NUBES

Nadie está mejor capacitado para distinguir formas en las nubes que un niño. Su mente, en construcción y aún limpia de prejuicios, le permite interpretar con sencillez, concisión y, en muchos casos, rotundidad. ¿Qué más le da que esa forma sea un puro azar fruto de la combinación de los efectos de la luz, la temperatura, la presión y el viento? ¿Qué más le da estar ante un nimbo, un cúmulo, un cirro o un estrato? Allí hay un perro, un gato, un elefante o una tortuga; la cara de una persona o un árbol de Navidad.

Nubes. Nubes que adornan el azul con trazos pintados por la caprichosa naturaleza, ignorante de la interpetación de quien observa su obra.

Nubes. Nubes que combaten con la Luna o el Sol; que se alían con quien se siente víctima del calor y ponen paredes y techo a las dimensiones de la atmósfera.

Nubes. Nubes que traen velos de plata por los que se derraman hasta los charcos.

Pero enemigas del afán por contemplar las estrellas o el reflejo de añoranzas en la Luna.

Nubes.

Si despojado del éter de la fantasía, sólo ves acúmulos de vapor de agua condensado, caprichosamente cincelados por el viento y la luz y piensas en humedades relativas y probabilidades de precipitación… eso es que ya no eres un niño.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: