DEMOCRACIA RAPTADA

Demosgracias

 

Democracia:

Demos (δῆμος) = pueblo

Kratos (κράτος) = poder

δημοκρατία = poder o gobierno del pueblo.

 

Proclamo: La democracia no existe ni ha existido, y, probablemente, no existirá.

 

Los antiguos griegos pasan por ser los “inventores” de la democracia. Sí, ellos, sobre todo los atenienses, estaban convencidos de que habían diseñado sistemas de gobierno que les distanciaban de las teocracias que les rodeaban, comparándose positivamente, con acierto, con los egipcios o con sus grandes “ogros”, los persas. Pero realmente “su” democracia era una pantomima. Los “ciudadanos” expresaban su voluntad y elegían a sus gobernantes; pero los “ciudadanos” eran una minoría de la población de cualquier ciudad-estado, cuyo sistema socioeconómico se sustentaba sobre una mano de obra esclava y sobre un patriarcado radical en el que las mujeres eran un objeto más, incluso menos valiosas que otros objetos.

La historia anterior, coetánea y posterior a los griegos ha visto infinitamente más gobiernos teocráticos, absolutos, dictatoriales… que gobiernos con participación “popular”.

Hasta la declaración de independencia de los Estados Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789) no hubo ningún texto legal en el que quedara constancia de la intención de que el pueblo, entendido en un sentido completo, participara en el gobierno, y ni por esas era un gobierno de “todo” el pueblo: en Estados Unidos había esclavos y las mujeres no votaban y en Francia las mujeres tampoco tenían derecho a decir esta boca es mía.

Sí, después se fueron eliminando de las legislaciones de la mayoría de los países dichos “democráticos” las limitaciones al sufragio. Que si eliminación del sufragio censitaro, que si aprobación del sufragio femenino, que si reducción a 18 años de la edad mínima para votar… pero en ningún caso, realmente, ha habido una auténtica participación popular en la toma de decisiones: se sustituyeron los sistemas de decisión autoritaria de uno o de unos pocos por sistemas en los que los que al final toman las decisiones modelan la voluntad de los que creen que con su voto deciden algo… ¡y no deciden una mierda!… como mucho pueden llegar a poner en dificultades el entramado de la superestructura del poder, pero ésta se acondicionará tarde o temprano para seguir tomando las decisiones de espaldas a las auténticas intenciones de los que votan.

Hoy existen en el Mundo eso que se viene en llamar “democracias consolidadas”. La de Estados Unidos pasa por ser para muchos una especie de paradigma, y tiene muchos aspectos realmente positivos; pero a nadie se le escapa que el sistema, como el de las demás democracias, se orienta a que los ciudadanos elijan representantes o presidente, según los casos, y ya sabemos que la inmensa mayoría de los que votan se guían por los cuatro aspectos de los proyectos de gobierno que se manosean durante las campañas electorales y los debates; luego, los elegidos, escudados en el “mandato popular” hacen y deshacen según su exclusivo criterio.

Bueno, quizás algunos pequeños países se puedan permitir el lujo de sistemas próximos a la auténtica democracia… próximos (se me ocurre el caso de Suiza, donde todas las decisiones de cierta relevancia son sometidas a referéndum); pero los países con más población y trascendencia internacional carecen en todos los casos de sistemas realmente democráticos. Incluso los hay que alardean de democracia y de respeto a las decisiones de las urnas y luego, cuando quienes gobiernan pierden, manosean las instituciones y las leyes para adaptarlas a sus intereses y dificultar o impedir la acción de los ganadores (véase Venezuela) Y otros se esfuerzan en hacer valer la decisión popular pero chocan con sistemas de decisión más poderosos que mediatizan sus fuerzas (véase el caso de Grecia y su plante fallido ante las auténticas fuerzas que gobiernan la Unión Europea) Y otros ven cómo el reparto de “opiniones” termina convirtiéndose en un mercadeo de alianzas, pactos, acuerdos, cesiones y concesiones que terminan haciendo que ninguna voluntad se materialice.

Todo esto da para mucho y no renuncio a dedicarle alguna o algunas próximas entradas; pero hoy sólo quiero, además de dejar constancia de la idea base tratada hasta ahora, hablar de la situación del país en el que nací.

Si ya estaba claro antes, desde el pasado mes de septiembre asistimos a un conjunto de circunstancias que evidencian de modo palmario cómo la democracia se halla completamente secuestrada en España.

Lo está en el conjunto. Las elecciones celebradas el pasado 20 de diciembre han puesto en evidencia, en primer término, las tremendas imperfecciones del sistema electoral. Porque una cosa es proclamarse estado democrático y representativo, pero hay que materializarlo en un sistema legal que articule la forma concreta como ha de llevarse a cabo. Parece que lo más “lógico” es que todos los ciudadanos participen en el proceso electoral de un modo igualitario, que todos sientan útil en la misma proporción su voto. Pero no es así. Resulta especialmente llamativo, por poner un par de ejemplos, que un partido como el PSOE, con 5.530.693 votos haya obtenido 90 diputados y Podemos, con 5.189.333, sólo haya alcanzado los 69; y más aún que Izquierda Unida (esta vez bajo la “marca” Unidad Popular en Común) se haya quedado en sólo 2 diputados con casi un millón de votos, mientras partidos nacionalistas como ERC, DL o PNV hayan obtenido 9, 8 y 6 diputados con la mitad de votos que IU. La razón se encuentra no sólo en el sistema de proporcionalidad sino en la asignación de diputados por provincias. Y es que en un país como España, con una añeja cuestión de encaje territorial, resulta complicado equilibrar derecho de los ciudadanos con derecho de los territorios (algo que debería tener otro procedimiento de canalización de la representatividad). Y a lo peor no deberíamos quejarnos demasiado de esto, al fin y al cabo hay otros sistemas donde el desequilibrio es mayor, especialmente con sistemas mayoritarios por circunscripciones, como es el caso de Estados Unidos o del Reino Unido. En Estados Unidos, las últimas elecciones dieron como resultado que el Partido Republicano, con el 51,2 % de los votos obtuviera el 56,8 % de los escaños y el Partido Demócrata, con el 45,5 % de votos lograra el 43,2 % de escaños. En el Reino Unido el asunto es peor; así, el Partido Conservador obtuvo en mayo de 2015 el 50,8 % de los escaños con el 36,9 % de los votos, y, en caso con paralelismos hispanos, el Partido Nacional Escocés obtuvo el 8,6 % de los escaños (56) con el 4,7 % de los votos (aproximadamente 1,5 millones), mientras que el Partido de la Independencia del Reino Unido, que obtuvo más del triple de votos que el anterior (casi 3,9 millones), se quedó con un único escaño.

Tal vez el problema se acreciente al vincular la elección de los representantes en las cámaras legislativas con la determinación de quién gobierna. Esto, por ejemplo, no pasa exactamente así en Estados Unidos, donde se elige al Presidente en un proceso electoral diferente al de los Representantes y los Senadores; o en Francia, con un sistema no siempre equilibrado entre el Presidente de la República,elegido por voto directo, y el Presidente del Consejo de Ministros, elegido por la Asamblea Nacional; pero sí en la mayoría de países. En España se llega incluso a desvirtuar el proceso de la propaganda electoral de modo que parece que lo que se va a elegir no es el grupo de representantes de cada provincia en el Congreso de los Diputados y el Senado sino el Presidente del Gobierno. La elección del Presidente del Gobierno, sin embargo, es misión del Congreso durante la Sesión de Investidura, algo que con mayorías absolutas en el reparto de escaños resulta un puro trámite favorable al partido vencedor, pero que en situaciones inéditas de fragmentación (no había tanta atomización desde los tiempos de la II República) como la que se ha generado tras las últimas elecciones, obliga a negociar posibles mayorías mediante coalición, pacto o componenda varia, en la certeza de que ninguno de los partidos podrá hacer valer a su candidato sólo con sus votos mientras tenga a los demás en contra. Es una situación “interesante” que amenaza con divertidas sesiones y con el agotamiento del sistema previsto en la Constitución que obligaría a unas nuevas elecciones… y mientras a seguir administrados por un gobierno en funciones sin apoyo parlamentario (bueno, sin apoyo en el Congreso, porque en el Senado el PP ha obtenido una mayoría aplastante=más paradojas del sistema)

