SILOS

Monasterio de Santo Domingo de Silos

Enhiesto surtidor…

Verde lanzado al cielo… frío… aunque frío sea calor de julio… de agosto… inicial de mayo.

Paseando las piedras… losas… soportes para pies navegantes en los siglos…

Cuatro trazos marcados por columnas… aquí una de ellas retorcida y guillotinadora de la verticalidad…

Murmullo de figuras anquilosadas en piedra, cantando maitines, vísperas…

Recorrido.

Una cara en faz de piedra de mil años.

Una salpicadura de ocre resistente al olvido.

Un canto monódico en el fondo del oído.

Unos bucles escrutantes de quiero saber y estás a mi lado.

No te irás.

Jamás te alejarás de mí…

Sí… los…

Silos.

Bajaste hasta el cauce tejado para blanquear en las límpidas aguas las sábanas que durmieron la durmiente esencia de la nada.

Y bebiste el sosiego de su fuente.

Y lanzaste la moneda que depositó tus afanes de eternidad en el estanque cúbico con hábito benedictino… (Banedicto… sancto!.. ahogado)

¡Quiero un monje pequeñito para mí!

¿Tú quieres respirar los buitres de la cortadura de la Yecla?

Yeah!

Cla!

Compromisos… sellados en besos ante siglos de epicentros… incumplidos… no por quien esculpe en la nada…

Ave, María!

¿Qué María?

Gratia plena!

El granito reverbera con las ondas de las modulaciones de ese Ave María que surge de cuerdas vocales.. bucales… rodales…

Sigue el camino de curvas robledales y pinsapares, esculpidos los eones en las piedras terciarias que llevan de Mataviejas a Arlanza…

Miles de años queridos y limitados días sentenciados por no quiero y quiero sin dejar de querer.

Allí queda… enhiesto surtidor de sangre y fuego que alimenta los ayeres.

EL SENTIDO DE LA VIDA

SOBREVIVIR.

Ése y no otro es el sentido de la vida.

El Carbono y el Hidrógeno llevan combinándose eones.

Y su combinación puso las bases del desparrame vital de este Universo en el que los seres humanos somos sólo una de las millonarias formas de combinar.

Nuestra traumática circunstancia es que somos conscientes.

Somos conscientes y, por tanto, pensamos… y buscamos explicaciones, razones, motivos. ¿Para qué estamos en este jodido mundo? ¿Por qué existimos?

La duda vital ha servido para que los “listos” hayan terminado definiendo razones metafísicas tras las que se esconden evidentes afanes de dominación, de control, de sometimiento.

Pero no, no estamos aquí para ganarnos ningún paraíso a costa de someternos a los designios oficiales.

Estamos aquí por un puro azar que determinó que un espermatozoide de nuestro padre se combinara con un óvulo de nuestra madre, con el objetivo, precisamente, de, en el futuro, hacer exactamente lo mismo que ellos: multiplicar la especie para conseguir su perpetuación. Mientras tanto hay que subsistir, conseguir los medios para que nosotros mismos y, si ya la tenemos, nuestra prole sobreviva, y para que esta última pueda alcanzar las condiciones para seguir manteniendo la especie.

Vivimos para vivir.

Y lo demás es sólo un adorno.

NECESITO

Vacaciones Verano 2015 Julio. Ocaso

Necesito no sólo unos oídos para escuchar mis penas

sino un hombro en el que llorarlas.

 

Necesito no sólo unas manos que me ayuden a tender la ropa

sino unas manos que me quiten la ropa.

 

Necesito no sólo unos ojos que miren el infinito

sino unos ojos que me miren a los ojos.

 

Necesito no sólo unas manos que tomen la nada

sino una nada que me estreche las manos… (hold my hands)

 

Necesito no sólo unas brisas que muevan las cortinas

sino unos vientos que esculpan mis confines.

 

Necesito no sólo unas palabras amables de “¿¡Qué tal te va!?”

sino unas palabras amadoras de quiero que te vaya bien.

 

Necesito no sólo unos sones en inglés de “fields of gold”

sino que el oro de un “te quiero” inunde los campos de mis neuronas dormidas.

 

Necesito no sólo dormir

sino soñar en el sueño con el sueño del ensueño… y vivir, aunque sea en sueños, lo que sueño.

FIESTA NACIONAL

POLÍTICOS

Uno es de donde nace y muy digno es sentir un amor especial por la tierra en la que se sustentan las espirales de tu ADN… pero es tan relativo… Porque basta con una generación para que todo sea diferente: el hijo nacido en Chipre de padres malteses seguramente se sentirá más chipriota que sus padres se sintieron nunca malteses.

Y cada uno siente como siente. Hay quien, en el caso que nos ocupa, no se ha sentido en su vida español ni cinco minutos seguidos; pero acepta un premio que en su denominación incluye el término “nacional”; hay quien se revuelve, a quien se le descomponen las neuronas viendo que en su DNI pone la palabra “España” y lo lleva como si le quemara en la cartera; y hay quien pasa absolutamente de todo y asume que su nacionalidad es accidental y no precisamente obligatoria para el resto de su vida.

Pero sentir una vinculación serena, pero emocionada, por esa conjunción de tierra y gentes, de costumbres y aires; de colores y sonidos; es decente y ha de ser respetada.

