MACHADO

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26 de julio de 1875. Nace Antonio Cipriano José María y Francisco de Santa Ana Machado y Ruiz en Sevilla (España)

Nació un día como éste; murió… murió… no, no murió nunca: los restos corruptos de lo que fue su ser material quedan sepultos en el cementerio de Colliure (Francia); ÉL sigue vivo entre las líneas de sus versos, en los trazos de las letras que conforman su poesía.

No caben en este espacio las notas de la sinfonía de sensaciones que su poesía provoca.

 

“Creo más útil la verdad que condena el presente, que la prudencia que salva lo actual a costa siempre de lo venidero”

“La poesía es el diálogo del hombre, de un hombre con su tiempo. Eso es lo que el poeta pretende eternizar, sacándolo fuera del tiempo, labor difícil y que requiere mucho tiempo, casi todo el tiempo de que el poeta dispone. El poeta es un pescador, no de peces, sino de pescados vivos; entendámonos: de peces que puedan vivir después de pescados”

“Poeta ayer, hoy triste y pobre
filósofo trasnochado
tengo en monedas de cobre
el oro de ayer cambiado”

“Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer.”

“Por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre.”

“Hoy es siempre todavía.”

Antonio Machado

 

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
?ya conocéis mi torpe aliño indumentario?,
más recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
?quien habla solo espera hablar a Dios un día?;
mi soliloquio es plática con ese buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último vïaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

Retrato

Antonio Machado

 

Antonio Machado “hablaba en verso y vivía en poesía”

(Gerardo Diego)

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