11/11/11

Que sí, claro. ¿Cómo iba a poder callarme respecto al 11 del 11 del 11?  (pero tenía que hacerlo pasado él)

Quien se haya molestado en leer este modesto blog habrá observado que hay más de una entrada dedicada a cuestiones relativas al calendario.

Insisto en el hecho de que el calendario es una herramienta de medida, de compartimentación del tiempo; es una convención asociada a fenómenos naturales: el día es el tiempo que La Tierra tarda en dar una vuelta completa sobre sí misma; el año es el tiempo que el planeta emplea en dar la vuelta completa al Sol. La combinación de esos hechos con los aociados al otro gran astro de nuestro firmamento: La Luna, ha hecho que a lo largo de la historia haya habido diversas fórmulas de compartimentar el tiempo y que el sistema más difundido, el internacional, haya terminado siendo el llamado calendario gregoriano, fruto de la tradición latina y de los retoques auspiciados por la Iglesia. De esta manera, nuestro calendario tiene, además de días y años, meses y semanas.

La semana, inicialmente, se corresponde con los siete días (septimana) de cada una de las cuatro fases lunares (creciente, llena, menguante, nueva). Y el mes con la lunación completa… aunque ésta está entre 28-29 días y los meses tienen 30-31 (salvo febrero).

Y es que es realmente difícil combinar en un mismo calendario “lo” solar y “lo” lunar. Si haces un calendario lunar, pronto se desacompasa la sucesión de meses-lunaciones con la sucesión de órbitas-años: tardamos 365 días y aproximadamente 1/4 de día en perfeccionar una vuelta alrededor del astro rey y en ese tiempo la Luna completa algo más de 13 “lunaciones” o meses lunares… un lío.

Ítem más. Cundo Julio César introdujo su reforma del calendario romano, que databa de la época de la mítica monarquía, los meses habían sufrido diversas modificaciones en cuanto al número de días que los formaban… y siguieron cambiando… porque sin ir más lejos, el mes Quintilis, tras la muerte del dictador, fue rebautizado en su honor como Julio y se le añadió un día, hasta completar 31, quitándoselo a Febrero (lo mismo sucedió unos años después, tras la muerte de Augusto, cuando su nombre le fue dado a nuestro Agosto, por entoces Sextilis)

Venga todo esto (que es poco) a apoyar la idea a la que prentendo llegar: todo es pura convención.

El 11 del 11 del 11 puede ser todo lo festivalero que se quiera; pero no tiene ningún significado místico (bueno, esto puede tenerlo para todos los memos que se apunten al rollo del misticismo, que son muy libres de hacerlo… de tontos está el mundo lleno) y ninguna trascendencia universal (si los babosos de las cabalísticas combinaciones de casualidades tontas, precedidas de insensateces, se pararan a pensar en la trascendencia que puede tener para nuestra galaxia (una de los millones que hay), con 100.000 millones de soles, que uno de ellos tenga una mierda de planeta con 7.000 millones de tontos encima, le entraría un vértigo como el que se une al asco que me dan tantas bobadas para ponerme al límite del vómito.

Por estas latitudes la ONCE (Organización Nacional de Ciegos de España) ha “visto” la veta de la baba general y ha organizado un sorteo especial: el sorteo de la ONCE, el once del once del once… ¡ya te digo!

Si hubiérmos seguido con el sistema romano de nomenclatura de los días el de ayer habría sido ANTE DIEM TERTIVM IDVS NOVEMBRES, con lo cual la ONCE no habría podido montar ningún sarao para recaudar millones de euros, ni los charlatanes de la magufería podrían haber dicho las sandeces que escupen a diestro y siniestro. Como la de que éste es un año favorable para obtener fortuna (tal vez por eso estamos metidos en la crisis)…

Sí, circula por las cuentas de correo electrónico una maravillosa disertación sobre el particular. Es fantástico, porque este año “trae” un 1 del 1 del 11; un 11 del 1 del 11; un 1 del 11 del 11 y un 11 del 11 del 11… ¡tela! (¡Que vienen los unos, digo, los hunos!) Y, sí, es verdad; ¿y qué? ¿es que la corteza terrestre se ha visto convulsionada en el momento en el que los relojes digitales han marcado esas fechas?…. ¡calla, calla! va a ser que los terremotos de Turquía o las erupciones junto a la isla de El Hierro los ha producido el cambio de fecha.

Ese correo (“meil”, como gustan decir tantos, tantis y tontis) incluye una insensatez aún mayor, que demuestra la pasta de la que están hechos los magufos que construyen semejantes falacias. Nos dicen que este año, además, octubre nos ha venido con cinco sábados, cinco domingos y cinco lunes, lo que, dicen, no se produce más que cada no sé cuánta burrada de años superior a los 800… ¡ay, pobres!… en 2016 octubre nos vendrá exactamente igual que el de este año…

Pero, bueno, el 11 del 11 del 11, que ya hemos dejado atrás, ha servido para que unos cuantos hayan hecho tonterías (como los que se han casado “compulsivamente” en esta fecha: lo que han hecho mal no es casarse el 11… lo que han hecho mal es casarse); algunos han tenido el acierto de nacer en tal fecha, con lo cual va a ser difícil que la gente se olvide de su cumpleaños; y los demás hemos seguido en la misma inmundicia del 10 del 11 del 11; de los anteriores y de los venideros.

¡Hala! ya no doy más la tabarra con esto del calendario…. aunque no sé si seré capaz de resistirme a algún comentario ahora que se acercan esas fechas tan queridas por los centros comerciales…

Desde el 12 del 11 del 11, ¡buen día!

He aquí a un 11

Paco Gento

de este 11

Real Madrid CF

y a este otro 11

Chechu Rojo (hoy sería Txetxu Rojo)

de este 11

Athletic Club

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