LANGDON, LOS MASONES Y EL CENTRO DEL UNIVERSO, O SEA, WASHINGTON DC

Dan Brown; “El Símbolo Perdido” (2009) Planeta, Barcelona, 2009

  

 

 

 

 

 

Robert Langdon vuelve a verse enredado. Cree que un amigo suyo le reclama para pronunciar una conferencia en el Capitolio de Washington, pero en realidad es llevado con engaño por un misterioso personaje llamado Mal’akh que igualmente “engatusa” a la científica Katherine Solomon, hermana del amigo de Langdon, Peter. Todo se desata cuando Langdon, recién llegado al Capitolio, asiste al espeluznante espectáculo de la aparición de una mano humana cortada y depositada en el centro de la gran sala bajo la cúpula del Capitolio, mano que resulta ser de su amigo Peter. Desde ese momento se van enlazando los símbolos misteriosos, todos ellos relacionados con el mundo iniciático de la masonería. Diversos personaje se van uniendo a la trama: una agente de la CIA, de ascendencia japonesa; un afroamericano, director (“Arquitecto”) del Capitolio (no podía faltar un papel relevante para un afroamericano con Obama en el trono imperial), y otros agentes de la CIA, con menos protagonismo.

 

Esoterismo, simbología, mensajes cifrados. Dan Brown es posiblemente el autor que más fama ha cosechado a nivel  mundial haciendo de la simbología, del misterio esotérico adscrito a grupos y personas cotidianas, el hilo conductor de sus tramas narrativas. En esta ocasión, todo se centra en el círculo de la masonería y tiene a Washington como escenario protagonista. Lo cierto es que Brown consigue engancharte desde el principio. El estilo cinematográfico que ha imprimido a la obra (posiblemente adelantando camino a la confección del guión para la película, a cuyos productores posiblemente ya había vendido los derechos del libro antes de escribirlo) hace que estés permanentemente en vilo y que vayas arañando las páginas y comiendo los ratos de lectura con afán; pero también, por su estructura, puedes hacer pausas “para publicidad” dejando el marcapáginas como señal anhelante del siguiente ratillo de lectura.

 

Siempre hay algo que criticar y es que uno ya va estando un poco harto de este tipo de historias, por más que le apasionen y le aprisionen. Por muy bien tejida que esté la tela de la historia siempre te quedan preguntas que tambalean trama y urdimbre. Ya, ya sé que se trata de escribir una novela que atraiga al público y de darle el empaque de credibilidad que viene de la mano de cosas tangibles, pero ¿Por qué un masón del grado 33 (es decir, del último, del que está con las manos en la masa del supuesto misterio) después de haber pasado media vida estudiando todos los pormenores simbólicos de la masonería, requiere la ayuda interpretativa de un escéptico especialista en simbología? No hay que desentrañar la historia a alguien que no la haya leído aún, pero al final a uno le queda en la punta de la lengua un “¿Y todo eso para este final?” o “¿Para qué tanta molestia de cifrado simbólico?” Y hasta el “malo”, el tal Mal’Akh, termina pareciéndote una pobre víctima de la charlatanería y el simbolismo de pacotilla asociado a los grupos iniciáticos de cualquier laya

 

Para decirlo todo (bueno, casi todo… -todos tenemos derecho a dejar sin decir lo que pueda hacer pensar a otros que nos guardamos secretos, aunque no nos guardemos un chavo-) diré también que me ha llamado la atención el “error”, no sé si de los traductores o del propio Brown, al referirse al fresco de la cúpula del Capitolio, más concretamente a la “Apoteosis de Washington”. La describe diciendo que el primer presidente de los EE.UU. está representado “vestido con una túnica blanca”… vide:

 

 

 

 

Yo no veo ninguna túnica blanca (habría que recordar que el paño de tonalidad violácea que aparece puede ser una toga; que túnica es otro tipo de prenda), ni entiendo por qué la alusión errónea si luego no se utiliza como elemento simbólico añadido a la trama de la obra.

 

Y también me ha llamado la atención (amén de algunas otras pequeñas cuestiones, como la referencia a una forma arquitectónica como “anfiteatro griego” que vaya usted a saber qué es) que poniendo a Washington y sus emblemáticos monumentos como protagonistas, a una pirámide, al saber ancestral presuntamente conservado cifrado, no haya aprovechado algunos otros símbolos presentes en el entramado urbano de Washington. El diseño de la ciudad fue realizado básicamente por el francés Pierre Charles L’Enfant quien se inspiró en Versalles y en las tesis urbanísticas barrocas, y no debe de ser casualidad que se dispusieran determinados elementos urbanos conforme a un determinado plan, lo que no quiere decir que fuera nada esotérico. Véase, por ejemplo lo siguiente:

 

 

 

 

¡Oh, Dios mío! ¡Un búho (o una lechuza, símbolo de la sabiduría), en cuya panza está el Capitolio, posado sobre una pirámide a cuyos pies está el obelisco!

 

¡Ay, ay, ay!

 

 

Baxuanball Ahjeoqoj

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2 Responses to LANGDON, LOS MASONES Y EL CENTRO DEL UNIVERSO, O SEA, WASHINGTON DC

  1. Maria Victoria says:

    Aún no lo he leido. Ya me fijaré en esos detalles.Besos.

    • grisss says:

      no seas menso acaso no leiste el libro???? el sr. brawn dice que no todo lo que escribe y algunos lugares no son reales o quiere decir que sean reales!!!!!!doooohhhh como hay gente que se fanatiza ….

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