DEBATE SIN VESTIDURA

PParlament

Definitivamente, soy un crédulo.

Ayer vencí las barreras interiores que puse ante mi credulidad hace casi seis meses cuando 350 diputados y 266 senadores se fueron a sus casas  habiendo cobrado sus suculentos sueldos y gozado de sus enormes prebendas sin haber dado un palo al agua, diciéndonos a los votantes que lo que habíamos dicho en diciembre de 2015 no valía para nada.

Sí, me dije a mí mismo que no iba a volver a preocuparme lo más mínimo por lo que hicieran o dejaran de hacer esa pandilla de inútiles. Fui consecuente con esa afirmación y el día 26 de junio les “dije” que conmigo no contaran para su festival y preferí disfrutar del aire de la sierra en lugar de gastar mi tiempo y mi dinero en desplazarme para “cagar” en una urna un voto que a ellos se la suda.

Pero soy tan estúpido que he vuelto a caer. Ayer, 30 de agosto, escuché el tedioso y anodino discurso del señor que lleva gobernando “en funciones” nueve meses sin despeinarse. Y hoy he aguantado la mayor parte de las intervenciones de ese mismo señor y de los restantes líderes de los grupos con representación en el Congreso de los Diputados.

Cuando ha terminado la tormenta de dislates verbales de unos y de otros y se ha materializado la votación la primera pregunta que se ha construido en mi torpe cerebro ha sido “¿Y para qué han hablado unos y otros durante más de doce horas?

***

El parlamentarismo me agrada. Me fascina la retórica orientada a la defensa de las propias ideas y a la legítima pretensión de convencer a los demás de que nuestras ideas son las mejores. Estoy convencido de que, sin duda, la mejor forma de resolver los asuntos que conciernen al buen gobierno de los estados es el intercambio de argumentos, en forma ordenada, respetuosa y correcta, con los tintes de entusiasmo, vehemencia o incluso emoción que las ideas que sustentan esos argumentos puedan inspirar. Y soy de la opinión de que TODAS las ideas son, en principio, dignas de ser escuchadas.

Pero, claro, el parlamentarismo no es sólo el juego de ese diálogo regulado por el turno de palabra que permite pronunciar discursos de exposición y de réplica. Hay todo un mundo detrás de las bambalinas del hemiciclo; ese mundo en el que trabajan las comisiones, en el que se producen encuentros bilaterales o multilaterales, en el que se gestionan iniciativas de mociones, propuestas, preguntas…

No dudo que en la intención de algunos de los diputados (inciso: el género gramatical masculino plural incluye a los dos géneros gramaticales, masculino y femenino) esté participar de modo activo en la vida parlamentaria; pero la imagen que transmiten hoy por hoy, que ME transmiten, es la de que son meros números en manos no sé muy bien si de sus líderes, de las ejecutivas de sus partidos o de qué. La práctica de la vida parlamentaria española de los últimos cuarenta años lleva a la conclusión de que sería mucho más barato que en lugar de elegir 350 diputados se repartieran 350 votos, es decir, que a las sesiones en las que se vota lo que sea acudan los diez o doce líderes, se tiren los trastos unos a otros y llegado el momento de la votación hagan como en una partida de cartas: “yo echo 137” “yo voy con 85 contra eso”; “yo pongo mis 32 para lo primero”.

***

Asistir a un debate como el de los días 30 y 31 de agosto termina siendo deprimente cuando ves que no sirve absolutamente para nada. ¿Para qué han hablado? ¿para que cada uno vuelva a exponer lo mismo que ya se sabe de antemano va a exponer? ¿para que éste o aquél se salgan del contexto y saquen a colación asuntos periclitados o que, en cualquier caso, no tienen nada que ver con lo que se debate?.

¿Escuchan sus señorías lo que hay detrás de los votos que les han llevado a ocupar uno de los puestos más privilegiados de este estado? NO, NO y NO.

Claro que no lo escuchan. ¿Se han planteado por qué cuando emiten por televisión un partido de fútbol de cierta importancia se vacían las calles y la gente se apelotona en los salones de sus casas o en los bares para verlo y cuando ellos “actúan” en un debate de la trascendencia del recién acabado la mayor parte de la gente sigue con sus vidas?

No, porque en realidad les da exactamente igual. Es más, estoy convencido de que les conviene que la gente pase de la actividad parlamentaria, que no se lea ni una línea de los programas electorales, que no les “analice”. Prefieren malear la opinión de sus posibles votantes con los cuatro estereotipos de los que cada uno hace bandera. Y la gente, el pueblo, los ciudadanos (tres conceptos que aluden a lo mismo pero que se tiñen de diferente color político dependiendo de quién los use) en su inmensa mayoría se deja llevar: tiene unas cuantas ideas preconcebidas, escucha una o dos intervenciones de campaña, charla con unos cuantos amigos, familiares y conocidos y define su voto. Luego, en realidad, sabe que su voto vale una higa, que podrá votar A o B o C pero que ni A, ni B ni C van a hacer lo que le han dicho que van a hacer. En muchos casos, oyendo algunas conversaciones, es como si uno fuera a votar igual que va a “echar” la quiniela o a comprar un décimo de lotería… hace una apuesta a ver si “sale” lo que él quiere, a ver si lo que sale le va a seguir jodiendo la vida o se la va a hacer un poco menos jodida.

***

Si no fuera un asunto tan serio sería hasta cómico.

Rajoy se enroca en sus presuntos éxitos económicos y fundamenta su argumento en datos de inflación, encuestas de población activa, PIB, renta per cápita, primas de riesgo (o sea, los datos fundamentales en los que piensa el ciudadano de a pie cuando va a comprar la comida)… y se arroga el mérito de “la recuperación”… cuando en realidad la economía mejora A PESAR de las políticas del PP; y mejora dependiendo de para quién.

Se habla de territorialidad, de nación, de patria y unos se enrocan en nacionalismos globales y otros se atrincheran en nacionalismos de barrio. ¿Se han dado cuenta de que estamos en el siglo XXI y que el concepto de nación va perdiendo sentido? No se dan cuenta ni unos ni otros y lo que hacen es distanciar cada vez más sus conceptos arrastrando a las sociedades (sea la española en su globalidad, sea la catalana, sea la vasca, la valenciana, la murciana o la de La Val d’Ará) a la fractura. Cuando hay que trabajar para la cohesión y la unión, trabajan para la desestructuración y la división.

Algunos dicen intentar (pensemos que lo hacen) alcanzar acuerdos, llegar a puntos de encuentro. Albert Rivera ha jugado ese papel en las dos últimas legislaturas: la fallida en mayo y la seguramente fallida de ahora. No le ha hecho ascos a pactar con el PSOE primero y con el PP después buscando, dicen, la gobernabilidad. Pero se ha contradicho en sus principios electorales al aceptar la figura de Rajoy.

Pedro Sánchez no se ha querido sumar a ese acuerdo aunque se recojan la mayor parte de los puntos del pacto que él mismo firmó con Ciudadanos hace unos meses. ¿Por qué? En parte por un principio ideológico de calado y en parte por un personalismo galopante.

Pablo Iglesias ha estado donde no tiene más remedio que estar que, en principio, debería ser NO a cualquier opción que no sea él mismo.

Los demás han estado en su papel (algunos meramente testimoniales) El señor Tardá (con quien no comparto mucho) ha sido de los pocos que han intervenido como parlamentario (salvo alguna que otra frase que, de verdad, no venía al caso); el señor Esteban (del PNV) me ha hecho recordar a uno de los parlamentarios que más me ha gustado (aunque tampoco compartiera con él demasiado), el señor Erkoreka. El Señor Homs me ha dado hasta pena, porque quién ha visto y quién ve a lo que queda de su partido;  y me sigue llamando la atención que a pesar de todo sigan interviniendo, él y los anteriormente citados en este párrafo, con argumentos que hablan de globalidad (en este sentido, me resulta más coherente la postura de la CUP que no se presenta a las elecciones generales porque no tienen interés en estar en un parlamento que consideran de un país distinto al suyo)

***

Sí, sencillamente, son incapaces.

