DEMOCRACIA RAPTADA

Demosgracias

 

Democracia:

Demos (δῆμος) = pueblo

Kratos (κράτος) = poder

δημοκρατία = poder o gobierno del pueblo.

 

Proclamo: La democracia no existe ni ha existido, y, probablemente, no existirá.

 

Los antiguos griegos pasan por ser los “inventores” de la democracia. Sí, ellos, sobre todo los atenienses, estaban convencidos de que habían diseñado sistemas de gobierno que les distanciaban de las teocracias que les rodeaban, comparándose positivamente, con acierto, con los egipcios o con sus grandes “ogros”, los persas. Pero realmente “su” democracia era una pantomima. Los “ciudadanos” expresaban su voluntad y elegían a sus gobernantes; pero los “ciudadanos” eran una minoría de la población de cualquier ciudad-estado, cuyo sistema socioeconómico se sustentaba sobre una mano de obra esclava y sobre un patriarcado radical en el que las mujeres eran un objeto más, incluso menos valiosas que otros objetos.

La historia anterior, coetánea y posterior a los griegos ha visto infinitamente más gobiernos teocráticos, absolutos, dictatoriales… que gobiernos con participación “popular”.

Hasta la declaración de independencia de los Estados Unidos (1776) y la Revolución Francesa (1789) no hubo ningún texto legal en el que quedara constancia de la intención de que el pueblo, entendido en un sentido completo, participara en el gobierno, y ni por esas era un gobierno de “todo” el pueblo: en Estados Unidos había esclavos y las mujeres no votaban y en Francia las mujeres tampoco tenían derecho a decir esta boca es mía.

Sí, después se fueron eliminando de las legislaciones de la mayoría de los países dichos “democráticos” las limitaciones al sufragio. Que si eliminación del sufragio censitaro, que si aprobación del sufragio femenino, que si reducción a 18 años de la edad mínima para votar… pero en ningún caso, realmente, ha habido una auténtica participación popular en la toma de decisiones: se sustituyeron los sistemas de decisión autoritaria de uno o de unos pocos por sistemas en los que los que al final toman las decisiones modelan la voluntad de los que creen que con su voto deciden algo… ¡y no deciden una mierda!… como mucho pueden llegar a poner en dificultades el entramado de la superestructura del poder, pero ésta se acondicionará tarde o temprano para seguir tomando las decisiones de espaldas a las auténticas intenciones de los que votan.

Hoy existen en el Mundo eso que se viene en llamar “democracias consolidadas”. La de Estados Unidos pasa por ser para muchos una especie de paradigma, y tiene muchos aspectos realmente positivos; pero a nadie se le escapa que el sistema, como el de las demás democracias, se orienta a que los ciudadanos elijan representantes o presidente, según los casos, y ya sabemos que la inmensa mayoría de los que votan se guían por los cuatro aspectos de los proyectos de gobierno que se manosean durante las campañas electorales y los debates; luego, los elegidos, escudados en el “mandato popular” hacen y deshacen según su exclusivo criterio.

Bueno, quizás algunos pequeños países se puedan permitir el lujo de sistemas próximos a la auténtica democracia… próximos (se me ocurre el caso de Suiza, donde todas las decisiones de cierta relevancia son sometidas a referéndum); pero los países con más población y trascendencia internacional carecen en todos los casos de sistemas realmente democráticos. Incluso los hay que alardean de democracia y de respeto a las decisiones de las urnas y luego, cuando quienes gobiernan pierden, manosean las instituciones y las leyes para adaptarlas a sus intereses y dificultar o impedir la acción de los ganadores (véase Venezuela) Y otros se esfuerzan en hacer valer la decisión popular pero chocan con sistemas de decisión más poderosos que mediatizan sus fuerzas (véase el caso de Grecia y su plante fallido ante las auténticas fuerzas que gobiernan la Unión Europea) Y otros ven cómo el reparto de “opiniones” termina convirtiéndose en un mercadeo de alianzas, pactos, acuerdos, cesiones y concesiones que terminan haciendo que ninguna voluntad se materialice.

Todo esto da para mucho y no renuncio a dedicarle alguna o algunas próximas entradas; pero hoy sólo quiero, además de dejar constancia de la idea base tratada hasta ahora, hablar de la situación del país en el que nací.

Si ya estaba claro antes, desde el pasado mes de septiembre asistimos a un conjunto de circunstancias que evidencian de modo palmario cómo la democracia se halla completamente secuestrada en España.

Lo está en el conjunto. Las elecciones celebradas el pasado 20 de diciembre han puesto en evidencia, en primer término, las tremendas imperfecciones del sistema electoral. Porque una cosa es proclamarse estado democrático y representativo, pero hay que materializarlo en un sistema legal que articule la forma concreta como ha de llevarse a cabo. Parece que lo más “lógico” es que todos los ciudadanos participen en el proceso electoral de un modo igualitario, que todos sientan útil en la misma proporción su voto. Pero no es así. Resulta especialmente llamativo, por poner un par de ejemplos, que un partido como el PSOE, con 5.530.693 votos haya obtenido 90 diputados y Podemos, con 5.189.333, sólo haya alcanzado los 69; y más aún que Izquierda Unida (esta vez bajo la “marca” Unidad Popular en Común) se haya quedado en sólo 2 diputados con casi un millón de votos, mientras partidos nacionalistas como ERC, DL o PNV hayan obtenido 9, 8 y 6 diputados con la mitad de votos que IU. La razón se encuentra no sólo en el sistema de proporcionalidad sino en la asignación de diputados por provincias. Y es que en un país como España, con una añeja cuestión de encaje territorial, resulta complicado equilibrar derecho de los ciudadanos con derecho de los territorios (algo que debería tener otro procedimiento de canalización de la representatividad). Y a lo peor no deberíamos quejarnos demasiado de esto, al fin y al cabo hay otros sistemas donde el desequilibrio es mayor, especialmente con sistemas mayoritarios por circunscripciones, como es el caso de Estados Unidos o del Reino Unido. En Estados Unidos, las últimas elecciones dieron como resultado que el Partido Republicano, con el 51,2 % de los votos obtuviera el 56,8 % de los escaños y el Partido Demócrata, con el 45,5 % de votos lograra el 43,2 % de escaños. En el Reino Unido el asunto es peor; así, el Partido Conservador obtuvo en mayo de 2015 el 50,8 % de los escaños con el 36,9 % de los votos, y, en caso con paralelismos hispanos, el Partido Nacional Escocés obtuvo el 8,6 % de los escaños (56) con el 4,7 % de los votos (aproximadamente 1,5 millones), mientras que el Partido de la Independencia del Reino Unido, que obtuvo más del triple de votos que el anterior (casi 3,9 millones), se quedó con un único escaño.

Tal vez el problema se acreciente al vincular la elección de los representantes en las cámaras legislativas con la determinación de quién gobierna. Esto, por ejemplo, no pasa exactamente así en Estados Unidos, donde se elige al Presidente en un proceso electoral diferente al de los Representantes y los Senadores; o en Francia, con un sistema no siempre equilibrado entre el Presidente de la República,elegido por voto directo, y el Presidente del Consejo de Ministros, elegido por la Asamblea Nacional; pero sí en la mayoría de países. En España se llega incluso a desvirtuar el proceso de la propaganda electoral de modo que parece que lo que se va a elegir no es el grupo de representantes de cada provincia en el Congreso de los Diputados y el Senado sino el Presidente del Gobierno. La elección del Presidente del Gobierno, sin embargo, es misión del Congreso durante la Sesión de Investidura, algo que con mayorías absolutas en el reparto de escaños resulta un puro trámite favorable al partido vencedor, pero que en situaciones inéditas de fragmentación (no había tanta atomización desde los tiempos de la II República) como la que se ha generado tras las últimas elecciones, obliga a negociar posibles mayorías mediante coalición, pacto o componenda varia, en la certeza de que ninguno de los partidos podrá hacer valer a su candidato sólo con sus votos mientras tenga a los demás en contra. Es una situación “interesante” que amenaza con divertidas sesiones y con el agotamiento del sistema previsto en la Constitución que obligaría a unas nuevas elecciones… y mientras a seguir administrados por un gobierno en funciones sin apoyo parlamentario (bueno, sin apoyo en el Congreso, porque en el Senado el PP ha obtenido una mayoría aplastante=más paradojas del sistema)

