HISTERIAS DE LA HISTORIA (I)

 Hace muchos años asistí a una jocosa conferencia que un compañero de facultad pronunció en su colegio mayor. El tema de su exposición era la Historia de la Humanidad desde una original perspectiva. No sé si él conservaría sus apuntes sobre aquella disertación (y hace mucho tiempo que no sé nada de él). Aquella charla dejó su impronta y unos años después, inspirado por ella, elaboré una serie de tres capítulos de una Historia orientada por sus matices. Aunque la serie fue publicada en tres sucesivos números de una revista de “consumo interno” en un instituto no creo que haya muchos ejemplares conservados. Por ello me decido a colgarlo en la nube con algún retoque y alguna ilustración. No tiene más pretensión que la de pasar un buen rato.

Empezamos con la primera entrega.

 

         El análisis de la Historia ha dado lugar a distintas escuelas que han buscado, en su interpretación, diferentes factores para explicar la dinámica y sucesión de los hechos histéricos, digo, históricos. Así, los hay que explican todo por causas económicas, o quienes ven en la religión el motor de la Historia. Nosotros queremos demostrar que ninguna de estas tonterías ha movido a los hombres, sino los pros y contras, afanes y anhelos relacionados con la  ingestión de líquidos fermentados (léase morapio, birra, etc.).

         Y a fe que lo demostraremos, ¡por Tutatis!. Y si no podemos convencerles de que sea el motor de la Historia, sí entenderán que bien puede ser la gasolina.

         Así es que ¡vamos allá!. Emprendamos el viaje, no sin antes brindar por… bueno, por lo que sea, pero brindemos.

         Bien, pues vayamos a los orígenes. Si atendemos a la Biblia, fue Dios, Yahvé, Jehová o Elohim, directamente, quien remangóse y pringóse con el barro para modelar a un tal Adán, y soplóle e insuflóle el aire vital y… ¡Anda ahí!, Adán anduvo.

         Y, ¿Cómo fue completada su obra?. Pues, primero esperó a que el colega estuviera dormido. Mas, ¿Qué durmió a Adán?, ¿Eh?. Pues, aunque el sagrado texto no lo diga, claro, fue un soberano pedal que agarró el bueno de Adán.

         Arropado por los vapores de un tintorro peleón, Adán cayó como un tronco y, ¡zas!, le pegó un tajo en las sus carnes y sacóle una chuleta. Completóla con más barro como a Adán, pero con variantes, quitando de aquí y poniendo allá; apretando más aquí, dando volumen allá. Y soplóla. Y “¡Voilà!: Adán, hembra has.

         Y Adán, que despertóse, todavía afectadillo, pensó un nombre para aquello que le producía un efecto especial, sobre todo en la entrepierna, y púsola… UVA… ¿Qué otra cosa iba a ser? (Posteriores transcripciones cambiaron, por error,  la U por E).

         Y la su perdición le vino por “la UVA”.

         Nada claro hay respecto a qué fruta era la del famoso “árbol” aunque se haya despistado diciendo que era manzana…Pero, mira por donde, después de comerla y del broncazo divino, no se pusieron, para tapar sus vergüenzas, una hoja de manzano, sino… de PARRA.

 

Adán y Uva

        Esta es la versión original subtitulada producida por Biblia’s Films. Pero es que si acudimos a las más avanzadas teorías nos encontramos con lo mismo.

         El padre del evolucionismo no se llamaba, precisamente, DarMONEY, sino Darwin o DarWINE…WINE.

Charles DarWine

         Sobre la base de su idea en relación con la selección natural, otros investigadores han ido tejiendo una historia distinta pero no tanto. ¿A ver si no por qué nuestros antepasados eran CARVINÍCOLAS?. Mas concretemos.

         Se piensa que nuestro pariente más antiguo y común con los monos actuales, es el llamado Ramapithecus. Nuestras propias investigaciones nos permiten afirmar que tal bicho era un consumado bebedor de buenos mostos y fue precisamente una mutación la que hizo que un grupo, abstemio él, se desviara y por eso los monos, salvo gloriosas excepciones, no beben y son tontos.  Mientras, el resto evolucionó hasta dar lugar al Australopithecus.

Ramapithecus Beodus

        Con el paso del tiempo los australopitécidos se desgranaron en distintas ramas. Unos se hicieron grandotes, torpes y fofos. Estos no bebían. Otros, aunque más encanijados, como bebían, siguieron evolucionando. Los cambios climáticos impidieron durante largas épocas la recolección del dorado fruto de la vid y por ello la evolución fue más lenta (unos dos millones de años).

         Algunos australopitécidos, cuando lograban pillar una buena curda, alcanzaban cotas intelectuales supremas y se ponían a machacar piedras hasta sacarles punta y, los demás, boquiabiertos, contemplaban el salto hacia adelante de la Humanidad.

         Pasito a pasito, melopea a melopea, tajada a tajada, el Homo se hizo Erectus y poco antes, o por entonces, inventó el fuego, cuando, pedo y como una moto, se puso a frotar un palito (confundiéndolo vaya usted a saber con qué… recordemos que era el Homo Erectus) hasta prender unas pajitas (…) y terminar montando una hoguera fallera. Desde entonces, alrededor del fuego se han montado las mejores y más soberanas orgías.

Homo Erectus y Eructus

        El Hombre de Neanderthal llegó, después, a grados de evolución intelectual próximos a nuestros más directos parientes. Parece ser que ya realizaban ritos de enterramiento y ceremonias religiosas. El estado de embriaguez acompañaba frecuentemente el cada-día de estos muchachuelos.

Neanderthal y cual

         Y por fin llegó el Homo Sapiens Sapiens que supone ya una completa diarrea de cultura como consecuencia de su estrecho apego al “líquido elemento”.

         Tanto se inyectaba en su mundo el influjo del vino que sus manifestaciones culturales dan lugar a periodos cuyos nombres lo dicen todo: AUVIÑACIENSE, TINTOLUTRENSE, Perigordiense (famosa denominación de origen), CURDALENIENSE, etc..

         Además, ¿Dónde está la mayor concentración de yacimientos arqueológicos de este periodo (Paleolítico o PALEOVITICO Superior)?: Pues en el suroeste de Francia, zona de los famosos caldos de Burdeos y otros. ¿Casualidad?. Algo llevaría allí al HOMBRE DE CRO-VIÑÓN.

 

(Continuará)

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