Digno es vibrar por dentro al ver ondear un trapo con colores, que es trapo para unos y partitura de proyectos universales para otros; y digno es pasar de ello y vivir la vida de cada día en el marco sociopolítico en el que te ha tocado hacerlo.

No hay país en el mundo que no tenga su fiesta nacional. La cuestión de la elección del día es otro tema. En Francia, por ejemplo, celebran su fiesta el 14 de julio ¿celebran el inicio de un proceso en el que rodaron las cabezas de miles de aristócratas y no aristócratas y, de alguna manera, el inicio de una sucesión de acontecimientos que llevaron al poder a Napoléon y generaron uno de los múltiples conflictos bélicos europeos? Sí y no. En realidad celebran que son un pueblo con unas premisas unificadoras en las que cree la mayoría y eligieron el 14 de julio por ser una fecha emblemática en su historia, el día en el que comenzó la llamada Revolución Francesa que trajo por primera vez a Europa los principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, independientemente de la sangre que corriera.

En España, la fiesta nacional se celebra el 12 de octubre. El hecho histórico que sirve de referencia es el llamado Descubrimiento de América, un hecho épico en sí, el protagonizado por un puñado de hombres a bordo de unos cascarones de nuez surcando el Atlántico. Algo que llevó al conocimiento mutuo de dos continentes (no entro aquí en las cuestiones sobre las seguras llegadas a América de vikingos, chinos o incluso fenicios o griegos y, sobre todo, de los propios indígenas americanos, los primeros descubridores del continente sin lugar a dudas) Claro que los siguientes años, a partir de ese día, se inició un proceso de conquista en el que la superioridad del armamento, la astucia, la ambición y el contagio de virus provocaron uno de los mayores desastres humanos que llevó a la extinción de infinidad de grupos indígenas… algo en lo que tuvieron su responsabilidad los españoles de entonces; pero de lo que no fueron sólo inocentes espectadores los ingleses, los franceses o incluso, al principio, los propios indígenas, aliados con los conquistadores para sojuzgar a otros grupos enemigos. En cualquier caso quienes no somos responsables de aquello somos los españoles del siglo XXI. Yo no fui a América a matar a nadie ni a traerme oro (lo cierto es que aquel oro no está en España desde hace casi tantas generaciones como las que hace que fue traído, se desparramó por Europa y fue dilapidado por unos monarcas nefastos) Lo curioso es que hoy en día algunos de los que desde América claman por el “genocidio” son precisamente descendientes de los españoles que allí fueron, no indígenas. Con ello no quiero quitarle hierro al asunto, que lo tiene, como todo acontecimiento de la historia de esta despreciable humanidad que ha tenido siempre por norte medrar a costa de los demás. Porque, sí, despreciable es que la conquista de América llevara consigo la muerte de millones de personas y el expolio de oro, plata y otros metales; igual que así habría que catalogar la conquista romana de España, que condujo a la desaparición de poblaciones enteras y al expolio continuo de oro, cobre, plata, ganado, cereales y seres humanos utilizados como esclavos. La Historia no ha sido precisamente una dulce sucesión de hechos maravillosos.

¿Sirve pues de algo revolverse con saña y casi con odio por la celebración de una fiesta un día como hoy? Pues no (aunque sea respetable) Y hoy me han llamado la atención varias de esas reacciones. Un actor, por ejemplo, se ha soltado con una sarta de improperios contra el 12 de octubre; una alcaldesa ha dicho que siente vergüenza por un Estado que celebra un genocidio y se gasta 800.000 euros en un desfile militar (en su Comunidad Autónoma llevan gastados muchos más en una sucesión de elecciones y festivales, pero eso no parece contar… y eso que, efectivamente, me parece que hay otras cosas en las que gastarse el dinero)

En cualquier caso, todo esto demuestra la degradación de la identidad de lo Español. Si la disolución de lo español fuera acompañado de la construcción de algo superior, vale; pero el aldeanismo al que lleva no es lo deseable. Hace falta reconstruir un proyecto común. Un proyecto que no esté dirigido por el dinero, por el pelotazo, por los poderosos, sino por la gente que trabaja, que vive día a día intentando sacar a los suyos adelante; por las gentes de todos los rincones de la tierra a la que la historia ha llamado España, buscando lo coincidente y no lo excluyente. Y si ese proyecto requiere nuevas banderas, nuevos himnos y fiestas diferentes pues que así sea.

LA BALCANIZACIÓN DE ESPAÑA

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España es un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político.

Así reza el Artículo 1º de la Constitución Española de 1978, texto que, en el marco del Estado Español, está por encima de cualquier otra norma, precisamente por el principio de jerarquía normativa que se encierra en el concepto de Estado de Derecho.

Siempre he dicho que las leyes están para algo. Se supone que para cumplirlas. Que son fruto de una elaboración meditada y que su aprobación se rige por el principio de mayorías parlamentarias emanadas de la expresión de la voluntad popular a través de elecciones libres (¡menuda pastelada… que ni yo me creo!). De acuerdo con eso, España se articula, conforme a su Constitución, en 17 Comunidades Autónomas y 2 Ciudades Autónomas (Ceuta y Melilla)

El asunto, tema, problema, territorial ha estado presente en la Historia de España prácticamente desde el origen del concepto mismo de Hispania. Pero es a raíz de la Ilustración, alambicada después por la revolución industrial, mezclada con los ancestrales principios medievales de derechos y compromisos feudales, cuando el asunto de la territorialidad, en el marco de la Modernidad, pasa a constituir un “problema”.

