ASTROLOGÍA, ¡VAYA TIMO!

La Astrología nació casi con el ser humano. Al final de la Edad Media le salió una especie de forúnculo que terminó convirtiéndose en una nueva forma de ver el cielo, con la sesera adecuadamente amueblada. La Astrología dejó de ser un conjunto de suposiciones sobre efectos metafísicos de los astros sobre los seres humanos y se convirtió en Astronomía.

Pero los primeros pasos de la Astronomía son indisolubles de los de la Astrología.

Los chimpancés, cuando llega el momento de empiltrarse se preparan una especie de nido a base de hojas entre las ramas de un árbol, se tumban y hasta que el sueño les vence… miran a las estrellas. Nuestros antepasados llegaron “un poco” más allá.

Las noches de hace menos de cien años, eran infinitamente más ricas para el ojo humano que las de hoy… salvo que nos vayamos a lugares bien alejados de fuentes artificiales de iluminación. Y mirar a la bóveda celeste a ojo “pelao” da para mucho. Nuestro cerebro está especialmente preparado para reconocer caras y formas, con lo que puestos a ello, es normal que se nos dibujen en la retina formas diversas al trazar imaginariamente líneas entre las estrellas más brillantes.

Sabemos, porque lo dejaron escrito, que los sumerios y los egipcios ya practicaban el sano deporte de compartimentar el cielo en grupos de estrellas que formaban determinadas “imágenes”. Como ellos, todas las grandes culturas antiguas (hindúes, chinos, griegos y después incas, mayas…) “jugaron” a lo mismo. Pero, claro, no todos veían lo mismo en el mismo lugar (en algunos de los casos hay que tener mucha imaginación para ver lo que otros dijeron ver) Baste como ejemplo el caso de la Osa Mayor, constelación próxima al cénit en el hemisferio norte y que dependiendo de unas u otras culturas se ha identificado con un carro, un cazo, un arado

Diversas interpretacions de Ursa Maior

La sistematización de las constelaciones se debe a Claudio Ptolomeo, que dividió el cielo en 48 constelaciones, poniendo las bases que, tras algunas modificaciones, han llegado a nuestros días. Ptolomeo erraba en cuetiones fundamentales, sobre todo en el principio de pensar que la Tierra era el centro del Universo. La milenaria observación del firmamento llevaba a pensar que la Tierra estaba quieta en el centro o, como mucho, que giraba sobre sí misma y que el Sol giraba a su alrededor a lo largo del año, desplazándose por una órbita que recorría las 12 constelaciones del Zodiaco, una banda de constelaciones por la que también parecían desplazarse a distintos ritmos los llamados “errantes”, los planetas. El modelo ptolemaico, que encajaba en la cosmología cristiana, se afianzó durante siglos.

La astrología se fundamenta en estos principios y en el concepto fundamental de que los planetas son fuente de alguna especie de mágica influencia que es distinta dependiendo de su posición en el zodiaco y afecta a los seres humanos en función también del “sello” que le quedara impreso en el momento de su nacimiento.

Vayamos por partes.

En la versión “más seria” de la Astrología se parte de la llamada Carta Astral, una especie de mapa-instantánea del cielo del momento del nacimiento de cada uno. Así, se refleja la posicion sobre las constelaciones del zodiaco del Sol, la Luna y los planetas. Esa carta, en función de las posiciones de unos y otros establece una especie de “guía vital”, marca el destino de la persona.

Carta Astral

Así pues, todos los nacidos se agrupan en 12 “familias” (el número 12 tiene una larga trayectoria significativa) en función de la constelación sobre la que se encuentra el Sol en el momento de su nacimiento, aunque cada individuo tiene unas circunstancias específicas que vienen determinadas por el “estado de la cuestión” en el momento de su nacimiento. Esto no es óbice para que los astrólogos “de consumo” vendan futuros al peso con sus horóscopos a granel.

Tampoco queda del todo claro por qué la carta astral ha de ser levantada en el momento del nacimiento y no en el de la concepción.

Desde que los Kepler, Copérnico, Galileo y compañía empezaran a demostrar que el modelo ptolemaico no valía, la Astrología se quedó en la cuneta de la especulación pseudocientífica.

La propia Tierra y su campo magnético imprimen un marchamo característico en muchos animales y plantas y hasta en la distribución de las partículas magnéticas del material constitutivo de rocas o de facturas humanas (por ejemplo la cerámica… o los ladrillos) Es evidente que el Sol tiene una influencia determinante sobre todos los seres vivos, pero exactamente la misma sobre todos y, como la Luna, influye en el ciclo de mareas. La propia Luna tiene, con sus fases y su efecto gravitatorio, una influencia importante en el crecimiento de ciertas especies. Y, sí, los otros planetas también tienen un cierto efecto sobre la trayectoria orbital de los demás… pero nada que influya en el destino de los seres humanos, no al menos a título individual.

Hasta 1781 las cartas astrales ignoraban la influencia de Urano, como siguieron haciendo hasta 1846 con Neptuno. Plutón no pudo incorporarse hasta 1930; aunque su destronamiento como planeta ha debido de tener también su importancia en las predicciones que le tuvieran en cuenta antes de esa fecha. Habrá, digo yo, escuelas astrológicas que en un afán de puridad sistemática habrán incluido en las cartas astrales a Ceres, a los más de 10.000 asteroides y a los objetos transneptunianos y los cometas… vamos, sería lo suyo.

La Unión Astronómica Internacional estableció en 1928 la división de la bóveda celeste en 88 constelaciones y ¡oh, mon dieu!, incluyó entre las del plano de la eclíptica (o sea, la franja del zodiaco) una 13ª constelación, Ophiuchus, entre Escorpio y Sagitario. Esto no ha sido asimilado por la Astrología, que se mantiene en sus trece,  digo, en sus doce.

Por otra parte, la adscripción a uno u otro de los “signos del zodiaco” se “congeló”, de modo que el Sol lleva siglos, por ejemplo, pasando por Cáncer entre el 21 de junio y el 21 de julio, por decreto astrológico; aunque ya no sea así en la realidad determinada por algo llamado precesión de los equinoccios, que ha hecho que en la actualidad el Sol transite la constelación (tal como la define la UAI) entre el 21 de julio y el 11 de agosto (¡Vaya!, ¿cuántos cáncer son en realidad géminis y cuántos leo son cáncer, señores astrólogos?)

Las fechas del zodiaco hoy

El asunto es tan absurdo como lo de los posos del té, las líneas de la mano o el tarot; pero el ser humano ha estado obsesionado por el conocimiento del futuro, de su futuro, y no han faltado arúspices, augures, oráculos… para facilitárselo. Entre los visionarios ha habido siempre gente convencida de la seriedad y veracidad de lo que estaba haciendo, aunque en el momento en el que se obtuvieran lucrativos beneficios económicos hay que empezar a sospechar… El hecho de que las predicciones se hicieran casi siempre mediante mensajes cifrados era (y es) ideal: siempre habrá una posible explicación para certificar su cumplimiento o su incumplimiento.

P.D. Curioso: En determinadas legislaciones está prohibido incluir en los medios de comunicación publicidad de tabaco; se plantea, por ejemplo, eliminar los anuncios por palabras referentes a prostitución… pero no se oye voz alguna en favor de la supresión de la sección del horóscopo…

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