LUCIANO PAVAROTTI

Luciano Pavarotti ha sido sin duda uno de los más grandes tenores de todos los tiempos. Fue, además, un referente mediático entorno a la música y gracias a ello determinadas composiciones del llamado bel canto llegaron al conocimiento de muchos que poco o nada sabían de ópera. Sus apariciones multitudinarias con grandes de la música de los más variados estilos consagraron su fama. Escucharle cantar My way con Frank Sinatra o marcarse un dueto con Michael Jackson (¡… y ninguno de los tres está ya!, ¿¡Por qué!?), encandilaba a cualquiera; más intensas sensaciones producían aquellas sesiones al alimón con otros dos colosos del arte de hacer arte con las cuerdas vocales: Plácido Domingo y José Carreras. Escucharle era (y es, gracias a la música enlatada) un placer y, dependiendo de las circunstancias personales, ambientales y temporales, puede llegar a ser una experiencia casi mística. Una de las piezas que siempre me ha provocado un efecto especial (como diría Gomaespuma, de esas que te ponen los pelos como escarpias) ha sido Nessun Dorma, el aria del acto final de Turandot, de Giacomo Puccini. Hay que escucharla mejor de noche que de día; sin ruidos que interfieran la limpia modulación de la voz del tenor en el papel del príncipe Calaf… cerrar los ojos y dejarse llevar por las notas (por supuesto, mejor en un CD reproducido por un buen equipo estéreo; o, vale, una grabación de calidad reproducida en el PC).

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