Francia, por ejemplo, hizo tabla rasa respecto a los principios de territorialidad con la Revolución. Se acabaron las especificidades de los territorios que componían el Estado, todos eran iguales y la administración tenía que articularse de un modo homogéneo, estructurado del modo más eficiente y eficaz posible. Adiós al Ducado de Borgoña, al Franco Condado, al Delfinado, Provenza… Pero en España, la asimétrica construcción del Estado de los Austrias entró en conflicto con la modernidad ilustrada, con la centralidad, la homogeneidad garante de la igualdad que los aires ilustrados venidos del norte francés parecían vislumbrar.

Tras la Guerra de Sucesión y el cambio de dinastía… la asimetría legal heredada de la noche medieval se manifestaba en la práctica de un modo diferente. En las Vascongadas y en Navarra se mantenía en esencia el principio de pacto y en Cataluña y los territorios de la antigua Corona de Aragón se hacía tabla rasa y se ponía fin a los pactos medievales corona-territorios y se les incorporaba a la homogeneidad legal (lo que también había sucedido en Castilla). Tal vez si el principio ilustrado, primero, y el revolucionario liberal que ha encumbrado a Francia como paradigma y vórtice de la contemporaneidad, después, se hubiera aplicado de modo radical hoy no hablaríamos de Cataluña, Euzkadi, etc. sino de Departamento de los Pirineos Orientales, Departamento de los Pirineos Occidentales, Departamento del Ebro Meridional… y a nadie se le ocurriría enarbolar una bandera cuatribarrada con aditamento estelado .

Pero el hoy es hoy porque el ayer ha sido como ha sido. La ineficacia, la pacata forma de actuación de los políticos de los últimos chorriocientos años nos ha llevado a que en 2015, cuando deberíamos estar hablando de creación de superestructuras estatales, sigamos hablando de maniqueos derechos históricos (cuando la Historia, la real, la auténtica, es desconocida para la mayoría y manejada por los interesados tergiversadores pescadores en ríos revueltos) y proponiendo desintegraciones de entidades que fueron siempre íntegra manifestación de una realidad polimórfica.

Pero no hay más. Hoy España se conduce, por la ineficacia, estulticia e ignorancia de sus políticos a la desintegración.

El término “balcanización” alude a la situación  casi ancestral de la Península de los Balcanes, donde el encontronazo entre los imperios occidentales y el Imperio Otomano, desde el siglo XVI, llevó a una atomización de territorios con etnias, creencias y paradigmas políticos diferentes, un auténtico mosaico explosivo que fue el germen (entre otros factores) de la I Guerra Mundial y que ha causado no pocos conflictos desde la caída de las llamadas “democracias populares” y el estallido de la antigua Yugoslavia.

La situación balcánica fue (es) especialmente tensa y ha conducido a innumerables situaciones de quebranto moral y existencial, con guerras incontables, persecución étnico-religiosa… baños de sangre que han regado el suelo desde Zagreb a Pristina; desde Dubrovnik a Srebrenica.

No, no es comparable la situación de los Balcanes con la de España; pero si entendemos el concepto “balcanización” como el proceso por el cual un Estado se fragmenta en otros pequeños entes territoriales antagónicos… ¿será ése el futuro?

Insisto en que no es comprable. Las circunstancias, el devenir histórico, la realidad social y cultural, los fundamentos políticos, no son los mismos. De ahí que adolezcan de vicio conceptual de base los discursos que establecen paralelos, por ejemplo, entre Cataluña y Escocia. Pero lo que sí es cierto es que el problema territorial existe, Y existe porque nunca se ha sabido solucionar.

De nada vale analizar los orígenes de los actuales nacionalismos. Es evidente que no se trata de un origen popular, aunque hoy sea un asunto popular. En su origen son impulsos nacidos entre la burguesía acaudalada, precisamente la que se alimentó de las inversiones públicas estatales para sus industrias, sobre la base de una innegable identidad cultural y lingüística; algo que no debería ser disgregador sino enriquecedor. La identidad, digo, es innegable y es comprensible y hasta exigible su defensa; pero sin exclusiones y con la verdad por delante.

El “problema” (obviando el peregrino episodio protagonizado en 1641 por Pau Clarís, simultáneo con la separación de Portugal y otros “festivos” hechos como el del Duque de Medina Sidonia en Andalucía) estaba ahí desde finales del siglo XIX, más sin duda en Cataluña que en el País Vasco, tal vez, en esencia, porque en las provincias vascas, el sistema foral satisfacía los afanes financieros burgueses; algo que faltaba en Cataluña, aunque en ambos territorios se volcaban las inversiones del Estado, enriqueciéndolas y haciéndolas foco de atracción para miles de “migrantes” procedentes de las regiones españolas más deprimidas (que venían a ser todas las demás), algo que “mestizó” considerablemente las sociedades respectivas.

