INOCENCIA O ESTUPIDEZ

Cumpleaños. No sé por qué lo llaman así si sólo se cumple uno. Me han regalado un libro: Galopín se titula. Me gusta el olor de los libros nuevos y el tacto de su forma; palpo sus bordes y siento la línea de sus cantos aún inmaculados. He pasado la palma de mi mano por su portada, como pidiéndole permiso para romper su barrera y he leído sus primeras líneas. Pero mis amigos me están llamando para salir a jugar. Cogeré mi bicicleta y me iré con ellos a estrenar mis once años recién cumplidos, pero esta noche, antes de dormir, volveré a mi nuevo libro.

… ___ …

No puedo leer. Estoy especialmente nervioso. No puedo dejar de mirar su mensaje y asomarme a la ventana mirando hacia la suya, allí, a más de cien metros, imaginando una presencia de la que sólo la luz es indicio. Esta tarde, en el jardín de su casa, se ha acercado y disimulando ante el resto de amigos me ha dado un papel… un gran corazón rojo atravesado por una flecha y un “te quiero”.  Galopín, de momento, va a ser sólo baúl en el que guardar el tesoro: papel entre papel.

…___…

No puedo leer. Y no puedo frenar las lágrimas. Creo que mis sollozos van a ser escuchados a pesar de que me he cubierto completamente por la ropa de la cama. Galopín guarda una nota que hoy es mentira. Otro de mis amigos tiene una nota de la misma mano, más reciente.

*****

No puedo leer, Cañones y Velas se me resiste. No puedo quitarme de la cabeza la imagen de aquel autobús alejándose. No fui capaz de romper las ataduras de mi lengua. No terminé de ver ningún brillo que confirmara que mi pregunta tendría una respuesta positiva. Tengo que conformarme, otra vez más, con el recuerdo de una tarde agradable, con la siempre enriquecedora charla que fluye entre ambos, profundizando en mil detalles sobre conceptos coincidentes de las materias que vamos navegando en nuestros respectivos cursos. Lo lamentable es que nuestras Facultades no se encuentren en la misma Universidad y la distancia dificulte nuestros encuentros.

*****

No puedo leer otra vez su carta. Esta vez no hay más horizonte. A sus veintidós años (los mismo que los míos) ha entregado su vida a poderes con los que mi derrota es segura… no porque sean físicamente más fuertes, sino porque su fuerza procede del convencimiento de quienes no creen en su inexistencia.

*****

No puedo leer. Guerreros y Campesinos se quedará en la primera lectura, la de hace cuatro años; quería volver a sentir aquello que tanta huella dejó; pero no puedo seguir porque no puedo dejar de suspirar buscando un aire que paradójicamente, cuanto más aspiro peor me hace sentir. Vencí las barreras que amordazaban mi voz y confesé mis sentimientos; pero ella, no queriendo decir un no vejatorio, se conformó con un “no por el momento” que es evidente será un “no, nunca”… Debo seguir concentrándome en el trabajo en la medida que esta angustia me lo permita.

*****

No puedo leer. Soy incapaz de concentrarme. Esa mujer estremece mi ser entero… y no sé si es pasión, si  es miedo o un embrujo que retuerce mis sentidos.

…___…

No puedo leer. No consigo pasar de las primeras páginas. Presiento que el Péndulo de Foucault terminará subyugándome y se convertirá en unos de mis preferidos; pero la tensión acumulada no me permite avanzar. Mi ser es una mezcla de tristeza, de angustia, de ira contenida, de desengaño, de desmoralización, de desesperación.  Me acerco a la treintena y aún no he tenido tiempo de ver la vida… y sólo me ata a ella otra nueva vida.

…___…

No puedo leer. Pensé que tal vez a la tercera iría la vencida; pero hoy nuevamente he sido incapaz de pasar de la veintena de páginas. Parece que los tres años transcurridos no van a ser suficientes para apartar su sombra de mi presente, después de haber inundado mi pasado de lodo. No, no puedo leer y es que este ser parece rimar especialmente con el título de Los Versos Satánicos.

