GALILEO GALILEI, DECUBRIÓ LOS SATÉLITES DE JÚPITER ¿O NO?

Subtítulo: De alguna forma, más sobre Calendario (VII)
Subtítulo: Cuando algunas desmitificaciones resultan absurdas
 

 
Tal día como hoy (7 de enero del Calendario Gregoriano) del año 1610, Galileo Galilei observó por vez primera los satélites principales de Júpiter. Aquella fría tarde paduana, Galileo dirigió hacia Júpiter ese nuevo artilugio que hoy llamamos telescopio y que entonces alcanzaba “nada menos” que 20 aumentos. En su primera observación distinguió tres objetos que él definió como “estrellitas” carentes de los característicos brillos fluctuantes de las llamadas estrellas fijas, situadas en el plano de la eclíptica y próximas a Júpiter. Esos objetos serían posteriormente bautizados, se trataba de Calisto, Ganimedes y de Ío y Europa. Estos dos últimos le parecieron a Galileo un único cuerpo, ya que, según pueden reconstruir los potentes programas astronómicos de los que hoy disponemos, aquel día ambos satélites se encontraban tan próximos en sus posiciones aparentes que el telescopio de Galileo los mostraba como un único objeto. Unos días después, según las anotaciones del propio Galileo en su Sidereus Nuncius, el día 13 de enero, quedó evidenciada la presencia de un total de cuatro objetos que habían cambiado ligeramente sus posiciones relativas a ambos lados de Júpiter.

Y desde entonces, ha sido válida la respuesta “GALILEO GALILEI” a la pregunta “¿QUIÉN DESCUBRIÓ LOS PRIMEROS SATÉLITES DE JÚPITER?”, igual, o más si cabe, que la respuesta “CRISTÓBAL COLÓN” sirve para responder a “¿QUIÉN DESCUBRIÓ AMÉRICA?”.

Pero, al igual que desde diversos foros se intenta desmontar la última relación pregunta – respuesta, también hay quien pone en duda la primera.

En el caso de Colón, es obvio que él no fue el primero en descubrir América… los primeros fueron los antepasados de los indios americanos que llegaron hasta allí a través del Estrecho de Bering. Ni siquiera fue el primer europeo o, mejor diríamos, hombre del Viejo Mundo que alcanzó las costas americanas: casi con absoluta seguridad le precedieron navegantes fenicios y griegos, posiblemente también egipcios, romanos y luego venecianos, genoveses o portugueses, castellanos o aragoneses y, seguro, nórdicos e incluso hasta chinos; pero posiblemente casi todos hicieron un viaje sólo de ida, desviados de sus rutas por temporales y, aunque alguno volviera, ninguno hizo público su descubrimiento en el contexto y con la trascendencia de la empresa colombina (algún día dedicaré más tiempo a este tema… hoy el protagonista es Galileo)

El último número de la Revista “Astronomía” (II Época / nº 127) incluye un artículo de Gabriel Castilla Cañamero (geólogo y miembro del Grupo de Ciencias Planetarias de la Universidad Complutense de Madrid) titulado “¿Quién descubrió las lunas de Júpiter?” (págs 36-41). En él se analiza la posibilidad de una observación previa de los satélites galileanos, una observación que necesariamente debió realizarse a ojo desnudo. Parece que está documentada la  observación de los satélites galileanos a simple vista, en condiciones atmosféricas favorables y por individuos con una especial agudeza visual. De hecho se citan experimentos realizados por Alexander von Humboldt. En todo caso, estas demostraciones se realizaron con posterioridad al descubrimiento.

Un investigador chino, astrónomo e historiador de la ciencia, llamado Xi Zezong defiende la posibilidad de que en el 364 a.C. un astrónomo chino llamado Gan De descubriera a simple vista Ganímedes o Calisto. Dicho astrónomo citó una estrella rojiza” próxima a Júpiter, referencia que aparece en el Tratado Kaiyuan sobre Astronomía, una recopilación de obras y observaciones antiguas hecha en algún momento entre 418 y 726 d.C. por el astrólogo chino Qutan Xida. Xi Zezong, después de diferentes comprobaciones dice que esa estrella rojiza citada por Gan De era Ganímedes o Calisto y que ello demostraría que Galileo no fue el primero en observarlos.

Bien. Vale que algún privilegiado por disponer de una vista especialmente aguda uniera esta condición a la de estar interesado por las observaciones astronómicas en lugar de aprovechar dicha agudeza para otros propósitos más mundanos. Vale que, efectivamente, ese ser humano fuera Gan De o Perico de los Palotes, Nicolás Trónomo o Terenci Entífico, pero ninguno de los posibles antecesores del descubrimiento de Galileo dejó la huella suficiente como para que su hallazgo fuera aceptado de forma general… no hay evidencias, ni en China ni en ningún otro lugar (a menos evidencias conocidas por el momento) de que nadie después de Gan De u otro cualquiera dijera algo así como “aquella estrella rojiza de Gan De es un satélite de Júpiter y le vamos a llamar Flordeloto”, por ejemplo. De momento, el muy respetable Sr. Xi Zezong lo único que puede llegar a demostrar (y es difícil con tan parca referencia) es que un astrónomo chino vio hace 2374 años un objeto próximo a Júpiter, que podía ser Ganímedes o Calisto, pero que no supo definir como un objeto vinculado orbitalmente a Júpiter, al que no denominó de ninguna forma especial y, lo más importante, del que no volvió a haber otra referencia, ni hecha por él ni por ningún observador posterior. Por tanto, GALILEO (que en todo caso sería el descubridor indiscutible… indiscutible mientras no se demuestre lo contrario, de tres de los cuatro satélites jovianos que llamamos galileanos y de la individualidad de los cuatro) SIGUE SIENDO a todos los efectos EL DESCUBRIDOR DE ÍO, EUROPA, CALISTO Y GANÍMEDES, SATÉLITES DE JÚPITER (ojo que no he dicho el primer ser humano que vio…)

  

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