Los tímidos intentos de solución comenzaron con la creación en 1914 de la Mancomunidad de Cataluña, impulsada por Enric Prat de la Riba desde Barcelona y defendida en las Cortes Españolas por José Canalejas. Fue, pues, creada en el marco del ordenamiento jurídico español y en ese mismo marco, con matices y tendencias distintas, fue disuelta durante la Dictadura del General Miguel Primo de Rivera.

Proclamada la II República, el mismo día 14 de abril de 1931, el del inicial desbarajuste de la caída de la Monarquía, Francesc Macià proclamó desde el balcón de la Generalitat la República Catalana dentro de la República Federal Española (algo aún inexistente… y que no existiría como tal); tres días después el asunto pasaba al anecdotario de aquella convulsa jornada; pero un año después se materializaba la aspiración autonomista catalana con la aprobación por las Cortes Españolas del Estatuto de Autonomía que defendió con vigor Manuel Azaña. El Estatuto estuvo en vigor hasta la Guerra Civil, con el paréntesis provocado por la suspensión de la autonomía por el gobierno Radical-cedista tras la proclamación por Lluís Companys del “Estado catalán dentro de la República Federal Española”.

Durante la Dictadura de Francisco Franco, el nacionalismo español se impuso y cualquier vertiente nacionalista de otro porte fue ahogada; pero si por una parte se limitaba hasta su casi prohibición el uso de las lenguas vernáculas y se ignoraba cualquier tipo de autonomía política, por otra seguía el casi mimo económico, manteniendo unas inversiones estatales más que generosas. En ese marco, el catalanismo siguió siendo un sentimiento, pero un sentimiento expresado con eso vino en llamarse “seny”; mientras en el País Vasco el nacionalismo radical, mezclado con tesis marxistas-leninistas se echaba al monte (precisamente el nacionalismo que menos había incordiado hasta entonces) y argumentaba sus aspiraciones con bombas, secuestros y pistoletazos en la nuca.

Y llegó eso que ha dado en llamarse “Transición” y el nuevo marco legal amparado por la Constitución de 1978 hizo del hecho diferencial de las “nacionalidades” y regiones algo consustancial con el concepto de Estado. En el marco del texto constitucional llegó el sistema de autonomías que ha llevado a grados de autogobierno que en algunos aspectos superan el de Estados confederales. Sin embargo, el legislador no contaba con el uso interesado e irresponsable de determinados instrumentos por parte de los poderes autonómicos: Entre las competencias transferidas a las comunidades autónomas estaba la Enseñanza. El control de este vital resorte para cualquier sociedad, ha servido para adoctrinar a una generación completa, factor que se une a la labor propagandística de los medios de comunicación.

Y nadie ha hecho una sensata labor de contrapeso. Un Estado de Derecho no puede consentir que en los planes de estudio se den cabida a las mentiras y las tergiversaciones (y no vale de excusa, por supuesto, que antes, en la época de Franco, se hacía al revés) y los gobiernos nombrados al amparo de la ley no pueden hurtarse a la labor de hacer triunfar la justicia y la verdad. Pero nadie, digo, se ha atrevido a hacer una reflexión general, a parar a todos, sentarlos en una mesa y redefinir el concepto de España, establecer los símbolos comunes y respetarlos.

Es demencial. En un tiempo en el que debería buscarse la integración real de Europa (la real, no la de los mercados interesados) en esta península se alimentan las disgregaciones. Y no vale de nada recordar lo evidente. Por ejemplo, que la Constitución vigente ha permitido un nivel de autogobierno que para sí quisieran los escoceses, los corsos, los flamencos o los bávaros. O que esa Constitución fue aprobada por el 90,46 % de los casi 3 millones de catalanes que votaron y por el 69,11 % de los casi 700.000 vascos que lo hicieron. O que en el marco legal vigente no cabe negociar nada que pueda conducir a la separación de ninguna parte del Estado y ni siquiera a consentir un referéndum sobre uno de los principios de la Constitución como es “la indisoluble unidad de la nación”. O que la propia Constitución ya prevé en sí misma la posibilidad de su reforma parcial o incluso de su sustitución por otra, única vía legal para modificar los principios que contiene.

Pero da igual. Muchos de los políticos y buena parte de los medios de comunicación parecen desconocer estos principios y nadan en la terminología secesionista, prestando oídos a propuestas en sí mismas ilegales.

Sí, esto se tambalea… ¿se balcaniza? Y lo hace de un modo de lo más grotesco… tan “español”. ¿Que en una final de una competición llamada Copa del Rey de España buena parte de los seguidores de los dos equipos silban atronadoramente el himno de España (que legalmente es el suyo)? ¡No pasa nada! Eso sí, da lugar a que corra mucha tinta, pero nadie hace nada para imponer el respeto (que no la idolatría). Porque se puede estar o no de acuerdo en que España sea una Monarquía, que el himno sea la Marcha Real y la Bandera la de los últimos 200 años (con distintos escudos y el paréntesis de la II República), pero es así y hay cauces legales para cambiarlo si se quiere, pero respetando lo que ahora es.

Sí, grotesco. ¿O no es grotesco que algunos equipos de fútbol se vistan de bandera? Pocos equipos en el mundo, de cualquier disciplina, hacen alarde en su vestimenta de símbolos con carga política. Aquí, desde capitanes con bandera a modo de brazalete, pasando por banderitas colocadas a modo de “hierros” de ganaderías, y llegando a indumentarias completas que transfunden los colores banderiles; lo que tiene “mucho sentido” cuando le estás haciendo lucir bandera a un alemán, un brasileño o un argentino.

