RUEDAS CELESTIALES

Lo de Elísius Setentaitrés es increíble. No sé de dónde se saca esas historias. Me parece a mí que no es más que el efecto de la ingestión de esos combinados narcotizantes que le gusta ingerir en el centro de ocio popular.

¿Pues no dice que no somos más que la creación de antepasados que nos lanzaron en pos de un más allá ignoto, que vivimos en una especie de armatoste material lanzado a surcar el espacio intergaláctico?

Menuda vara me ha dado toda la noche (por cierto, dice que lo que llamamos noche no es sólo el momento en el que se apagan las fuentes de luz intensa y toca divertirse y descansar; dice que es un remedo de una realidad física de la que nuestros “originadores”, como los llama, no quisieron privarnos pues estaba en la base de nuestra naturaleza)

La verdad es que a veces me cuesta seguir sus razonamientos. Le aprecio mucho y no quisiera tener que llegar al extremo de denunciarle a las autoridades. Pero…

Desde que mis capacidades sensoriales han transmitido a mi cerebro información, he asumido las enseñanzas públicas respecto a nuestra realidad.

Como dicen nuestras Sagradas Escrituras, Dios creo a Qu, el primero de los Hombres, después de haber creado el Universo. Reunió en su mano derecha 10.001 estrellas y las amasó entre sus manos hasta conformar la figura de nuestro padre. Después, chascó sus dedos y dio así la chispa de vida que hizo a Qu vivir. Qu vagó por el espacio entre estrellas disfrutando de la apacible contemplación de las nebulosas, de los remolinos de materia producidos por los agujeros negros y de las orgías de colores de las nubes orgánicas interestelares. Pero Qu se aburría, habló con Dios y le transmitió su inquietud. Dios, en su magnánima bondad, oyó sus plegarias y le dio esta rueda de vida que hoy nos acoge a todos, este tubo  que tan acertadamente definió Teoadorín de Celestrón como el bucle de vida que pliega la voluntad del Señor. Qu fue quien cosechó la materia dispuesta por Dios en las estrellas para dar a la rueda de vida en que vivimos la base exterior sobre la que comenzaron a crecer las plantas que nos sirven de alimento. Sólo la divina inteligencia pudo concebir unos seres como las plantas que sean capaces de sintetizar la luz de las estrellas y crear materia que sirva para alimentar a otra materia cual la nuestra.

Pero Qu se sentía solo. Nuevamente le hizo ver a Dios su estado y Dios, nuevamente conmovido, buscó la forma de satisfacer a su creación. Hizo que Qu quedara suspendido en su conciencia, pellizcó la materia de su entrepierna y tomó una pizca de la materia con la que le había creado (Qu se estremeció y su movimiento reflejo hizo que en el punto en el que Dios le había pellizcado creciera una protuberancia). En su infinita potencialidad, Dios amasó la pizca de materia obtenida de Qu y creó a Yía. En su infinita e inaprehensible sabiduría, Dios conformó a Yía de un modo similar pero distinto a Qu, haciéndolos complementarios. Nacieron así las dos realidades que hacen de los humanos una dualidad “sen” y “fui”, es decir, dos realidades somáticas complementarias, independientes, pero vinculadas. Es por eso que los Humanos nos distinguimos por dos corporeidades a las que tradicionalmente llamamos “makio” y “hemkia”. Elísius dice que esos términos proceden de expresiones distintas: “macho” y “hembra” (cuya significación no entiendo) y que originalmente justificaban una dicotomía en cuyo vértice se encontraba la reproducción. Esto es una auténtica aberración, porque todo el mundo sabe que la generación de nuevos humanos es una cuestión ordenada por Dios a sus Sakerdos, los únicos que pueden combinar el ADN de los mejores para producir nuevas generaciones (por cierto, me siento muy feliz porque he sido seleccionado entre los donantes de ADN reproductor). Dios, en su infinita sabiduría, decidió que los “makio” y las “hemkia” dispusieran de na configuración física distinta únicamente para darse placer unos a otros, e indistintamente de “makio” a “hemkia”, de “makio” a “makio”  o de “hemkia” a “hemkia”-

Lo que ya me descompone es que Elísius diga que originalmente nuestros antepasados nacieron en uno de esos cuerpos esféricos que orbitan a las estrellas. Los anales de las observaciones de los “Contempladores” no registran ningún cuerpo esférico con vida racional.

Elisius dice que hace miles de años nuestros antepasados vivían en uno de esos cuerpos esféricos, que su evolución física, cultural y social les llevó a un punto límite, que construyeron en la órbita de su planeta (Elisius dice que lo llamaban Tirra, Herra, Serra o Terra, aunque también dice que algunos la llamaban Worl, o Tere… mil paparruchas) este mundo al que él llama “nave”, lo llenaron de seres  y lo enviaron al espacio interestelar porque en su planeta ya era imposible subsistir.. ¡menuda magufería!

Es imposible creerle, sólo en un cuerpo tubular, independiente de sistemas estelares, es posible que surja y prospere la inteligencia… y la reverente adoración a Dios…

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