AVATAR. WESTERN ESPACIAL, VERSIÓN “MIDAS”

He vuelto a ver Avatar, la película escrita, producida y dirigida por James Cameron.

Esta vez ha sido en una pantalla de 29 pulgadas y aunque haya sido en Alta Definición (HD), la experiencia no ha sido igual que cuando la vi por primera vez en una sala de cine, donde los veintitantos metros de pantalla situaban las imágenes envolviendo todo mi campo de visión y las gafas especiales engañaban maravillosamente a mi cerebro con la tridimensionalidad. Fue una experiencia visual que me quedó prendida de un modo especial. Ahora, la experiencia estética ha quedado obviamente mermada; pero ha servido para rememorar las sensaciones experimentadas. Y es que posiblemente éste es el tipo de cine con futuro… me refiero al futuro económico. Posiblemente, películas del estilo de Casablanca, Candilejas, Ciudadano Kane o El indomable Will Hunting no tendrían hoy en día un éxito excesivo de taquilla y pasarían rápidamente a los circuitos de distribución en DVD (hoy ya Blue Ray)

Si algo tiene el cine de hoy es la posibilidad de crear con medios digitales una “realidad” que antes sólo podia proporcionar la animación y el maquillaje. Crear y no sólo imaginar. Y a James Cameron en esta ocasión hay que reconocerle esa cualidad: la de creador… ¿o no?

Pues sí y no.

Sí, es innegable que ha “creado” un mundo, un planeta, Pandora, en un remoto sistema (más bien un satélite de otro planeta) son su peculiar y específica biosfera. Se ha currado (él y su equipo) un complejo entramado de formas animales y vegetales y hasta una lengua especifíca para los na’vi, la especie que ocupa el escalón superior en la estructura biológica del planeta.

Pero creo que no es NADA ORIGINAL ni en el argumento ni en los detalles.

Hagamos primero unas reflexiones sobre ambas cuestiones.

Pandora es, como digo, un satélite del planeta Polifemo, con una atmósfera similar a la terrestre aunque con presión, concentración gaseosa y gravedad diferente, por lo que los humanos deben ayudarse de máscaras para respirar. En el planeta hay una variada biosfera en la que plantas y animales forman una especie de entramado único alimentado por una energía común que tienen un epicentro, el Árbol de las Almas, del que emana, irradiando a todo el planeta y interconectándose con todos los seres vivos. Esa energía común es llamada Eywa por los na’vi. En diversas escenas se nos muestra una variada tipología de plantas: grandes árboles, plantas con hojas de varios metros de embergadura, especie de flores que reaccionan al tacto, etc. muchas de ellas con una brillante fosforescencia nocturna. En el siguiente escalón se nos muestran diversos animales terrestres, unos en el nivel de consumidores de plantas y otros en el de depredadores. Todos parecen tener en común una más que improbable característica evolutiva: seis patas, cuatro delanteras y dos traseras. Hay también animales voladores, parecidos a los pterodáctilos, los ikran y otros. Entre las peculiaridades adaptativas de la fauna de Pandora llama también la atención un sistema respiratorio en el que la nariz u hocico se sustituye por varios orificios a ambos lados del pecho, una especie de branquias frontales; también destaca la presencia de un par de ojos secundario y, sobre todo, dos largos apéndices que surgen de la cabeza hacia atrás, con una especie de trompeta final de la que surgen unos filamentos que pueden conectarse con el equivalente de otros animales y que parece formar parte del mágico sistema de interconexión global del planeta.

Los na’vi son la especie “inteligente”. Con una altura superior a la media humana, alrededor de tres metros, son antropomorfos; pero con rasgos felinos (sin excluir una larga cola y unos grandes ojos gatunos) y con piel azul veteada. A diferencia del resto de animales sólo tienen cuadro extremidades: dos brazos, con manos con cuatro dedos, y dos piernas. Su estructura muscular es humanoide y tienen un dimorfismo sexual simlar a los humanos, aunque machos y hembras tienen una capacidad muscular idéntica, por lo que éstas realizan funciones guerreras iguales que los machos y parece no haber división de funciones clara, si bien en alguna escena aparecen las hembras portando crías en sus brazos, cosa que no hacen los machos. Otra diferencia “curiosa” con los restantes animales es que sólo tienen un apéndice “de conexión” que coincide con su larga coleta (no queda claro si es que su apéndice está cubierto de pelo o que es el propio pelo, ni está claro por qué los na’vi sólo tienen uno y los demás animales dos)

Desde un punto de vista etnográfico, los na’vi se organizan en clanes de unos centenares de individuos, machos y hembras, con un líder macho y una líder hembra, a la vez algo así como una chamán o sacerdotisa, “pontífice” para coordinar el “enlace” con Eywa. Son cazadores y utilizan para ello grandes flechas lanzadas con arcos. Su armamento se completa con unos largos cuchillos que enfundan en una vaina colocada en una banda alrededor del pecho y la espalda. Se mueven con enorme agilidad en tierra firme y por las ramas de los árboles; pero también se desplazan por tierra sobre unos sextúpetos parecidos a caballos, que se alimentan de néctar de flores con una larga lengua que surge de su afilado hocido (su silueta recuerda enormemente la de las representaciones de caballos en el arte ibérico y griego de la época geométrica); y por el aire, montados en los icran, animal que recuerdda, como decía, a los pterodáctilos y que se “emparejan” de por vida a su jinete. En ambos casos, “caballos” y “pterodáctilos”, el jinete y el animal se conectan mediante sus “trompas” y así interactúan. Nada se nos dice sobre el sistema reproductivo, aunque se atisba que no debe diferir excesivamente del humano (…) y sí parece que existe una especie de monogamia y vínculos permanenetes de padres e hijos.

