OPTIMISMO DESBORDANTE

No, no puedo decir que esté a gusto.

No, no soy ni pizca feliz.

La pasajera tranquilidad no dura nada. Por eso mi ánimo está siempre alerta. Si algo dulcifica momentáneamente mi estado, se me desborda el corazón y me derramo hacia la alegría; pero inmediatamente se enciende el avisador interior y me dice “¡cuidado!, no puede ser verdad, lo normal es estar triste, moralmente caído, esto es un espejismo y a la vuelta de la esquina te toparás con la realidad”… y me quedo en estado de alerta, sin querer dejar reír demasiado el alma por si acaso. Y, efectivamente, sin haber dejado siquiera un instante de respiro, sin haber contemplado suficientemente lo bueno pasajero, llegan, no uno, sino mil motivos para la desesperanza, para la desesperación.

Y ya me pregunto si alguna vez viveré o seguiré siendo un muerto en vida.

BA-AK-19901115

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