HISTERIAS DE LA HISTORIA (II)

Continuando nuestro viaje, y después de celebrar con ríos de deliciosos mostos el éxito de la primera entrega de nuestro profundo estudio hist…histérico, sumerjámonos en las siguientes etapas del devenir humano para seguir confirmando nuestras teorías.

 Acabadas las épocas glaciares, cuando los dioses tuvieron a bien cerrar la nevera olímpica, el clima fue mejorando (una vez exterminados los pre-hombres del tiempo, raza maldita de agoreros) y con los cambios se alteraron las posibilidades de obtención de alimentos.

 El hombre, que necesitaba comienda y bebienda, se puso a cuidar con especial esmero determinadas plantas y animales, entre aquellas, claro está, la vid y la cebada. Se asentó en poblados, en los que sus casas incluían frescas bodegas donde almacenaban de todo, y entre todo, y sobre todo, vinos y otros fermentados néctares. Los nuevos recipientes, hechos en barro, completaban el panorama y cumplían a la perfección su misión con formas de todos los tipos: copas, vasos, jarras, etc…  Beber era ya un rito y en las ceremonias de iniciación místico-religiosa, las curdas eran monumentales.

Ánfora beodolítica

El Hombre había llegado a una nueva etapa de su evolución: el BEODOLÍTICO. Ya no era depredador sino productor. Estaba poniendo los cimientos de la civilización.

 La Biblia nos habla, reduciendo su duración, de esta Época antediluviana, confirmando igualmente nuestras teorías. Como muestra vale un colocón, digo, un botón: 

 NOÉ, el elegido para la labor de socorrista cuando lo del gran chaparrón (aquello debió de ser como una gota fría valenciana pero en plan bestial, oye), tuvo un famoso incidente al ser descubierto por sus hijos completamente en cueros después de una excelente melopea. Era, pues, un gran bebedor: por eso se salvó.

Noé, flipando

 Tras la Gran Riada, en el Oriente Cercano, surgieron dos grandes áreas culturales: Egipto y Mesopotamia. La importancia de la pimplada en estas zonas no puede ser ocultada por más tiempo.

 En EGIPTO (EG-¡HIP!-TO!), tuvieron hasta la sublime ocurrencia de construir bodegas monumentales llamadas  PIRÁVIDES, auténticas factorías vinícolas donde, gracias a las temperaturas interiores, los caldos se conservaban “of p.m.” en medio del tórrido calor del desierto. Los faraones, listillos ellos, creyendo en una vida posterior a la hincada de pico, se hacían enterrar en las mencionadas bodegas de las que se han dicho muchas tonterías.

Esquema interno de una pirávide

Los principales faraones relacionaron sus hechos y hasta sus nombres con el líquido fermentado. Así, la época de mayor brillo del Imperio Antiguo la protagonizan los grandes constructores de “pirávides” BEODOPS, BEBEFRÉN Y MELOPINO.

El vino y la cerveza en Eg-¡hip!-to

En el Imperio Medio, un importante hecho marcó con claridad la trascendencia de los argumentos que defendemos: Al faraón MELOPEOFIS IV le marchaba todo de perlas. Estaba casado con la titi Nefer (o sea, Nefertiti), que era como la Angelina Jolie de la época, y el asunto del gobierno iba sobre ruedas. Pero, ni corto ni perezoso, MELOPEOFIS cambió los cultos, decretó una “ley seca” y se cambió el nombre por el de AKHENATÓN… y todo empezó a ir mal hasta que, a su muerte, su hijo volvió por el buen camino. Era TUTHANK-MAMÓN

 APORUVIS IV, TINTOTEP, TABLONOFIS, RONSÉS (llamado el Bacardí), entre otros, marcaron sucesivos reinados llenos de buenos resultados políticos y excelentes caldos.

 Paralelamente en el tiempo, y cerca de Egipto, se desarrollan otras importantes culturas en Mesopotamia, tierra de cosechas extraordinarias.

 Personajes como LAGAR-ZAGESI, BODEGANDA y otros, marcan el inicio de una serie de hechos brillantes con puntos de referencia como el Código legal de MAMURABI, las conquistas asirias de ASU-UVA-NIPAL, TIGLAT-PÍLSENER y otros, o la conquista de Palestina y deportación de los judíos por NABORRACHODONOSOR.

 Precisamente los judíos habían alcanzado sus momentos de mayor brillo, ya llegados a la Tierra Apalabrada, o sea, Prometida, con los reyes DA-VID y COLOCÓN, el de la Reina de Sabah y los juicios colocónicos.

