CRUCE DE LÍNEAS VITALES

El día va adquiriendo con pereza el nombre cuyo significado le hace antónimo de noche. Prefiero despertar y comenzar las acciones del día en el reino de ésta, antes de que la luminosidad de fuera gane a la que pago de mi bolsillo; pero el horario es el horario y las decisiones sobre sus ajustes no tiene más remedio que acatarlas alguien que, como yo, debe cumplir con determinados márgenes del mismo para poder seguir pagando esa electricidad que es casi como diamante.

La cuchilla se desliza sin demasiado esfuerzo, arrastrada mecánicamente por mi mano, segando el escaso y ralo tapiz de mi faz. Y mientras miro sin mirar, nutriendo así de información a esa parte de mi cerebro que se va a encargar de vigilar el proceso, al margen casi completo de mi Yo consciente, viajo a un lugar desconocido, de ubicación concreta hoy, y seguramente siempre, imposible y te veo triunfar pesadamente sobre el sueño y zafarte del dulce abrazo de Morfeo personificado en esponjoso edredón. Tal vez a esa misma hora, mientras yo paso a los siguientes hitos diarios a golpe de aviso acústico en el móvil, tú vayas cumpliendo los tuyos en parámetros que ignoro.

Hasta hoy no habías ocupado en mi mente más que el pasajero instante en el que los caminos de nuestras respectivas jornadas se cruzan en la calle y, si acaso, los instantes previos, con un “¿nos cruzaremos también hoy?“; y los segundos siguientes, esbozando una irónica sonrisa y diciéndome a mí mismo, “pues, sí, hoy también“.

Y voy llegando al reducido espacio en el que el encuentro ha venido sucediendo. Cuestión de segundos es que el conjunto de pasos dados se acomode al espacio y el tiempo; pero ahí estás, te veo a lo lejos, con la misma cadencia melodiosa… y con la misma aparente indiferencia … esa indiferencia que aumenta su adorno con mirada distraída al otro lado de la calle, al suelo, al escaparate o al cielo ahora que la intersección de trayectos es inminente…

Como siempre, el estallido cuántico en el punto de confluencia de la línea de mi vida  con la tuya no ha sido escuchado por nadie. Sin ojos en el cogote no soy capaz de saber, porque no voy a caer en el fraude de-ser-yo-mismo y volverme para comprobarlo, si al pasar la línea de mi campo de visión te has desmaterializado o sigues el rumbo a la parte de tu vida que no es ese instante difuso de nuestro cotidiano encuentro.

Y ahora me paro un instante y pienso en el infinito fluir de líneas de vida que aquí y allí siguen su rumbo por derroteros diversos, sin que cada uno de los entes que por tales líneas vaga tenga certeza de que el resto de las que con la suya se cruzan sea eso: una vida, o un simple espejismo de su mente, deambulando por el sueño de su propia vida.

Cruce

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