CORRUPCIÓN

IPC

La Organización de Transparencia Internacional publica anualmente el llamado Índice de Percepción de la Corrupción (ver aquí). Se trata de un valor de 0 a 100 en el que 0 corresponde a la percepción de que la corrupción del sector público es total, es decir, que el juego limpio brilla por su ausencia y 100 corresponde a una gestión limpia, transparente, justa…

Son valorados 177 países y el ráncking es publicado anualmente.

En 2013 la clasificación fue encabezada (en sentido descendente) por Dinamarca y Nueva Zelanda, ex aequo, con 91 puntos (nadie es perfecto)

En la cola están Afganistán, Somalia y Corea del Norte con ¡¡¡ 8 !!! puntos

La “percepción” que lleva a construir el ráncking es la de un comité de “expertos” (que se supone no son nada corruptos); y esos señores, en 2013, “percibieron” que en España había un nivel de corrupción “medio”, calificándola con 49 puntos, lo que podríamos traducir como que casi la mitad del sector público es corrupto, o que de cada 2 políticos o funcionarios 1 es corrupto… no está mal.

A la vista de los escándalos que vienen salpicando las cabeceras de los diarios en los últimos tiempos uno se pregunta si en el ráncking de 2014 seguirá la caída de España en la clasificación (en 2012 su nota era de 65)… desde luego si la “percepción” la valorara quien esto escribe el 1 sería una calificación exagerada. Un país en el que das una patada a una piedra y salen cuatro mangantes; en el que de cada 10 palabras que dice un político, 11 son mentira…

La “percepción” en este momento es la de que la condición de político es la de “presunto corrupto”; podrá ser alguien de confianza, serio, cabal; pero, dados los antecedentes de sus colegas, siempre cabe esperar que todo sea apariencia y en realidad sea otro trincador más.

Cuando con la justificación de la crisis económica el ciudadano ha tenido que soportar la reducción (cuando no la desaparición) de su salario, ha visto aumentar los impuestos, mermar los servicios públicos… mientras con lo que le “quitaban” “rescataban” a los bancos… Cuando ahora ve que en entidades bancarias rescatadas, sus consejeros, además de unos sueldos desorbitados, disponían, sin control fiscal, de sobresueldos por la vía de tarjetas de crédito sobre los fondos del propio banco; o ve que éste o aquel cargo público ha engrosado cuentas corrientes en Suiza o en Andorra a base de comisiones fraudulentas… uno se queda con cara de bobo y se siente totalmente indefenso, sabedor de que al final, esos millones (que servirían para subsidiar a todos los ciudadanos durante años) no serán devueltos y los culpables no sufrirán los castigos que se merecen.

Y lo peor es la pérdida absoluta de confianza en el sistema y en las personas que deben conducir la administración a todos los niveles.

Extraña que las calles no se llenen todos los días de gente protestando, que no haya casos de desahuciados que se lían la manta a la cabeza y atacan a alguno de los mangantes por cuya mala gestión se encuentra en su estado… y no es extraño que las miradas se dirijan hacia grupos que proponen algo tan simple como echar del poder a quienes o son corruptos o no son capaces de impedir la corrupción.

 

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