K-PAX, ¿UN LEJANO PLANETA EN EL CEREBRO O UN CEREBRO DE UN PLANETA LEJANO?

K-Pax Un universo aparte

K-PAX. Un universo aparte (2001)

Intermedia Films / Universal Pictures

Iain Softley

En algún momento de la evolución humana, los enlaces neuronales del cerebro definieron la consciencia y la conciencia. Adquirir conciencia de sí mismo fue probablemente el hecho más crucial en el proceso que llevó a la especie a ser lo que es… y tal vez el más lamentable.

El ser consciente se relaciona consigo mismo y con el entorno, constituido por todo lo que le rodea. Somos en definitiva un conjunto de átomos, agrupados en moléculas, que conforman células y material diverso en paquetes sólo aparentemente aislados.

Y en nuestro cerebro, el YO se manifiesta en planos diferentes, algunos no conscientes. Los desequilibrios en el engarce de las diversas facetas de consciencia pueden ser multiformes y generar manifestaciones de carices muy diferentes.

Conocemos una pequeña parte del funcionamiento profundo de lo que precisamente nos permite conocer: el cerebro (por otra parte un órgano que no es independiente del conjunto) Hemos definido lo que consideramos “estado normal” de la consciencia en oposición a un innumerable número de estados con diferentes grados de alteración de esa “normalidad”

Por eso, el doctor Powell (Jeff Bridges) afronta el tratamiento a un individuo (Kevin Spacey) recién llegado a su hospital desde el convencimiento de que padece algún trastorno de personalidad. Naturalmente, contribuye poderosamente a orientar el diagnóstico el hecho de que el paciente insista en que procede de un planeta, K-PAX, situado en un sistema estelar doble a mil años-luz de la Tierra. Prot parece sólo un ser humano y el doctor Powell orienta su estrategia, en una línea psicoanalítica de libro, en la búsqueda del trauma que originó el trastorno. No ayudan, sino que inquietan sus esquemas clínicos, las contundentes y fundamentadas afirmaciones sobre detalles científicos no divulgados, como el propio hecho de la existencia de su supuesto lugar de procedencia, descubierto (el sistema estelar doble) pero aún no publicado.

Prot empatiza con el resto de enfermos mentales ingresados, incluso les proporciona estrategias que mejoran sus estados de demencia y parecen orientar si no su sanación sí la adaptación al entorno. El resto de enfermos cree en la procedencia extraterrestre de prot e incluso se ilusionan con la promesa de que uno de ellos podrá acompañarle cuando regrese a su planeta.

El día marcado para el viaje de vuelta a K-PAX, prot deja sus gafas de sol (teóricamente imprescindibles para sus ojos, acostumbrados a la luz mortecina de sus soles) y se dispone a “montar” en un rayo de luz (frente al que parece no serle necesario proteger sus ojos), vehículo con el que poder transportarse a una velocidad varias veces superior a la de la propia luz… Pero prot aparece encogido bajo la cama y en estado catatónico. El doctor Powell encuentra confirmación a su diagnóstico, elaborado tras numerosas sesiones de hipnosis e investigaciones sobre el terreno: no es más que un ser humano, Robert Porter, traumatizado tras la violación y asesinato de su mujer y su hija por un individuo al que él mismo dio muerte antes de intentar suicidarse o simular su suicidio; un individuo muy inteligente y hábil administrador de informaciones científicas. Prot no “coge” el rayo de luz; pero simultáneamente a su fallido transporte, una de las pacientes desaparece sin dejar rastro…

Las películas sobre extraterrestres llegados a la Tierra en solitario suelen tener un mensaje mesiánico y aleccionador directo: sois malos y tenéis que ser buenos, seguid mi ejemplo y os salvaréis. En este caso se cumplen esencialmente, los parámetros de otras películas del género. Vienen a la mente filmes como Starman, que protagonizó Jeff Bridges en el papel de extraterrestre encarnado en un cuerpo clonado; el propio E.T., Ultimátum a la Tierra (1951)… Y con éstas, como con las catastrofistas con invasión y destrucción, tiene en común la predilección que muestran los vecinos del Universo por los Estados Unidos de América (los del Norte de América): prot cuenta en sus regresiones haber visitado innumerables lugares, todos indefectiblemente en EE.UU. o Canadá (que suele ser admitido como en la NBA o en la NHL), como si los extraterrestres sólo tuvieran interés por el país jeffersoniano.

El film se basa en una novela homónima que tuvo dos posteriores secuelas. El hábil juego del equívoco psicológico mantiene hasta el final la duda sobre la veracidad de los argumentos del protagonista y apunta algunas innovaciones en un, por otra parte no excesivamente expuesto, sistema de estructuras sociales alejadas de lo habitual en estos casos, en los que, si ha lugar, se suelen manifestar transposiciones sólo ligeramente acondicionadas de los esquemas humanos (empezando por el de familia tradicional)

Nada de despliegues de efectos especiales; nada de bichos verdes y sí efectos filosóficos en un ambiente bien dibujado, con una música cautivadora y con unos personajes bien definidos y magistralmente interpretados por los dos protagonistas, especialmente Kevin Spacey, con su característico aire cínico (tan contundente en Seven)

¿Era prot un extraterrestre procedente de K-PAX o K-PAX procedía del desequilibrio de un traumatizado?

¿Cuáles son los límites de la cordura?

¿O es posible que un ser controle todas y cada una de las partículas de su cuerpo a nivel cuántico y utilizando un rayo de luz como tobogán las lance al extremo del Universo que desee para allí volver a materializarse en un ser dimensional?

 

“Quiero decirte algo que no sabes aún. Los K-PAXianos hemos vivido lo suficiente para saber que el universo se expandirá y luego se comprimirá, luego se expandirá otra vez, este proceso se repetirá eternamente. Todo será como es ahora, los errores que cometas ahora los volverás a vivir. Cada error que cometas lo vivirás una y otra vez, para siempre. Mi consejo es que lo hagas bien esta vez porque esta vez es todo lo que tienes.”

prot

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