Y no hay solución. Porque estos políticos no están dispuestos a hacer esa regeneración que cacarean… quieren hacer una regeneración de la que ellos sean exclusivos protagonistas, no la regeneración en la que coincida la mayoría.

¿Es tan difícil sentarse a una mesa y buscar los puntos comunes?

¿No se puede llegar a un punto de confluencia en el concepto de qué es España y qué son sus pueblos constitutivos?

¿No se puede llegar a una común visión de cómo debe articularse la representatividad, después de confirmado que el actual sistema es injusto?

¿No se pueden concertar unos puntos básicos sobre cuestiones como el empleo, la producción, los salarios, los impuestos, la distribución de los presupuestos?

¿No se puede llegar a acuerdo sobre los criterios básicos de la educación para evitar que estemos continuamente cambiando de sistema en función del ministro de turno?

¿No se puede concertar lo esencial sobre los servicios sociales esenciales?

¿No es asumible por todos que hay que buscar un desarrollo sostenible y respetuoso con el medio ambiente?

Para qué seguir.

No, definitivamente, no tenemos remedio.

Por eso, será mejor olvidarse y vivir la vida como mejor nos dejen.

 

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DEBATES, ¿DEMOCRACIA O COPROCRACIA?

psoeciuddemos

(En relación con el debate organizado por el diario El País -30/11/2015- entre los candidatos a Presidente del Gobierno de los partidos que cuentan, según las encuestas, con más posibilidades)

Debates.

Vencedores y vencidos.

¿Quién ganó? Desde luego, el que no ganó fue Rajoy, que no fue, demostrando una vez más que él está por encima del bien y del mal y que no hay nada mejor que no hacer nada (él prefiere ir a hablar de las chorradas del fútbol y darle collejas a su hijo por ser sincero)

Albert y Pablo traen aires de novedad…. bueno, de nuevas formas y de presuntas inocencias; pero al final terminan siendo lo mismo.

Lamentable el papel que le toca jugar a Pedro (sobre esta piedra edificaré mi vuelta a la poltrona), proponiendo lo que sus antecesores y mentores fueron incapaces de hacer.

“¡Y tú más!”…. eso es al final lo que se enseñorea de los debates electorales en esta España que nos sufrimos: Todos llevan preparados los dardos con los que intentan humillar al contrario…

¿Propuestas? Sí: deshacer lo que han hecho otros (lamentable, insisto, en el caso de Pedro Sánchez, que parece sólo proponer la derogación de las leyes del “pepé”, sin proponer con concreción, nada nuevo)

Podemos y Ciudadanos proponen y traen aires nuevos, como digo. Desde luego, no están pringados por 35 años de comisiones, puertas giratorias, enriquecimientos fraudulentos y un importarles una higa las consecuencias para los de abajo (creo que ninguno de los cargos, carguitos y carguetes del “pepé” y del “pesoe” de los últimos 35 años se encuentra en el umbral de la pobreza en el que están tantas familias, sino precisamente todo lo contrario); pero lo de los de naranja y los de morado parecen buenas intenciones sin el fundamento de lo posible. Porque al final de lo que se trata es de poder con el que puede, poder con el poderoso al que le da más o menos igual quién se crea que corta el bacalao, porque el que lo corta es él; ése que cuando un Pablo o un Albert lleguen, si llegan, al gobierno le dirá “ven aquí, majete, que te voy a explicar en dos palabras de qué va esto”.

Siempre he visto las botellas medio vacías, por eso me da que la solución a todo esto no existe. El salvaje capitalismo que se ha enseñoreado de casi todo no va a cejar, no se va a apear del burro, porque los cuatro que acumulan dinero (=Poder) quieren seguir acumulándolo y les da igual lo que pase por debajo de ellos: darán migajas para que el entramado les siga alimentando, pero les da igual si tú o tú tenéis para comer… es más, casi les resulta mejor que no lo tengas para que así te sometas más fácilmente a sus condiciones.

Pero la esperanza es lo último que se pierde.

Es lamentable que no se puedan juntar las intenciones de unos y otros; lo bueno de las propuestas de unos y otros y que el acuerdo no supere las fronteras.

El 21 de diciembre habrá un nuevo marco; un reparto de escaños totalmente diferente al de los últimos 35 años; pero mucho me temo que cuatro años después, gobierne quien gobierne, seguiremos lamentándonos de no tener un definitivo modelo territorial que ilusione a todos los españoles independientemente del siguiente gentilicio que les identifique; que no tendremos una sanidad universalizada, gratuita y de calidad; que no tendremos una educación pública, gratuita, laica y con currículos de una vez por todas consensuados y con proyección de futuro; que no tendremos unas infraestructuras económicas que garanticen el empleo con salarios dignos; que careceremos de una política de inversiones públicas en energías renovables (y de una independencia energética pública); que faltará un compromiso real, no sólo de palabra, con el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente; que seguirá sin haber, más allá de los discursos halagadores, una obligación pública con la lucha contra la pobreza, empezando por la calle de al lado y terminando por los países más desfavorecidos… y que seguiremos escuchando las vanas verborreas sobre igualdades de género (léase “sexo”, lo de género va de gramática raptada por lo político), sobre homofobias y xenofobias; sobre guerras legales e ilegales; sobre… sobre… Sobre, siempre, el “tú más” que ha presidido la política española en los últimos… bueno, por lo menos en los últimos doscientos años (desde que las voces de los que no eran monarcas, nobles u obispos empezaron a oírse un poquito)

Por eso, volviendo a lo del principio, ¿Quién ganó el debate?… ninguno (mención aparte el asunto de los “uniformes”: con o sin cobarta; con o sin americana). Y aunque alguno de ellos “gane” las elecciones el próximo 20 de diciembre, ninguno hará lo que dice que va a hacer porque tendrá que pactar con los que no se lo dejarán hacer.

El político encandila al votante y defrauda al que le ha votado.

EXTERMINIO O PAZ

Estoy convencido, la religión es la principal fuente de muerte en la historia de la Humanidad.

Deberían desaparecer absolutamente todas las religiones.

Sí, ya sé, la mayoría de los fieles de cualquiera de las religiones extendidas en el mundo no es violenta, vive su fe desde una postura de “amor” a los demás… pero son esas mismas religiones las que inspiran la ignorancia, el fanatismo y la muerte. Fanáticos o interesados iluminados convencen a muchos de la misión salvífica de actitudes como las protagonizadas por los asesinos que han inundado de sangre las calles de París. Ellos estaban convencidos de que cumplían un mandato divino, que luchaban contra una civilización a la que consideran enemiga de su fe… y llega a tal extremo su fanatismo que se inmolan haciendo explotar cargas de explosivos atadas a sus cuerpos mientras con la explosión se llevan por delante más víctimas. ¿Se preguntan lo que piensan, lo que sienten sus víctimas; lo que van a hacer sufrir a sus familias? ¿Se plantean algo diferente a la locura de un paraíso preparado para los supuestos ejecutores de infieles? ¿No piensan que a lo peor siembran más odio del que ellos vomitan con sus armas y explosivos?

Y, mira, lo peor es que da igual que ahora sea un engendro vestido de islamismo; antes eran los fanáticos políticos como ETA o el IRA o los diferentes “frentes de liberación” intentando conseguir a golpe de tiro en la nuca, de bombas, de secuestros, sus objetivos…. o la Inquisición… o las guerras de conquista… de modo que si se consiguiera acabar con las religiones esta aberración de la naturaleza que se llama Ser Humano, encontraría otras mil razones para justificar la violencia de unos hacia otros. ¿Será condición inherente a la naturaleza humana?… A lo peor la solución no es otra que el total exterminio de la Humanidad… el planeta lo agradecería.

¿Es tan difícil que nos dejemos unos a otros vivir en paz?

UNA DE LAS DOS…

Si no fuera por lo tremendamente grave que es en sí mismo, el asunto del noreste sería para reír… o para vomitar, no sé.