Sí, grotesco. ¿O no lo es que hasta en el tema de las banderas seamos incapaces de ponernos de acuerdo y tengamos que diseñar una para cada corriente o tendencia? Si no véase el caso de la bandera de Cataluña: más de 800 años llevan representando lo catalán (en realidad lo aragonés, entendido como Corona Aragonesa) las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo y ahora, entre los independentistas flamean al viento al menos dos versiones contradictorias: la estelada blava (azul), de origen burgués aunque parece que asumida por las izquierdas de ERC; y la estelada vermella (roja), de origen socialista y adoptada por la CUP como símbolo. Bueno, será que hay que tildar las banderas con los acentos ideológicos.

Sí, grotesco. ¿O no lo es que mientras se proyectan quiméricas naciones y se actúa en la práctica al margen de la ley se diga que se quiere actuar dentro de la ley, y cuando te tiran de las orejas por no haber cumplido la ley digas que actúan poco menos que como venganza y en contra de un sueño?. Eso es lo que ha pasado con el ínclito Artur Mas. Fue nombrado President de la Generalitat de acuerdo con la ley (el Estatuto de Cataluña, amparado por la Constitución Española) y desde la Generalitat ha actuado sistemáticamente en contra del propio Estatuto y de la Constitución. Se ha saltado a la torera una expresa prohibición y ha celebrado una pantomima de votación (“proceso participativo” lo llamó) a la que acudieron sus amigos y seguidores. Y ahora, que pasadas las elecciones autonómicas (que él ha querido valorar en clave plebiscitaria) le llaman a declarar como imputado por un delito de desobediencia (y otros tres), resulta que se está atacando a Cataluña… no a él, imputado personalmente, sino a Cataluña. ¡Deu meu!

Grotesco, pintoresco… si no fuera tan dramáticamente serio.

No sé lo que terminará sucediendo, si la sensatez aparecerá por algún sitio, pero el asunto es complicado. Más cuando quienes tienen la capacidad para solucionarlo, los políticos, son un colectivo demasiado embadurnado por intereses que no siempre son los que permitirían solucionarlo.

Pero, ¿sabes? en el fondo… Soy consciente de que la historia no es precisamente la sucesión de hechos en los que triunfa la justicia, la sensatez, la lógica; triunfan los “listos” y los que saben imponer “su verdad” aunque sea mentira. Preferiría un Mundo sin Estados, sin naciones, en el que ser Humano fuera la única etiqueta que me pudieran colgar. Un Mundo sin políticos, sólo con sabios administradores. Un Mundo culto, en el que la Enseñanza fuera la transmisión de los conocimientos de la Humanidad y la formación de personas en función de sus capacidades e inquietudes, libremente construidas. Un Mundo sin religiones, sin imposiciones ideológicas de ningún tipo. Un Mundo en el que desaparezca la acaparación de la riqueza y ésta se distribuya de forma que desaparezca la pobreza… ¿Una utopía? Seguramente, porque quizás el principal problema para conseguirlo es el propio ser Humano.

 

CATALUNYA, JUNTS PERQUÈ SÍ ES POT

CATAL

El próximo domingo, 27 de septiembre de 2015, puede convertirse en una fecha crucial en la historia de España.

En cualquier caso, llegar a esa fecha y celebrar unas elecciones autonómicas con el significado y el contenido que se les da es ya de por sí un acontecimiento significativo. Lo es porque en el marco de la legislación vigente (y digo yo que las leyes están por algo y para algo) se trata nada más que de unas elecciones al parlamento de una comunidad autónoma (las terceras en menos de cinco años), pero en la práctica se ha convertido en un acontecimiento con unas implicaciones transcendentales.

No hay ni una sola línea en la Constitución Española de 1978, al amparo de la cual se aprobó el Estatut d’Autonomia de Catalunya, y tampoco en éste, ni en la ley electoral general, ni en ninguna otra norma o disposición, en la que se diga nada de la posible existencia de eso que se ha llamado “elecciones plebiscitarias”. Los promotores y defensores de la independencia son los que han definido así las próximas elecciones… algo que de un modo u otro han aceptado, a juzgar por declaraciones y manifestaciones, el resto de partidos y coaliciones… y, claro, la prensa, que parece no planterase nunca con seriedad la asunción de determinadas formas de expresión que implícitamente dan credibilidad a las desfachateces de cualquiera (es el caso, por ejemplo, de la verborrea etarra, con expresiones como “lucha armada”, “conflicto político”, “acción”, que ganaron las columnas de los periódicos en sustitución de terrorismo, atentado, asesinato…)

Ya no hay más, estamos ante algo legalmente inexistente pero que parece ser acatado. Y como no hay norma que ampare el despropósito, son los propios promotores los que se permiten el lujo de arrogarse la facultad de hacer interpretación de los resultados. ¿Que la suma de votos no llega al 50 % a favor de la opción independentista? bueno, no pasa nada, aunque nos voten menos del 50 %, si tenemos más de la mitad de parlamentarios seguiremos adelante con la declaración unilateral de independencia… cuando uno se sale del marco de la ley todo vale.