El asunto tendría menos trascendencia, aún teniéndola, sino estuviera sobre el tapete una cuestión de reforma constitucional que promueven, con distintos criterios, casi todos los grupos; pero, sobre todo, si no estuviera sucediendo lo que viene ocurriendo en Cataluña. Porque allí el secuestro de la democracia es aún mayor que en el conjunto de España. El ínclito Artur Mas se empeñó hace unos años en entrar en un juego de plante al Estado que le ha arrastrado y ha arrastrado a la sociedad catalana, que tras cinco años con él en la presidencia ha acudido tres veces a las urnas legalmente y una en plan festivalero y contra la ley, que ha visto cómo la coalición de partidos que era CiU, gracias a él, ha ido perdiendo consecutivamente votos, se ha dividido y su partido ha terminado en manos de ERC primero y de la CUP después. Allí sí que la democracia es vilipendiada. Todos usan su nombre y en su nombre dicen actuar, pero realmente ninguno atiende a la Democracia. Se montó un presunto referéndum, luego vestido con el disfraz de “consulta” (expresamente desautorizado por el Tribunal Constitucional), al que asistieron los amiguetes partidarios de la independencia y pretendieron que se viera en el aplastante resultado favorable (claro, votan sólo lo que van a votar sí y cuatro despistados) como un mandato democrático. Luego, montaron unas elecciones al parlamento de la comunidad autónoma vistiéndolas de “plebiscito”, como si el hecho de votar unas listas u otras significara estar a favor o en contra de la independencia… y los partidos o coaliciones que defendían expresamente esa opción, por mor de la misma historia de valor del voto ciudadano, sólo obtuvieron un 39,51 % de los votos, que unidos a los 8,21 % de la formación radical CUP seguían estando por debajo del 50 % Pero da igual, aunque parezca lo lógico valorar la opinión directa que representan los votos populares, como en el reparto de escaños sí alcanzaban una mayoría de 72 (62 + 10 de la CUP) había que hacer la lectura de que lo que valía era el número de escaños y eso les legitimaba para empezar el proceso de independencia. Pero ahí no queda la cosa. Resulta que la lista de coalición entre CDC y ERC, Junts pel Sí, iba encabezada por Raül Romeva, de ERC, aunque el candidato a President era Artur Mas, convertido en el adalid de la independencia. Pero los de la CUP no querían a Arturo de presidente y votaron en contra. Luego, se han pasado el ciclo navideño siendo el centro de atención, porque con sus 8,21 % de los votos y 10 diputados tenían en sus manos la llave de la puerta. Y después de varias reuniones, de consultas a sus bases, comités políticos, etc., después de que su carismático líder Antonio Baños terminará abandonado y renunciando a su escaño, a 48 horas del límite, terminan llegando a un acuerdo para votar por el candidato de Junts pel Sí… ¿Artur Mas? ¡No!, ¿Romeva?, ¡tampoco!, un tal Carles Puigdemont, que es Alcalde de Gerona y diputado en el Parlamento de Cataluña y que desde luego no era el candidato a presidente al que supuestamente se apoya al echar una papeleta u otra. Así pues, los ciudadanos de Cataluña van a tener por presidente de su comunidad autónoma a alguien con quien no contaban cuando votaron y con el respaldo de menos del 50 % de los votos de las elecciones. Eso sí, Mas se ha hecho el harakiri (o le ha fusilado la CUP, no sé) para permitir el éxito del “procès” y en 18 meses dinamitar la estructura constitucional de España. ¿Esto es democracia?… pues si esto es Democracia, me cisco en la Democracia.

Esta pandilla de insensatos que se dedican a la política tienen en sus manos resortes que terminan afectando a la vida cotidiana de todos. Sus decisiones, sus chanchullos, sus malas gestiones, provocan crisis, aumentan los impuestos, reducen los sueldos, hacen crecer los precios… y eso sí que afecta al ciudadano de a pie. Y uno quiere escuchar, ver qué proponen unos y otros y participar en el imperfecto sistema por ver si llega alguien que lo mejore; pero como esto siga así habrá que cerrar los ojos, dedicarse al entorno familiar más próximo, a salir adelante a pesar de los gobernantes, sean los que sean y estemos en el país que estemos, con 17 comunidades autónomas, 16 o ninguna. Y que voten ellos y sus amigos, que éste se “desapunta”.

 

 

FIESTA NACIONAL

POLÍTICOS

Uno es de donde nace y muy digno es sentir un amor especial por la tierra en la que se sustentan las espirales de tu ADN… pero es tan relativo… Porque basta con una generación para que todo sea diferente: el hijo nacido en Chipre de padres malteses seguramente se sentirá más chipriota que sus padres se sintieron nunca malteses.

Y cada uno siente como siente. Hay quien, en el caso que nos ocupa, no se ha sentido en su vida español ni cinco minutos seguidos; pero acepta un premio que en su denominación incluye el término “nacional”; hay quien se revuelve, a quien se le descomponen las neuronas viendo que en su DNI pone la palabra “España” y lo lleva como si le quemara en la cartera; y hay quien pasa absolutamente de todo y asume que su nacionalidad es accidental y no precisamente obligatoria para el resto de su vida.

Pero sentir una vinculación serena, pero emocionada, por esa conjunción de tierra y gentes, de costumbres y aires; de colores y sonidos; es decente y ha de ser respetada.

Digno es vibrar por dentro al ver ondear un trapo con colores, que es trapo para unos y partitura de proyectos universales para otros; y digno es pasar de ello y vivir la vida de cada día en el marco sociopolítico en el que te ha tocado hacerlo.

No hay país en el mundo que no tenga su fiesta nacional. La cuestión de la elección del día es otro tema. En Francia, por ejemplo, celebran su fiesta el 14 de julio ¿celebran el inicio de un proceso en el que rodaron las cabezas de miles de aristócratas y no aristócratas y, de alguna manera, el inicio de una sucesión de acontecimientos que llevaron al poder a Napoléon y generaron uno de los múltiples conflictos bélicos europeos? Sí y no. En realidad celebran que son un pueblo con unas premisas unificadoras en las que cree la mayoría y eligieron el 14 de julio por ser una fecha emblemática en su historia, el día en el que comenzó la llamada Revolución Francesa que trajo por primera vez a Europa los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, independientemente de la sangre que corriera.

En España, la fiesta nacional se celebra el 12 de octubre. El hecho histórico que sirve de referencia es el llamado Descubrimiento de América, un hecho épico en sí, el protagonizado por un puñado de hombres a bordo de unos cascarones de nuez surcando el Atlántico. Algo que llevó al conocimiento mutuo de dos continentes (no entro aquí en las cuestiones sobre las seguras llegadas a América de vikingos, chinos o incluso fenicios o griegos y, sobre todo, de los propios indígenas americanos, los primeros descubridores del continente sin lugar a dudas) Claro que los siguientes años, a partir de ese día, se inició un proceso de conquista en el que la superioridad del armamento, la astucia, la ambición y el contagio de virus provocaron uno de los mayores desastres humanos que llevó a la extinción de infinidad de grupos indígenas… algo en lo que tuvieron su responsabilidad los españoles de entonces; pero de lo que no fueron sólo inocentes espectadores los ingleses, los franceses o incluso, al principio, los propios indígenas, aliados con los conquistadores para sojuzgar a otros grupos enemigos. En cualquier caso quienes no somos responsables de aquello somos los españoles del siglo XXI. Yo no fui a América a matar a nadie ni a traerme oro (lo cierto es que aquel oro no está en España desde hace casi tantas generaciones como las que hace que fue traído, se desparramó por Europa y fue dilapidado por unos monarcas nefastos) Lo curioso es que hoy en día algunos de los que desde América claman por el “genocidio” son precisamente descendientes de los españoles que allí fueron, no indígenas. Con ello no quiero quitarle hierro al asunto, que lo tiene, como todo acontecimiento de la historia de esta despreciable humanidad que ha tenido siempre por norte medrar a costa de los demás. Porque, sí, despreciable es que la conquista de América llevara consigo la muerte de millones de personas y el expolio de oro, plata y otros metales; igual que así habría que catalogar la conquista romana de España, que condujo a la desaparición de poblaciones enteras y al expolio continuo de oro, cobre, plata, ganado, cereales y seres humanos utilizados como esclavos. La Historia no ha sido precisamente una dulce sucesión de hechos maravillosos.

¿Sirve pues de algo revolverse con saña y casi con odio por la celebración de una fiesta un día como hoy? Pues no (aunque sea respetable) Y hoy me han llamado la atención varias de esas reacciones. Un actor, por ejemplo, se ha soltado con una sarta de improperios contra el 12 de octubre; una alcaldesa ha dicho que siente vergüenza por un Estado que celebra un genocidio y se gasta 800.000 euros en un desfile militar (en su Comunidad Autónoma llevan gastados muchos más en una sucesión de elecciones y festivales, pero eso no parece contar… y eso que, efectivamente, me parece que hay otras cosas en las que gastarse el dinero)

En cualquier caso, todo esto demuestra la degradación de la identidad de lo Español. Si la disolución de lo español fuera acompañado de la construcción de algo superior, vale; pero el aldeanismo al que lleva no es lo deseable. Hace falta reconstruir un proyecto común. Un proyecto que no esté dirigido por el dinero, por el pelotazo, por los poderosos, sino por la gente que trabaja, que vive día a día intentando sacar a los suyos adelante; por las gentes de todos los rincones de la tierra a la que la historia ha llamado España, buscando lo coincidente y no lo excluyente. Y si ese proyecto requiere nuevas banderas, nuevos himnos y fiestas diferentes pues que así sea.

LA BALCANIZACIÓN DE ESPAÑA

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España es un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

Así reza el Artículo 1º de la Constitución Española de 1978, texto que, en el marco del Estado Español, está por encima de cualquier otra norma, precisamente por el principio de jerarquía normativa que se encierra en el concepto de Estado de Derecho.

Siempre he dicho que las leyes están para algo. Se supone que para cumplirlas. Que son fruto de una elaboración meditada y que su aprobación se rige por el principio de mayorías parlamentarias emanadas de la expresión de la voluntad popular a través de elecciones libres (¡menuda pastelada… que ni yo me creo!). De acuerdo con eso, España se articula, conforme a su Constitución, en 17 Comunidades Autónomas y 2 Ciudades Autónomas (Ceuta y Melilla)

El asunto, tema, problema, territorial ha estado presente en la Historia de España prácticamente desde el origen del concepto mismo de Hispania. Pero es a raíz de la Ilustración, alambicada después por la revolución industrial, mezclada con los ancestrales principios medievales de derechos y compromisos feudales, cuando el asunto de la territorialidad, en el marco de la Modernidad, pasa a constituir un “problema”.

Francia, por ejemplo, hizo tabla rasa respecto a los principios de territorialidad con la Revolución. Se acabaron las especificidades de los territorios que componían el Estado, todos eran iguales y la administración tenía que articularse de un modo homogéneo, estructurado del modo más eficiente y eficaz posible. Adiós al Ducado de Borgoña, al Franco Condado, al Delfinado, Provenza… Pero en España, la asimétrica construcción del Estado de los Austrias entró en conflicto con la modernidad ilustrada, con la centralidad, la homogeneidad garante de la igualdad que los aires ilustrados venidos del norte francés parecían vislumbrar.

