SER (verbo, no sustantivo) HUMANO

 

¿Qué es SER humano?

 

Desde un punto de vista puramente biológico, la taxonomía nos define como una subespecie denominada Homo Sapiens Sapiens (siempre me ha parecido un poco presuntuoso y falto de modestia definir a la especie a la que pertenecemos como "sabedora", o sea, que sabe, que piensa, que elabora pensamientos lógicos (?), y ya algo pedante repetir el adjetivo en el nombre trinomial -Linneo fue quien se inventó lo de Homo Sapiens en 1758-)

 

Somos una especie que forma parte del Género Homo (hoy en día formado únicamente por nuestra especie, una vez desaparecidos los neandertales, erectus y compañía). Nuestro Género (taxonómicamente hablando, no gramaticalmente, ni desde la reciente acepción relacionada con la distinción social hombres-mujeres) pertenece a la Tribu de los Homini, en la que nos acompañan hoy en día las dos especies de chimpancés existentes (el chimpancé común y el chimpancé pigmeo o bonobo). Chimpancés y humanos estamos incluidos en la Familia de los Hominoideos, junto con gorilas y orangutanes. Pertenecemos al Orden de los Primates, junto con lémures, macacos, mandriles, titis, gibones, etc. Los primates somos de la Clase de los Mamíferos, como las vacas, los leones, los elefantes o los delfines; del Filo de los Cordados (Subfilo de Vertebrados) como los peces, las aves y los reptiles; y del Reino de los Animales.

 

Así es que, sin meternos en más complicaciones, somos unos animales cordados vertebrados mamíferos primates hominoideos hominos homo.

 

Sin que sea tomado como nada simbólico, morfológicamente somos pentagonales: cabeza, brazos y piernas, constituyendo una de las variantes que se repite y ha repetido a lo largo de la evolución de mamíferos para abajo y en muchos de los vertebrados (no hay ni ha habido, que yo sepa, ningún mamífero con ocho patas y la cabeza en el culo) aunque la mayoría de nuestros "colegas" sean más hexagonales (la cola -la de vértebras- desapareció)

 

Nuestro esqueleto, a primera vista, se diferencia poco de esos nuestros "colegas": un cráneo, una columna vertebral, una caja torácica, brazos y piernas. Hay que descender al detalle para darnos cuenta de las múltiples diferencias que en el registro fósil permiten rastrear la evolución que ha terminado haciendo que ese esqueleto sustente a un animal capaz de caminar erguido, de manipular con precisión objetos y de contener en su cráneo un cerebro de gran tamaño.

 

Pero somos más que un esqueleto, en el que se han basado tradicionalmente las clasificaciones taxonómicas (al fin y al cabo es lo más perdurable y "fosilizable"). Estamos revestidos por una piel, con más o menos pelo. La piel reviste un conjunto de músculos y tendones que trenzan un sistema, alimentado por una compleja red de arterias y venas y controlado por otra compleja red de nervios, que nos permite movernos… funcionar desde un punto de vista mecánico. La red neuronal se conduce a través de la médula espinal, protegida en la columna vertebral, hasta el cerebro, epicentro del control global y de mucho más…

 

 

El sistema requiere mantenimiento. Necesitamos producir energía que haga fluir los impulsos para movernos, necesitamos nutrir el conjunto; por ello y para ello disponemos de un conjunto de órganos que intervienen en los procesos de ingestión de alimentos, procesado de los mismos para su conversión en nutrientes y energía y eliminación de los residuos; otros que procesan el aire para la obtención del oxígeno necesario; otros que nos permiten obtener información del entorno, etc. Todos esos órganos participan en el sostenimiento del conjunto.

