DE HIPOCRESÍA E IGLESIA

– Inicialmente no iba con intención; pero el subconsciente debe de andar en ello. Las dos últimas entradas (para quien lea esto son, en realidad las dos de más abajo… van después aunque fueron antes; o sea, que las pensé y las publiqué antes… vamos, como cuando excavas, lo de más abajo, lo que te encuentras después, es anterior… diarrea), digo, que las dos últimas entradas tienen mucho más en común de lo que a simple vista pueda parecer.
 
– ¡Venga ya, chaval, a simple vista se ve que van de lo mismo!.
 
– No, ya, si lo digo porque no pretendía… vamos, que así de primeras han venido por caminos diferentes.
 
– Todos los caminos conducen a Roma, hijo mío.
 
– Bueno, que eso, que sí. Que la Iglesia Católica (en realidad cualquier religión) es puritita hipocresía. El fundador de la secta (porque al principio no era más que eso, una secta perseguida) montaría en cólera en cuanto echara un pequeño vistazo a lo que sus seguidores han hecho en su nombre en los dos mil años que siguieron a sus, por otro lado magníficas, enseñanzas. Aquel episodio de los mercaderes del templo se iba a quedar como un pequeño rapapolvo. ¡Cuánta riqueza acumulada!, ¿Qué ejemplo de vida en la pobreza!
 
– No es tema baladí; pero inaprehensible en unas pocas líneas.
 
– Ya, bueno, pero no podía dejar de colocar algo sobre el tema.
 
– Entonces no te dejes en el tintero el tema de las vidas segadas a cuento de opiniones ligeramente divergentes de la ortodoxia.
 
– Eso sí que llevaría tiempo.
 
– Sí, y cansa sólo pensarlo.
 
– Venga, va, vamos a cerrar no sea que terminemos en el índice o, peor aún, en la hoguera.
 
– Amén
 

 
¡Chst! ¡oye!. Que me ha venido a la cabeza lo que decía el abducido en el Milagro de P. Tinto… "no entiendes, hermano, que si Dios hubiera querido que viviéramos disfrutando y a lo loco, en lugar de los Diez Mandamientos nos habría mandado las Diez Sugerencias".
 
– Pues, sí, parace que para muchos de los de púrpura el rollo va de sugerencias.
 
– Anda, y aunque fuera de mandamientos, si los diseñó uno de los primeros "purpurines", ese medio egipcio de la mala leche, que hablaba con las zarzas ardiendo…
 
– Bueno, venga, ¡a callar!
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