Tras la Guerra de Sucesión y el cambio de dinastía… la asimetría legal heredada de la noche medieval se manifestaba en la práctica de un modo diferente. En las Vascongadas y en Navarra se mantenía en esencia el principio de pacto y en Cataluña y los territorios de la antigua Corona de Aragón se hacía tabla rasa y se ponía fin a los pactos medievales corona-territorios y se les incorporaba a la homogeneidad legal (lo que también había sucedido en Castilla). Tal vez si el principio ilustrado, primero, y el revolucionario liberal que ha encumbrado a Francia como paradigma y vórtice de la contemporaneidad, después, se hubiera aplicado de modo radical hoy no hablaríamos de Cataluña, Euzkadi, etc. sino de Departamento de los Pirineos Orientales, Departamento de los Pirineos Occidentales, Departamento del Ebro Meridional… y a nadie se le ocurriría enarbolar una bandera cuatribarrada con aditamento estelado .

Pero el hoy es hoy porque el ayer ha sido como ha sido. La ineficacia, la pacata forma de actuación de los políticos de los últimos chorriocientos años nos ha llevado a que en 2015, cuando deberíamos estar hablando de creación de superestructuras estatales, sigamos hablando de maniqueos derechos históricos (cuando la Historia, la real, la auténtica, es desconocida para la mayoría y manejada por los interesados tergiversadores pescadores en ríos revueltos) y proponiendo desintegraciones de entidades que fueron siempre íntegra manifestación de una realidad polimórfica.

Pero no hay más. Hoy España se conduce, por la ineficacia, estulticia e ignorancia de sus políticos a la desintegración.

El término “balcanización” alude a la situación  casi ancestral de la Península de los Balcanes, donde el encontronazo entre los imperios occidentales y el Imperio Otomano, desde el siglo XVI, llevó a una atomización de territorios con etnias, creencias y paradigmas políticos diferentes, un auténtico mosaico explosivo que fue el germen (entre otros factores) de la I Guerra Mundial y que ha causado no pocos conflictos desde la caída de las llamadas “democracias populares” y el estallido de la antigua Yugoslavia.

La situación balcánica fue (es) especialmente tensa y ha conducido a innumerables situaciones de quebranto moral y existencial, con guerras incontables, persecución étnico-religiosa… baños de sangre que han regado el suelo desde Zagreb a Pristina; desde Dubrovnik a Srebrenica.

No, no es comparable la situación de los Balcanes con la de España; pero si entendemos el concepto “balcanización” como el proceso por el cual un Estado se fragmenta en otros pequeños entes territoriales antagónicos… ¿será ése el futuro?

Insisto en que no es comprable. Las circunstancias, el devenir histórico, la realidad social y cultural, los fundamentos políticos, no son los mismos. De ahí que adolezcan de vicio conceptual de base los discursos que establecen paralelos, por ejemplo, entre Cataluña y Escocia. Pero lo que sí es cierto es que el problema territorial existe, Y existe porque nunca se ha sabido solucionar.

De nada vale analizar los orígenes de los actuales nacionalismos. Es evidente que no se trata de un origen popular, aunque hoy sea un asunto popular. En su origen son impulsos nacidos entre la burguesía acaudalada, precisamente la que se alimentó de las inversiones públicas estatales para sus industrias, sobre la base de una innegable identidad cultural y lingüística; algo que no debería ser disgregador sino enriquecedor. La identidad, digo, es innegable y es comprensible y hasta exigible su defensa; pero sin exclusiones y con la verdad por delante.

El “problema” (obviando el peregrino episodio protagonizado en 1641 por Pau Clarís, simultáneo con la separación de Portugal y otros “festivos” hechos como el del Duque de Medina Sidonia en Andalucía) estaba ahí desde finales del siglo XIX, más sin duda en Cataluña que en el País Vasco, tal vez, en esencia, porque en las provincias vascas, el sistema foral satisfacía los afanes financieros burgueses; algo que faltaba en Cataluña, aunque en ambos territorios se volcaban las inversiones del Estado, enriqueciéndolas y haciéndolas foco de atracción para miles de “migrantes” procedentes de las regiones españolas más deprimidas (que venían a ser todas las demás), algo que “mestizó” considerablemente las sociedades respectivas.

Los tímidos intentos de solución comenzaron con la creación en 1914 de la Mancomunidad de Cataluña, impulsada por Enric Prat de la Riba desde Barcelona y defendida en las Cortes Españolas por José Canalejas. Fue, pues, creada en el marco del ordenamiento jurídico español y en ese mismo marco, con matices y tendencias distintas, fue disuelta durante la Dictadura del General Miguel Primo de Rivera.

Proclamada la II República, el mismo día 14 de abril de 1931, el del inicial desbarajuste de la caída de la Monarquía, Francesc Macià proclamó desde el balcón de la Generalitat la República Catalana dentro de la República Federal Española (algo aún inexistente… y que no existiría como tal); tres días después el asunto pasaba al anecdotario de aquella convulsa jornada; pero un año después se materializaba la aspiración autonomista catalana con la aprobación por las Cortes Españolas del Estatuto de Autonomía que defendió con vigor Manuel Azaña. El Estatuto estuvo en vigor hasta la Guerra Civil, con el paréntesis provocado por la suspensión de la autonomía por el gobierno Radical-cedista tras la proclamación por Lluís Companys del “Estado catalán dentro de la República Federal Española”.

Durante la Dictadura de Francisco Franco, el nacionalismo español se impuso y cualquier vertiente nacionalista de otro porte fue ahogada; pero si por una parte se limitaba hasta su casi prohibición el uso de las lenguas vernáculas y se ignoraba cualquier tipo de autonomía política, por otra seguía el casi mimo económico, manteniendo unas inversiones estatales más que generosas. En ese marco, el catalanismo siguió siendo un sentimiento, pero un sentimiento expresado con eso vino en llamarse “seny”; mientras en el País Vasco el nacionalismo radical, mezclado con tesis marxistas-leninistas se echaba al monte (precisamente el nacionalismo que menos había incordiado hasta entonces) y argumentaba sus aspiraciones con bombas, secuestros y pistoletazos en la nuca.

Y llegó eso que ha dado en llamarse “Transición” y el nuevo marco legal amparado por la Constitución de 1978 hizo del hecho diferencial de las “nacionalidades” y regiones algo consustancial con el concepto de Estado. En el marco del texto constitucional llegó el sistema de autonomías que ha llevado a grados de autogobierno que en algunos aspectos superan el de Estados confederales. Sin embargo, el legislador no contaba con el uso interesado e irresponsable de determinados instrumentos por parte de los poderes autonómicos: Entre las competencias transferidas a las comunidades autónomas estaba la Enseñanza. El control de este vital resorte para cualquier sociedad, ha servido para adoctrinar a una generación completa, factor que se une a la labor propagandística de los medios de comunicación.

Y nadie ha hecho una sensata labor de contrapeso. Un Estado de Derecho no puede consentir que en los planes de estudio se den cabida a las mentiras y las tergiversaciones (y no vale de excusa, por supuesto, que antes, en la época de Franco, se hacía al revés) y los gobiernos nombrados al amparo de la ley no pueden hurtarse a la labor de hacer triunfar la justicia y la verdad. Pero nadie, digo, se ha atrevido a hacer una reflexión general, a parar a todos, sentarlos en una mesa y redefinir el concepto de España, establecer los símbolos comunes y respetarlos.

Es demencial. En un tiempo en el que debería buscarse la integración real de Europa (la real, no la de los mercados interesados) en esta península se alimentan las disgregaciones. Y no vale de nada recordar lo evidente. Por ejemplo, que la Constitución vigente ha permitido un nivel de autogobierno que para sí quisieran los escoceses, los corsos, los flamencos o los bávaros. O que esa Constitución fue aprobada por el 90,46 % de los casi 3 millones de catalanes que votaron y por el 69,11 % de los casi 700.000 vascos que lo hicieron. O que en el marco legal vigente no cabe negociar nada que pueda conducir a la separación de ninguna parte del Estado y ni siquiera a consentir un referéndum sobre uno de los principios de la Constitución como es “la indisoluble unidad de la nación”. O que la propia Constitución ya prevé en sí misma la posibilidad de su reforma parcial o incluso de su sustitución por otra, única vía legal para modificar los principios que contiene.

Pero da igual. Muchos de los políticos y buena parte de los medios de comunicación parecen desconocer estos principios y nadan en la terminología secesionista, prestando oídos a propuestas en sí mismas ilegales.

Sí, esto se tambalea… ¿se balcaniza? Y lo hace de un modo de lo más grotesco… tan “español”. ¿Que en una final de una competición llamada Copa del Rey de España buena parte de los seguidores de los dos equipos silban atronadoramente el himno de España (que legalmente es el suyo)? ¡No pasa nada! Eso sí, da lugar a que corra mucha tinta, pero nadie hace nada para imponer el respeto (que no la idolatría). Porque se puede estar o no de acuerdo en que España sea una Monarquía, que el himno sea la Marcha Real y la Bandera la de los últimos 200 años (con distintos escudos y el paréntesis de la II República), pero es así y hay cauces legales para cambiarlo si se quiere, pero respetando lo que ahora es.

