BUCLES DE TIEMPO

Me conduje hacia el templo como mandan los ciclos. Transité por la vereda, hasta llegar a su encuentro.

Allí se alzaba, con su majestuosidad de siempre. Sus puertas, francas, me engulleron y su interior se me mostró con el mismo cuadro guardado en la memoria, mas hoy casi vacío de fieles, sin ceremonias en proceso.

El altar esperaba.

Pero yo no he querido ni acercarme, me he quedado a unos metros, contemplándolo… porque ya no es mío.

El altar vacío no puede albergar ya más lamentos. Aún quedan rescoldos en la hoguera en la que ardió sin consumirse la Luna, en la que el tiempo fue haciéndose cenizas y donde el último barco fue devorado desde el palo mayor hasta la crujía.

Y con la resolución de las heridas que ya no sangran, por más que hayan dejado cicatrices, comencé a ingerir el brebaje sagrado, con un punto de frialdad, casi de indiferencia. Pero como si las partículas subatómicas de mis cadenas de ADN estuvieran bailando cuánticamente en hoy y en ayer simultáneamente, transité las sensaciones de aquel otro treinta y de pronto, sentí unas irrefrenables ganas de llorar.

psai

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