mundo)
 
Empezamos con el despliegue de luces en calles y comercios para recordarnos que había que empezar a gastar en adornos, comidas y regalos… ¡allá por el final del mes de Noviembre o comienzo de Diciembre!. En los lugares de trabajo, algunos comprometidos con el cuento empezaron a adornar despachos, se organizaron mil y un encuentros en las propias dependencias de los centros de trabajo o en restaurantes, pubs y discotecas para las fiestas de “confraternización” tan de moda (una excusa más para desparramar, beber y comer, buitrear, reír, etc.; algo que puede pasar de una sana desinhibición a un cachondeo descontrolado y que viene de perlas a los negocios de hostelería); en algunas empresas mantuvieron el detalle de regalar a sus empleados las famosas “cestas navideñas” y circularon regalos de mayor o menor entidad en los juegos del amigo desconocido, misterioso o como leñe se le llame (otra excusa más para consumir que los grandes comercios agradecen). En los colegios, el nivel de compromiso con la enseñanza propiamente dicha fue dando paso al festivaleo navideño: decoración de aulas y pasillos, concursos de árboles de Navidad o de “belenes”, preparación de representaciones o números musicales para la fiesta correspondiente, broche final del trimestre y pistoletazo de salida de las vacaciones (que, paradójicamente después de tanta parafernalia navideña, comienzan ya a llamar “vacaciones de invierno”)
 
Siguió a esta fase, que podríamos llamar prenavideña, el ciclo de “fiestas” propiamente dichas con las consabidas estaciones fijas de Nochebuena, Navidad, Nochevieja, Año Nuevo y Reyes. O sea, cena, comida, cena, comida y roscón. Con el aditamento de los regalos de Navidad o Reyes… o de Navidad Y Reyes; el desparrame de las fiestas-cotillones de la madrugada de Año Nuevo, etc. Así pues, ruptura de cualquier austera forma de vida, casi inevitables problemas gástricos asociados a la descontrolada ingestión de comidas y bebidas y desacomodo de los tiempos de sueño y vigilia, con el consiguiente desajuste de relojes biológicos.
 
Llega el final. Hoy los contenedores de papel y cartón cantan con los embalajes en los que llegaron muñecas, juegos, libros, ropa; comienzan a desaparecer los adornos navideños y vuelve la realidad del “tiempo normal”. En los próximos días todo el mundo volverá al trabajo (ja, ja, ja… todo el mundo que tiene trabajo, algo que en España, gracias a la extraordinaria gestión de la crisis llevada a cabo por el gobierno, es un mal, el de trabajar, del que cada vez adolece menos gente) y los colegios volverán a abrir sus puertas para volver a la comprometida labor de la enseñanza infantil y juvenil, o sea, a la preparación de las celebraciones de carnaval. ¡Ah! y comenzarán a llegar los cargos de las tarjetas de crédito… y parecerá que no llega nunca la nómina de febrero (a quien le llegue, insisto)
 
Acabó.
Acabó el ciclo navideño del que habrán hecho jugoso balance los centros comerciales. Sus amables alas nos han arropado desde Diciembre facilitándonos la adqusición de regalos, comidas, adornos, etc. con ese desinteresado espíritu navideño que les caracteriza. Ahora, con ese mismo desintersado espíritu nos facilitan la adquisición de miles de productos con los precios reducidos, las rebajas, con reducciones de precios de hasta el 75 %… la más flagrante evidencia de los abusivos márgenes de beneficio con los que han operado en la fase anterior (el consumidor, pobre borrego, vuelve a gastar pensando en la ganga… alguno gasta ahora porque la prestación por desempleo, si sigue teniéndola, no da para hacerlo cuando el comercio marca los productos con el precio sin rebaja) ¡A seguir esquilmando el bolsillo de todos!, ¡hay que reactivar el consumo para reflotar la economía!
 
Acabó.
Acabó por ahora. El calendario que nos controla ha calado perfectamente en el espíritu de desinteresada colaboración de los centros comerciales con el consumidor y el festival consumista continuará. Vendrá San Valentín y Carnaval en Febrero, el Día del Padre en Marzo, la Semana Santa en Marzo o Abril, el Día de la Madre en Mayo, el final de curso en Junio (regalos por buenas notas, métodos de recuperación y trabajos para vacaciones), las vacaciones de verano en relevos de Junio, Julio y Agosto, la vuelta al colegio en Septiembre… y, ahí estarán los centros comerciales facilitándonos la adquisición de todo lo que nos haga falta… ¡qué buenos son!
 
¡Qué bonito todo esto! ¡Qué bien organizado lo tenemos todo!
¡Viva el calendario!
 
Baxuanball Ahjeoqoj dixit
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