Sí, grotesco. ¿O no es grotesco que algunos equipos de fútbol se vistan de bandera? Pocos equipos en el mundo, de cualquier disciplina, hacen alarde en su vestimenta de símbolos con carga política. Aquí, desde capitanes con bandera a modo de brazalete, pasando por banderitas colocadas a modo de “hierros” de ganaderías, y llegando a indumentarias completas que transfunden los colores banderiles; lo que tiene “mucho sentido” cuando le estás haciendo lucir bandera a un alemán, un brasileño o un argentino.

Sí, grotesco. ¿O no lo es que hasta en el tema de las banderas seamos incapaces de ponernos de acuerdo y tengamos que diseñar una para cada corriente o tendencia? Si no véase el caso de la bandera de Cataluña: más de 800 años llevan representando lo catalán (en realidad lo aragonés, entendido como Corona Aragonesa) las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo y ahora, entre los independentistas flamean al viento al menos dos versiones contradictorias: la estelada blava (azul), de origen burgués aunque parece que asumida por las izquierdas de ERC; y la estelada vermella (roja), de origen socialista y adoptada por la CUP como símbolo. Bueno, será que hay que tildar las banderas con los acentos ideológicos.

Sí, grotesco. ¿O no lo es que mientras se proyectan quiméricas naciones y se actúa en la práctica al margen de la ley se diga que se quiere actuar dentro de la ley, y cuando te tiran de las orejas por no haber cumplido la ley digas que actúan poco menos que como venganza y en contra de un sueño?. Eso es lo que ha pasado con el ínclito Artur Mas. Fue nombrado President de la Generalitat de acuerdo con la ley (el Estatuto de Cataluña, amparado por la Constitución Española) y desde la Generalitat ha actuado sistemáticamente en contra del propio Estatuto y de la Constitución. Se ha saltado a la torera una expresa prohibición y ha celebrado una pantomima de votación (“proceso participativo” lo llamó) a la que acudieron sus amigos y seguidores. Y ahora, que pasadas las elecciones autonómicas (que él ha querido valorar en clave plebiscitaria) le llaman a declarar como imputado por un delito de desobediencia (y otros tres), resulta que se está atacando a Cataluña… no a él, imputado personalmente, sino a Cataluña. ¡Deu meu!

Grotesco, pintoresco… si no fuera tan dramáticamente serio.

No sé lo que terminará sucediendo, si la sensatez aparecerá por algún sitio, pero el asunto es complicado. Más cuando quienes tienen la capacidad para solucionarlo, los políticos, son un colectivo demasiado embadurnado por intereses que no siempre son los que permitirían solucionarlo.

Pero, ¿sabes? en el fondo… Soy consciente de que la historia no es precisamente la sucesión de hechos en los que triunfa la justicia, la sensatez, la lógica; triunfan los “listos” y los que saben imponer “su verdad” aunque sea mentira. Preferiría un Mundo sin Estados, sin naciones, en el que ser Humano fuera la única etiqueta que me pudieran colgar. Un Mundo sin políticos, sólo con sabios administradores. Un Mundo culto, en el que la Enseñanza fuera la transmisión de los conocimientos de la Humanidad y la formación de personas en función de sus capacidades e inquietudes, libremente construidas. Un Mundo sin religiones, sin imposiciones ideológicas de ningún tipo. Un Mundo en el que desaparezca la acaparación de la riqueza y ésta se distribuya de forma que desaparezca la pobreza… ¿Una utopía? Seguramente, porque quizás el principal problema para conseguirlo es el propio ser Humano.

 

CORRUPCIÓN

IPC

La Organización de Transparencia Internacional publica anualmente el llamado Índice de Percepción de la Corrupción (ver aquí). Se trata de un valor de 0 a 100 en el que 0 corresponde a la percepción de que la corrupción del sector público es total, es decir, que el juego limpio brilla por su ausencia y 100 corresponde a una gestión limpia, transparente, justa…

Son valorados 177 países y el ráncking es publicado anualmente.

En 2013 la clasificación fue encabezada (en sentido descendente) por Dinamarca y Nueva Zelanda, ex aequo, con 91 puntos (nadie es perfecto)

En la cola están Afganistán, Somalia y Corea del Norte con ¡¡¡ 8 !!! puntos

La “percepción” que lleva a construir el ráncking es la de un comité de “expertos” (que se supone no son nada corruptos); y esos señores, en 2013, “percibieron” que en España había un nivel de corrupción “medio”, calificándola con 49 puntos, lo que podríamos traducir como que casi la mitad del sector público es corrupto, o que de cada 2 políticos o funcionarios 1 es corrupto… no está mal.

A la vista de los escándalos que vienen salpicando las cabeceras de los diarios en los últimos tiempos uno se pregunta si en el ráncking de 2014 seguirá la caída de España en la clasificación (en 2012 su nota era de 65)… desde luego si la “percepción” la valorara quien esto escribe el 1 sería una calificación exagerada. Un país en el que das una patada a una piedra y salen cuatro mangantes; en el que de cada 10 palabras que dice un político, 11 son mentira…

La “percepción” en este momento es la de que la condición de político es la de “presunto corrupto”; podrá ser alguien de confianza, serio, cabal; pero, dados los antecedentes de sus colegas, siempre cabe esperar que todo sea apariencia y en realidad sea otro trincador más.

Cuando con la justificación de la crisis económica el ciudadano ha tenido que soportar la reducción (cuando no la desaparición) de su salario, ha visto aumentar los impuestos, mermar los servicios públicos… mientras con lo que le “quitaban” “rescataban” a los bancos… Cuando ahora ve que en entidades bancarias rescatadas, sus consejeros, además de unos sueldos desorbitados, disponían, sin control fiscal, de sobresueldos por la vía de tarjetas de crédito sobre los fondos del propio banco; o ve que éste o aquel cargo público ha engrosado cuentas corrientes en Suiza o en Andorra a base de comisiones fraudulentas… uno se queda con cara de bobo y se siente totalmente indefenso, sabedor de que al final, esos millones (que servirían para subsidiar a todos los ciudadanos durante años) no serán devueltos y los culpables no sufrirán los castigos que se merecen.

Y lo peor es la pérdida absoluta de confianza en el sistema y en las personas que deben conducir la administración a todos los niveles.

Extraña que las calles no se llenen todos los días de gente protestando, que no haya casos de desahuciados que se lían la manta a la cabeza y atacan a alguno de los mangantes por cuya mala gestión se encuentra en su estado… y no es extraño que las miradas se dirijan hacia grupos que proponen algo tan simple como echar del poder a quienes o son corruptos o no son capaces de impedir la corrupción.

 

9-N. NUEVE NECEDADES

ESPALUÑA-CATASPAÑA

Lo de Cataluña no es otra cosa que una suma de necedades. Necedades de los políticos catalanes y necedades de los políticos de los gobiernos centrales.

1. La retórica nacionalista es absolutamente eficaz. Sus principios ideológicos se fundamentan en el victimismo más absoluto; algo que se alimenta a sí mismo. Siempre hay un “enemigo” causante de todos los males del pueblo a redimir. Si alguien osa demostrar que tales males son fruto de la pésima gestión de quienes alardean de nacionalistas, éstos dirán que la acusación es fruto de la conspiración contra las aspiraciones del pueblo irredento; o sea, más victimismo contra el falso victimismo descubierto. Necedad absoluta.

2. Que los catalanes forman un grupo específico, con una cultura, una lengua y una tradición propias es innegable; pero su identidad se ha conformado y “es” en función de su imbricación en el conjunto de España, formando parte sustancial del tejido que da sentido al conjunto. Es una necedad pretender que Cataluña “sea” fuera de España y que España “sea” sin Cataluña.

3. Democracia en España (incluyendo Cataluña) es una mera denominación formal; en realidad, el sistema político es una oligarquía clientelar. El llamado Estado de las Autonomías consolidó la estructuración de veinte ámbitos de poder: las diecisiete comunidades, Ceuta y Melilla, y el gobierno central. En cada uno de ellos, la casta oligárquica se ha repartido el pastel. Y es mejor no dejar escapar ni una miga del pastel propio: en la versión más radical, siendo independiente el pastel es sólo para la casta del país independiente. Es una necedad presentar la independencia como fuente de Democracia.

4. En Cataluña existe un sentimiento independentista creciente. ¿Por qué? ¿Siempre se han sentido una nación diferente, subyugada? La estructura mental nacionalista ha diseñado un escenario en el que, efectivamente, Cataluña siempre fue una nación, sus derechos fueron “pisados” por Felipe V con los Decretos de Nueva Planta, después de aplastar su gloriosa resistencia el 11 de septiembre de 1714 y ahora llega la hora de “recuperar” la libertad perdida, después de un sufrimiento secular. Y, sí, un creciente número de catalanes se ha creído la sesgada interpretación de la historia. No es casual el momento del envite nacionalista; han pasado unos treinta años desde el inicio del sistema autonómico y desde que fueran transferidas las competencias en educación, consintiendo el diseño de los programas al albur de las necedades nacionalistas. La generación que ahora llena la sociedad catalana se ha educado recibiendo el mensaje sobre la Cataluña irredenta. Es una necedad no valorar la ingeniería independentista.

