POLÍTICOS

La Revolución Francesa, la Constitución de los Estados Unidos, las revoluciones del siglo XIX (Comuna de París de 1848, por ejemplo) o las revoluciones marxistas de comienzos del siglo XX aportaron sucesivas expectativas esperanzadoras de que el poder, el gobierno, dejara de ser asunto de un reducido grupo de poderosos y terminara por ser cuestión de la voluntad del pueblo… Pero en la práctica, nuevos poderosos han terminado controlándolo todo a costa del pueblo, convencido (cada vez menos) de que la ley le hace ser quien, por la vía de las elecciones, decide quién le gobierna.

Pero hoy los políticos no son esas personas salidas del pueblo y elegidas por el pueblo que los sistemas democráticos suponen. Los políticos constituyen una casta cerrada que se autoalimenta, que controla los resortes del poder y se distancia cada vez más del pueblo que les da el poder, al que utilizan y del que se aprovechan.

En momentos en los que la crisis económica lleva a miles de familias a los márgenes de la más estricta pobreza, ¿Cuántos de los políticos de primer nivel sufren las consecuencias del paro, cuántos se quedan sin recursos para hacer frente a la hipoteca o, incluso, a las necesidades alimentarias básicas? No, no sólo no las sufren sino que las provocan. El intrincado juego de tráfico de voluntades, con el dinero como alimento, hace que el sistema financiero, los detentadores del capital, manejen el sistema y tomen las decisiones. Ellos generan los paraísos del pelotazo inmobiliario o de la inversión con ventaja, enfangan los mercados y, cuando fracasan, no pagan las consecuencias… es más, chupan la sangre del ciudadano para “rescatarse” a sí mismos.

¿Quién puede sustituirles?

Nadie.

No, nadie. Porque ellos han cerrado los resortes para evitar que se les infiltre alguien con seso que les desmonte el chiringuito.

¡Qué asco!

Resulta vomitivo verles enseñorearse de sus escaños (enseñorearse, lamentablemente en este caso no es sinónimo de ocuparlo cuando corresponde) o de sus carteras ministeriales; de sus poltronas en Secretarías Generales, Subsecretarías, Consejos, Gerencias… para medrar y “barrer para casa” mientras alardean de talantes, de proyectos, de compromisos…

Basta con hurgar un poco en las condiciones de esa pandilla para encontrar una primera capa de apellidos con vinculaciones no precisamente “proletarias”… y unas capas subsiguientes de privilegios, trampas, intereses…

¡Mentirosos!

¡Cínicos!

¡Aprovechados!

¡Sinvergüenzas!

Y malo que nos lleven por el vía crucis de la crisis dándonos palos a los menos pudientes… lo peor es que cuando empecemos (si empezamos) a ver la luz será porque ellos, que siguen ahora llenando sus bolsillos, estarán empezando a llenarlos a un ritmo mucho mayor.

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