LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN

“El hombre no llega a ser hombre más que por la educación”

(Immanuel Kant)

“Puesto que el fin de toda ciudad es único, es evideente que necesariamente será una y la misma la educación de todos, y que el cuidado por ella ha de ser común y no privado”

(Aristóteles)

“No enseñéis a los jóvenes ninguna cosa de la que no estéis seguros. Es prefireble que ignoren mil verdades a poner en su corazón una sola mentira”

(John Ruskin)

Es así, la educación es el fundamento de la sociedad.
Está claro que en lo que se refiere a los conceptos de carácter religioso, como en casi todo lo que tenga que ver con las ideologías de cualquier tipo, la educación recibida determina cuando menos el punto de partida y, según las circunstancias, puede mediatizar de un modo definitivo el desarrollo del espíritu crítico.

La educación en el seno de la familia es fundamental en el tema de las creencias y de las adscripciones personales a una u otra confesión más allá o antes del conocimiento específico de los dogmas.

En segundo término, el ámbito educativo reglado, en función de sus programas, puede llegar a ser aún más trascendente para la determinación de las ideas religiosas del individuo que la propia familia.

En tercer lugar, la sociedad, en función de la predominancia de unas u otras creencias, puede ser una trascendental fuente de influencia y ejercer una importantísima presión que oriente necesariamente hacia una corriente específica de pensamiento religioso. Esto es más concluyente en aquellas sociedades que por una razón u otra están dominadas por un sistema político vinculado de modo directo con alguna doctrina concreta.

Todo ello, en determinadas circunstancias, puede hacer que al individuo nacido en un determinado lugar no le quede más camino que terminar siendo un ferviente creyente, constante practicante de los ritos litúrgicos e incluso fanático defensor de una determinada doctrina frente a cualquier amenaza exterior o interior.

Sin embargo, queda por mencionar un factor decisivo: el propio individuo. En determinadas sociedades la anulación del espíritu crítico, por la vía que fuere, diluye al individuo en la masa; objetivo relativamente fácil de lograr cuando ese individuo sólo recibe información de una fuente que le dice lo que es verdad y lo que no lo es; lo que debe creer y lo que no. Pero desde que el acceso a las fuentes de información de diferentes corrientes de pensamiento es accesible con facilidad, resulta mucho más difícil a cualquier ideología imponerse por la fuerza de la sinrazón.

Esperemos que por esa vía la sociedad se vaya liberando de las ataduras dogmáticas  los gobernantes terminen de salir de la crisálida y eviten la tendenciosidad doctrinal en los planes educativos, para fomentar el espíritu crítico y evitar el radicalismo intransigente de cualquier tipo.

Y que se dejen de financiar cuestiones ridículas y se invierta todo lo posible en educación; porque cada céntimo invertido en educación se ahorra en cárceles.

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