5. La independencia es presentada como solución a los males sociales, económicos y culturales. Uno se plantea, desde fuera de Cataluña, si eso será así. Lo piensa mientras se toma una pizza o un fuet de Casa Tarradellas, mientras bebe una copa de Freixenet, se acerca a un cajero de La Caixa… O mientras lee que desde que el desafío independentisa se hizo real han disminuido alarmantemente las inversiones extranjeras en Cataluña; o que el déficit público catalán ha crecido… Es una necedad pensar que la independencia es la panacea de todos los males; tal vez conduzca a más males: menor inversión exterior, reducción del comercio exterior, aumento de la deuda pública, aumento de la presión fiscal (ya de por sí la más alta de España), salida del sistema del €uro,…

6. Los Gobiernos centrales no han visto venir el problema y no lo han afrontado adecuadamente. Han sido en muchas ocasiones “presos” del nacionalismo. Tanto PSOE como PP han pactado con los nacionalistas en varias legislaturas. A la ciudadanía se le ha presentado como una entrega por parte de los nacionalistas para contribuir a la gobernabilidad. Es una necedad pensar que no aprovecharon la situación para sacar partido, precisamente el de hacer y deshacer a su antojo a cambio del apoyo en aquellas medidas gubernamentales que les convenían. Los gobiernos centrales, para asegurar las poltronas, se dejaron camelar por las presuntas actitudes solidarias del nacionalismo. Colaron (y a lo mejor eran sinceras) las buenas formas de Josep Tarradellas desde su “ja soc aquì“, e incluso las de Jordi Pujol (auténtico adalid de la casta oligárquica catalana que incluso creó un sistema de tributos personales: o me das comisión o no te llevas el contrato) y hasta las del Artur Mas de los primeros momentos (en 2000 declaraba que la independencia era algo poco menos que absurdo)… las actitudes posteriores demuestran que la sinceridad de su colaboración era simplemente una estrategia con proyección de futuro.

7. Es una necedad seguir empeñados en un camino que no tiene sentido legal. En el fondo los únicos que son consecuentes son los de ERC que proponen la declaración unilateral de independencia: puestos a no cumplir la ley es mejor hacerlo del todo y no andar con paños y pañitos calientes, con piruetas estrambóticas, toreando la legalidad vigente. Al amparo de la ley, la única vía del nacionalismo catalán (que apoyó la Constitución de 1978, respaldada en Cataluña con una mayoría aún superior que, por ejemplo, en Madrid) es promover una reforma constitucional que ampare la compartimentación de la soberanía (ahora del conjunto de los españoles)

8. Es una necedad obviar el fondo del actual órdago. No es despreciable el valor que tuvo la negativa de Mariano Rajoy a negociar con Mas un acuerdo fiscal similar al existente con el País Vasco, un sistema de concierto que permitiera a la Generalitat recaudar por su cuenta y contribuir con fondos negociables a las necesidades del Estado. La negativa desencadenó la navegación de Mas por el derrotero independentista, manejando las aspiraciones de ERC, en cuyos brazos se dejó acunar y despertando las ilusiones de los catalanistas más radicales (ahora es Mas quien es manejado por la corriente más radical y puede terminar con la ruptura de su propia coalición, CDC + UDC en CiU, y perder en favor de ERC buena parte de su electorado)

9. Y es una necedad ignorar la situación y no actuar positivamente para poner fin a una de las peores crisis imaginables para España. El gobierno actual parece quitar importancia al problema. Se enroca en la cuestión legalista y se cierra en banda ante lo que ya no es ignorable. No se puede contener únicamente con la legalidad la corriente creciente de independentismo; ignorarlo no hace otra cosa que alimentarlo. Por muy necio que sea todo el entramado, algo habrá que hacer.

El daño ya está hecho. Los políticos catalanes han enfrentado a los catalanes con el resto de españoles, han generado sentimientos injustos de animadversión de los catalanes hacia el resto de España; es más, les han convencido de que son algo distinto a España. Y han generado sentimientos de hartazgo: de hartazgo de los catalanes por un Estado que creen no les quiere y casi que les persigue, y hartazgo del resto de los españoles con respecto a los catalanes, con respecto a esos catalanes que no quieren saber nada del resto de los españoles, que desprecian su compañía en el tren de la historia.

¿Podrá alguien hacer algo para reconstruir los sentimientos?

¿Hará alguien algo positivo para hacer posible que no se rompa una unión centenaria?

¿O estaremos en el comienzo de la fragmentación de esa empresa común que los políticos llenaron de retórica grandilocuente mientras se encargaban de dinamitarla?

La suma de todos es posible…. pero tal vez no con los políticos actuales ni con los sistemas actuales.

 

MOÑARQUÍA VS REPÚBICA (2)

Parece que el debate por la forma de estado sigue medianamente vivo en las redes y en la calle.

Desde el anuncio de la abdicación de Juan Carlos I, además de la espontánea (?) sucesión de manifestaciones en distintos lugares de España ese mismo día, 2 de junio de 2014, se han sucedido infinidad de hechos relacionados con la cuestión de la pertinencia de continuar con la Monarquía o no.

Como ya decía hace unos días (ver) me parece no sólo legítimo sino conveniente; pero no comulgo con las formas ni veo apropiada la oportunidad. El respeto a la ley es la base, el fundamento, de la democracia. No es que, por el momento, se haya actuado en contra de la ley, porque el derecho a manifestar las ideas es otro de los puntales de la democracia. Pero una cosa es manifestar la idea de que uno quiere que su país se organice como una República y otra exigir que tal cosa se consiga por una vía no contemplada en la norma suprema que rige ese país.

La Monarquía tiene la legitimidad que le da la Constitución de 1978, aprobada por amplia mayoría. Hay mucho que decir sobre esa legitimidad (ver), pero es lo que hay.

No podemos cometer errores como los cometidos en el pasado. La historia de España está plagada de ocasiones en las que la “liada de manta a la cabeza” ha rediseñado la situación política en un sentido u otro, mediante procedimientos que han enquistado los rencores de la correspondiente media España derrotada. Y precisamente la proclamación de la II República adoleció de esa dosis excesiva de “hasta aquí hemos llegado”, por más que luego obtuviera la legitimidad de las urnas en las elecciones a Cortes constituyentes (ver)

Hoy hay miles de personas que claman de diversas formas por la República. No está del todo claro si lo hacen con pleno convencimiento de los pros y contras del cambio; lo que está claro es que no lo hacen con el convencimiento de que el procedimiento que exigen no es legal. Si la cuestión de la forma de estado es algo que plantear de forma seria hay que hacerlo precisamente así, de forma seria, por la vía prevista en la Constitución, es decir, por la de su reforma a la totalidad.

Tal vez la actual coyuntura de crisis económica, institucional y territorial sea el momento adecuado para redefinir el marco legal de esto que llamamos España, cuyo sentido es precisamente el de un proyecto de convivencia de personas y pueblos. Si los partidos políticos fueran lo que deberían ser y no (al menos en el caso de los mayoritarios a nivel estatal y autonómico) fábricas de cargos públicos de los que en el mejor de los casos hay que esperar no tener que acusarles de “trincadores”, harían oídos a la inquietud y, de conformidad con las propuestas de sus bases, negociarían consensuadamente un nuevo marco constitucional que  discutir en las Cortes y que finalmente ofrecer a la decisión popular en el preceptivo referéndum.

Mientras, y antes que de la cuestión de si es la familia de siempre la que se lleva los presupuestos de la jefatura del estado o lo es una familia nueva cada equis años, de lo que deben preocuparse en realidad es de acabar de una vez por todas con la corrupción de los cargos públicos, con el galopante paro y con el fraude fiscal; de arreglar el encaje territorial de los pueblos que forman España (y sin los cuales España ya no sería España) y de devolver a los ciudadanos el derecho pleno a una educación pública digna y una sanidad universal (porque ni la educación ni la salud pueden ser un negocio). Si no lo hacen, a lo peor crece el número de los que están hasta el gorro y terminan quitándose el gorro y liándose la manta.

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ESCUDO DE ESPAÑA 1981 02 Color brillos

 

SCHULTEN

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27 de mayo de 1870. Nace Adolf Schulten en Elberfeld (hoy parte de Wuppertal, en Alemania)

Historiador y arqueólogo.

Hispanista.

Buscando Tartessos.

ORTEGA Y GASSET

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9 de mayo de 1883. Nace José Ortega y Gasset en Madrid (España)

Filósofo

 

Meditaciones del Quijote (1914)
El Espectador (8 tomos publicados entre 1916 y 1934)
España invertebrada (1921)
El tema de nuestro tiempo (1923)
La rebelión de las masas (1929)

 

“Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo.”

 

“La vida es lo que hacemos y lo que nos pasa.”

“Algunas personas enfocan su vida de modo que viven con entremeses y guarniciones. El plato principal nunca lo conocen.”

“El que no pueda lo que quiera, que quiera lo que pueda.”

“El enamoramiento es un estado de miseria mental en que la vida de nuestra conciencia se estrecha, empobrece y paraliza.”

“La vida humana eterna sería insoportable.”

 

“Saber que no se sabe constituye tal vez el más difícil y delicado saber.”

“El pensamiento es la única cosa del Universo de la que no se puede negar su existencia: negar es pensar.”

“Ciencia es todo aquello sobre lo cual siempre cabe discusión.”

“No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa.”

“Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas.”

 

“España fue una espada cuyo puño estaba en Castilla y la punta en todas partes.”

“La desventura de España es la escasez de hombres dotados de talento.”

“El proceso de desintegración avanza en riguroso orden desde la periferia al centro, de forma que el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de la dispersión intrapeninsular.”

“Empezando por la Monarquía y siguiendo por la Iglesia, ningún poder nacional ha pensado más que en sí mismo.”

“La soberanía significa la voluntad última de una colectividad… la voluntad radical y sin reservas de formar una comunidad de destino histórico… Y si algunos en Cataluña, o hay muchos, que quieran desjuntarse de España, que quieran escindir la soberanía… es mucho más numeroso el bloque de los españoles resueltos a continuar reunidos con los catalanes en todas las salas sagradas de esencial decisión… por este camino iríamos derechos y rápidos a una catástrofe nacional.”

“La verdadera cuestión española [es que] el Estado carece de autoridad positiva para hacer frente a las fuerzas de la disgregación.”

“No pido la organización de España por razones de pretérito, sino por razones de futuro.”