Porque, sí, hay que tener en cuenta que, aunque parezca, por la propaganda, que los ciudadanos de Cataluña van a votar Sí o No a la independencia, sus votos se dirigen en realidad a listas formadas por partidos y coaliciones electorales y que los resultados se aplican a la adjudicación de los escaños bajo el sistema de listas cerradas y bloqueadas. Esa adjudicación se hace, conforme a la legislación vigente, por un sistema de proporcionalidad tan aceptable o discutible como cualquier otro (sistema o “ley” D’Hont), pero que está demostrado se trata de un sistema que favorece a los partidos o coaliciones mayoritarios y castiga a los que obtienen menos votos.

Así es que, en principio, el domingo, los ciudadanos que están empadronados en Cataluña podrán ir a votar, llegarán a su colegio electoral e introducirán primero en el sobre y luego en la urna una papeleta en la que no constará la pegunta “¿Quiere usted la independencia de Cataluña?” sino una ristra de nombres encabezados por el de la candidatura. Una vez cerrados los colegios electorales comenzará el proceso de recuento y a lo largo de la noche se irán conociendo los resultados. Aunque de acuerdo con esa legalidad vigente de la que se mofan los promotores del despropósito no habrá resultados oficiales hasta unos días después y el Parlament no se constituirá hasta muchas semanas después, el lunes 28 habrá sin duda “jolgorio” para unos y decepción para otros.

Legalmente, después de las elecciones Cataluña seguirá siendo una más de las 17 comunidades autónomas que forman España (más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla) y en principio nada cambiará esa situación. Pero los independentistas seguirán hablando de independencia. Si ganan (y ganar será un verbo que conjugarán a su conveniencia según sean los resultados) pondrán en marcha lo que han llamado “hoja de ruta” para en un plazo de 18 meses declarar unilateralmente la independencia. Algunos hablan de “negociar”… ¿negociar qué? ¿la independencia?… no le pueden pedir a ningún gobierno que respete el Estado de Derecho que negocie algo que actualmente no cabe en la legislación vigente y para lo que tampoco existen instrumentos, cauces o procedimientos. Por tanto, efectivamente, puestos a obcecarse en el objetivo de la independencia, no les cabe más que hacerlo contra la ley y por la fuerza de los hechos. En ese momento, quizás en ése y no antes, el gobierno central deberá actuar con toda la contundencia que le permite (y le exige) la Ley.

Pero el panorama se complica todavía más. Porque en diciembre habrá elecciones generales. Entonces, no sólo los catalanes, sino el resto de españoles seremos llamados a votar para elegir diputados y senadores, y de la distribución de escaños en el Congreso de Diputados se derivará la designación del nuevo Presidente de Gobierno. En la tesitura en la que andamos, con las lucidísimas intervenciones (pero más omisiones) del registrador de la propiedad, la hiriente sarta de recortes, presiones fiscales, corrupción galopante… y ante el crecimiento de nuevos partidos, todo apunta a que el despropósito del noreste coincidirá con una situación de gobernabilidad hipotecada por pactos, pactillos y acuerdetes.

***

La verdad es que si no fuera por la transcendencia histórica de la coyuntura sería para reírse de la estulticia de la clase política española en su totalidad (con muy honrosísimas y sensatas excepciones) Bueno, de los políticos y de los periodistas… y de la borreguería en general. Porque a ver si no es para esbozar una sonrisa de escepticismo escuchar algunas de las preocupaciones periodísticas frente a un futurible marco con una Cataluña independiente: ¿El FC Barcelona podrá jugar la liga española?… claro, lo más importante no es si Cataluña entrará en quiebra técnica, si, como es evidente, quedará automáticamente fuera de la Unión Europea, del sistema monetario del euro, del Tratado de Schengen y de la mismísima ONU; no, lo importante es si el Barça podrá seguir luciendo la senyera en el uniforme por todos los campos de España… como si no existieran otros equipos catalanes (incluido uno llamado “Español”), ni otros deportes y como si no fuera obvio que la independencia condenaría al equipo español más laureado en el siglo XXI a jugar en una liga menor y, seguramente, a la quiebra económica (mención aparte merecería el asunto de “la estelada”, la bandera independentista que mandaría al baúl de los recuerdos la senyera de toda la vida tras nueve siglos ondeando, una bandera inventada imitando la de Cuba y Puerto Rico; una bandera que no es la única propuesta… en un país de banderías, bandera para todo)

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En Cataluña, el amigo Artur Mas ha estado cinco años mareando la perdiz con el asunto de referéndumes, consultas o elecciones plebiscitarias mientras el pueblo, aborregado por sus irresponsables dirigentes, nadaba en la crisis, el paro, los recortes en educación y sanidad (éstas, recordemos, competencia de la Generalitat, no del Gobierno central), mientras esos dirigentes chapoteaban en la corrupción galopante que, por otra parte, aqueja a toda España; y en lugar de manifestarse en contra de tanta tropelía en su contra, le hacen el juego a los que utilizando sentimientos quieren velar sus inmundicias y perpetuar su control del poder económico y político.

