HA MUERTO MARCELINO CAMACHO

Es condición del ser humano la de morir.

Nacer es un accidente que no depende del que nace; morir es algo inexcusable una vez nacido.

Y la gente muere a espuertas.

La inmensa mayoría muere en el más absoluto anonimato para la historia.

No es el caso de Marcelino.

Al menos de Pirineos para abajo consolidó hace tiempo su papel en la reciente historia de España.

Marcelino Camacho fue una persona coherente con su ideología, lo que le hace una persona honrada. Su defensa de los derechos de los trabajadores, con la sola fuerza de su palabra, aun a costa de su propia libertad, le hacen merecedor del respeto y la admiración de cualquier persona con sentido común.

Muchos son los que hoy se suben a los atriles en mítines y manifestaciones con el estereotipo de los líderes de antaño, para enardecer a “sus masas”; pero lo hacen con la vacuidad de mensajes descargados de la convicción profunda de los tiempos en los que las ideologías cocían el guiso de la historia… hoy sólo hay comida light…

Uno puede sentirse más o menos próximo a lo que a Marcelino le llevó a incluir su nombre en las listas electorales del Partido Comunista; pero lo que  no puede dejar de sentir es que se ha ido uno de los pocos personajes públicos de la historia reciente de España que se mantuvo fiel a sus principios y sirvió sin más interés que hacer valer lo que creía justo antes que servirse de las condiciones y privilegios a los que la mayor parte de los políticos y sindicalistas de hoy en día no saben o no quieren renunciar. Quizás, uno de los actos que más llamó la atención de éste que escribe fue su renuncia al escaño de diputado del grupo comunista a causa de las reformas laborales aprobadas con el respaldo de su partido y con las que él no estaba de acuerdo. Lo que digo: coherencia.

Fue uno de los promotores del sindicato Comisiones Obreras y su Secretario General durante muchos años. Pero ante todo fue un obrero metalúrgico comprometido.

Siempre me gustó oírle hablar (como a Nicolás Redondo, de UGT), algo que no puedo decir de muchos de los políticos de los últimos años, algunos de los cuales fueron designados portavoces (o sea, el que lleva la voz… ¡menuda voz, menudo verbo fluido el de muchos de ellos!) de distintos gobiernos que se suponía con una formación académica de la que en su juventud no pudo gozar Marcelino.

De bien nacidos es ser agradecidos… Gracias, Marcelino.

Ojalá los políticos y dirigentes sindicales actuales aprendieran de él y en lugar de llenarse la boca de elogios oportunistas hacia su persona fueran tan coherentes, desde la ideología que sea, como él lo fue.

Marcelino Camacho en 1978 (autor usuario:Nemo de Wikipedia)

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