HERENCIA GENÉTICA… O NO… O ¡YA VALE!… O NO MÁS, POR FAVOR.

Llevamos sólo unos instantes (en la medida del tiempo del Universo) avanzando en el conocimiento de los mecanismos que rigen la transmisión de información en esa ideal hélice “desoxirribonucleica” que a base de Guanina, Adenina, Timina y Citosina construye lo que somos como individuos y como especie.

Hace dos ratos cualquiera de las circunstancias concurrentes en un individuo tenía, de primeras, una sencilla explicación: “así lo quiere Dios”… ese Dios que mientras no hubo otra explicación más evidente, era creador y mantenedor de todo.

Pero no, parece que cada vez son más las evidencias de que nuestra realidad personal no tiene nada de metafísico, que somos ni más ni menos que un cocktail de moléculas adecuadamente combinadas, consecuencia de procesos generadores codificados en el ADN. Que ni siquiera eso que llamamos “voluntad” es del todo consecuencia de actos volitivos totalmente libres de condicionantes bioquímicos. Que esos condicionantes bioquímicos nos hacen pensar como pensamos, ser como somos.

Por el momento, no hemos hecho más que asomarnos a la comprensión de cómo funciona “eso” del ADN, “eso” de los neurotransmisores, “eso” de los procesos electroquímicos cerebrales, “eso” de la mediatización de nuestro propio cerebro en función de tales procesos y tales elementos en juego.

Es probable que en un futuro (seguramente más alejado de hoy de lo que la ciencia-ficción nos lo pinta) sea posible “tutelar” el proceso de recombinación genética que se pone en marcha con la “concepción” del individuo (algo que, seguro, terminará siendo una cuestión pública y no personal, es decir, algo vigilado, fiscalizado, en lugar de dejado al azar del placer humano) y serán “producidos” seres adecuados para cada función, libres de enfermedades y de condicionantes que alteren su “rentabilidad”.

¡Ojalá éste que escribe hubiera sido fruto de algo así!. No se vería subyugado por sus circunstancias cerebrales. ¿Depresión?, imposible con una correcta generación de hormonas, enzimas…. (¡y “debajas”!). ¿Serotonina?, ¿Adrenalina? ¿Dopamina?… un perfecto equilibrio evitaría la ansiedad, la tristeza, la angustia, el temor… No habría lugar a hundir el ánimo ante un estímulo inconexo; no sería posible que las glándulas lacrimales se excitaran irrefrenablemente por impulsos que les hicieran producir absolutamente nada; no habría temor al mañana, ni, lo que es peor, al ayer; no pesaría lo sucedido, ni lo no sucedido, ni lo deseado, ni lo lamentado.

Pero hoy por hoy, tal vez ni los aditivos químicos puedan frenar el desbocado torbellino de un cerebro que se vuelca sobre sí mismo, un cerebro que no es más que parte, fundamental, pero parte, de un todo en el que la calidad de fibras musculares, de tejido óseo o de funciones orgánicas; o las injerencias de otras especies (virus, bacterias…) no hace sino aumentar el maleficio.

Quizás, organismos pluricelulares tan mediatizados, tan “perjudicados” por su propia combinación genético-bio-química, no deberían seguir existiendo. No tanto por lo más o menos que puedan ellos sufrir por tales circunstancias como por el perjuicio que esa cuestión pueda irradiar a su alrededor, en aquellos que no tienen enfrente alguien a recurrir porque ese alguien requiere más atención que la que ellos puedan demandar.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: