SALPICANDO OBSESIONES

El Universo parecía plegarse en alguna de esas dimensiones superiores a la cuarta.
Algo les había llevado a fundirse en un abrazo intenso, electrizante.
La revolución de su parcamente equilibrado balance bioquímico, traía a la superficie de sus sentidos el recuerdo de pasados momentos en los que sin franquear fronteras de tela, el contacto de sus cuerpos satisfizo ansiedades y elevó las sensaciones al máximo imposible.
¿Estaban en el futuro?¿El presente no era fruto de ningún pasado que no fuera de arena y mar; de ventana a paisaje plateado; de milenarias fachadas caídas sobre una sóla losa?

No.

Una oleada de duelo acumulado fue sustituyendo la vibrante sensación que el contacto generaba. Se borraron arenas, mares, platas y agujas de piedra…
Sus manos abandonaron su posición, desplazándose primero como una caricia; una caricia acelerada por la creciente ira que se apoderaba de sus fuerzas y las multiplicaba.
El cuello fue el destino de sus dos manos.
No había resistencia… enfrente, una faz con los ojos desorbitados y una boca exageradamente abierta buscando átomos de óxigeno para un destino cerrado a la vida.
La presión incontenible de sus manos se transformó en fuerza de sujeción cuando el cuerpo que instantes antes abrazaba se desplomó exánime.
Ira insatisfecha, sus ojos ciegos de furia buscaron en torno contundencia. Segundos después, la sangre salpicaba las paredes a cada golpe. Cual si de alcohol se tratara, la sangre embriagaba sus sentidos y le impulsaba a continuar. No fue suficiente con destrozar el cráneo, siguió con el resto del cuerpo, quebrando huesos, rasgando tejidos. ¿No iba a encontrar momento de poner fin a su sádica ceremonia?

No.

La imagen sanguinolenta y ya informe cobró de pronto vida entre sus brazos… sus manos seguían apretando contra el suyo aquel cuerpo ardiente con la misma fuerza… y seguía sintiendo el apasionado brote de dormidas sensaciones. Sus labios buscaron homónimos y hallaron carnosas almohadillas con las que acompasar los vaivenes de miles de eléctricos impulsos… era el principio de una desenfrenada sucesión de movimientos que su imaginación podía anticipar y que prometían el éxtasis de los sentidos. ¿Volvería a sentir aquellas olvidadas sublimes sensaciones?

No.

Sus brazos no contenían otro cuerpo ni el suyo conectaba con parte alguna de ninguno. Sus ojos no veían más que las gotas magnificadas del agua que chocaba y chorreaba por el cristal de la ventana. Fuera, la luz tenue de las farolas de la calle proyectaba su haz luminoso en el que danzaba la lluvia.

Se levantó y acercó su mirada a la ventana. Vio cómo las gotas burbujeaban y ondulaban los charcos. En el borde en el que acera y calzada cruzaban sus destinos, el agua discurría casi violenta hacia la alcantarilla… por un momento creyó que el negro azabache que parecía colorear el reguero se transformaba en un rojo pastoso… justo en el momento en el que una figura se recortaba en los reflejos del agua; una figura que parecía mirar hacia arriba, adornada con una sarcástica sonrisa.

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