La huida hacia delante del que porta nombre de rey legendario, sin escuchar ni a la Ginebra de la razón ni al Merlín de la ley, es un dislate festivalero que sólo podía suceder en un país como éste en el que me ha tocado vivir. ¿Qué más da que la causa sea en el fondo la misma cuestión de dinero de siempre, y la de escurrir el bulto de la justicia cuando te están cercando con más del tres por ciento de las razones? ¿Qué más da que la legitimidad se la inventen sobre la marcha. sudándoles la entrepierna el asunto de las mayorías con las que pretendían leer  las últimas elecciones? ¿Qué más da que quien cacarea, pretendiendo seguir siendo el gallo del corral, lleve cinco años sin gobernar, dedicado sólo a hacer campaña de una causa sin futuro? ¿o es que tiene futuro? Que se lo digan al de la zapatilla en la boca, que puede pasar a la historia como el inútil que dejó desmoronarse un sistema que se decía democrático… porque si triunfa en sus objetivos esta estulticia estelada habrán dinamitado entre todos la ley, la máxima en el ordenamiento jurídico español, el Estatut, la Ley Electoral y todas las demás ¿Con qué santos cojones podrán venir después a decirle a cualquier ciudadano que no aparque el coche en zona azul?

Esto es una vergüenza universal. No creo que haya en el mundo civilizado y ordenado un país en el que pueda pasar algo como esto.

Pero en el fondo es lo mismo de siempre. Lo mismo que lleva protagonizando la historia de España en los últimos…. bueno no sé si ha sido nunca de otra forma… la división entre razón y locura; entre orden y despelote; entre buenos y malos; mejores y peores…

Me ha tocado vivir aquí, porque aquí nací, y quiero a este país porque es el mío, pero me hiela el corazón la España que no quiere serlo…

LA GENTE QUEDA QUE NI PINTADA

La gente.

-Cuenta cuánta gente.

-Tú, yo, ellos, aquéllos… mmm, me salen más de siete mil millones “de gente” (7.000.000.000, o, como dirían en USA, seven billion).

-¡No jodas!

-No, que si no hay más “gente”.

***

La bola de tierra, fuego, agua y aire en la que viajamos por el universo está “petada de peña”. Cada uno de los seres hupanos que vive es consciente (unos más y otros menos) de su existencia, siente sus necesidades vitales, procesa pensamientos; salvo excepciones, ve, oye, habla, degusta y palpa. La inmensa mayoría, fiel al principio “oculto” de la existencia, se preocupa esencialmente de subsistir: comer, tener prole y dar de comer a su prole. Para muchos no hay mucho más porque deben orientar todos sus recursos físicos a la cumplimentación de tales objetivos; pero otros muchos, gracias a eso que llamamos desarrollo, cubren esas necesidades y les queda “tiempo libre”, un tiempo que llenan con “algo”. Hay quienes se afanan por llenar ese tiempo leyendo, extrayendo del negro sobre blanco la médula de la conciencia de la gente que fue y es y que supo o sabe expresar; o escuchando esas magistrales formas de enlazar vibraciones en diferentes tonos, amplitudes, ritmos y cadencias que llamamos música; o disfrutando de un paisaje: del derroche de colores y sonidos que es consecuencia de un proceso de milenios de modelado mezclado con la marea de vida que lo inunda.

Pero cada uno de nosotros ve desde dentro, siente desde dentro y se proyecta en sucesivos círculos concéntricos formados por grupos de “gente”, respecto a los que va perdiendo paulatinamente la afinidad. Nos relacionamos con nuestra familia directa, a los que sentimos casi como parte de nosotros mismos, especialmente a los hijos, nos mantenemos vinculados por la sangre a nuestros padres, a los familiares de distintos grados; pero ya no los sentimos con la misma intensa vinculación; perdemos cuotas de afinidad en el círculo del trabajo, de la comunidad de vecinos, del barrio, de la ciudad… aunque podemos vincularnos con círculos más amplios en los que el hilo conductor es precisamente uno o un conjunto de elementos y factores de afinidad: un grupo político, una corriente religiosa, hasta un equipo de fútbol. De algún modo, esas formas de proyección y relación con los demás son consustanciales con la naturaleza humana… pero… Pero siempre ha habido “listos” que han “creado” o utilizado esos círculos para controlar, dominar y explotar al resto de la “gente”.

En realidad, a ti te importas tú y te importa un relativamente reducido grupo de “gente”; pero tú le importas más bien poco a tu vecino (salvo cuando votas en contra de su opinión en la junta de propietarios); menos aún le importas a uno que vive en tu propia ciudad y que ignora tu existencia… en ese plano, en ese círculo, pasas a ser uno más de un conjunto que, por ejemplo, a los ojos de la empresa municipal que gestiona el suministro de agua, sólo importas en cuanto a una unidad de “gente” sumada a las restantes unidades de “gente”, potenciales consumidores del agua… en ese nivel, y en el del país en el que vives, engrosarás las cifras con las que jugarán los cálculos estadísticos; tal vez alguna vez un empleado de una empresa del sector de las encuestas te haga algunas preguntas sobre tus gustos alimenticios, sobre el programa de televisión que ves o sobre tus intenciones de voto, y de tus respuestas extrapolarán las proyecciones que les permitan a las empresas, los partidos o los gobiernos diseñar sus estrategias propagandísticas…

Números. Somos sólo números en las cuentas de otros. Consumidores, votantes, feligreses, televidentes, parados, jubilados, contribuyentes… o soldados: números de “gente” transformada en fuerzas que oponer a otros y que completarán listas de bajas, de muertos y heridos que decidirán la causa, justa o injusta, que derrotará al enemigo; desperdicios de “gente”, “gente” fusilada, “gente” cadáver almacenada, quemada, exterminada…

Pero qué bien queda la “gente” adornando las estadísticas, jaleando la victoria de un político que les vende la idea de que los que han ganado son ellos; llenando un estadio para animar a su equipo, previo pago de un abono o una entrada; llenando un centro comercial para comprar, comprar y comprar…

“Gente”.

 

 

EL SENTIDO DE LA VIDA

SOBREVIVIR.

Ése y no otro es el sentido de la vida.

El Carbono y el Hidrógeno llevan combinándose eones.

Y su combinación puso las bases del desparrame vital de este Universo en el que los seres humanos somos sólo una de las millonarias formas de combinar.

Nuestra traumática circunstancia es que somos conscientes.

Somos conscientes y, por tanto, pensamos… y buscamos explicaciones, razones, motivos. ¿Para qué estamos en este jodido mundo? ¿Por qué existimos?

La duda vital ha servido para que los “listos” hayan terminado definiendo razones metafísicas tras las que se esconden evidentes afanes de dominación, de control, de sometimiento.

Pero no, no estamos aquí para ganarnos ningún paraíso a costa de someternos a los designios oficiales.

Estamos aquí por un puro azar que determinó que un espermatozoide de nuestro padre se combinara con un óvulo de nuestra madre, con el objetivo, precisamente, de, en el futuro, hacer exactamente lo mismo que ellos: multiplicar la especie para conseguir su perpetuación. Mientras tanto hay que subsistir, conseguir los medios para que nosotros mismos y, si ya la tenemos, nuestra prole sobreviva, y para que esta última pueda alcanzar las condiciones para seguir manteniendo la especie.

Vivimos para vivir.

Y lo demás es sólo un adorno.

NECESITO

Vacaciones Verano 2015 Julio. Ocaso

Necesito no sólo unos oídos para escuchar mis penas

sino un hombro en el que llorarlas.

 

Necesito no sólo unas manos que me ayuden a tender la ropa

sino unas manos que me quiten la ropa.

 

Necesito no sólo unos ojos que miren el infinito

sino unos ojos que me miren a los ojos.

 

Necesito no sólo unas manos que tomen la nada

sino una nada que me estreche las manos… (hold my hands)

 

Necesito no sólo unas brisas que muevan las cortinas

sino unos vientos que esculpan mis confines.

 

Necesito no sólo unas palabras amables de “¿¡Qué tal te va!?”

sino unas palabras amadoras de quiero que te vaya bien.

