CURIOSIDADES DE UNA NACIÓN DESNACIONALIZADA

España es un país peculiar.

Desde la antigüedad fue considerada por fenicios, griegos, cartagineses y romanos, sucesivamente, como una realidad única, ya la llamaran I-spn-ya, Iberia o Hispania.

Cierto que independientemente de esto siempre fue, desde entonces y por los vientos que soplaron en su historia, tierra de diversidad.

Mas por encima de esa diversidad todos los pueblos que la habitaron se consideraron integrantes de una realidad superior a su aldea, valle o región. España o “las Españas” fueron un concepto amalgamador.

… Y aún estando siempre a la greña, fuera por la religión, por el banderío de éste o aquel albur ideológico, o porque simplemente se era del pueblo de al lado, nadie dejó de tener asumido que no se era francés, ni inglés, ni italiano: se era español. Aunque para identificarse se adujera lo gallego, lo astur, pasiego, chueta, vizcaíno, navarro, maño, catalán, castellano, mallorquín, andaluz…

Y no, no es el único Estado en el que a la unidad se le combina la variedad. Francia no es igual en el Norte que en Marsella; en Aquitania que en Normandía, Córcega o Borgoña. Alemania es y sus gentes son distintas en Kiel o en Baviera, en Hesse o en Brandemburgo.

Pero en ningún sitio como en España se llega a extremos tan ridículos haciendo valer los particularismos.

Si hay que inventarse la Historia, uno va y se la inventa y allí donde un fulano escribió soeces proclamas racistas, colocamos al héroe libertario. Allí donde una derrota de los partidarios de una candidato al trono llevó al triunfo del otro candidato, apoyado por parte de los mismos lugareños, colocamos el fin de una supuesta independencia… Que los políticos (de toda la vida inútiles en altísimos porcentajes) proclaman la República Federal, pues aquí cada vecino se declara cantón independiente… Que hay que hacer valer una lengua vernácula, pues cambiamos todos los nombres de lugares y personas para ser fieles a la pureza idiomática local aunque en algún caso haya que inventarse lo que sea; y además imponemos que oficialmente ésta o aquélla provincia o ciudad sea pronunciada y escrita en tal lengua aunque de toda la vida los no hablantes de esa lengua la hayan llamado de otra manera (vamos como si los británicos impusieran a todos los europeos llamar a su capital London y el Londres del francés y el español, el Londra italiano o el Londino griego desaparecieran)

Pero posiblemente una de las mayores ridiculeces sea la de poner, como si se tratara de la marca, del hierro o divisa de una cuadra, la bandera de la Comunidad Autónoma (o región, nacionalidad, nación o como leñe la quieran llamar) en la espalda de la camiseta de los jugadores de fútbol y otros deportes. Que un equipo de fútbol, integrado por jugadores de variopintas procedencias obligue a éstos a hacer suya una bandera que nada tiene que ver con su origen me parece de una estupidez sublime. Ya ni te digo lo bobo que resulta que les vistan de bandera.

Cosas veredes, mi buen Sancho.

nera

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