 

Pero resulta que los órganos, músculos, nervios, etc. están formados por células. Células especializadas: unas para formar los tejidos, otras para intervenir en el procesamiento, o en la producción, o en el proceso que permite controlar todo. Así hay neuronas, leucocitos, hematíes, células tendinosas, células musculares, células de la piel…

 

Un paramecio, una ameba, un estafilococo, son unicelulares y son seres vivos; así pues somos en esencia una suma de seres vivos compinchados en un proyecto común. Pero esa suma no es consecuencia de un acercamiento material, es consecuencia de un programa casi mágico escrito en un "chip" en forma de escalera de caracol, una macromolécula llamada ácido desoxirribonucleico (ADN), que forma parte de los cromosomas presentes en el núcleo de toda clase de células. Desde el momento en el que un óvulo (una célula) y un espermatozoide (una célula) se unen en el proceso de fecundación, se pone en marcha el programa marcado en el ADN contenido en los cromosomas combinados del productor del espermatozoide y la productora del óvulo. La nueva célula se divide, la carga genética pasa a los núcleos de las dos células formadas; éstas se dividen, las resultantes, también… y así sucesivamente. En algún momento, la interpretación de la fórmula contenida en el ADN hace que las células, todas iguales inicialmente, se vayan especializando y vayan construyendo el nuevo ser, con sus órganos, sus tejidos, sus músculos, sus arterias…

 

 

Y todo esto funciona igual, o poco más o menos igual, en la mayor parte de los "colegas" del Reino; más parecido será el sistema cuanto más cerca estén de nuestra Especie.

 

¿Y todo esto PARA QUÉ?

 

Buena pregunta.

 

Antes de intentar responder hay que darse una vuelta por otra cuestión.

 

SER humano, es pertenecer a la especie Homo Sapiens. Vale. Hasta aquí no hay dudas. Pero ¿qué define al Homo Sapiens? Linneo le dio a la especie el nombre definitorio: "el que sabe", "el que conoce". En todo caso, la definición de la especie viene dada inicialmente por una cuestión biomorfológica. Pero es evidente que "ALGO MÁS" nos diferencia del resto de los animales… o al menos eso pensamos. Somos capaces de pensar, de elaborar pensamientos abstractos, de procesar razonamientos, de interpretar nuestra percepción sensorial con respuestas no necesariamente instintivas, de imaginar… y somos conscientes de nosotros mismos. No vale con decir que somos inteligentes porque el concepto básico de inteligencia está presente en otros animales, algunos de los cuales, a la simple vista de alguno de sus comportamientos, parecen cumplir con casi todos los requisitos que podamos ponernos a nosotros mismos. Elefantes, delfines y, claro, nuestros parientes más próximos: chimpancés, gorilas y orangutanes, son inteligentes. Algunos de ellos son capaces, incluso, de utilizar herramientas, no sólo objetos tal como se encuentran en la naturaleza (palos, piedras), sino con alguna preparación.

 

Tal vez lo que nos hace únicos sea la CONSCIENCIA, el conocimiento de nosotros mismos… ¿o la CONCIENCIA, eso que nos hace también tener conciencia de los demás y albergar sentimientos de empatía, de ser altruistas…?

 

En algún momento de la evolución, las interconexiones neuronales, la combinación de neurotransmisores… la bioquímica de nuestro órgano rector tomó conciencia de sí mismo… apareció el YO… tal vez el momento más fatídico de la historia de la Humanidad.

 

Nos vemos desde dentro. Nos sabemos. Nos sentimos. Y eso nos hace miserables. Porque somos materia consciente y nuestra conciencia se siente encerrada en esa materia. Una materia sometida a las miserias de la existencia. Porque como animales que somos estamos influidos si no sometidos al PARA QUÉ de unos párrafos más arriba.