Y peor es que las propuestas independentistas alimenten los afanes con mentiras. Durante 35 años los catalanes han sido adoctrinados sistemáticamente para hacerles creer que Cataluña ha sido siempre una nación dominada por la fuerza, a la que se ha expoliado, a la que se le ha “robado” (“Espanya ens roba”, dicen). Han tergiversado la historia mintiendo descaradamente sobre episodios tan emblemáticos para el nacionalismo como el 11 de septiembre de 1714, pintándolo como un momento trágico de pérdida de independencia, una independencia jamás tenida (y nadie parece ser capaz de hacer valer la verdad de que fue sólo un punto más de la Guerra de Sucesión española, en la que hubo catalanes en los dos bandos, y que el derrotado no era precisamente el que proponía futuros más liberales) O han ignorado que durante más de dos siglos han sido una de las regiones mimadas, con una burguesía innovadora cuyos proyectos industriales se alimentaron con inversiones públicas y con mano de obra del resto de España. Da igual. El nacionalismo necesita de referentes históricos heroicos y si no los tiene se los inventa y basta. Así pasó durante cuarenta años con el nacionalismo español alimentado por Franco y así pasa allá donde se mire y haya un partido, organización, grupo, movimiento o lo que sea que proponga crear, mantener o engrandecer reales o ficticios colectivos nacionalistas.

***

Pero con todo, lo peor es que el daño causado al fragmentar la sociedad catalana en independentistas y no independentistas es que sea cual sea el fin al que conduzca todo este cúmulo de despropósitos, la herida no se cerrará en generaciones, si es que llega a cerrarse.

España es un concepto y es un hecho histórico. España sin Cataluña no sería España. Llevamos juntos, de un modo u otro, con fueros o sin fueros, con reyes comunes o distintos, muchos siglos. Los extremeños o los asturianos, los gallegos o los vascos, los aragoneses o los andaluces, los castellanos o los valencianos, los baleares, los canarios tienen su identidad, pero la tienen más que en sí mismos en función de su pertenencia a un colectivo que tira de la misma historia; un colectivo que es más si está unido y que debería tener un horizonte de fusión superior, en un primer escalón europeo, antes que de disgregación.

Junts, perquè sí es pot.

JUNTS

1931-1939 ESPAÑA II REPÚBLICA_7

NO ES NADA Y ES TODO

Con las sienes plateadas (y no sólo las sienes) por la nieve del tiempo, viendo el bucle de un recuerdo.

Sí, veinte años no es nada (ni veintidós, ni veintiuno) y es una eternidad de grietas en la memoria.

Es mejor conformarse con buenos recuerdos que amargarse con afanes de clase alguna.

Y desear lo mejor para quien fuera, para quien sea.

PARA VIVIR

Para un día de agosto sobre el vórtice de cualquier enero, de cualquier febrero o de cualquier junio-lio.

¿escuchas?

¿entiendes?

Será que el cielo en el que yo me miro y la Luna en la que busco reflejos están en un universo en el que sólo estoy yo solo; no en el universo en el que tú, o tú, o tú, sobre todo tú, transitas.

No.

Me radico en la nada y en el todo de nada para sentir la insensibilidad de las sensaciones insensibles.

Amén.

CARTAS A NINGÚN LUGAR… A NINGUNOS OJOS

Los inviernos fluyeron a primaveras y los otoños fructificaron en veranos.

Las imágenes fueron mares y las cartas del pasado fueron presentes sin mensajes.

Y el futuro fue un “no sé” que “supe” sin “saber”

La hiedra se durmió y soltó el pie que me tendía en la nada.

¿SONRISAS?

Amazing

When your hair…

When your smile…

When your curl…

When the time was 0

When de universe was the infinite

And… when are you?

 

NO PUEDO OLVIDARTE

Rimes en tiempos de intermedio o en tiempos de fructificaciones, no puedo olvidarte.

No sé si procuro olvidarte o no quiero olvidarte.

Siendo duodécima inicial en el orden del orden del orden de iniciales de comienzo es casi imposible pasar al decimotercer puesto por más que lo merezca por su cobertura de quedos durmientes.

¿Por qué no fue posible ser si era?

Las coordenadas queman el semblante, por no ser vividas o por ser vividas en instantes vibrantes.

Añoro las del norte por conocidas, por sabidas, por sentidas…. por perdidas.

Añoro las del suroeste por desconocidas, por sabidas, por sentidas… por no impedidas.

Y eres mitad, de unidades imposibles.

Y eres ser de seres medios.

Lamento de posibles imposibles…

No, no podré quebrar las alas que permiten aletear con el cálido viento de tu mirada, con tus vibrantes palabras, como un poema, sombra que teje redes irrompibles.

Y no podré desvelar tus silencios… siempre silencios… por más que tus ojos crepitaran en el infinito y velaran mi sosiego.

DESCANSO PARA SU KATRA

Tras una larga y próspera vida quien diera vida a Mr. Spock se quedó sin vida material.

Tal vez su Katra vuelva a anidar en su cuerpo regenerado en un nuevo planeta Génesis

¡Loor a Spock!

lypv

INVISIBILIDAD

Invisibilidad

Debo de ser un ser real, tangible, con volumen, masa, dimensiones. Al menos yo lo percibo así.

Debo de existir. Sí, sentir el frío de la mañana en mi rostro debe de ser sin duda indicio de que soy capaz de percibir.

