ÉBOLA

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Durante tres meses la imagen del virus del Ébola ha estado presente en publicaciones y noticiarios a todas horas.

Fueron noticia las repatriaciones de los sacerdotes-médicos Miguel Pajares y Manuel García Viejo, contagiados en Liberia y Sierra Leona, respectivamente. Ambos murieron.

Se abrió la polémica sobre la pertinencia de tales repatriaciones por los riesgos que comportaban.

Políticamanete estaba claro que existía la pretensión de rentabilizar las operaciones, para dar una imagen de vanguardismo sanitario.

La nefasta sucesión de recortes en el gasto público, que han afectado especialmente a la educación, la dependencia y la sanidad, lleva necesariamente a valorar esos alardes como una especie de mofa al ciudadano: te negamos la asistencia universal y con garantías; pero nos gastamos una millonada en traer  a un infectado, sin muchas posibilidades de superviviencia, para quedar bien en la foto.

Para colmo, los protocolos de protección y prevención se aplicaron erróneamente y ello condujo al contagio padecido por Teresa Romero. El poder político, responsable de los errores, hizo un deplorable alarde de necedad, intentando culpabilizar a la víctima.

Ahora, parece que el organismo de Teresa ha logrado superar la infección. Muy probablemente sanará. Los medios, que han llenado sus titulares y han revuelto hasta la hez en las circunstancias de los momentos más dramáticos, seguirán durante mucho tiempo explotando  el hecho de la curación e intentarán llevar a sus estudios y sus líneas a Teresa para sacar de ella algo más que su plasma inmunizado. ¿Consentirá ella que sus circunstancias sean explotadas? ¿Se dejara convencer por las suculentas compensaciones que le ofrecerán los carroñeros programoides? El tiempo lo dirá.

Pero durante todo este tiempo en el que se ha hablado de misioneros, de protocolos, de toques de cara, de consejeros de sanidad, de dimisiones, de contagios… ¿de qué es de lo que menos se ha hablado?: de los miles de contagiados en Sierra Leona, Liberia, Senegal, Guinea, Nigeria y Congo. ¿Sus vidas valen menos?

Parece que el problema y lo que llama la atención es que el virus sea traído al llamado “mundo desarrollado”; lo que pase en los países del llamado “tercer mundo” parece servir nada más para rellenar espacios y para promocionar campañas de ayuda privada cuando se tercia. Mientras, deben ser las organizaciones no gubernamentales, ya sean religiosas o laicas, las que se dejen la piel sobre el terreno. Esas mismas organizaciones que siguen, por ejemplo, intentando sacar del pozo a los damnificados por desastres naturales, enfermedades, hambrunas… como, ¿se acuerda alguien?, a los haitianos que fueron noticia hace cuatro años y siguen igual de mal o peor… ¡pero ya no son noticia!

 

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