 

Necesito no sólo unos sones en inglés de “fields of gold”

sino que el oro de un “te quiero” inunde los campos de mis neuronas dormidas.

 

Necesito no sólo dormir

sino soñar en el sueño con el sueño del ensueño… y vivir, aunque sea en sueños, lo que sueño.

CATALUNYA, JUNTS PERQUÈ SÍ ES POT

CATAL

El próximo domingo, 27 de septiembre de 2015, puede convertirse en una fecha crucial en la historia de España.

En cualquier caso, llegar a esa fecha y celebrar unas elecciones autonómicas con el significado y el contenido que se les da es ya de por sí un acontecimiento significativo. Lo es porque en el marco de la legislación vigente (y digo yo que las leyes están por algo y para algo) se trata nada más que de unas elecciones al parlamento de una comunidad autónoma (las terceras en menos de cinco años), pero en la práctica se ha convertido en un acontecimiento con unas implicaciones transcendentales.

No hay ni una sola línea en la Constitución Española de 1978, al amparo de la cual se aprobó el Estatut d’Autonomia de Catalunya, y tampoco en éste, ni en la ley electoral general, ni en ninguna otra norma o disposición, en la que se diga nada de la posible existencia de eso que se ha llamado “elecciones plebiscitarias”. Los promotores y defensores de la independencia son los que han definido así las próximas elecciones… algo que de un modo u otro han aceptado, a juzgar por declaraciones y manifestaciones, el resto de partidos y coaliciones… y, claro, la prensa, que parece no planterase nunca con seriedad la asunción de determinadas formas de expresión que implícitamente dan credibilidad a las desfachateces de cualquiera (es el caso, por ejemplo, de la verborrea etarra, con expresiones como “lucha armada”, “conflicto político”, “acción”, que ganaron las columnas de los periódicos en sustitución de terrorismo, atentado, asesinato…)

Ya no hay más, estamos ante algo legalmente inexistente pero que parece ser acatado. Y como no hay norma que ampare el despropósito, son los propios promotores los que se permiten el lujo de arrogarse la facultad de hacer interpretación de los resultados. ¿Que la suma de votos no llega al 50 % a favor de la opción independentista? bueno, no pasa nada, aunque nos voten menos del 50 %, si tenemos más de la mitad de parlamentarios seguiremos adelante con la declaración unilateral de independencia… cuando uno se sale del marco de la ley todo vale.

Porque, sí, hay que tener en cuenta que, aunque parezca, por la propaganda, que los ciudadanos de Cataluña van a votar Sí o No a la independencia, sus votos se dirigen en realidad a listas formadas por partidos y coaliciones electorales y que los resultados se aplican a la adjudicación de los escaños bajo el sistema de listas cerradas y bloqueadas. Esa adjudicación se hace, conforme a la legislación vigente, por un sistema de proporcionalidad tan aceptable o discutible como cualquier otro (sistema o “ley” D’Hont), pero que está demostrado se trata de un sistema que favorece a los partidos o coaliciones mayoritarios y castiga a los que obtienen menos votos.

Así es que, en principio, el domingo, los ciudadanos que están empadronados en Cataluña podrán ir a votar, llegarán a su colegio electoral e introducirán primero en el sobre y luego en la urna una papeleta en la que no constará la pegunta “¿Quiere usted la independencia de Cataluña?” sino una ristra de nombres encabezados por el de la candidatura. Una vez cerrados los colegios electorales comenzará el proceso de recuento y a lo largo de la noche se irán conociendo los resultados. Aunque de acuerdo con esa legalidad vigente de la que se mofan los promotores del despropósito no habrá resultados oficiales hasta unos días después y el Parlament no se constituirá hasta muchas semanas después, el lunes 28 habrá sin duda “jolgorio” para unos y decepción para otros.

Legalmente, después de las elecciones Cataluña seguirá siendo una más de las 17 comunidades autónomas que forman España (más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla) y en principio nada cambiará esa situación. Pero los independentistas seguirán hablando de independencia. Si ganan (y ganar será un verbo que conjugarán a su conveniencia según sean los resultados) pondrán en marcha lo que han llamado “hoja de ruta” para en un plazo de 18 meses declarar unilateralmente la independencia. Algunos hablan de “negociar”… ¿negociar qué? ¿la independencia?… no le pueden pedir a ningún gobierno que respete el Estado de Derecho que negocie algo que actualmente no cabe en la legislación vigente y para lo que tampoco existen instrumentos, cauces o procedimientos. Por tanto, efectivamente, puestos a obcecarse en el objetivo de la independencia, no les cabe más que hacerlo contra la ley y por la fuerza de los hechos. En ese momento, quizás en ése y no antes, el gobierno central deberá actuar con toda la contundencia que le permite (y le exige) la Ley.

Pero el panorama se complica todavía más. Porque en diciembre habrá elecciones generales. Entonces, no sólo los catalanes, sino el resto de españoles seremos llamados a votar para elegir diputados y senadores, y de la distribución de escaños en el Congreso de Diputados se derivará la designación del nuevo Presidente de Gobierno. En la tesitura en la que andamos, con las lucidísimas intervenciones (pero más omisiones) del registrador de la propiedad, la hiriente sarta de recortes, presiones fiscales, corrupción galopante… y ante el crecimiento de nuevos partidos, todo apunta a que el despropósito del noreste coincidirá con una situación de gobernabilidad hipotecada por pactos, pactillos y acuerdetes.

***

La verdad es que si no fuera por la transcendencia histórica de la coyuntura sería para reírse de la estulticia de la clase política española en su totalidad (con muy honrosísimas y sensatas excepciones) Bueno, de los políticos y de los periodistas… y de la borreguería en general. Porque a ver si no es para esbozar una sonrisa de escepticismo escuchar algunas de las preocupaciones periodísticas frente a un futurible marco con una Cataluña independiente: ¿El FC Barcelona podrá jugar la liga española?… claro, lo más importante no es si Cataluña entrará en quiebra técnica, si, como es evidente, quedará automáticamente fuera de la Unión Europea, del sistema monetario del euro, del Tratado de Schengen y de la mismísima ONU; no, lo importante es si el Barça podrá seguir luciendo la senyera en el uniforme por todos los campos de España… como si no existieran otros equipos catalanes (incluido uno llamado “Español”), ni otros deportes y como si no fuera obvio que la independencia condenaría al equipo español más laureado en el siglo XXI a jugar en una liga menor y, seguramente, a la quiebra económica (mención aparte merecería el asunto de “la estelada”, la bandera independentista que mandaría al baúl de los recuerdos la senyera de toda la vida tras nueve siglos ondeando, una bandera inventada imitando la de Cuba y Puerto Rico; una bandera que no es la única propuesta… en un país de banderías, bandera para todo)

***

En Cataluña, el amigo Artur Mas ha estado cinco años mareando la perdiz con el asunto de referéndumes, consultas o elecciones plebiscitarias mientras el pueblo, aborregado por sus irresponsables dirigentes, nadaba en la crisis, el paro, los recortes en educación y sanidad (éstas, recordemos, competencia de la Generalitat, no del Gobierno central), mientras esos dirigentes chapoteaban en la corrupción galopante que, por otra parte, aqueja a toda España; y en lugar de manifestarse en contra de tanta tropelía en su contra, le hacen el juego a los que utilizando sentimientos quieren velar sus inmundicias y perpetuar su control del poder económico y político.

