ESTO SE VA AO CARALLO

Mi capacidad de comprensión ante esto de la crisis se ha agotado definitivamente.

¿Quién ha provocado y mantiene la situación de crisis?

Parece reconocido por todos los analistas que la causa de base hay que buscarla en la inadecuada actuación de los agentes financieros, especialmente de los bancos, y en el desenfrenado gasto público. En algunos países, además, la errónea confianza en el sector inmobiliario como motor de la economía, unido a la fraudulenta administración de los recursos públicos, ha agravado la situación.

Al ciudadano de a pie las valoraciones sobre la trascendencia de las calificaciones de riesgo, de los ajustes macroeconómicos, del equilibrio presupuestarios, del déficit público y tanta y tanta verborrea se la trae al pairo; lo que realmente percibe es lo que le afecta directamente. Ve que a su alrededor son cada vez más quienes pierden sus empleos, o que él mismos deja de recibir un salario, pasa a recibir una limosna pública… o nada… cada vez puede comprar menos, se las ve y se las desea para llegar a final de mes… Encima, sobre todo en “ciertos” países, descubre con estupor cómo demasiados individuos roban a manos llenas, amparándose en la legalidad de unas laxas normas para los poderosos que contrastan con la presión inspectora fiscal para los menos pudientes, con el aumento de los impuestos, el recorte de los salarios…

Ya cuesta entender que la manera de solucionar el problema sea entregar dinero público a los bancos, principales culpables del desastre, mientras a los ciudadanos se les aumentan los impuestos para obtener los recursos con los que obsequiar a esos bancos.

Cuesta entender cómo los políticos tienen la poca vergüenza de mantener sus privilegios económicos y de todo tipo mientras deciden cortarle el cuello a la economía de los ciudadanos.

Cuesta entender cómo pretenden reactivar la economía cuando ahogan a los pequeños y medianos empresarios forzándoles a cerrar sus empresas y vacían los bolsillos de los consumidores potenciales de productos imposibles de vender.

Cuesta entender que los mayores chorizos campen a sus anchas, chuleándose de todos con sus cuentas millonarias llenadas no se sabe bien cómo; pero no como consecuencia, desde luego, de un trabajo digno.

Pero resulta ya el colmo que el robo, el atraco, se legalice como arma en manos del poder. Ya parece un robo legalizado que en determinados productos y servicios te cobren más del 20 % de su precio como impuesto; pero lo que excede cualquier límite de admisibilidad es que directamente te roben parte del dinero que guardas en esas entidades usureras que son los bancos… y eso es lo que va a suceder en Chipre… y veremos después dónde. ¿Cómo se puede tener la desfachatez de robarle a todos los ciudadanos que tengan dinero en el banco? Claro, a los que tienen millones en paraísos fiscales no se los van a quitar (posiblemente los mismos que toman la decisión), se lo terminarán quitando a pequeños y medianos ahorradores que verán sus recursos mermados porque sí. No, no es que les vayan a reducir los ya mínimos intereses con los que los bancos compensan por dejar en sus manos el dinero, es que les van a quitar el dinero, sin más… aquí te pillo y aquí te mato…

¿Qué efecto puede producir que en Chipre se materialice el robo a mano armada institucional?… pues de primeras que muchos de los que todavía mantienen sus capitales en bancos de sus respectivas naciones, y tengan posibilidad, se lo lleven allí donde el riesgo sea menor; es decir, que se verán dañados, como siempre, los más débiles…

Si fuera posible, no habría más que sacar el dinero del banco y guardarlo en casa (los pobreticos no necesitamos demasiado espacio para ello); pero el sistema ya se encarga de que no haya otro medio de cobrar los salarios que el ingreso bancario y el pago de las facturas por los consumos y servicios, las hipotecas, planes de pensiones… a través de las cuentas… no hay salida.

¿Y qué se puede hacer? Nada. Aguantar como se pueda o comerse con patatas a los políticos cuando el hambre apriete.

Tal vez la clave de la situación (además de las circunstancias ya mencionadas) esté en que en la Zona Euro haya, sí, una unidad de mercado, una unidad monetaria; pero no haya una unidad fiscal y financiera; esto es el caldo de cultivo ideal para que prosperen los especuladores.

No sé. Tal vez la unión real y total de la economía europea, unida a una legislación contra la especulación de los grandes inversores y de persecución del fraude y la corrupción regenere a la larga un sistema que parece irse precipitadamente, como diría un gallego, “ao carallo

politico1

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