Ortega y Gasset

2 DE MAYO

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2 de mayo de 1808

El pueblo de Madrid y con él un reducido número de militares se subleban contra la ocupación francesa.

Dos peleles de nombre Fernando VII y Carlos IV, habían caído en las hábiles redes de Napoleón y cedido a la entrada de la Grand Armée en suelo español, además de ceder la corona.

Tropas francesas estaban en Madrid desde el 23 de marzo, Fernando VII y Carlos IV estaban bajándose los pantalones en Bayona… el pueblo de Madrid llevaba, pues, tiempo viviendo la crisis institucional y nacional. Los otros hijos de Carlos IV, María Luisa y Francisco de Paula, iban a ser trasladados a Bayona en la mañana del 2 de mayo. Algunos ciudadanos se encontraban en las inmediaciones del palacio. Empezaron las protestas. Un grito aquí y otro allá. Indignación. Más gritos. Asalto al palacio. Intervención de soldados franceses. Disparos. Muertos… y el lío montado.

Un grupo de ciudadanos se refugió en el Parque de Artillería de Monteleón, donde unos cuantos soldados y oficiales se les unieron. Resistieron los ataques, pero finalmente casi todos murieron. y otros muchos murieron fusilados en las horas siguientes.

Aquella jornada regó de sangre las calles de Madrid y prendió la mecha de la insurrección popular. Una España dividida enfrentada al ejército más poderoso del mundo en 1808

JOSÉ ANTONIO

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24 de abril de 1903. Nace José Antonio Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, en Madrid (España)

Hijo del que fue Dictador, amparado por Alfonso XIII, el General Miguel Primo de Rivera.

Abogado y político.

Fundador y líder de Falange Española.

Diputado (1933-1936)

Juzgado y condenado por conspiración y rebelión militar, fue fusilado en la cárcel de Alicante en la madrugada del 20 de noviembre de 1936

El Ausente

Sus “camisas viejas” no pudieron tomar CAFÉ de cara al sol. Convertido en mártir por Franco, que sentía hacia él cualquier cosa menos simpatía (algo recíproco), su figura fue utilizada como inspiradora de un régimen que se alejó de sus principios en función de otros valores, haciendo del llamado “nacional sindicalismo” el “nacional catolicismo” y el “nacional capitalismo”.

Tal vez, como afirma Stanley Payne, “su fama y apoteosis sólo llegaron de modo póstumo y probablemente no lo hubieran hecho nunca de otro modo.

“Los españoles de esta talla, los patriotas como él, no son peligrosos, y no se han de considerar enemigos. ¡Como habría cambiado el destino de España sí hubiera sido posible un acuerdo entre nosotros como deseaba Primo de Rivera!”.
Diego Abad de Santillán, anarquista

Data de muchísimo tiempo la afirmación filosófica de que en todas las ideas hay algo de verdad. Me viene esto a la memoria a cuenta de los documentos que José Antonio dejó en la cárcel de Alicante. Acaso en España no hemos confrontado con serenidad las respectivas ideologías para descubrir las coincidencias que quizá fueran fundamentales, y descubrir las divergencias, probablemente secundarias, a fin de apreciar si éstas valían la pena ventilarlas en el campo de batalla”.
Indalecio Prieto, socialista

“En dos ocasiones he tenido frente a mí a José Antonio Primo de Rivera de contrincante. Un perfecto caballero, un perfecto hombre, con toda la cortesía. Y debo decirlo porque eso es lo justo.”
Victoria Kent, diputada radical-socialista

‘Aizpurúa es un buen chico, que admira mis poemas. Es como José Antonio. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él'”
Federico García Lorca

“Ese muchacho —refiriéndose a José Antonio— tiene mucho talento y una cabeza que funciona perfectamente. Llegará hasta donde quiera, porque, además, es un carácter de cuidado… ¡Mucho ojo con estos muchachos del brazo en alto!”
Miguel de Unamuno

“El españolito con más gancho, con más misterio, con más duende, con más ángel, de esta terrible centuria que ya se acerca a su fin, se llamaba, y se llama, José Antonio Primo de Rivera. Urge sacar del olvido a este personaje, a este heredero de Hércules y de Ruiz Díaz de Vivar, a este sumo sacerdote —el último seguramente— de la religión del iberismo. Quizá su ejemplo nos pueda dar una pauta y una llave para abrir la oscura puerta del futuro. José Antonio Primo de Rivera es el español más interesante (y más desaprovechado) de esta terrible centuria que ya se acerca a su fin”.
Fernando Sánchez Dragó

“La Patria es una síntesis trascendente, una síntesis indivisible, con fines propios que cumplir; y nosotros lo que queremos es que el movimiento de este día, y el Estado que cree, sea el instrumento eficaz, autoritario, al servicio de una unidad indiscutible, de esa unidad permanente, de esa unidad irrevocable que se llama Patria.”

“Que todos los pueblos de España, por diversos que sean, se sientan armonizados en una irrevocable unidad de destino.”

“Evidentemente, para adueñarse de la voluntad de las masas hay que poner en circulación ideas muy toscas y asequibles; porque las ideas difíciles no llegan a la muchedumbre; y como entonces va a ocurrir que los hombres mejor dotados no van a tener ganas de irse por las calles estrechando la mano del honrado elector y diciéndole majaderías, acabarán por triunfar aquellos a quienes las majaderías les salen como cosa natural y peculiar.”

“España no se justifica por tener una lengua, ni por ser una raza, ni por ser un acervo de costumbres, sino que España se justifica por su vocación imperial para unir lenguas, para unir razas, para unir pueblos y para unir costumbres en un destino universal; que España es mucho más que una raza y mucho más que una lengua, porque es algo que se expresa de un modo del que estoy cada vez más satisfecho, porque es una unidad de destino en lo universal.”

“Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre.”

“Falange Española no es un partido más al servicio del capitalismo. ¡Mienten quienes lo dicen! El capitalismo considera a la producción desde un solo punto de vista, como sistema de enriquecimiento de unos cuantos. Mientras que F. E. considera la producción como conjunto, como una empresa común, en la que se ha de lograr, cueste lo que cueste, el bienestar de todos”

“Consideren todos los camaradas hasta qué punto es ofensivo para la Falange el que se la proponga tomar parte como comparsa en un movimiento que no va a conducir a la implantación del Estado nacionalsindicalista, al alborear de la inmensa tarea de reconstrucción patria bosquejada en nuestros 27 puntos, sino a reinstaurar una mediocridad burguesa conservadora (de la que España ha conocido tan largas muestras), orlada, para mayor escarnio, con el acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules”.

“Que sea la mía la última sangre española vertida en discordias civiles.”

ISABEL I

II

22 de abril de 1451. Nace Isabel de Trastámara, hija de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, en el Convento de San Agustín en Madrigal de las Altas Torres (Reino de Castilla, hoy Provincia de Ávila, España)

Infanta de Castilla, Princesa de Asturias (1468-1474), Reina consorte de Aragón (1469-1504), Reina de Castilla (1474-1504).

Granada en su horizonte.

América revelada.

Llamada La Católica (bula de Aljandro VI de 1496)

En buena medida iniciadora del fanatismo religioso de sus sucesores que condujo a la expulsión de judíos y musulmanes de sus reinos.

En gran medida artífice, junto a Fernando II de Aragón, de la unión de los reinos de España.

Escudo de armas de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón

Escudo de armas de los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón

 

CATALUÑA ¿CON EÑE?

El creciente empuje soberanista en Cataluña ha dinamitado definitivamente el orden constitucional surgido de la transición política producida tras la muerte de Franco.

No hay vuelta de hoja

No cabe la huida hacia adelante, rompiendo a jirones la estructura del Estado. No es factible, en una sociedad democrática avanzada (si es que se pretende serlo), adoptar posturas de fuerza, liarse la manta a la cabeza y declarar una independencia que carecería de consenso internacional, que dejaría a los catalanes fuera de la Unión Europea y que abriría una difícil coyuntura para cualquier gobierno que desde Madrid quisiera ser fiel a su obligación y encomendar el cumplimiento de lo legalmente establecido a quien corresponde por mandato constitucional defender la integridad territorial y la unidad que consagra el actual texto de la carta magna.

Tampoco cabe la componenda al margen de la Constitución y las leyes, haciendo interpretaciones falseadas por permisivas o a cualquier rocambolesca prestidigitación con el texto constitucional en vigor; algo que convertiría la propia Constitución en puro papel mojado si no en papel con el que limpiar …

Lo que está claro es que la actual estructura territorial del Estado está ya definitivamente dinamitada y eso es algo que hay que afrontar, que no hay que tapar con componendas o aplazar bajo la filosofía tan al uso de los lamentables políticos que nos gobiernan: “el que venga detrás que arree”

De nada vale ya intentar convencer a nadie de las supuestas razones históricas argumentadas para defender cualquiera de las posturas posibles. Sí, Cataluña no tiene una independencia que “recuperar” porque nunca la tuvo entendida en el marco del actual derecho público; pero es innegable su específica identidad. No es que se trate de una identidad que sea necesariamente excluyente de la del resto de España, a la que da razón de ser. Porque no hay una realidad “española” opuesta o distinta de la “catalana”, porque la realidad española es la suma de las identidades de gallegos, asturianos, cántabros, vascos (hasta vizcaínos, guipuzcoanos, alaveses), navarros, riojanos, leoneses, catellanos, extremeños, valencianos, canarios, andaluces, murcianos, manchegos, mallorquines… ¿o es que lo “español” es identificable sólo con unas cuantas de esas identidades? y, si es así, ¿cuáles sí y cuáles no?

