ALBINONI, ESPEJOS Y MADERA

¿Cómo no me había dado cuenta hasta ahora?

¿Por qué hipotecar una jornada completa a descontar de las reservadas?

Bastaba con el tiempo imprescindible para rendir cuentas al infinito y al abismo.

Y así fue.

No más de una hora. Tal vez no la transposición temporal en el espacio; pero sí el espacio y lo esencial.

El azar de la reproducción aleatoria de pistas de audio del aparatejo al que estaba conectado quiso que en el momento de la concentración comenzaran a sonar los acordes del Adagio de Albinoni (sí, ya, que no es del todo acertado utilizar “de”, que el Adagio que hoy escuchamos es una reconstrucción que posiblemente se parezca como un huevo a una castaña a lo que compuso el bueno de Tomaso; pero es “el Adagio” por antonomasia) Sus acordes sonaban en mi cerebro con un “aroma” especial.

Tenía que mirar al más allá de la arquitectura y el Adagio ayudaba sobremanera.

Frustrante realidad de Sol y azul: me faltaban la lluvia, los charcos y las nubes rasgadas por rayos triunfantes. Por eso,  la mirada se replegaba instintivamente hacia el interior, un interior especialmente abierto al exterior a través de sus casi integrales miradores. Pero unos miradores adornados en sus esquinas con espejos casi eternos, volcados hacia afuera, reflectantes de los ires y venires de apresurados transeúntes hacia su vida… paseantes de un hoy mío; ignorantes de mi existencia… pero paseantes dobles que por capricho de la óptica venían  hacia un espejo y volvían a venir por la cristalera; y se iban por la cristalera y volvían a irse por el espejo…

Cristal, mucho cristal, transparente y reflectante; y mucha madera: madera de sillas añejas; madera de mostrador , de puerta, de marco de espejo, de marco de cristalera, de escalera…

… y soledad: dos desayunantes salpicados en un bosque de mesas y dos bobos y medio apoyados en el mármol del mostrador (amén de las fabricantes y sirvientes del néctar colombiano, etiópico o de vaya-usté-a-saber)

Unos minutos de aquí-estoy, de sigo-aquí, de los-propósitos-me-los-matan… ¡y a otra cosa, mariposa!

El Adagio concluyó. Y pedí la cuenta. ¡Hay que ver lo caros que son ya los cafés con leche! (¡kagoenelbancocentraleuropeoyenlascompañíasdecalificaciónderriesgo! …y en el gobierno del desgobierno)

Y vuelta a la rutina.

Seguro que nadie más que yo reparó en el hecho de que en el pasado mañana de este hoy que describo el abono transporte debía ir acompañado de un nuevo cupón mensual.

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