El asunto tendría menos trascendencia, aún teniéndola, sino estuviera sobre el tapete una cuestión de reforma constitucional que promueven, con distintos criterios, casi todos los grupos; pero, sobre todo, si no estuviera sucediendo lo que viene ocurriendo en Cataluña. Porque allí el secuestro de la democracia es aún mayor que en el conjunto de España. El ínclito Artur Mas se empeñó hace unos años en entrar en un juego de plante al Estado que le ha arrastrado y ha arrastrado a la sociedad catalana, que tras cinco años con él en la presidencia ha acudido tres veces a las urnas legalmente y una en plan festivalero y contra la ley, que ha visto cómo la coalición de partidos que era CiU, gracias a él, ha ido perdiendo consecutivamente votos, se ha dividido y su partido ha terminado en manos de ERC primero y de la CUP después. Allí sí que la democracia es vilipendiada. Todos usan su nombre y en su nombre dicen actuar, pero realmente ninguno atiende a la Democracia. Se montó un presunto referéndum, luego vestido con el disfraz de “consulta” (expresamente desautorizado por el Tribunal Constitucional), al que asistieron los amiguetes partidarios de la independencia y pretendieron que se viera en el aplastante resultado favorable (claro, votan sólo lo que van a votar sí y cuatro despistados) como un mandato democrático. Luego, montaron unas elecciones al parlamento de la comunidad autónoma vistiéndolas de “plebiscito”, como si el hecho de votar unas listas u otras significara estar a favor o en contra de la independencia… y los partidos o coaliciones que defendían expresamente esa opción, por mor de la misma historia de valor del voto ciudadano, sólo obtuvieron un 39,51 % de los votos, que unidos a los 8,21 % de la formación radical CUP seguían estando por debajo del 50 % Pero da igual, aunque parezca lo lógico valorar la opinión directa que representan los votos populares, como en el reparto de escaños sí alcanzaban una mayoría de 72 (62 + 10 de la CUP) había que hacer la lectura de que lo que valía era el número de escaños y eso les legitimaba para empezar el proceso de independencia. Pero ahí no queda la cosa. Resulta que la lista de coalición entre CDC y ERC, Junts pel Sí, iba encabezada por Raül Romeva, de ERC, aunque el candidato a President era Artur Mas, convertido en el adalid de la independencia. Pero los de la CUP no querían a Arturo de presidente y votaron en contra. Luego, se han pasado el ciclo navideño siendo el centro de atención, porque con sus 8,21 % de los votos y 10 diputados tenían en sus manos la llave de la puerta. Y después de varias reuniones, de consultas a sus bases, comités políticos, etc., después de que su carismático líder Antonio Baños terminará abandonado y renunciando a su escaño, a 48 horas del límite, terminan llegando a un acuerdo para votar por el candidato de Junts pel Sí… ¿Artur Mas? ¡No!, ¿Romeva?, ¡tampoco!, un tal Carles Puigdemont, que es Alcalde de Gerona y diputado en el Parlamento de Cataluña y que desde luego no era el candidato a presidente al que supuestamente se apoya al echar una papeleta u otra. Así pues, los ciudadanos de Cataluña van a tener por presidente de su comunidad autónoma a alguien con quien no contaban cuando votaron y con el respaldo de menos del 50 % de los votos de las elecciones. Eso sí, Mas se ha hecho el harakiri (o le ha fusilado la CUP, no sé) para permitir el éxito del “procès” y en 18 meses dinamitar la estructura constitucional de España. ¿Esto es democracia?… pues si esto es Democracia, me cisco en la Democracia.

Esta pandilla de insensatos que se dedican a la política tienen en sus manos resortes que terminan afectando a la vida cotidiana de todos. Sus decisiones, sus chanchullos, sus malas gestiones, provocan crisis, aumentan los impuestos, reducen los sueldos, hacen crecer los precios… y eso sí que afecta al ciudadano de a pie. Y uno quiere escuchar, ver qué proponen unos y otros y participar en el imperfecto sistema por ver si llega alguien que lo mejore; pero como esto siga así habrá que cerrar los ojos, dedicarse al entorno familiar más próximo, a salir adelante a pesar de los gobernantes, sean los que sean y estemos en el país que estemos, con 17 comunidades autónomas, 16 o ninguna. Y que voten ellos y sus amigos, que éste se “desapunta”.

 

 

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