DE RELIGIO ET DEVS (XV) ¿CREACIONISMO ESPONTÁNEO?

SABEMOS que la intervención humana en la  selección de individuos de una cierta especie y su intromisión en el natural proceso de procreación, determina la modificación de los rasgos de tal especie hasta que el individuo resultante sólo recuerda vagamente al original. No hay más que comparar, por ejemplo, un lobo con un perro yorkshire. Modificaciones como la citada han sido posibles en no mucho más de 12.000 años, un pequeño instante en millones de años de historia de los seres vivos en la Tierra.

Sólo un fanático creacionista negaría la importancia de la evolución en el devenir de la historia de las especies como explicación de la diversidad de la biosfera.

La evolución de las especies por medio de la selección natural resultó en su momento una auténtica andanada en la línea de flotación de la religión, que se defendió de la única manera que puede hacerlo, recurriendo a la literalidad (o al simbolismo, según interesara) de sus sagradas escrituras y a la imposición de la autoridad interpretativa de las mismas que se atribuye a sus vates correspondientes.

Hoy en día la versión creacionista del origen del Hombre (Ser Humano) sigue teniendo sus rocosos defensores y el relato bíblico sigue siendo su valladar. La imposición de CREER, anula la DUDA y evita transformar un “CREO” en un “SÉ”. Pero si para un evolucionista se plantean dudas tan sustanciales como el mecanismo real de la variabilidad evolutiva y la incidencia de los factores externos, a un CREYENTE no se le plantea ninguna duda, aunque la simple lectura de sus “Escrituras” debería descolocarle.

El CREYENTE no analiza en sí mismas esas “Escrituras”, se las dan hechas e incluso, por lo general, no las lee directamente. Hay comunidades cristianas en las que la lectura de su propia versión de la Biblia es normativa en sus actos litúrgicos; pero, por ejemplo, en la Católica, sólo unos cuantos fragmentos, sacados de contexto, forman el paquete de lecturas litúrgicas durante la celebración eucarística y la mayor parte de las referencias conocidas por los fieles son consecuencia de las historias que les han contado en las clases de Religión (otrora obligatorias) y las catequesis; historias “acondicionadas” a los intereses doctrinales.

Estudiar el origen del Hombre a la luz de “Las Escrituras” impide encajar en un razonamiento serio la avalancha de conocimientos pragmáticos que sobre tal cuestión vienen acumulándose desde el siglo XIX; pero ahí sigue el esquema de “nuestros primeros padres“, de “cuando Dios creó a Adán“….

El Génesis, primer libro de la Torá judía y del Antiguo Testamento cristiano es la fuente de información para conocer lo que HAY QUE CREER sobre el origen del mundo y del ser humano. El texto en su forma actual es consecuencia de un refrito de dos fuentes originales distintas (Yahvista y Elohimista) Y la evidencia de ese doble origen se pone de manifiesto en los dos relatos superpuestos sobre la creación de la Humanidad.

En Génesis 1:26 se dice que “Después dijo Dios: ‘hagamos al hombre a nuestra imagen, según nuestra propia semejanza...” y sin aparente dilación en la cuestión de definir el dimorfismo sexual característico de la especie, “Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, macho y hembra los creó” (Génesis 1:27). Esta versión sitúa en un plano de simultaneidad la aparición de “macho” y “hembra” de la especie; sin embargo, en Génesis 2:7 se nos da otro relato: “Entonces Yavé Dios formó al hombre del polvo de la tierra, le insufló en sus narices un hálito de vida y así llegó el hombre a ser un ser viviente“. Después de colocar a Adán en el Edén, poniendo a su servicio todo lo creado, e incluso dándole a su cargo animales de toda especie, decidió darle una “compañía definitiva”, así “hizo caer sobre el Hombre un sueño letárgico, y mientras dormía tomó una de sus costillas, reponiendo carne en su lugar; seguidamente de la costilla tomada el hombre formó Yavé Dios a la mujer…“, algo así como la reconstrucción del Quinto Elemento, de una chuleta un cuerpo completo.

Sí, vale, puede que extricto sensu no sean completamente contradictorios los dos relatos; pero ¿para qué dos versiones?

Se supone, pues, que esta primera pareja (que podía haberse pasado una eternidad en el Edén si no hubiera sido por osar comer de un fruto prohibido… habrá que hablar también de esta cuestión en otro momento) se dedicó tras la expulsión del paraíso a engendrar a troche y moche. Teniendo en cuenta que el relato bíblico le adjudica a Adán 930 años de longeva existencia, le dio tiempo, suponiendo una fertilidad tan milagrosa como dicha longevidad, a engendrar unos cuantos, lo que no se nos dice es cómo acabó la pobre Eva, más después de haberla Dios colocado aquello de “parirás a tus hijos con dolor” (¡Tiempos difíciles y milagrosos!)

Los primeros dos hijos de la pareja fueron Caín y Abel. El primero de ellos se cargó al segundo. Así es que a poco de crear al hombre “a su imagen y semejanza” (ojo) resulta que Yavé es desobedecido por los dos primeros creados y uno de los dos primeros engendrados asesina a su hermano por envidia: ¡menuda creación!

Después de relatar el asesinado de Abel, y antes de referirse a ningún otro hijo de Adán y Eva, se nos dice que Caín se alejó de la presencia de Yavé (parece que por entonces Yavé no estaba en todas partes ni era omnisciente, porque se le podían ocultar cosas).  Y aquí viene una de las grandes contradicciones: “y habitó en el país de Nod, al oriente de Edén. Caín conoció a su mujer, quien concibió y parió a Enoc” (Génesis 4:16-17) ¿de dónde había salido esta mujer? ¿generación espontánea? ¿trabajo adicional de creación divina no informado?

Prolíficos debieron ser mucho los dos creados y todos los nacidos después. Naturalmente, en los primeros “cruces” debió autorizarse, por imperativo legal, el incesto, además de contar con una moratoria en la actuación de virus, bacterias y demás agentes patógenos causantes de enfermedades y muertes y dotar a las células humanas de una prodigiosa virtud para permitir longevidades como las que se citan (récord de Matusalén, abuelo de Noé, con 969 años) que contradicen los análisis realizados sobre restos óseos de nuestros antepasados a los que se atribuyen edades máximas medias alrededor de los 25 años.

CREE lo que quieras; pero si lo que quieres es SABER…

(Los textos bíblicos citados han sido tomados de la La Santa Biblia, editada por el Centro de Ediciones Paulinas, traducida de los textos originales en equipo bajo la dirección de Evaristo Martín Nieto)

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