Camino y mientras lo hago observo otros viandantes cuya expresión, cuyo gesto atisbado entre las bufandas y gorros denota que sienten también frío (tal vez más que yo) por lo que debo de existir en su mismo plano de realidad. Pero no sé si realmente existo.

Esos caminantes simultáneos, en direcciones y sentidos diversos, en los que yo reparo, sin excesiva atención, es cierto, parecen no reparar en mi presencia. Me pregunto si en el caso de que no fuera yo quien cambia su paso o la dirección de su trayectoria no terminarían chocando conmigo o sencillamente transpasándome. Porque si me fijo en sus ojos no observo que ninguno de ellos pare su mirada en la mía.

Camino y parece que lo hago entre entes ajenos a mi existencia. ¿Son ellos los ajenos o soy el ajeno a esa existencia?

No. No me miran. No me miran los nuevos transeúntes del día ni los habituales. Y no me miras tú a quien busco con mis ojos cada día mientras los esquivas mirando el suelo o el infinito frente a ti, ese que queda a mi espalda.

Será sencillamente que no existo, que no soy un ente real sino una materialización puntual de los sueños de un ente que no conozco.

NUEVO AÑO

1/1/20

Primer día del Año 20
Fantasma negro.
Blanco derramado sobre la propia materia.
El mismo sol en la misma lucha con las nubes, hoy derrotado.
El mismo altar. No hollado.
Cáliz nuevo con mixtura ya desmixturizada.
Y transeúntes desnaturalizados ignorantes del drama envuelto en años.

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Y a otra cosa, mariposa.

JE SUIS…

Moi

No sé. Después de contemplar las campañas periodísticas por cualquier asunto y el derroche de memes, entradas y entradillas en Twitter, Facebook, Google+ y demás redes sociales, suelo terminar aborreciendo el asunto.

Por otra parte, no sé si por mi creciente tendencia a la fobia social, por mi excesiva precaución ante los encubiertos métodos de captar información personal o porque me revientan los “listos”, no suelo bajar la cerviz para seguir las indicaciones de esos memes que piden expresamente ser compartidos… y menos si lo hacen intentando tocar la médula sensible de la compasión o la vena supersticiosa que en mayor o menor medida llevamos todos los seres humanos. Eso de “cuelga esto en tu muro al menos un día. El 95% no lo hará…” me saca de mis casillas y por más que comparta el contenido del mensaje, no suelo seguir la instrucción.

El reciente episodio del asesinato de los miembros de la revista satírica francesa “Cherlie Hebdo” ha sido uno de esos acontecimientos que generan riadas de opiniones.

Grave es obvio que es, se mire por donde se mire. No consigo entender que nada pueda solucionarse matando a nadie.

Puedo entender la indignación de un musulmán, de un cristiano o de un judío porque alguien se mofe de sus símbolos. Lo que no puedo entender es que esa indignación conduzca a matar al autor de la mofa… En realidad lo que no puedo entender, bueno, entender sí, aceptar no, es que la Humanidad siga etiquetándose en función de falacias como las que alimentan las religiones; y menos que esas etiquetas conduzcan a versiones en las que la eliminación del resto es la consigna.

Por otra parte, desde el principio de este asunto, como con los ya casi “históricos” de Salman Rushdie y sus Versos satánicos o de las caricaturas de Mahoma publicadas en 2005 por Jyllands-Posten, me ha llamado la atención un hecho esencial: la revista Charlie Hebdo, como cualquier otra publicación, la lee el que quiere, no es de lectura obligatoria, no se obliga a nadie a contemplar todas y cada una de sus páginas. Esto vale para cualquier publicación, programa televisivo o radiofónico. Sí, puede ser bueno conocer lo que opinan los demás, pero si eso que opinan los demás te molesta, basta con no leer, no ver o no escuchar aquellas publicaciones o emisiones que te ofenden.

La historia está llena, sin embargo, de episodios de persecución de las ideas, lo que ha llevado a entregar a las llamas ingentes cantidades de libros… y de personas, por el simple hecho de opinar algo que no gustaba a quien tenía las riendas.

No, no estoy de acuerdo en limitar la libertad de expresión. Me gusta la sátira de cualquier cosa. No hay nada suficientemente sagrado o intocable con existencia real o irreal que no merezca algún chascarrillo. Me encantan los chistes sobre Jesucristo, sobre Abraham o sobre Mahoma y me parece ridículo escandalizarse por ello. Eso sí, jamás haría esa befa en la cara de un cristiano, un judío o un musulmán. Respeto sus creencias aunque no las comparto. Y me gustaría un mundo sin religiones, un mundo como el que imaginaba John Lennon en su icónica composición Imagine

Imagine there’s no Heaven
It’s easy if you try
And no Hell below us
Above us only sky

Imagine all the people
Living for today
Imagine there’s no country
It isn’t hard to do

Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

You may say I’m a dreamer
But I’m not the only one
I hope someday you will join us
And the world will be as one

Imagine no posessions
I wonder if you can
No need for greed or hunger
Or Brotherhood of Man

Imagine all the people
Sharing all the world
You may say that I’m a dreamer
But I’m not the only one

I hope someday you will join us
And the world will be as one

(John Lennon)