LAMENTABLE. TODO LAMENTABLE

Mientras en lontananza se divisa la nave imperial y comienzan a modularse los compases de la marcha solemne que le precede, los entusiastas del imperio y los de la república galáctica pasan de la dialéctica de las ideas a la de los puños y las porras.

Ayer día 17 de agosto, con un Madrid lleno de peregrinos católicos entusiasmados por la inminente llegada de su líder, tuvo lugar una manifestación, definida en los medios como laica, con el lema “De mis impuestos, al Papa 0”, en protesta por la financiación pública del viaje del Sr. Ratzinger, conocido en su papel estelar como Benedicto XVI

El fondo de la protesta lo suscribo. No parece de recibo que un país en el que se habla de profunda crisis económica, con un 20 % de la población activa en paro… se financie una visita como esa, lo que incluye además los gastos asociados a la seguridad de los actos en sí y del entorno. No entro ya en la médula del asunto, en los fundamentos de la religión, por un lado, y de determinadas actitudes o filosofías vitales de los que se dicen laicos. Pero lo de ayer es completamente lamentable.

Llevaba ya unos días sintiendo vergüenza ajena al ver a esos jóvenes paseando por Madrid. No termino de entender que una religión o cualquier corriente social universalista se adscriba a banderas nacionales, ni entiendo que de pseudo realidades metafísicas y de su “establishment” se hagan objetos de pasión similar a la de los deportes de masas, con cánticos que recuerdan más a los de ánimo de los contendientes en un partido de fútbol.

Y ayer se unieron a la vergüenza ajena los llamados laicos. La laicidad no es la antirreligión y menos es una religión contaria a otra. La laicidad es, a mi entender, fruto del conocimiento y del análisis desapasionado de TODO. Manifestarse contra la visita del Papa con adscripciones de la protesta al llamado movimiento “Gay”, como si no hubiera homosexuales católicos, da vergüenza; incluir en la manifestación banderas republicanas (nada constitucionales), da vergüenza; ir a la manifestación con disfraces y parafernalia diabólica… da risa, da pena y da vergüenza.

Para colmo, los pescadores y repartidores de violencia, aparecen como siempre para reventarlo todo. Quizás la policía no supo controlar a los cuatro destrozatodo de turno, anhelantes quizás de vivir situaciones como las de Londres. Y, así, lo de ayer acabó “como el rosario de la aurora”

Me pongo en la piel de esos policías, seres humanos, no máquinas, cada uno con sus creencias o su laicidad a cuestas debajo de esos cascos y esos chalecos que les cuecen las entrañas en este agosto inmisericorde de Madrid. Hartos por haber tenido que dejar sus vacaciones para mejor ocasión porque este año se le ha ocurrido al Papa venir a Madrid. ¡Y que vengan a tocarles las narices cuatro imbéciles…!  Para que al final unos culpen a los otros de provocar y terminen echándoles la culpa a ellos por intolerantes.

Todos unos auténticos payasos. Como los imprensetables de esa otra batalla campal que se monta cada vez que se enfrentan el FC Barcelona y el Real Madrid… ¡pandilla de descerebrados!

No quiero al Papa aquí, me fastidia que el dominio de las mentes y los comportamientos de los demás con mentiras metafísicas sea amparado por el Estado al que pago mis impuestos; pero no quiero combatirlo ni con violencia ni con idioteces. Sólo el pragmatismo, la educación y la firmeza legal pueden ser armas para acabar con las tonterías, con todas las tonterías.

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