En Pandora, además, existe un vórtice energético, coincidente con el llamado Árbol de las Almas que genera una irregularidad magnética que hace que inmensos bloques pétreos floten literalmente en el aire. Y hay un mineral, el unobtanium, con unas peculiares características que despiertan la codicia comercial de una empresa terrestre que viene a ser una especie de concesionaria de la explotación de los recursos minerales de Pandora. Esta es precisamente la base del “conflicto”: un gran depósito subterráneo de unobtanium se encuentra bajo las raíces del inmenso árbol en el que vive el clan na’vi de los Omaticaya y al que éstos llaman Árbol Madre.

Parece que el contacto humano con Pandora comenzó con intereses puramente científicos. Los na’vi llaman a los humanos “gente del cielo” y el contacto entre ambos, que debió tener en su inicio una vía directa, se realiza preferentemente a través de avatares. Éstos son na’vi creados por ingeniería genética, mezclando ADN na’vi y humano, una especie de marionetas carentes de vida independiente hasta que, por medio de un transductor mecánico, el humano correspondiente se conecta con su avatar; en ese momento de la conexión el humano deja de “funcionar”, lo mismo que el avatar cuando el humano se desconecta. El avatar permite al humano moverse y respirar como un na’vi e interactuar con ellos de un modo más “familiar”.

Dentro del programa científico, un marine, Jake Sully, parapléjico como consecuencia de acciones en campaña, sustituye a su hermano gemelo fallecido para “ocupar” su avatar. En su primera misión como tal se extravía y entra en contacto con Neytiri, una hembra na’vi del clan Onomaticaya. Tras algunas reticencias del clan termina integrándose, aprendiendo a ser guerrero na’vi y a ser aceptado como uno más.

Pero los inetereses comerciales y la intransigencia militar representada por el director de la empresa y el jefe militar del destacamento de marines en el planeta, ponen a Jake Sully entre dos fuegos: los intereses comerciales asociados a la obediencia al jefe militar y su creciente empatía con el mundo na’vi, que termina ganándosele.

Ciegos por sus intereses, los humanos atacan Árbol Madre con el objetivo de hacerse con el ubtanium y se desencadena una desigual guerra. Jake Sully lidera a los na’vi, luchan con denuedo por tierra y aire y, finalmente, se les unen el resto de especies del planeta… Eywa ha oído las súplicas y se sacude el peligro humano. Sully, con la inervención de la propia Eywa, termina abandonando su curpo humano y viveindo exclusivamente “en” su avatar.

Pero… ya digo, nada nuevo.

Empecemos por los detalles, por alguno de los detalles.

El asunto de la “traslación mental” entre el humano y el avatar no es nada nuevo; salvando las distancias, está presente en la saga Matrix e incluso en otras películas anteriores, como la Brain Storm de los 80

El tema de la “conexión” universal de los seres de Pandora, tampoco se lo ha inventado Cameron de la nada, la teoría Gaia, aplicada a la Tierra (pura entelquia especulativa, claro) es algo similar y fue tratado en alguna novela de Asimov de la serie Fundación.

Y el entramado del argumento… nada, nada, nada nuevo. Es más, diría que en parte es la misma “americanada” de siempre: el maniqueísmo del bueno y el malo, del medio malo que se convierte en bueno y el de la “salvación” y la “victoria” de los buenos con una intervención divina. Es más, el guión parace directamente inspirado en Bailando con Lobos y en Un Hombre llamado Caballo. Los na’vi son el remedo de los indios americanos que en el inicio del western eran los “malos” y pasaron a ser los “buenos” por su vinculación a la tierra, su “ecologismo”. La estética de los adornos na’vi, su armamento, su forma de montar los sextúpedos pseudocaballos, sus gritos de guerra y su filosofía de vida recuerdan demasiado a la imagen transmitida por los “western modernos”

Y… el cine americano, está claro, no se puede quitar el complejo de superioridad de su propia sociedad. Estados Unidos es el Mundo y el resto somos simple compañía, casi siempre ignorada. La Tierra tiene a los USA como portavoz y como salvador. Eso sí, haciendo una quizás hipócrita autocrítica, hay “malos”; pero los buenos siempre surgen de ellos mismos.

Hay además grandes contradicciones: las incongruencias evolutivas de las especies diseñadas, el carácter guerrero de unos seres como los na’vi aparentemente paradigmas del pacifismo…

James Cameron es un experto en taquillas, un auténtico Midas del cine. Sus películas son espectaculares y algunas de ellas me gustaron en su momento y me gustan…

…pero él me cae como una patada en las narices.

… y empecé esta entrada hablando positivamente…

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