Y peor es que las propuestas independentistas alimenten los afanes con mentiras. Durante 35 años los catalanes han sido adoctrinados sistemáticamente para hacerles creer que Cataluña ha sido siempre una nación dominada por la fuerza, a la que se ha expoliado, a la que se le ha “robado” (“Espanya ens roba”, dicen). Han tergiversado la historia mintiendo descaradamente sobre episodios tan emblemáticos para el nacionalismo como el 11 de septiembre de 1714, pintándolo como un momento trágico de pérdida de independencia, una independencia jamás tenida (y nadie parece ser capaz de hacer valer la verdad de que fue sólo un punto más de la Guerra de Sucesión española, en la que hubo catalanes en los dos bandos, y que el derrotado no era precisamente el que proponía futuros más liberales) O han ignorado que durante más de dos siglos han sido una de las regiones mimadas, con una burguesía innovadora cuyos proyectos industriales se alimentaron con inversiones públicas y con mano de obra del resto de España. Da igual. El nacionalismo necesita de referentes históricos heroicos y si no los tiene se los inventa y basta. Así pasó durante cuarenta años con el nacionalismo español alimentado por Franco y así pasa allá donde se mire y haya un partido, organización, grupo, movimiento o lo que sea que proponga crear, mantener o engrandecer reales o ficticios colectivos nacionalistas.

***

Pero con todo, lo peor es que el daño causado al fragmentar la sociedad catalana en independentistas y no independentistas es que sea cual sea el fin al que conduzca todo este cúmulo de despropósitos, la herida no se cerrará en generaciones, si es que llega a cerrarse.

España es un concepto y es un hecho histórico. España sin Cataluña no sería España. Llevamos juntos, de un modo u otro, con fueros o sin fueros, con reyes comunes o distintos, muchos siglos. Los extremeños o los asturianos, los gallegos o los vascos, los aragoneses o los andaluces, los castellanos o los valencianos, los baleares, los canarios tienen su identidad, pero la tienen más que en sí mismos en función de su pertenencia a un colectivo que tira de la misma historia; un colectivo que es más si está unido y que debería tener un horizonte de fusión superior, en un primer escalón europeo, antes que de disgregación.

Junts, perquè sí es pot.

JUNTS

1931-1939 ESPAÑA II REPÚBLICA_7

JE SUIS…

Moi

No sé. Después de contemplar las campañas periodísticas por cualquier asunto y el derroche de memes, entradas y entradillas en Twitter, Facebook, Google+ y demás redes sociales, suelo terminar aborreciendo el asunto.

Por otra parte, no sé si por mi creciente tendencia a la fobia social, por mi excesiva precaución ante los encubiertos métodos de captar información personal o porque me revientan los “listos”, no suelo bajar la cerviz para seguir las indicaciones de esos memes que piden expresamente ser compartidos… y menos si lo hacen intentando tocar la médula sensible de la compasión o la vena supersticiosa que en mayor o menor medida llevamos todos los seres humanos. Eso de “cuelga esto en tu muro al menos un día. El 95% no lo hará…” me saca de mis casillas y por más que comparta el contenido del mensaje, no suelo seguir la instrucción.

El reciente episodio del asesinato de los miembros de la revista satírica francesa “Cherlie Hebdo” ha sido uno de esos acontecimientos que generan riadas de opiniones.

Grave es obvio que es, se mire por donde se mire. No consigo entender que nada pueda solucionarse matando a nadie.

Puedo entender la indignación de un musulmán, de un cristiano o de un judío porque alguien se mofe de sus símbolos. Lo que no puedo entender es que esa indignación conduzca a matar al autor de la mofa… En realidad lo que no puedo entender, bueno, entender sí, aceptar no, es que la Humanidad siga etiquetándose en función de falacias como las que alimentan las religiones; y menos que esas etiquetas conduzcan a versiones en las que la eliminación del resto es la consigna.

Por otra parte, desde el principio de este asunto, como con los ya casi “históricos” de Salman Rushdie y sus Versos satánicos o de las caricaturas de Mahoma publicadas en 2005 por Jyllands-Posten, me ha llamado la atención un hecho esencial: la revista Charlie Hebdo, como cualquier otra publicación, la lee el que quiere, no es de lectura obligatoria, no se obliga a nadie a contemplar todas y cada una de sus páginas. Esto vale para cualquier publicación, programa televisivo o radiofónico. Sí, puede ser bueno conocer lo que opinan los demás, pero si eso que opinan los demás te molesta, basta con no leer, no ver o no escuchar aquellas publicaciones o emisiones que te ofenden.

La historia está llena, sin embargo, de episodios de persecución de las ideas, lo que ha llevado a entregar a las llamas ingentes cantidades de libros… y de personas, por el simple hecho de opinar algo que no gustaba a quien tenía las riendas.

No, no estoy de acuerdo en limitar la libertad de expresión. Me gusta la sátira de cualquier cosa. No hay nada suficientemente sagrado o intocable con existencia real o irreal que no merezca algún chascarrillo. Me encantan los chistes sobre Jesucristo, sobre Abraham o sobre Mahoma y me parece ridículo escandalizarse por ello. Eso sí, jamás haría esa befa en la cara de un cristiano, un judío o un musulmán. Respeto sus creencias aunque no las comparto. Y me gustaría un mundo sin religiones, un mundo como el que imaginaba John Lennon en su icónica composición Imagine

Imagine there’s no Heaven
It’s easy if you try
And no Hell below us
Above us only sky

Imagine all the people
Living for today
Imagine there’s no country
It isn’t hard to do

Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you will join us
And the world will be as one

Imagine no posessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
Or Brotherhood of Man

Imagine all the people
Sharing all the world
You may say that I’m a dreamer
But I’m not the only one

I hope someday you will join us
And the world will be as one

(John Lennon)

 

¿POR QUÉ ODIO LA NAVIDAD?

Imagen obtenida en http://spikeandfreak.com/blog/ (nada advierte en ella sobre derechos de autor; caso de que los sientan vulnerados, por favor dejen un comentario y será eliminada de este blog

Imagen obtenida en http://spikeandfreak.com/blog/ (nada advierte en ella sobre derechos de autor; caso de que los sientan vulnerados, por favor dejen un comentario y será eliminada de este blog)

La Navidad me revienta de un modo exponencialmente proporcional al paso de mis años.

Cuando la distancia de mis ojos al suelo era la mitad que ahora, esos ojos me transmitían un paisaje diferente. Entonces este ciclo de días que llamamos “Navidades” comenzaba el día que en el Salón de Actos del colegio hacían la pública entrega de notas del primer trimestre y te hacían cantar el primer villancico. Mientras la distribución semanal de los días lo posibilitara, había años que ese primer día coincidía con el sorteo de la Lotería de modo que el ir y venir del colegio estaba acompañado de la melodía de las voces de los niños (entonces sólo en masculino) de San Ildefonso. Empezaba a oler a polvorón y a turrón del blando y la purpurina, el espumillón, las estrellas plateadas y las bolas de colores empezaban a adornar los comercios. El 24 amanecía con una luz especial: olía y sabía a Navidad. Las manos que admirabas y te servían de referente para el futuro llevaban las riendas de la confección del “belén” en el que tú ponías esa oveja, aquel pastor y a uno de los reyes magos, únicas piezas llamadas a variar su posición en un paulatino desplazamiento hasta el portal, marcando así el paso del ciclo festivo hasta el 6 de enero. Y vivías aquellos días, porque estabas literalmente sumergido en una sociedad confesional, con la trascendentalidad correspondiente. La cena de Nochebuena, en familia, se acomodaba al horario que permitiera llegar a tiempo a la Misa del Gallo, en el colegio, con otras familias de compañeros, y participabas con el ánimo prendado de una sugestión metafísica en la comunión o en el beso ritual en la rodilla del Niño… Y seguías en el ambiente festivo-religioso de los días siguientes, a ritmo de villancico, con el tradicional Torneo de Navidad de Baloncesto del Real Madrid, con los juegos fraternales, con un ligero “despendole” el día 31, nuevamente con la familia (en este caso ampliada a primos y tíos), cerrando los últimos doce segundos del año con la ingestión atropellada de esas mágicas gotas que eran las uvas y abriendo las primeras horas del nuevo año con la música, el humor y el espectáculo del programa que te ofrecía la única televisión disponible. Tu organismo infantil pasaba factura por la noche prolongada (no en exceso) con un sueño estirado a toda la mañana del uno de enero, aunque procurando llegar a tiempo para ver algunas imágenes del concierto de Año Nuevo desde Viena y la bendición Urbi et Orbe del Papa, especialmente cuando llegaba la sucesión de mensajes en decenas de idiomas y esperabas que llegara la pirueta papal en español. Y a seguir jugando en casa y esperando con creciente nerviosismo la llegada de esos magos portadores de juguetes que burlaban tu sueño en la madrugada del 6 de enero y a cambio de unos trozos de turrón y una copita de Chinchón te dejaban una lluvia de ilusión en forma de tren eléctrico, de fuerte Comansi o de Madelman. Una breve prórroga, por lo general de un solo día, servía para cerrar cartera y volver a la rutina del “tiempo normal”.

