SOBRE EL FIN DE LAS TIRANÍAS

Hoy los medios de comunicación están que revientan con dos noticias: la muerte de Gadafi y el comunicado de ETA.

Lo de Gadafi era algo que se veía venir. En los años 80 del siglo pasado le tocó las narices a los titiriteros del Mundo y se lo pagaron con bombardeos desde el USS Nimitz, algo así como “mira lo que te podemos hacer si te sales del tiesto“. Luego se hizo amigo de casi todos los que ponen cara a los distintos Estados y alguno de esos llegó a llamarle “hermano”, a besarse con él, abrazarle… todo eran sonrisas y parabienes. Era el mismo Gadafi; pero sus actitudes mercantiles con respecto al petróleo y el gas natural eran distintas. Y de pronto, vuelta a convertirse en un dictador tiránico genocida (casi todos los que gobiernan pasan con facilidad de ser buenísimos a ser despreciables, depende del color del cristal con el que se les mire) y con la “excusa” de que gobernaba despóticamente y hacía insufrible la vida de sus súbditos (mejor excusa que la de tener armas de destrucción masiva, ¡dónde va a parar!) se preparó una coalición terapéutica que ha regado Libia sistemáticamente de bombas de seda. Al final, los “rebeldes” (si hubieran perdido serían los “terroristas”) han ganado… el “dictador” ha sido linchado y ya no se llevará los millones… esos millones se los repartirán algunos de los mismos de antes y otros nuevos y, a lo mejor, algo les cae en forma de servicios y prosperidad a los libios de a pie, esos que ayer gritaban “¡Alá Akbar!” mientras vitoreaban a Gadafi y hoy gritan “¡Alá Akbar!” festejando la muerte del de la perilla.

Así pues todo anima a los hacedores de titulares periodísticos a decir que es el fin de una tiranía.

Un dictador y un presidente de un gobierno (creo que en ese orden, de izquierda a derecha)

Un asesino asesinado. No, un tirano ejecutado

Y un poco más acá otra noticia le llena la boca a casi todo el mundo: “ETA ha anunciado el cese de su actividad armada“.

Los medios se llenan de razonamientos favorables y dan cobertura a mil y una opinión procedente de cualquier rincón del espectro político y social.

Sobre este tema podría escribir un tratado completo; pero no quiero dejarme llevar. Me da tanto asco que no quiero quemar mis yemas tecleando todo lo que me viene a la cabeza.

Lo primero que me fastidia es que los medios se dejen llevar, como vienen haciendo en realidad desde hace mucho, por la dialéctica etarra y hagan suyas expresiones sólo justificables en el marco irracional de los procesos mentales de dichos individuos.

No hay ningún “conflicto político” que no haya sido artificialmente creado sobre la base de las irresponsables, peregrinas, xenófobas y racistas maquinaciones de algunos exaltados… comenzando por el dios Sabino Arana y continuando con su hijo putativo Javier Arzallus.

No hay ni ha habido ninguna “lucha armada”. Lo que ha habido ha sido un rosario de viles asesinatos con premeditación y alevosía, con objetivos tan “peligrosos” como las esposas y los hijos de Guardias Civiles además de éstos, de policías, militares, concejales, juristas, parlamentarios, etc… No ha habido ni un sólo enfrentamiento con fuerzas oponentes, ningún combate. Las “bajas” en el bando etarra se han producido en el 90% de los casos (por otra parte infinitamente menos que los más de 800 asesinados) por impericia propia en la manipulación de bombas que habrían producido otras víctimas.

No ha habido ninguna conferencia de paz. Para que la hubiera debería haber habido una guerra y deberían haberse sentado a negociar las partes combatientes.

Aquí lo único que hay es una organización terroristas integrada por asesinos, secuestradores y extorsionadores (Al Capone sabía mucho de todo eso) que ha ido siendo arrinconada policialmente y que en sus estertores pretende rentabilizar una imagen de pacificador que no tiene nada que ver con lo que ha sido su trayectoria.

En un Estado en el que caben todas las opciones que se defiendan con argumentos ideológicos y no con armas, ETA dejó de tener sentido el primer día que se pudo votar.

Encima, uno lee el “comunicado” y parece que le han trasladado en el espacio y en el tiempo. Y ve con perplejidad cómo esos perennes encapuchados (fantasmas con txapela) se arrogan la representación de todos los vascos con un tono paternalista irritante.

Y en todo caso ¿Qué credibilidad merecen las palabras de los asesinos? ¿Hay que interpretarlas al pie de la letra? Si es así, dados sus comportamientos (y aquí hay que incluir a toda la cohorte de seguidores, justificadores y brazos políticos) habrá que suponer que ya no van a matar; pero que no renuncian a extorsionar y a limitar las libertades con esa habitual chulería de sus concejales y alcaldes y de esos cachorros cuya sola mirada amedrenta a quienes sólo quieren vivir en paz, en una auténtica y despolitizada paz.

¿Acabará realmente con esto la tiranía de la sinrazón?

Los "buenos" (arriba, claro) y los "malos" (para los de arriba, claro)

 

 

 

 

One Response to SOBRE EL FIN DE LAS TIRANÍAS

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