2012 EC

Hoy ha comenzado el año 2012

La historia ha querido que el calendario que actualmente impera en todo el mundo sea el que es.

Algo que, en cualquier caso, tiene una inexistente importancia desde el punto de vista universal.

Si las circunstancias históricas lo hubieran querido hoy podríamos estar hablando a nivel mundial de otra fecha completamente distinta, no sólo en cuanto al hecho o no de ser el primer día de un nuevo año sino de qué año.

La evolución de la historia mundial, la globalización económica progresiva, los medios de comunicación interactuando a lo largo y ancho del mundo… han conducido a que el calendario comercial y político oficial en todo el mundo sea el Calendario Gregoriano, parido en Europa en el marco de la hegemonía religiosa cristiana, y la ERA sea la que comienza el 1 de enero del año 1 “después de Cristo”, algo basado en los cálculos de Dionisio el Exiguo… lo que después quedó demostrado como erróneo. Hoy, dicho calendario ha sido asumido de modo oficial en los organismos internacionales y muchos países con tradiciones muy distintas a las europeas han terminando agachando las orejas y aceptándolo (con las pertinentes adaptaciones en cuanto a festividades civiles y religiosas) Y por aquello de no imponer también el trasfondo religioso que lleva implícito decir “antes de Cristo” o “después de Cristo“, al referirse a los años se ha ido imponiendo el eufemismo de la “Era Común (EC)“.

Si, por ejemplo, San Pablo no hubiera cambiado desde la raíz la doctrina de los iniciales seguidores de Johosua bar Yusef (o bar Judá, o quien fuera) podría ser que lo que se hubiera difundido como cristianismo estuviera más vinculado a la religión de los hebreos (en lugar de renegar de ese origen) y el calendario actual a nivel mundial fuera el judío

Si así hubiera sido hoy sería el día 6 del mes Tevet del año 5772

Si, en otro caso, el Imperio Romano hubiera sido organismo resistente y triunfante en la lucha contra el virus religioso cristiano y, además, hubiera pervivido a los movimientos de los pueblos germánicos, no hubiera desaparecido, etc… tal vez el calendario actual seguiría siendo el de la reforma de Julio César (posiblemente ajustado como el gregoriano ante la evidencia del desfase de los equinoccios) y el de la era de la fundación de Roma

Si así hubiera sido hoy sería el día de las Kalendas del mes Ianuarius del año MMDCCLXIV (2764) AUC (Ab Urbe Condita, o sea, desde la fundación de Roma)

Si el avance islámico desde la Hégira no se hubiera detenido y no hubiera habido resistencia del Imperio Bizantino o de los francos y de los reinos cristianos de España, tal vez ahora regiría a nivel mundial el calendario lunar islámico

Si así fuera, hoy sería el día 28 del mes Cha`bân del año 1317

En algún caso, habríamos celebrado igualmente el cambio de año, en otros casos no.

En cualquier caso, seguiríamos ajustándonos, como ahora, a puras convenciones humanas para intentar medir el tiempo y tener un respaldo para las referencias históricas.

Medir el tiempo ha sido obsesión continua del ser humano y las formulaciones para su compartimentación han sido multiformes.

Como otros, los mayas definieron su propio sistema de compartimentar el tiempo… y los pobres mayas, sin comerlo ni beberlo se han convertido en los protagonistas del año que comienza. Todo porque el próximo 21 de diciembre finaliza el 13º baktún (1 baktún equivale a unos 394 años) desde el inicio de su cuenta temporal (3114 aC o aEC)

Los catastrofistas, apocalípticos, mesianistas y magufos en general “necesitan” cosas como éstas para sostener sus imbecilidades cotidianas.

El vomitivo orbe de metafísicos estúpidos no tiene reparo en añadir a la cuestión presuntos respaldos científicos…. todos falsos. Como que habrá una conjunción planetaria (cualquier sencillo programa de cálculos orbitales demostrará a quien tenga interés que no hay ninguno el 21 de diciembre próximo) como tantas otras precedentes que no han producido ningún efecto catastrófico. O que habrá erupciones solares que producirán un caótico flujo de radiaciones (nada que no entre en el impreciso ciclo de 11 años de las manchas solares) o cualquier otra estupidez vestida de marchamo “científico”

Hace algo más de un año dejaba por aquí una entrada sobre esta cuestión (VIDE) y concluía insistiendo en que lo malo para los agoreros es que si el mundo se acaba el 21 de diciembre de 2012 ninguno de ellos podrá alardear de haber acertado en sus predicciones… no estará él ni quedará nadie a quien decirle “ves, tenía razón”. Eso tiene, para los que no nos creemos tanta tontería, la satisfacción de que si no pasa nada (como, de hecho, no pasará) podremos esbozar una socarrónica sonrisa y si pasa algo (que no pasará) nos dará exactamente igual porque no quedará nadie para decirnos “ves, yo tenía razón”.

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