Sí, ese tiempo está grabado en la memoria; recuerdo la familiaridad, la ternura, el recogimiento, la amabilidad de aquellos días y por eso precisamente me revuelve las entrañas recordarlo; porque es un tiempo perdido, una estructura espacio-temporal que las circunstancias y algunas de las personas que rediseñaron mi existencia se encargaron de ir aniquilando.

Los errores de programación en ese código genético escrito en las cadenas del ADN se llevaron por delante las manos que construían el “belén” y que impulsaban la vida completa de aquellos y de todos los días; rompiendo la magia, haciendo que empezara a tambalearse el armazón metafísico y llevando inexorablemente a que “esos días” trajeran el angustioso recuerdo de “esos días”.

Vinieron supuestas materializaciones de proyectos de construcción de paralelos familiares que pretendía similares a aquellos en los que “esos días” tuvieron gozoso significado; pero trajeron en realidad nuevos factores de distorsión existencial especialmente crudos en “esos días”. Y terminaron rompiendo en pedazos de tiempo alquilados la sonrisa de quien debería haber jugado papel similar al mío cuando yo era el que medía cuatro palmos.

Y con la primera prueba fracturada, cuando el horizonte se tiñó de verde, cuando parecía que los pedazos podían volver a aglutinarse y la ilusión despuntaba, se multiplicó la rotura. Sacrifiqué mi sosiego y mi cordura unos años, representando la parodia de una normalidad inexistente, una parodia que incluía de especial forma y de forma especialmente dañina “esos días”. Y definitivamente “esos días” se convirtieron en un tiempo en alquiler, un reparto de presencias en el que la ilusión de los soportes de mi existencia justifica para mí a medias vestir de fiesta el tiempo arrendado.

 

Y ahora no soporto el primer aldabonazo de “las Navidades. Un primer aldabonazo que llega cada vez más pronto, porque la devoradora ambición comercial de los monstruos acaparadores que rigen el sistema socio-político-económico no pueden esperar y nada más explotar la novedosa (y oportunísima comercialmente) fiesta de Halloween (en breve, celebraremos también el Día de Acción de Gracias; los criadores de pavos lo están deseando) se lanzan a incitar al consumo navideño: los turrones llenan anaqueles en los supermercados desde primeros de noviembre, los anuncios de juguetes, perfumes, ropa… asaetean en todos los medios, por todas partes, y siempre con la coletilla navideña, regurgitando empalagosas frases que buscan mover los buenos sentimientos con el único fin de sangrar el bolsillo. Las ONG se vuelcan especialmente en sus campañas para conseguir que el falso sentimiento de solidaridad o el de culpabilidad se traduzca en un aumento de los ingresos… con finalidad positiva, sí, que falta hace, pero… No, no soporto los anuncios navideños (ni ninguno, por eso no veo televisión comercial, sólo películas y series grabadas) Y no, no aguanto la hipócrita actitud de la gente, esos supuestos deseos expresados en manidas frases hechas… de gente que el resto del año se comporta contigo y con todo el mundo como una odiosa fuente de desestabilidad y que dos días antes de comenzar el jolgorio te desea “feliz” (¡¡¡feliz!!!) lo que sea.

Y no, no soporto la ineludible clase del día previo al sorteo de la Lotería de Navidad, contándote la mecánica, entrevistando a los niños y obligándoles a demostrar cómo cantarían el gordo. Y no aguanto el soniquete del sorteo: toda una mañana con los mismos acordes y el baile de números asociados a cantidades de euro. Y me revienta que el premio no sólo nunca me toque sino que ni siquiera me roce y tenga que imaginarme mi modesta inversión en esperanza monetaria engrosando las arcas de un Estado que despilfarra y consiente que cuatro mangantes se lo lleven a Andorra, a Suiza o a Luxemburgo mientras merman mis derechos a asistencia sanitaria, se reducen las inversiones en educación…

Y no resisto la tensión que genera en los entramados familiares el reparto de cuerpos: que si esta cena en casa de…, que si esta comida en la casa de… que si vas a ir a…, que si vamos a… y los “¿que no vas a venir a cenar?“, “¿que prefieres pasar el día con…?“, “claro, nosotros ya no te importamos, prefieres a…“, “¿cómo te vas a quedar solo ese día?“…

Y aborrezco la ceremonia de las puñeteras uvas… “las uvas de la suerte“… ¿de qué mierda de suerte?, ¿aquella que me obliga a dar gracias por estar vivo?. Y no te digo de la bazofia ponzoñosa de ver las caras sonrientes de un pintipollo y una tetificial, copas de cava en mano, soltando sandeces antes y después de las campanadas y, antes, volviéndote a explicar como si fueras bobo de baba el rollo de los cuartos, de la bajada de la bola y el ritmo de las campanadas, que lo que único que me aportan durante su machacona sucesión es que sigue la misma historia, que los fines de año pasados siguen trayendo al nuevo el recuerdo de lo perdido y el anuncio de lo inexistente.

Y ya por no vomitar no entro demasiado en la estulticia suprema de la Cabalgata de Reyes, una putrefacta estratagema de manipulación de la ilusión infantil teñida crecientemente de falaz propaganda: ya sea la de productos y empresas o la de instituciones echándose flores.

 

No, no puedo soportar este tiempo que me robaron hace treinta y siete años y no sólo no me han dejado recuperar sino que me lo han despedazado. Sí, tú y tú… y colaborando a amargármelo tú también. Por eso, lo siento por ti, por ti y por ti; pero no esperes de mí que vuelva a sonreír sinceramente ninguna puñetera Navidad.

¡Buenas noches y próspero día nuevo!

 

MUS

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Tal vez pasó demasiado tiempo envidando y llevándose la mano, a chica y a grande; siempre llevó pares y su juego fue siempre el más cercano a treinta y una. Y las veces que echó el órdago le valió para ganar la partida, fuera de farol o con fundamento su bravuconada.

Pero jugó demasiado fuerte.

Su órdago al juego terminó siendo un juego de órdago… porque quien venía asumiendo las partidas perdidas, después de sentir que nuevamente caía derrotado (y tal vez para siempre), comprobó que llevaba un cinco, que llevaba un caballo… que llevaba un as…. ¡y un catorce!…. ¡¡¡treinta y una!!! ¿que el catorce era diez más que el origen?¿que era naipe desinstalado?… ¡pero eran treinta y una!

¡Se rompió la baraja!

¡Se acabó el mus!

¡Se acabaron los órdagos!

Y quien tanto había jugado y ganado partidas, de tanto haber jugado y ganado partidas, se quedó sin poder jugar y sin ganar partidas… a no ser a otro juego.

Y quien perdió las partidas, después de tanto perder partidas, comenzó a aprender otros juegos y comenzó a proyectar nuevas partidas.

***

El de Rodin lleva más de 100 años en ello, a día de hoy parece definitivo…

CORRUPCIÓN – INDIGNACIÓN

Corrup

Diccionario de la Real Academia Española:

corrupción.

(Del lat. corruptĭo, -ōnis).

1. f. Acción y efecto de corromper.

2. f. Alteración o vicio en un libro o escrito.

3. f. Vicio o abuso introducido en las cosas no materiales. Corrupción de costumbres, de voces.

4. f. Der. En las organizaciones, especialmente en las públicas, práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de aquellas en provecho, económico o de otra índole, de sus gestores.

5. f. ant. diarrea.

~ de menores.