Lo cierto es que la identidad catalana lleva piando por su reconocimiento desde que la burguesía industrial fuera catalizando lo que ha terminado siendo una variopinta confluencia de corrientes independentistas, federalistas o autonomistas. Y en los últimos treinta años, la parcial visión de la historia y las razones de identidad (que no se puede justificar por el hecho de que en los cuarenta anteriores se hiciera lo contrario, por mal que estuviera) han germinado en los convencimientos de las nuevas generaciones, educadas en el “Catalonia is not Spain” (expresión que debería apostillarse con “Spain is Catalonia”)

Pero no, no cabe la pataleta por lo mal que unos y otros lo hayan hecho ni perderse en disquisiciones sobre razones históricas. Lo que hay que hacer es reinventar España. Aprovechar la coyuntura para diseñar el Estado de los lustros que medien hasta que de una vez por todas Europa se construya como integración de pueblos y no como suma de intereses capitalistas.

Es necesario emprender un proceso de reforma total de la Constitución, cumpliendo los requisitos que la actual prevé. Son necesarios unos nuevos “padres de la patria” que deliberen sobre la mejor fórmula de imbricación territorial y sobre la forma de Estado. Tal vez sea hora de deshacerse, de paso, de la rémora de una Monarquía obsoleta, poco creíble y un tanto proclive a la corrupción, y decidirse por lo que debió consolidarse en su momento: una República Federal.

Tal vez quepa reprochar al señor Mas haber sido poco oportuno (tal vez muy oportuno para sus intereses) planteando su órdago en momentos en los que otras cuestiones acucian la realidad política española, enfangada en la crisis y una impresentable corrupción de amplias capas de su clase política… pero a lo mejor al final hay que agradecérselo.

Y más vale que esto acabe bien para todos. No sería quizás del todo justo recordarles a los catalanes que cuando un barco se hunde quienes primero salen son las ratas. Ellos ayudaron de un modo esencial al crecimiento industrial de España y son uno de los soportes principales del sistema comercial y financiero español. ¿Que hay que encontrar fórmulas justas de financiación? sí, pero no desde la base de la insolidaridad.

No me gustaría sentirme traicionado por una parte de mis compatriotas (por más que en el fondo me dé igual cómo se organice todo mientras haya justicia y reparto equitativo de derechos y riqueza). Prefiero que se diluyan los nacionalismos en realidades integradoras (que no difuminadoras de identidades), Preferiría una identidad europea integradora en la que se diluyera lo español, lo francés, lo alemán, lo italiano, lo inglés… Y no me gustaría un estadio intermedio en el que tuviera que referirme a España como “España del Sur” (porque sin Cataluña, el resto no sería completamente España) o peor aún “la antigua España”, si la defección catalana fuera sólo el principio de un baile de independencias, como cuando el cantonalismo llevó a la paradoja de un cantón de Cartagena, con Armada, en rebeldía con un gobierno federal, sin ella, intentando poner orden.

ESPALUÑA-CATASPAÑA

IDENTIDAD, PRAGMATISMO, OPORTUNIDAD

Que Cataluña constituye una realidad específica, individual, intransferible, insoluble, es algo que nadie con dos dedos de frente puede negar. Es más, bajo mi punto de vista constituye una de las realidades más encomiables del orbe en el que estamos.

Como en tantas cuestiones y aspectos vitales, el maestro Joan Manuel supo definir el talante y trasunto vital del pueblo del que forma parte y de cuya misma sangre participa:

Mil años hace que el sol pasa
reconociendo en cada casa
el hijo que acaba de nacer,
que el monte dibuja perfiles
suaves, de pecho de mujer,
que las flores nacen discretas
y las bestias y la luz también.
Mil años para nuestro bien.

En cada valle una gente
y cada cala esconde
vientos diferentes.

Mil años, que el hombre y la guerra
dieron lengua y nombre a la tierra
y al pueblo que rindió a sus pies,
la plata del olivo griego,
la llama persa del ciprés.
Y el musulmán lo perdió todo,
la casa, el sueño y la heredad
en nombre de la cristiandad.

Íberos y romanos,
fenicios y godos,
moros y cristianos.

En paz descansen esplendores
de amor cortés y trovadores.
Dueños del camino del mar,
no había pez que se atreviese
a transitarlo sin llevar
las cuatro barras en el lomo.
Descansa en paz, ancestral grey
vendida por tu propio rey.

De mártires y traidores
enlutaron tus campos
los inquisidores.

Mil años hace que el sol pasa
pariendo esa curiosa raza
que con su llanto hace un panal.
Y de su sangre y su derrota,
día de fiesta nacional.
Que con la fe del peregrino
jamás dejó de caminar,
de trabajar y de pensar.

Empecinado,
busca lo sublime
en lo cotidiano.

Mil años hace y unas horas
que con manos trabajadoras
se amasa un pueblo de aluvión.
Con sangre murciana y de Almería
se edificó una exposición.
Ferroviarios, labradores,
dulces criadas de Aragón,
caricias de este corazón.

Y lágrimas oscuras
de los andaluces.
Y la dictadura…

Patria pequeña y fronteriza,
mil leches hay en tus cenizas,
pero un soplo de libertad
revuelve el monte, el campesino,
el marinero y la ciudad.
Que la ignorancia no te niegue,
que no trafique el mercader
con lo que un pueblo quiere ser.

Lo están gritando
siempre que pueden,
lo andan pintando

por las paredes…

… O con pancartas y senyeras…

Son versos que subliman la esencia de la catalanidad de hoy.

Un catalán no es un “agarrao” (“la pela es la pela”), no es un cabezadura, no es un egoísta… es un catalán.

No es fácil entender determinadas actitudes sin una visión histórica a la par que actual, pragmática…  El problema es que determinados sentimientos, en momentos críticos, pueden ser hábilmente manipulados por visionarios, por individuos convencidos de haber sido elegidos por los dioses para consumar la conquista de la Troya del futuro.

Artur Mas se ha mostrado como ese visionario que quiere jugar la carta del destino. Él sabe que propone una entelequia y, espero, sabe que la viabilidad de su propuesta es nula. Prefiero pensar que es un hábil  negociador (como lo han sido los catalanes de todos los tiempos, especialmente cuando surcaban las aguas del Mediterráneo, haciendo valer con venecianos y genoveses su capacidad comercial) y que ha echado un órdago para conseguir dinero, aprovechando momentos especialmente delicados de la economía española general y catalana en particular, desviando la atención hacia asuntos de raíz, sí, pero canalizables en otros parámetros, y así hacer fuerza para conseguir más poder económico (no se puede minimizar la “coherencia” de la aprobación en la misma reunión del Consell Executiu de la convocatoria de nuevas elecciones y de la petición de “rescate” al fondo de liquidez español; o sea, pongo la marcha adelante hacia la independencia respecto a ti; pero pido que me des dinero antes de irme…)

Cataluña es una de las regiones españolas más pujantes, más emprendedoras. Eso le ha hecho tradicionalmente ser una de las regiones más ricas. Naturalmente, en un Estado con regiones tan ricas pero tan poco eficaces con sus potencialidades como Andalucía o Extremadura, el intento de equilibrio ha supuesto siempre la inversión de los beneficios de las regiones pujantes en las más desfavorecidas. Décadas de sacrificio en ese sentido ponen a prueba la capacidad de solidaridad de cualquiera. Ver que tus impuestos no son suficientes (en teoría) para permitir, por ejemplo, que puedas entrar y salir de Barcelona sin tener que pagar un peaje de autopista, mientras otras regiones viven del subsidio, que se nutre, entre otros, de tus impuestos… cuesta asimilarlo… Pero forma parte del trasunto de pertenecer a un Estado (cuya esencia intentaremos analizar a continuación).

Ayer hace hoy y hoy debería ser consustancial con ayer.

Cataluña ES por una sucesión de circunstancias históricas que hicieron que determinados condados de la llamada Marca Hispánica, vinculada con el Imperio Carolingio, se transformaran en entidades independientes que por la gracia de un tal Vifredo el Velloso terminaron por convertirse en condados unidos por la soberanía del mismo conde (soberanía personal del conde; no soberanía de un pueblo o una nación, cuyo concepto aún no habían parido los tiempos en el sentido moderno del término) Las relaciones familiares entre la nobleza circundante terminaron haciendo converger a los territorios catalanes con los condados aragoneses, manteniendo su especificidad. A lo largo de la Edad Media, la desigual, multiforme y compleja suma de estructuras de poder: la Iglesia, la aristocracia y la monarquía, además de una pujante burguesía comercial; unido a la progresión reconquistadora que incorporó Valencia y Baleares, fraguaron en la formación de una entidad multilateral con Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca como esquinas diferentes forjadoras de un conjunto… y el final de la Edad Media trajo la unión dinástica de los dos grandes ámbitos monárquicos peninsulares: la Corona de Castilla y la Corona de Aragón. Un primer paso de una progresión de convergencias que con diferentes implicaciones y formas llevaría en un siglo a la unificación dinástica de toda la Península Ibérica (Navarra a principios del siglo XVI; Portugal desde 1580 a 1640) Pero bien empleado está el término “unión dinástica” puesto que la realidad no era la de una unificación territorial plena, sino  que todos los citados territorios, junto con el resto de los que constituían el Imperio de los Austrias, se encontraban bajo una única autoridad monárquica; pero mantenían sus especificidades jurídicas.