 Egipto y Mesopotamia, brillantes odres de la civilización, cayeron finalmente cuando acababa el siglo IV a.C. conquistados por las tropas de ALEJANDRO MAGNO, y es que un MAGNO…es mucho. Después, Egipto sólo volvería a brillar con la luz prestada de una dinastía helenística, la de los TOLOMEO, y es que para saber beber, ya se sabe, hay que saber mear.

Unas centurias antes de que el Magno arrasara, en Grecia se fraguó la médula espinal de la Cultura Occidental.

 Como todo el mundo sabe, los griegos eran unos grandes productores y consumidores del dorado o sanguíneo jugo de la uva. Claro que, según nos cuentan, lo mezclaban con agua. En todo caso, a los griegos debemos las orgías dionisíacas, ceremonias dedicadas al dios Dyonisos en las que el que no se encogorzaba no participaba. Ya es significativo que los helenos tuvieran en su panteón un dios del vino… o que pusieran tanto esmero en la confección y decoración de recipientes para contenerlo…

Dionysos

Y no se olvide nadie que Grecia fue la cuna de la democracia y la filosofía (Ahí están VIDÁGORAS, LARIOSTÓTELES o PELOTÓN).

 ¿Y qué decir de los romanos? Se podrían escribir tochos monumentales confirmando la extrema importancia que tuvo entre los romanos el consumo y disfrute del vino y otros néctares. Una célebre frase puede compendiar lo que decimos. Su autor: Julio César; la frase: “Veni, vidi, vinci”; su traducción: “Con vino de vid vencí”….lo dice todo.

Tintus Ebrius, Pijus Melopeus y Tajadus Magnificus; tres colegas romanos (imagen tomada de http://www.rodrigoalvarado.com, espero que no le importe)

Durante la República se sucedieron personajes cruciales cuyos nombres nos informan claramente:¿Quién no ha oído hablar de las campañas gloriosas de CORNELIO ESCEPÓN (quien debió de tener algún problema con su mujer)? ¿O de los cónsules TINTUS EBRIUS, MARCUS MORAPIUS, AFLIPA, CLAUDIUS CLARETUS, CAIUS TINTORRUS, TIBEBRIUS OCTAVINUS, y tantos otros? Las legiones romanas midieron sus días por victorias (Roma Victrix!), aunque algunos les pusieran en jaque temporalmente, como BIRRO (de ahí lo de victoria bírrica) o el cartaginés ALMÍBAR ¿Y quién no ha admirado la púrea oratoria de BIBERÓN? ¿O no ha disfrutado de la prosa de los insignes TINTO LIVIO, OVIDIO o TERENCIO PORRÓN?

 En la época imperial, la imagen del emperador romano va estrechamente unida a la corona de laurel y a la copa de vino. OCTAVINO AUGUSTO fue el primero y le siguieron nombres como los de TIBEBRIUS, CALÍGULA (o sea, “El Botita”…), COLOCLAUDIO, TINTO FLAVIO, TAJANO, ODREANO, CARAZALLA, SEPTIMIO CEBREROS, VALDEPENIANO, CONSTANVINO o BEODOSIO.

 Los legionarios romanos bebían como cosacos para enardecer sus ímpetus y así, paso a paso, lanzada a lanzada, copazo a copazo, conquistaron medio mundo, siempre protegidos por su dios vinatero BACO.

 Patricios y plebeyos, libres y esclavos, bebían y se divertían. Y hasta los momentos más sublimes, decisivos y trágicos se sellaban con un copazo o una sentencia alusiva. Así, Séneca se pegó el copazo para tomar la cicuta y darse así catiti, y los gladiadores, antes de iniciar los combates, saludaban diciendo:  “Bebe, César, los que van a morir te saludan”

¡Bebe, César! ¡Los que van a morir te saludan!

¿Quién podía derrotar a semejante pueblo? Pues sólo alguien que bebiera más que ellos, y esos eran los germanos, que no bebían vino sino cerveza. BAVARIOS, MAHOUÁNDALOS, CARLSBERGIOS, SKÓLDIGOS, GUINESSARDOS, HENINGORDOS y otros, arrasaron el Imperio abriendo una nueva Edad, la Edad Panty, digo, Media, en la que el poder de la Iglesia frenó en buena medida el consumo de los fermentados néctares (aunque ya sabemos qué bebían y beben los curas en la Misa…).

¡Vienen los bárbaros!

La nueva eclosión de la civilización vendría de la mano de italianos, padres del Renacimiento, y de los españoles, ampliadores de los horizontes del Mundo. Y ya sabemos que España e Italia, junto con Francia, son los mayores productores de vino… Pero su historia, si los hados lo permiten, será objeto de futuros capítulos. ¡Prost!.

 (Continuará)

1ª Entrega: HISTERIAS DE LA HISTORIA (I)

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