1. f. Der. Delito consistente en promover o favorecer la prostitución de menores o incapaces, su utilización en actividades pornográficas o su participación en actos sexuales que perjudiquen el desarrollo de su personalidad.

indignación.

(Del lat. indignatĭo, -ōnis).

1. f. Enojo, ira, enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.

Dejando aparte la acepción relativa a la corrupción de menores (no vamos a hablar ahora de curas), así como la 5ª (por más que pueda llegar a producirse), nos quedamos con la 4ª de las acepciones de la expresión “corrupción”.

Son los gestores de lo público especialmente responsables de que esa gestión se ajuste a parámetros que alejen de la 4ª acepción aludida cualquier análisis de la misma.

La percepción de la realidad sobre la cosa pública hoy día se acerca peligrosamente a esa 4ª acepción y produce la 5ª

Pero tal vez convenga pararse a analizar más las causas que las consecuencias (lo visible: el estallido de los escándalos que informan de fortunas amasadas ilegalmente, de comisiones impuestas al margen de los contratos públicos, de desvíos de fondos…)

¿Es la causa una cuestión de idiosincrasia? ¿Es algo inherente a la sociedad en la que surge el fenómeno?

Quizás el hecho de que crezca en la base de esa sociedad una creciente indignación (véase la definición de la RAE) informe de que no se trata de algo consustancial con ella, que es fruto del afán acaparador de una casta hecha a sí misma sobre la base de una extracción tradicional de mangantes o por mor del “noemangantismo” de grupos advenedizos al poder.

Pero a uno se le plantea la duda de si la indignación se alimenta de sinceros sentimientos contrarios a las conductas fraudulentas o también se alimenta de la frustración de no ser quien engrose su patrimonio con cualquiera de los medios a su alcance. Porque desde la postura de quien nada tiene más que lo conseguido con su trabajo es indignante que otros naden en la abundancia gracias a hábiles estratagemas en el margen de lo legal cuando no radicalmente al otro lado de la línea. ¿Pero ese alguien pensaría lo mismo si tuviera a su alcance la opción de enriquecerse rebajando el listón de su “integridad”?

La historia de la Humanidad no es precisamente la del triunfo de las actitudes morales íntegras.

DEMOMIERDA

repu-2

Llegó y pasó el famoso 9-N
Si no fuera por el fondo, tremendamente transcendente, lo sucedido daría risa.
Resulta que a pesar de las declaraciones de ilegalidad por parte del Tribunal Constitucional el Gobierno no ha impedido que tenga lugar una de las más nefastas fantochadas pseudodemocráticas que podía imaginar el más abyecto diseñador de esperpentos. Es una prueba más de que este país es incapaz de gobernarse… vamos, que la piara de políticos que plagan las poltronas del poder son incapaces de gobernar.
Ya, ya sabemos que la consulta carece de validez legal alguna, que no es vinculante para nadie, que…
Pero los organizadores ya venden su supuesto éxito y los medios de comunicación le hacen oídos a un pretendido aplastante resultado favorable a la independencia.
Parece que nadie valora las circunstancias… y los resultados.

Las circunstancias:

El “proceso” lo han organizado los que son favorables al sí-sí: han diseñado el “censo electoral”, sin censo electoral, añadiendo a los jóvenes entre 16 y 18 años (buscando más cerebros adoctrinados); han diseñado las preguntas; han organizado el procedimiento; han presionado (puerta a puerta) a los ciudadanos…
Las preguntas desbordan de forma absoluta las competencias de la Comunidad Autónoma, que no tiene potestad para plantear a sus ciudadanos preguntas que se salen del marco de la Constitución.
El Tribunal Constitucional, sentenció la ilegalidad del “proceso” en sus parámetros iniciales, como “referéndum”, y con su formato de sucedáneo.
El Gobierno llamó al cumplimiento de la legalidad, pero sin poner los puntos sobre las íes (ni de la palabra “legalidad”, ni de “justicia”, ni de “prisión”)
La Generalitat dijo que dejaba el proceso en manos “privadas”… las de los más favorables a la independencia.
Garantías democráticas: 0

Los resultados:

Se vende como un gran “éxito” y alguno, como Junqueras, casi llora de la emoción: 80,76 % de Sí-Sí: “Sí quieren que Cataluña sea un Estado” y “Sí quieren que Cataluña sea un estado independiente”.
Bien… pero…
Resulta que ese 80,76 % es el porcentaje de “votantes” que ha dicho “Sí-Sí”, un total de 1.861.753 personas. Pero teniendo en cuenta que el “censo” era de 6.228.531 personas, resulta que sólo el 29,89 % de los catalanes con “derecho” a votar en el simulacro-juego han dicho “Sí-Sí” ¿es de recibo decir que el 80,76 % de los catalanes quieren la independencia? ¿Es justo que la voluntad del 29,89 % se imponga al restante 70,11 %?
Pero es más. La cuestión excede el marco catalán. La pregunta (o preguntas) apunta directamente a la línea de flotación de la Constitución de 1978 que “se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles”, y teniendo en cuenta que también la Constitución dice que “la soberanía nacional reside en el pueblo español”, ¿es justo que la opinión de 1.861.753 españoles baste para modificar un marco legal en el que viven 47.150.819?

No se ha cumplido la ley.
No se han cumplido las sentencias del Tribunal Constitucional.
El Gobierno español no ha tomado ninguna medida cautelar contra los que desde las instituciones han atentado contra la Constitución.

¡Menudo pitorreo!
EREs, Gürtel, Bárcenas y la contabilidad B del PP, las tarjetas de Cajamadrid, las comisiones de los Pujol…
¡Menudo pais de pacotilla!
¿Seriedad?
¿Democracia?… ¡Demomierda!

¡QUÉ ASCO!

CORRUPCIÓN

IPC

La Organización de Transparencia Internacional publica anualmente el llamado Índice de Percepción de la Corrupción (ver aquí). Se trata de un valor de 0 a 100 en el que 0 corresponde a la percepción de que la corrupción del sector público es total, es decir, que el juego limpio brilla por su ausencia y 100 corresponde a una gestión limpia, transparente, justa…

Son valorados 177 países y el ráncking es publicado anualmente.

En 2013 la clasificación fue encabezada (en sentido descendente) por Dinamarca y Nueva Zelanda, ex aequo, con 91 puntos (nadie es perfecto)

En la cola están Afganistán, Somalia y Corea del Norte con ¡¡¡ 8 !!! puntos

La “percepción” que lleva a construir el ráncking es la de un comité de “expertos” (que se supone no son nada corruptos); y esos señores, en 2013, “percibieron” que en España había un nivel de corrupción “medio”, calificándola con 49 puntos, lo que podríamos traducir como que casi la mitad del sector público es corrupto, o que de cada 2 políticos o funcionarios 1 es corrupto… no está mal.

A la vista de los escándalos que vienen salpicando las cabeceras de los diarios en los últimos tiempos uno se pregunta si en el ráncking de 2014 seguirá la caída de España en la clasificación (en 2012 su nota era de 65)… desde luego si la “percepción” la valorara quien esto escribe el 1 sería una calificación exagerada. Un país en el que das una patada a una piedra y salen cuatro mangantes; en el que de cada 10 palabras que dice un político, 11 son mentira…

La “percepción” en este momento es la de que la condición de político es la de “presunto corrupto”; podrá ser alguien de confianza, serio, cabal; pero, dados los antecedentes de sus colegas, siempre cabe esperar que todo sea apariencia y en realidad sea otro trincador más.

Cuando con la justificación de la crisis económica el ciudadano ha tenido que soportar la reducción (cuando no la desaparición) de su salario, ha visto aumentar los impuestos, mermar los servicios públicos… mientras con lo que le “quitaban” “rescataban” a los bancos… Cuando ahora ve que en entidades bancarias rescatadas, sus consejeros, además de unos sueldos desorbitados, disponían, sin control fiscal, de sobresueldos por la vía de tarjetas de crédito sobre los fondos del propio banco; o ve que éste o aquel cargo público ha engrosado cuentas corrientes en Suiza o en Andorra a base de comisiones fraudulentas… uno se queda con cara de bobo y se siente totalmente indefenso, sabedor de que al final, esos millones (que servirían para subsidiar a todos los ciudadanos durante años) no serán devueltos y los culpables no sufrirán los castigos que se merecen.

