PERCEPCIONES Y MENTIRAS ARRIESGADAS

La percepción que de mí tiene el resto de los seres humanos con los que me relaciono no depende tanto de mí como de la interpretación que cada uno hace de aquello que yo diga, haga, deje de decir o deje de hacer (de nada vale intentar hacer comprender a los demás lo contrario)

Igualmente, yo tengo una percepción de lo que son los demás determinada por mis interpretaciones.

Puedo interpretar equivocadamente una palabra, una frase, un gesto, una actitud; algo que no es dicho, algo que no es hecho.

Puedo interpretar erróneamente una frase acompañada de un hecho… o un no-hecho.

Puedo interpretar erróneamente un hecho observado directamente cuya explicación, por parte de quien lo protagoniza, difiere sustancialmente de lo que yo he interpretado al observar.

Nada me puede asegurar que el error está en mi interpretación y  no en el testimonio… Nada. Porque el ser humano está mediatizado por su propio cerebro y, principalmente, porque es mentiroso por naturaleza (San Gregorio Casa ya lo decía “Todo el mundo miente“)

(… sí, sí, todo el mundo… quien escribe no está exento)

Pero no todo el mundo miente en el mismo grado ni con la misma transcendencia.

La mentira es en sí contraria a la moral natural (y quizás lo es precisamente porque la moral natural parece buscar el comportamiento correcto del ser humano y ve mal aquello que es frecuentemente contrario a lo correcto); pero el grado de gravedad de la mentira depende posiblemente de sus consecuencias más que de lo absoluto de su expresión.

También hay mentiras completamente innecesarias; que tal vez en el momento de argumentarse tenían una cierta justificación (ahí está la cuestión de las llamadas mentiras piadosas o de los males menores); pero que con el tiempo carecen de sentido… e incluso no hacen más que aumentar el daño que originalmente hicieron.

Esto de las percepciones de unos respecto a otros y de la mentira humana innata es uno de los aspectos de la condición de ser perteneciente a la especie que me provoca más inseguridad y más ganas de salir corriendo… ¡Qué digo corriendo…!, descomponiéndome en bosones y fermiones y colocándome simultáneamente en aquellos puntos del universo donde no haya ni rastro de vida.

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