HOMO SAPIENS VOMITIVUS

Aventurarse a pasear, a viajar, a acudir a cualquier lugar donde haya más seres humanos que tú (que posiblemente sigas preguntándote si formas parte de la misma especie) termina obligándote a huir (si puedes) y a esconderte lo más posible, ya sea físicamente o, al menos, cerrando tus ojos y tus oídos, fuentes principales de información de la estupidez de los que te rodean.

Autobús.

Sube la cotorra. Saluda al conductor de tal manera que parece estar saludando a todos los pasajeros; habla por teléfono con alguien a quien cuenta mil y un detalles de su vida que, importándote a ti una mierda, no puedes evitar conocer… o sí: tienes que refugiarte en las líneas del libro que ella se empeña en impedirte leer, y buscar ayuda en la música que te “enchufas” en los oídos y cuyo sonido multiplicas hasta apagar la voz estridente de la “amiga” de todos.

Aeropuerto.

Llevas aguantando esas interminables dos horas de espera desde que llegas hasta que vuelas y como has sido de los primeros, esperas en uno de los siempre insuficientes asientos y observas cómo los recién llegados, con evidentemente menos tiempo de espera en perspectiva que tú, acechan para aprovechar el primer descuido… y, efectivamente, allí ves cómo alguien se levanta para pagar a precio de oro una botella de agua y casi inmediatamente, un buitre se posa en su asiento aún caliente.

Aeropuerto.

Llega el momento de embarcar. Alguien ha pulsado el botón mágico que anuncia la apertura del acceso… Carreras, paquetes en ristre, para coger sitio. Allí un empujón, acá un bloqueo de baloncesto que permite ganar la posición al compañero de viaje… parece que todas esas apresuradas “personas” viajaran sin tarjeta de embarque y, por tanto, sin asiento asignado, y su ubicación dependiera de lo antes o después de su llegada a la cabina…

Avión.

¿Para qué la molestia de avisar al pasaje de la obligación de apagar dispositivos electrónicos?, algunos parecen recordar, gracias a ese aviso, que tienen un teléfono móvil  y que deben hacer una llamada.

Avión.

Con un enorme derroche de consideración, tu vecino del asiento delantero, se empeña en reclinar y erguir mil veces su asiento; el de atrás parece ser demasiado largo para el espacio intermedio y no para de “mecerte”  con sus golpes de rodilla; y el de al lado, cuyo cuerpo almacena una exagerada cantidad de grasas, no puede evitar, dado su volumen, ocupar con su brazo parte de tu espacio y evitar el tránsito del aire (salvo el ambientado por sus axilas)

Avión.

Colmo de la estupidez: producido el toque de las ruedas en el pavimento de la pista de aterrizaje, unos cuantos de los pasajeros prorrumpen en una sonora ovación, no se sabe muy bien si para premiar la repetitiva exhibición de anuncios promocionales de la compañía durante el vuelo, para felicitar al comandante por hacer su trabajo o por felicitarse a sí mismos por haber acabado de transitar mil veces el pasillo rumbo al WC… Si es por lo del comandante, a ver si se impone el sistema y en los autobuses urbanos o el metro se aplaude al conductor al llegar a cada parada o estación.

Avión.

Con las mismas prisas que para el embarque, el “cling” que acompaña el apagado del aviso luminoso de los cinturones sirve de pistoletazo de salida para un frenético movimiento de cuerpos, que se estiran para coger sus equipajes de mano… uno de esos cuerpos se  echa encima de ti y casi te golpea al bajarlo; pero no se molesta en disculparse, le puede su afán por salir… y, sí, sale antes que tú de la cabina; pero termina entrando en el autobús de traslado a la terminal justo detrás de ti; pero empujándote.

Aeropuerto.

Hay que esperar las maletas. Y hay que ponerse en primera fila, pegado a la cinta, con el carrito en plan parapeto… el nerviosismo de la masa parece indicar que las maletas pasarán sólo una vez y si no te apresuras a cogerlas te quedarás sin ellas.

Aeropuerto.

Has tenido la fortuna de llegar en un horario en el que, aparentemente ha habido pocas llegadas y la cola para los taxis es mínima… da igual, ahí llegan los listos de turno que haciendo oídos sordos a las protestas se cuelan y obtienen servicio antes que tú y todos los que tienes delante…

¿Civilización?

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