9-N. NUEVE NECEDADES

ESPALUÑA-CATASPAÑA

Lo de Cataluña no es otra cosa que una suma de necedades. Necedades de los políticos catalanes y necedades de los políticos de los gobiernos centrales.

1. La retórica nacionalista es absolutamente eficaz. Sus principios ideológicos se fundamentan en el victimismo más absoluto; algo que se alimenta a sí mismo. Siempre hay un “enemigo” causante de todos los males del pueblo a redimir. Si alguien osa demostrar que tales males son fruto de la pésima gestión de quienes alardean de nacionalistas, éstos dirán que la acusación es fruto de la conspiración contra las aspiraciones del pueblo irredento; o sea, más victimismo contra el falso victimismo descubierto. Necedad absoluta.

2. Que los catalanes forman un grupo específico, con una cultura, una lengua y una tradición propias es innegable; pero su identidad se ha conformado y “es” en función de su imbricación en el conjunto de España, formando parte sustancial del tejido que da sentido al conjunto. Es una necedad pretender que Cataluña “sea” fuera de España y que España “sea” sin Cataluña.

3. Democracia en España (incluyendo Cataluña) es una mera denominación formal; en realidad, el sistema político es una oligarquía clientelar. El llamado Estado de las Autonomías consolidó la estructuración de veinte ámbitos de poder: las diecisiete comunidades, Ceuta y Melilla, y el gobierno central. En cada uno de ellos, la casta oligárquica se ha repartido el pastel. Y es mejor no dejar escapar ni una miga del pastel propio: en la versión más radical, siendo independiente el pastel es sólo para la casta del país independiente. Es una necedad presentar la independencia como fuente de Democracia.

4. En Cataluña existe un sentimiento independentista creciente. ¿Por qué? ¿Siempre se han sentido una nación diferente, subyugada? La estructura mental nacionalista ha diseñado un escenario en el que, efectivamente, Cataluña siempre fue una nación, sus derechos fueron “pisados” por Felipe V con los Decretos de Nueva Planta, después de aplastar su gloriosa resistencia el 11 de septiembre de 1714 y ahora llega la hora de “recuperar” la libertad perdida, después de un sufrimiento secular. Y, sí, un creciente número de catalanes se ha creído la sesgada interpretación de la historia. No es casual el momento del envite nacionalista; han pasado unos treinta años desde el inicio del sistema autonómico y desde que fueran transferidas las competencias en educación, consintiendo el diseño de los programas al albur de las necedades nacionalistas. La generación que ahora llena la sociedad catalana se ha educado recibiendo el mensaje sobre la Cataluña irredenta. Es una necedad no valorar la ingeniería independentista.

5. La independencia es presentada como solución a los males sociales, económicos y culturales. Uno se plantea, desde fuera de Cataluña, si eso será así. Lo piensa mientras se toma una pizza o un fuet de Casa Tarradellas, mientras bebe una copa de Freixenet, se acerca a un cajero de La Caixa… O mientras lee que desde que el desafío independentisa se hizo real han disminuido alarmantemente las inversiones extranjeras en Cataluña; o que el déficit público catalán ha crecido… Es una necedad pensar que la independencia es la panacea de todos los males; tal vez conduzca a más males: menor inversión exterior, reducción del comercio exterior, aumento de la deuda pública, aumento de la presión fiscal (ya de por sí la más alta de España), salida del sistema del €uro,…

6. Los Gobiernos centrales no han visto venir el problema y no lo han afrontado adecuadamente. Han sido en muchas ocasiones “presos” del nacionalismo. Tanto PSOE como PP han pactado con los nacionalistas en varias legislaturas. A la ciudadanía se le ha presentado como una entrega por parte de los nacionalistas para contribuir a la gobernabilidad. Es una necedad pensar que no aprovecharon la situación para sacar partido, precisamente el de hacer y deshacer a su antojo a cambio del apoyo en aquellas medidas gubernamentales que les convenían. Los gobiernos centrales, para asegurar las poltronas, se dejaron camelar por las presuntas actitudes solidarias del nacionalismo. Colaron (y a lo mejor eran sinceras) las buenas formas de Josep Tarradellas desde su “ja soc aquì“, e incluso las de Jordi Pujol (auténtico adalid de la casta oligárquica catalana que incluso creó un sistema de tributos personales: o me das comisión o no te llevas el contrato) y hasta las del Artur Mas de los primeros momentos (en 2000 declaraba que la independencia era algo poco menos que absurdo)… las actitudes posteriores demuestran que la sinceridad de su colaboración era simplemente una estrategia con proyección de futuro.

7. Es una necedad seguir empeñados en un camino que no tiene sentido legal. En el fondo los únicos que son consecuentes son los de ERC que proponen la declaración unilateral de independencia: puestos a no cumplir la ley es mejor hacerlo del todo y no andar con paños y pañitos calientes, con piruetas estrambóticas, toreando la legalidad vigente. Al amparo de la ley, la única vía del nacionalismo catalán (que apoyó la Constitución de 1978, respaldada en Cataluña con una mayoría aún superior que, por ejemplo, en Madrid) es promover una reforma constitucional que ampare la compartimentación de la soberanía (ahora del conjunto de los españoles)

8. Es una necedad obviar el fondo del actual órdago. No es despreciable el valor que tuvo la negativa de Mariano Rajoy a negociar con Mas un acuerdo fiscal similar al existente con el País Vasco, un sistema de concierto que permitiera a la Generalitat recaudar por su cuenta y contribuir con fondos negociables a las necesidades del Estado. La negativa desencadenó la navegación de Mas por el derrotero independentista, manejando las aspiraciones de ERC, en cuyos brazos se dejó acunar y despertando las ilusiones de los catalanistas más radicales (ahora es Mas quien es manejado por la corriente más radical y puede terminar con la ruptura de su propia coalición, CDC + UDC en CiU, y perder en favor de ERC buena parte de su electorado)

9. Y es una necedad ignorar la situación y no actuar positivamente para poner fin a una de las peores crisis imaginables para España. El gobierno actual parece quitar importancia al problema. Se enroca en la cuestión legalista y se cierra en banda ante lo que ya no es ignorable. No se puede contener únicamente con la legalidad la corriente creciente de independentismo; ignorarlo no hace otra cosa que alimentarlo. Por muy necio que sea todo el entramado, algo habrá que hacer.

El daño ya está hecho. Los políticos catalanes han enfrentado a los catalanes con el resto de españoles, han generado sentimientos injustos de animadversión de los catalanes hacia el resto de España; es más, les han convencido de que son algo distinto a España. Y han generado sentimientos de hartazgo: de hartazgo de los catalanes por un Estado que creen no les quiere y casi que les persigue, y hartazgo del resto de los españoles con respecto a los catalanes, con respecto a esos catalanes que no quieren saber nada del resto de los españoles, que desprecian su compañía en el tren de la historia.

¿Podrá alguien hacer algo para reconstruir los sentimientos?

¿Hará alguien algo positivo para hacer posible que no se rompa una unión centenaria?

¿O estaremos en el comienzo de la fragmentación de esa empresa común que los políticos llenaron de retórica grandilocuente mientras se encargaban de dinamitarla?

La suma de todos es posible…. pero tal vez no con los políticos actuales ni con los sistemas actuales.

 

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