Y lo peor es la pérdida absoluta de confianza en el sistema y en las personas que deben conducir la administración a todos los niveles.

Extraña que las calles no se llenen todos los días de gente protestando, que no haya casos de desahuciados que se lían la manta a la cabeza y atacan a alguno de los mangantes por cuya mala gestión se encuentra en su estado… y no es extraño que las miradas se dirijan hacia grupos que proponen algo tan simple como echar del poder a quienes o son corruptos o no son capaces de impedir la corrupción.

 

9-N. NUEVE NECEDADES

ESPALUÑA-CATASPAÑA

Lo de Cataluña no es otra cosa que una suma de necedades. Necedades de los políticos catalanes y necedades de los políticos de los gobiernos centrales.

1. La retórica nacionalista es absolutamente eficaz. Sus principios ideológicos se fundamentan en el victimismo más absoluto; algo que se alimenta a sí mismo. Siempre hay un “enemigo” causante de todos los males del pueblo a redimir. Si alguien osa demostrar que tales males son fruto de la pésima gestión de quienes alardean de nacionalistas, éstos dirán que la acusación es fruto de la conspiración contra las aspiraciones del pueblo irredento; o sea, más victimismo contra el falso victimismo descubierto. Necedad absoluta.

2. Que los catalanes forman un grupo específico, con una cultura, una lengua y una tradición propias es innegable; pero su identidad se ha conformado y “es” en función de su imbricación en el conjunto de España, formando parte sustancial del tejido que da sentido al conjunto. Es una necedad pretender que Cataluña “sea” fuera de España y que España “sea” sin Cataluña.

3. Democracia en España (incluyendo Cataluña) es una mera denominación formal; en realidad, el sistema político es una oligarquía clientelar. El llamado Estado de las Autonomías consolidó la estructuración de veinte ámbitos de poder: las diecisiete comunidades, Ceuta y Melilla, y el gobierno central. En cada uno de ellos, la casta oligárquica se ha repartido el pastel. Y es mejor no dejar escapar ni una miga del pastel propio: en la versión más radical, siendo independiente el pastel es sólo para la casta del país independiente. Es una necedad presentar la independencia como fuente de Democracia.

4. En Cataluña existe un sentimiento independentista creciente. ¿Por qué? ¿Siempre se han sentido una nación diferente, subyugada? La estructura mental nacionalista ha diseñado un escenario en el que, efectivamente, Cataluña siempre fue una nación, sus derechos fueron “pisados” por Felipe V con los Decretos de Nueva Planta, después de aplastar su gloriosa resistencia el 11 de septiembre de 1714 y ahora llega la hora de “recuperar” la libertad perdida, después de un sufrimiento secular. Y, sí, un creciente número de catalanes se ha creído la sesgada interpretación de la historia. No es casual el momento del envite nacionalista; han pasado unos treinta años desde el inicio del sistema autonómico y desde que fueran transferidas las competencias en educación, consintiendo el diseño de los programas al albur de las necedades nacionalistas. La generación que ahora llena la sociedad catalana se ha educado recibiendo el mensaje sobre la Cataluña irredenta. Es una necedad no valorar la ingeniería independentista.

5. La independencia es presentada como solución a los males sociales, económicos y culturales. Uno se plantea, desde fuera de Cataluña, si eso será así. Lo piensa mientras se toma una pizza o un fuet de Casa Tarradellas, mientras bebe una copa de Freixenet, se acerca a un cajero de La Caixa… O mientras lee que desde que el desafío independentisa se hizo real han disminuido alarmantemente las inversiones extranjeras en Cataluña; o que el déficit público catalán ha crecido… Es una necedad pensar que la independencia es la panacea de todos los males; tal vez conduzca a más males: menor inversión exterior, reducción del comercio exterior, aumento de la deuda pública, aumento de la presión fiscal (ya de por sí la más alta de España), salida del sistema del €uro,…

6. Los Gobiernos centrales no han visto venir el problema y no lo han afrontado adecuadamente. Han sido en muchas ocasiones “presos” del nacionalismo. Tanto PSOE como PP han pactado con los nacionalistas en varias legislaturas. A la ciudadanía se le ha presentado como una entrega por parte de los nacionalistas para contribuir a la gobernabilidad. Es una necedad pensar que no aprovecharon la situación para sacar partido, precisamente el de hacer y deshacer a su antojo a cambio del apoyo en aquellas medidas gubernamentales que les convenían. Los gobiernos centrales, para asegurar las poltronas, se dejaron camelar por las presuntas actitudes solidarias del nacionalismo. Colaron (y a lo mejor eran sinceras) las buenas formas de Josep Tarradellas desde su “ja soc aquì“, e incluso las de Jordi Pujol (auténtico adalid de la casta oligárquica catalana que incluso creó un sistema de tributos personales: o me das comisión o no te llevas el contrato) y hasta las del Artur Mas de los primeros momentos (en 2000 declaraba que la independencia era algo poco menos que absurdo)… las actitudes posteriores demuestran que la sinceridad de su colaboración era simplemente una estrategia con proyección de futuro.

7. Es una necedad seguir empeñados en un camino que no tiene sentido legal. En el fondo los únicos que son consecuentes son los de ERC que proponen la declaración unilateral de independencia: puestos a no cumplir la ley es mejor hacerlo del todo y no andar con paños y pañitos calientes, con piruetas estrambóticas, toreando la legalidad vigente. Al amparo de la ley, la única vía del nacionalismo catalán (que apoyó la Constitución de 1978, respaldada en Cataluña con una mayoría aún superior que, por ejemplo, en Madrid) es promover una reforma constitucional que ampare la compartimentación de la soberanía (ahora del conjunto de los españoles)

8. Es una necedad obviar el fondo del actual órdago. No es despreciable el valor que tuvo la negativa de Mariano Rajoy a negociar con Mas un acuerdo fiscal similar al existente con el País Vasco, un sistema de concierto que permitiera a la Generalitat recaudar por su cuenta y contribuir con fondos negociables a las necesidades del Estado. La negativa desencadenó la navegación de Mas por el derrotero independentista, manejando las aspiraciones de ERC, en cuyos brazos se dejó acunar y despertando las ilusiones de los catalanistas más radicales (ahora es Mas quien es manejado por la corriente más radical y puede terminar con la ruptura de su propia coalición, CDC + UDC en CiU, y perder en favor de ERC buena parte de su electorado)

9. Y es una necedad ignorar la situación y no actuar positivamente para poner fin a una de las peores crisis imaginables para España. El gobierno actual parece quitar importancia al problema. Se enroca en la cuestión legalista y se cierra en banda ante lo que ya no es ignorable. No se puede contener únicamente con la legalidad la corriente creciente de independentismo; ignorarlo no hace otra cosa que alimentarlo. Por muy necio que sea todo el entramado, algo habrá que hacer.

El daño ya está hecho. Los políticos catalanes han enfrentado a los catalanes con el resto de españoles, han generado sentimientos injustos de animadversión de los catalanes hacia el resto de España; es más, les han convencido de que son algo distinto a España. Y han generado sentimientos de hartazgo: de hartazgo de los catalanes por un Estado que creen no les quiere y casi que les persigue, y hartazgo del resto de los españoles con respecto a los catalanes, con respecto a esos catalanes que no quieren saber nada del resto de los españoles, que desprecian su compañía en el tren de la historia.

¿Podrá alguien hacer algo para reconstruir los sentimientos?

¿Hará alguien algo positivo para hacer posible que no se rompa una unión centenaria?

¿O estaremos en el comienzo de la fragmentación de esa empresa común que los políticos llenaron de retórica grandilocuente mientras se encargaban de dinamitarla?

La suma de todos es posible…. pero tal vez no con los políticos actuales ni con los sistemas actuales.