BIORRACIONALIDADES

Hace cuatro millones de años. Algún lugar en el límite del bosque tropical africano. Un antepasado  de nuestra especie se aventura. Ha bajado de los árboles que le ofrecen cobijo seguro frente a la mayor parte de posibles depredadores. Busca raíces, tubérculos, grano. Le impulsa el objetivo de subsistencia. Algo genera en su organismo la sensación de la necesidad de alimentación. Mientras escarba mira de reojo hacia un lado, el macho dominante y una de las hembras del grupo copulan en una rápida actuación impulsada por la misma necesidad de fondo que le lleva a él a buscar alimento: la subsistencia. Junto a la pareja entregada a la misión de perpetuar la especie, dos crías juegan indiferentes y despreocupadas a pelearse, siguiendo también un impulso que les entrena frente a futuras situaciones vitales. De pronto, nuestro protagonista, llamémosle Oag, se queda inmóvil. Su oído ha percibido un sonido sordo, difuso, indeterminado; su cerebro ha recibido el mensaje y ha puesto en marcha inmediatamente un proceso bioquímico que hace que los músculos se tensen y los sentidos se concentren en la búsqueda de información. Oag se yergue, aspira el aire, su pituitaria envía al cerebro los marcadores olfativos percibidos y el cerebro interpreta: nada fuera de lo normal. Pero su tensión sigue; algo no está como debiera. Otea; su visión estereoscópica le permite valorar las distancias: nada. Escucha con atención: nada. Y precisamente esas “nadas” le alarman. De pronto, un leve movimiento entre los árboles en la dirección hacia la que sopla el viento, una forma en movimiento, confirma sus temores: un gran felino se aproxima. Ha recibido un pequeño indicio auditivo que ha desencadenado una reacción de atención y otro pequeño indicio, ahora visual, provoca una sucesión de reacciones: se dirige a toda prisa hacia el árbol más próximo y grita poniendo en alerta a los demás. La pareja abandona su cópula y las crías sus juegos; en ellos también, la reacción ante el peligro avisado por Oag se ha superpuesto a la que dominaba su comportamiento unos segundos antes. Gritos, rápidos movimientos ramas arriba… tensión. El felino, frustrado por su infructuoso acecho se aleja. Poco a poco vuelve la tranquilidad; cesan los gritos, se calman las respiraciones, los corazones moderan el ritmo de sus pálpitos.

¿Racionalidad?

Hormonas, impulsos electroquímicos, neurotransmisores.

Hoy. Quien dice hoy dice hace cinco, diez o quince años. Una hembra de la especie Homo Sapiens medita. Siente intensamente. Su pensamiento está volcado en una imagen. Diría que le cuesta respirar, quizás eso provoque sus periódicos suspiros. Una intensa sensación de hormigueo le recorre el vientre. Rememora las emociones de intensa paz y confianza que ha sentido recostada sobre el hombro de su pareja después  del estallido de placeres sin descripción posible tras el ceremonial de caricias, besos, conexiones corporales…; y desea intensamente volver a experimentar todo de nuevo. Sus actividades diarias habituales hasta que conoció a esa pareja carecen de sentido; hay cosas que tiene que hacer; tal vez un trabajo, tal vez unos estudios; pero todo es secundario: sólo importa estar con él, sentirse conectada físicamente a él. La tecnología se alía con el afán: un sms, un correo electrónico, una  llamada telefónica; pero nada como abandonar todo y encontrarse en una cafetería, en un parque o, mejor, en cualquier lugar cerrado y privado.

¿Racionalidad?

Hormonas, impulsos electroquímicos, neurotransmisores.

Hoy. Quien dice hoy dice hace cinco, diez o quince años. Una hembra de la especie Homo Sapiens medita. Siente intensamente. Su pensamiento está volcado en una imagen. Diría que le cuesta respirar, quizás eso provoque sus periódicos suspiros. Una intensa sensación de hormigueo le recorre el vientre. Rememora las emociones de intensa paz y confianza que ha sentido recostada sobre el hombro de su pareja después  del estallido de placeres sin descripción posible tras el ceremonial de caricias, besos, conexiones corporales…; y desea intensamente volver a experimentar todo de nuevo. Pero a la vez siente una profunda tristeza. Piensa en su trabajo, tal vez en sus estudios. Mira el futuro con perspectiva y sabe que dejarse llevar por los impulsos que ahora parecen dominarla puede destruir sus proyectos. Le tienta la idea de mandarlo todo lejos y entregarse sin remilgos; pero algo le dice que esos impulsos están motivados por una especie de enfermedad que nubla, o lo intenta al menos, su razón. Sabe que esa pareja no representa una relación con horizontes. Por eso le llamó, se reunieron y ella le expresó su deseo de dejar de verle. Eso le hace estar triste, sentirse frustrantemente enamorada… pero sabe que ambas sensaciones pasarán… al menos hasta la próxima ocasión… ¿podrá o sabrá controlar la situación?

¿Racionalidad?

Hormonas, impulsos electroquímicos, neurotransmisores.

ArbVid

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