*****

No puedo leer. Tengo que parar cada dos por tres. Y es que  El Perfume me está raptando y envolviendo en sensaciones sensoriales, entre las que el olfato no es precisamente la menor; pero justamente por eso, no puedo dejar de recrear con cada línea leída el olor, el tacto, el sabor, la melodía de la voz y la imagen de la sonrisa de quien me ha prestado el libro y una esperanza.

…___…

No puedo leer. Tengo que hacer otro alto. Los pilares de la Tierra me hace pasar por largos ratos de frenética y casi ansiosa lectura; pero no puedo dejar de pensar simultáneamente que la esperanza se marchita. Ella nunca dijo que quisiera cambiar  sus circunstancias, cierto; pero tal vez dejó demasiado campo abierto para que mi anhelo vagara sin cadena. Y siento que volveré a mi celda de más de treinta años de condena.

*****

No puedo leer. Porque no puedo dejar dejar de mirarla. El Médico se llena de arena mientras mis ojos miran furtivos su cuerpo o se duermen en los suyos. Los Pilares de la Tierra llegó a su última página y una brisa ondeante vino a compartir sus líneas y, después, a quedarse. Y preferiría no poder leer ya jamás; pero tener sus ojos siempre con el mismo brillo frente a los míos.

…___…

No puedo leer. La Isla Inaudita me trae el recuerdo de luz, de olor y de sonidos de un marco en el que fui casi feliz. Y eso me acuchilla el alma porque es ya un puro pasado sin retorno. La brisa huyó a acariciar otras páginas; los ojos dejaron de brillar ante los míos y esa leve mordedura nerviosa del interior de los labios preludió su adiós…

***** …___… *****

No puedo leer. Una de las auxiliares del primer turno me ha ayudado a salir de la cama, me ha sentado en la silla de ruedas y me ha dejado aquí, en la terraza, con mi libro y el horizonte. Mi propósito era leer mi último libro: por fin la recopilación de poemas que siempre intenté y nunca logré concluir y del que no espero, porque no es el objetivo ni mucho menos, el éxito de alguno de los publicados. Pero esta especial luz de hoy lleva mi mente a otros pagos. Parece mentira haber llegado a los ochenta años después de algunos de los problemas de salud padecidos. Es curioso que las piernas no me respondan como el cerebro, que extrañamente sigue manteniendo frescos infinidad de recuerdos… lo cual es lamentable. Sí, es lamentable porque ninguno de mis recuerdos me produce sensaciones positivas. Si brotan recuerdos de situaciones tristes, dramáticas o, incluso, trágicas, vuelvo a experimentar las mismas angustias, los mismos lamentos, el mismo dolor que en aquel momento. Pero igualmente, la angustia, la ansiedad por lo perdido, la tristeza por lo que fue y dejó de ser, por no experimentar las sensaciones positivas pasadas, me invaden al recordar lo bueno sucedido.

Tal vez la clave esté en mi actitud hacia la vida, en mis criterios, en mis actitudes ante los compromisos….

Reflexiono sobre las razones. Uno de mis yoes, el que se cree más seguro del yo mismo que no es, me llama cobarde, blando, pusilánime, y responsabiliza de mis fracasos a no haber sabido decir en los momentos adecuados lo que debería haber dicho… o incluso gritado; a no haber sabido leer, hasta demasiado tarde, la verdadera personalidad de aquellos en quienes confiaba… y de haber confiado demasiado. Ese mismo yo que se arrepiente de haberse mantenido firme en sus compromisos a pesar del incumplimiento de los mismos por quienes habían sido parte del contrato.

Siento que he sido una aspiración a todo y una realidad de nada. He actuado con simpleza, creyendo que lo hacía con bondad… y se me ha quedado cara de tonto.

Por querer hacer de mi vida algo bajo control… sin darme cuenta de que en realidad la vida es como una caja de bombones: nunca sabes lo que te va a tocar”.

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