NOCHEBUENA, NOCHE BUENA, NOCHE NUEVA

Tal vez fue la última vez que compartieron plenamente sus cuerpos… o tal vez la primera en la que ya no los compartían plenamente.

… y eso que los momentos anteriores fueron una sinfonía de no sé qué huida de ellos mismos; como si aquella Nochebuena una marejada de espacio-tiempo estuviera envolviendo los pliegues de su historia y preludiando el fin que llegaría irremediablemente.

La cena en familia había calentado los motores de la sangre. El hígado había dejado de sintetizar etanol y éste llegaba a la sangre y al cerebro con generosidad; de modo que pronto alcanzaron ese punto en el que las escaleras se subían con facilidad y las bolas de billar se multiplicaban ante los ojos.

Era ese año en el que todo debía haber acabado, a tenor de la magufería ignorante; pero que era a la vez una prórroga, o mejor una tierra de nadie en los márgenes de un siglo, iniciado para unos; por venir para otros: más pliegues del tiempo (por imposición que no por razón)

Sin cómo ni por qué seis figuras pasadas de tiempo quedaron en una estructura cargada de tiempo. Una chimenea mataba los grados de fuera y los grados de dentro mataban la consciencia de las figuras. Música. Imposibles ligazones de figuras. Dos de ellas unidas por la goma de seis años de intensidad y de fuerza… las restantes por nada y de ellas dos con imposible ligazón si no era contraviniendo las leyes.

Las miradas vagaban, las conversaciones se modulaban en grupos de dos a cuatro, de tres a tres de uno a uno en tres grupos distintos y no necesariamente armonizados por las razones. Para algunos, las inhibiciones caídas llegaban sólo a las frases con segundos o terceros dobleces significativos, manteniéndose fuertes otras inhibiciones; para otros, tal vez más desinhibidos habitualmente, o ya deshinibidos hasta ese grado, el cuerpo les pedía movimiento… de momento al menos sólo a los acordes de la música exterior por más que la sensualidad desbordara en las aproximaciones.

__ … ___

Ellos prefirieron quedarse. Los otros cuatro empujaron la noche a una nueva travesía por el frío externo… por acompañarse mutuamente a los rediles respectivos o para transitar una última andanada etílica. Pero ellos se quedaron.

Normalmente, al menos hasta entonces, no les hacía falta bajar barreras con momentos deshinibidores porque su sola proximidad encendía los resortes. Pero aquella noche había llevado los decibelios de los gritos de sus esencias animales a extremos ensordecedores y los hálitos conscientes, entregados a los sentidos y a los sentimientos, les conminaban a trenzar sus pieles y tañer los instrumentos de sus cuerpos en la sinfonía que modulaba sus almas.

Y fue la versión más prolongada de la sinfonía. Los tempos, los silencios… nuevos movimientos in piano, in pianissimo… acá una floritura in allegro; allá un intrépido scherzo… el ritmo siempre acompasado, la melodía imbricada… plena armonía sin necesidad de batuta. Y las formas corales en los puntos oportunos de la composición que iban orquestando.

Una marea de sensaciones, casi eterna, con dos preguntas y una y media respuestas… y tal vez preguntas y respuestas escuchadas, o mejor almacenadas, sólo por uno de los dos.

La onda expansiva de las explosiones parciales de uno de ellos culminaron con la explosión definitiva y unísona del paroxismo final de la sinfonía.

Exhaustos, murieron al día que ya no era el que habían empezado. Fundidos de modo que para el aire circundante eran un solo ente, durmieron sin sueños hasta un mediodía navideño que no era suyo.

Una sensación de irrealidad quedó a quien quedó.

El timbal de la sinfonía seguía sonando días después con ese golpe profundo y grave que quien recordaba no sabía si era fruto de una veisalgia galopante y perdurable del cuerpo, por el porcentaje etílico de la sangre, o era una resaca del alma doblegada por las respuestas a las preguntas de las arias interpretadas. ¿Serían fruto de la obnubilación aquellas respuestas afirmativas sobre posibles interpretaciones de la sinfonía con intérpretes añadidos a la orquesta de dos? ¿O serían reales y convencidas aseveraciones?

Pasaron fríos intermedios que helaron el metal y la cuerda. La percusión hizo del medio un uno aún más grave. Y pasado el frío, no fueron ya suficientes instrumentos nuevos, obra artesanal de sinfonías que tal vez ya no eran plenas interpretaciones. Porque recién incorporados a la orquesta, uno de los directores – compositores – tañedores prefirió nuevas partituras; partituras que revelaban que aquellas respuestas de las arias de una Nochebuena tal vez no eran SÍ a integrar en la orquesta a nadie sino a excluir al inicial a cambio de nuevos intérpretes.

___ … ___

Ardientes fuegos de la tierra;
de sus profundos surcos penetrantes,
templaron las dagas estridentes
que rajaron la conciencia
… de parte a parte.

Los negros sosegados y danzantes
plegaron en kilómetros la ciencia,
construyeron en plásticos silvantes
melodías sesgadas por las fieras
de estómagos y fauces anhelantes.

No hubo más que espejismos en la arena
de divinos carros errantes,
de montañas de estructuradas piedras,
de voces infantiles susurrantes.

El tiempo, siempre pliegue de la pena
fue otra vez certero caminante
de lágrimas de hiel y de lucerna
de hirvientes aceites goteante.

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