 

¿PARA QUÉ? Pues si nos atenemos al más puro empirismo, parece que todos los seres vivos tienen como objetivo SUBSISTIR, parecen programados para vivir todo lo posible y transmitir su código genético, que al fin y al cabo es una manera de SUBSISTIR. Para ello se "alimentan", obtienen recursos energéticos para mantener su propio ser; se defienden de posibles peligros a esa existencia y se reproducen. La vida de cualquier ser vivo es una carrera por crecer y multiplicarse. Y el SER Humano no es menos. Dedicamos la mayor parte de nuestra vida a satisfacer las necesidades vitales de nuestro organismo: nos alimentamos, y ordenamos nuestras actividades diarias hacia la obtención, de una forma o de otra, de los recursos necesarios para proporcionarnos alimento; y nos reproducimos. Sí, en una sociedad desarrollada queda un amplio margen de tiempo "liberado" de estos condicionantes; precisamente esa liberación ha influido en el desarrollo exponencial de las ciencias (aunque ha generado también mucho aburrimiento en masas despreocupadas del conocimiento que han posibilitado el desarrollo de estupideces muy diversas); pero en el fondo los condicionantes están.

 

Queremos subsistir y para ello nos alimentamos y nos reproducimos. Y para alimentarnos y reproducirnos invertimos una gran cantidad de "recursos". Todos los seres vivos hacen lo mismo; pero no lo hacen aislados: "Estamos juntos en esto". A veces, incluso, hay especies distintas que "colaboran" en el sostenimiento mutuo de forma voluntaria o casi voluntaria, es lo que se llama simbiosis… no es nuestro caso. En la mayor parte de los casos, unas especies son "enemigas" de otras en el proceso de consecución del objetivo de subsistencia, normalmente porque unas son la fuente de alimentación de las otras. Nosotros no somos hoy en día, salvo excepcionales circunstancias, fuente de alimentación por ingestión de ninguna especie; pero sí somos fuente de alimentación parcial de numerosas especies: mosquitos, pulgas, piojos, chinches, garrapatas pueden alimentarse de nuestra sangre desde el exterior; hay diversos tipos de parásitos intestinales que nos "roban" parte (o gran parte) de lo que ingerimos; y hay una legión de mutantes virus, bacterias y hongos que se alimentan de nuestras propias células, pueden alterar por completo nuestro equilibrado sistema y poner en riesgo su supervivencia. La nómina de enfermedades potenciales del ser humano es kilométrica; unas, producidas por otros seres; otras, por nuestro propio sistema al verse alterado por agentes no-vivos de diversa índole… lo que decía, nuestras miserias.

 

pulga y virus de la gripe

 

Y como digo, nos vemos desde dentro; pero parece que nuestro ser consciente mira el cuerpo en el que se aloja como si fuera precisamente eso, un alojamiento del que se puede salir. De ahí la multiforme pero básicamente similar conceptuación del ser humano en las diferentes culturas: un ser dual (por lo menos), con un cuerpo y un alma. Muy probablemente no seamos más que materia consciente; pero tal vez podamos llegar a SUBSISTIR independientemente de nuestro cuerpo o parte de él. Llegados a conocer con exactitud todos los componentes del proceso de alimentación, sus factores, los elementos necesarios… tal vez podríamos sintetizar un compuesto que, incorporado a nuestro sistema, hiciera innecesaria la alimentación por ingestión y digestión, con lo que dejarían de ser útiles buena parte de los órganos internos. Incluso, podríamos independizarnos de toda la esclavizante parafernalia ligada a la reproducción… tal vez terminaríamos por ser individuos hermafroditas o simplemente asexuados; ello nos privaría de ciertos placeres (muy poetizados; pero posiblemente muy primitivos), nos liberaría del sufrimiento por las pérdidas familiares y nos quitaría las sensaciones de ternura y cariño de padres a hijos y viceversa…

 

¿Librarnos del cuerpo físico? ¿ser pura conciencia?. De momento, nada permite conjeturar que pueda existir semejante cosa. Ni la física cuántica (por el momento llena de teorías no demostradas) parece el camino para ese fin.

 

Por el momento, seguiremos siendo animales sometidos a las miserias de una existencia material, luchando con nuestros "enemigos" y sufriendo por nuestras relaciones con nuestros congéneres.

 

 

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