El Despotismo Ilustrado trajo consigo, entre otros aspectos, el de la idea de homogeneización legal y centralidad administrativa y económica. Los territorios peninsulares de la Corona Española no eran precisamente un ejemplo de esa idea cuando tuvo lugar la Guerra de Sucesión tras la muerte sin herederos de Carlos II. El triunfo del pretendiente Felipe de Borbón (Felipe V) trajo consigo (al menos parcialmente) esa nueva filosofía de Estado… Por ello, entre otras cuestiones, entre los territorios hispanos que se oponían a la candidatura dinástica de Felipe estaba Cataluña… y, precisamente, la toma de Barcelona por las tropas borbónicas el 11 de septiembre de 1714, es el hecho del que parte la celebración de la llamada “Diada de Catalunya” (de ahí los versos de Serrat, reproducidos más arriba: “Mil años hace que el sol pasa / pariendo esa curiosa raza / que con su llanto hace un panal / Y de su sangre y su derrota, / día de fiesta nacional”)

Vino después el liberalismo, el crecimiento de la burguesía y la Revolución Industrial. Y Cataluña fue siempre a la proa de los avances sociales y económicos. Su pujanza y la merma de la de otras regiones españolas atrajo hacia sus industrias a gentes llegadas desde todos los rincones de España, que forjaron ese “pueblo de aluvión” y dieron manos y sudor a la industria catalana. Pero surgió también el nacionalismo; fruto de una ancestral identidad cultural y de las concepciones liberales en las que la burguesía, pujante económicamente, ambicionaba también un poder político que sentía mermado desde el centralismo administrativo, también propio del liberalismo que les alimentaba.

El siglo XX hizo de las ideologías un trasunto multipolar y en el caso del nacionalismo catalán llevó a una popularización de la conciencia identitaria.

Esa identidad, sin embargo, no fue excluyente ni secesionista, por más que celosa de su especificidad. Así, cuando en 1931 Francesc Macià, en las críticas jornadas de la proclamación de la II República Española, proclamaba el Estat Catalá, no lo hacía como una entidad independiente, sino incluida en una pretendida Federación de Repúblicas Ibéricas. Y cuando Lluys Companys proclamó en 1934 la República Catalana, lo hizo expresando inmediatamente después “dentro de la República Federal Española

Los años de la Dictadura de Franco, acabaron con cualquier traza de autogobierno catalán, poniendo fin a la autonomía otorgada a Cataluña por la II República, y alimentando las posturas más radicales mientras intentaba acallar las voces más serenas.

La Constitución de 1978 dio el marco legal para que Cataluña, al igual que otros territorios españoles, alcanzara un nivel de autogobierno que para sí quisieran entidades territoriales tildadas de Estados dentro de Repúblicas Federales. Pero hemos llegado a 2012 con una clase política miope, tanto en Barcelona como en Madrid (que, dicho sea de paso, no tiene la culpa de ser la capital en la que residen y malgobiernan esos miopes; y, es más, es tan perjudicada en cuanto al destino de sus impuestos, o más, de lo que lo pueda ser Cataluña), una clase dirigente que parece mirar sólo para sus bolsillos y el de los amigos y no para el interés real de sus ciudadanos.

Bajo una perspectiva histórica, económica, cultural y popular, Cataluña es una parte vital de España. Esto es innegable para cualquiera que analice con serenidad, sin apasionamientos, cada uno de los aspectos citados. Es una parte específica, individual, particular… y tiene derecho a que esa identidad sea reconocida… pero no como algo fuera de la realidad histórica a la que pertenece. Porque España no sería España sin Cataluña… y Cataluña, seguramente dejaría de ser lo que ha venido siendo fuera del Estado al que llamamos España.

En un mundo que tiende a converger parece absurdo hacer lo contrario. Casi sería más coherente  promover la integración de Portugal en una realidad federal peninsular que poner fronteras donde hoy no las hay.

Pero no hay más de lo que hay. El futuro lo construirán los ignorantes simplemente por ser mayoría. Por más que su opinión se fundamente en una suma de desconocimientos y estereotipos alentados por los que deberían dar ejemplo y orientar sus acciones a la consecución del bienestar de sus ciudadanos y la solidaridad con los demás.

MOÑARQUÍA (NO MENARQUÍA)… ¡QUE LLEGUE LA MONARPAUSIA!

España es una Monarquía Constitucional.

La cuestión de la legitimidad de la institución tiene de inicio, de raíz, sus “peros”.

Sí, está en la Constitución, aprobada por más del 80% del electorado… de 1978.

En 1931 el abuelo del actual monarca salió por pies rumbo a Italia tras la proclamación de la II República, arrojó la corona al mar y pocas semanas después fue juzgado en rebeldía por las Cortes y declarado culpable…

Unos años después, un gallego bajito y con mala leche ganó una patética escenificación del ensayo de la II Guerra Mundial y se convirtió en dominador omnímodo. Ese mismo personaje, rediseñó la estructura del Estado y decidió que, siendo él una especie de Rey miliciano, el Estado por él concebido debía ser una Monarquía… una “aplastante” mayoría de ciudadanos decidió que quería que España fuera, otra vez, una Monarquía y que el gallego de mala leche siguiera siendo una especie de regente vitalicio.

Y el gallego de mala leche decidió (motu proprio) que SU sucesor fuera una chavalín llamado Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias (ahí queda eso)

Sí, un personaje descendiente de la autoproclamada “dinastía histórica”… una dinastía que “ganó” una guerra Sucesión a otra dinastía con similares legitimidades y sin el apoyo completo de ciudadanos, nobles, reinos… Descendiente de personajes como Felipe IV (inútil, bobo de baba, cazador, fiestero y mujeriego), de Fernando VII (traidor hasta de su propia sangre) o de Isabel II (calentorra niña boba)

El gallego de mala leche se murió (no podía ser eterno) y el amiguete “heredero” juró su cargo pronunciando algo así como “fidelidad a los principios del Movimiento Nacional“, algo que tres años después se convirtió en algo así como “fidelidad a los principios de la Democracia Parlamentaria“… y hay que agradecérselo…. sí, porque gracias a su perjurio España se convirtió, pacíficamente, en una democracia (ja, ja, ja)

Él, ese personaje que se estampa contra las cristaleras, que se tropieza con los escalones, se ríe a carcajadas en público, le dice “¿Por qué no te callas?” al gallo del gallinero de los bobos, o pide al mariachi que le canten “El Rey“, merece el respeto que merece alguien que ha recibido una patata caliente y ha sabido invitar a comerla a comensales de todo pelaje (incluso a aquellos que por definición deberían repudiarlo)

Pero, vale.

La Monarquía, como ya he dicho aquí en otras ocasiones, es una institución caduca y trasnochada. Algo que por definición es contrario a los principios de la democracia (demos=pueblo; cratía=poder… poder del pueblo), entre los que no es el de menor importancia el de IGUALDAD de los ciudadanos (a la que ha aludido el propio JC en su mensaje de Navidad)… ningún ciudadano puede dejar en herencia su puesto de trabajo a su hijo… él sí.

España… los españoles, han echado dos veces (a Isabel II y a Alfonso XIII) a sus antepasados y, de forma contumaz, han vuelto sus descendientes.

¿Por qué hay que reservar más de ocho millones de euros de los presupuestos generales del Estado a pagar los gastos de una familia… de forma vitalicia…?

Que, sí, si hubiera Presidente de la República, habría que destinar igualmente una parte de los citados presupuestos a pagarle un sueldo y los gastos de representación… pero  alguien que no se enquistaría en el “target” de los euros de todos… alguien cuya familia no sería inmune caso de delinquir… alguien que NO sería inmune, caso de delinquir… alguien que, posiblemente (salvo decisión bobalicona del electorado del culebrón y la telebasura), perdería las elecciones si se descubriera que su yerno, con su evidente conocimiento (y sin denuncia… todo ciudadano está obligado a denunciar al que delinque), defrauda, roba, chupa del bote…

ELECCIONES: DECEPCIONES, SATISFACCIONES, FRUSTRACIONES Y FUNDICIONES

Cuando la cara es el espejo...

Pasaron.

Las elecciones frustificaron en decepciones para algunos; satisfacciones para casi todos, frustraciones en ciernes y fundiciones personales.

El ex atleta parecía decepcionado… como si no estuviera cantado. Lo peor para él es que por mucho que hiciera, no tenía nada que hacer; su jefe lo había hecho tan mal (con las dosis de mala suerte por caerle encima una crisis que pareció ignorar) que no había vuelta de hoja.

El de la boca danzante lo tenía tan fácil que sus imprecisiones e inconsistencias no tuvieron trascendencia para el resultado: le terminaron votando los mismos que en 2008 y unos 600.000 más.

En definitiva, perdió el ex atleta, que se quedó con unos 4.200.000 de votos menos que en 2008… todo un premio a la gestión realizada.

Ahora, tras el 186-110 (todo un resultado de baloncesto… de los de la NBA en paro), decepción para el de 110, con los aledaños de la sede desiertos y soledad en la comparecencia pública. Y satisfacción de los de 186, pletóricos ante su anticarismático líder, incapaz de conducir, limar, aprovechar adecuadamente los coros de los exaltados celebrantes… veremos si conduce con la misma “fuerza” el gobierno que sólo los calificadores de las primas de riesgo podrán arrebatarle.

Por debajo, a la friolera de 94 escaños de distancia, el primero de los de la “morralla”, todos los cuales se mostraron tremendamente satisfechos por sus resultados, beneficiarios todos de los 4,2 millones de votos desparramados desde el que ganó en 2008.

Fundido el espectador que ve otra vez cómo el sistema electoral beneficia a los dos grandes y a los nacionalistas, silenciando la voz de miles de electores y dando más voz de la que merecen a unos pocos. Basten unas cifras:

333.628 votos le dan 7 diputados a unos;

1.140.242 le dan 5 diputados a otro;

los mismos diputados que otro consigue con 323.517

El artículo 14 de la Constitución no queda muy bien parado, como tampoco el 67 y el 68 al hablar de sufragio universal, libre, igual, directo y secreto.

Respecto a lo de las frustraciones… ya llegarán, ya.